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Terra
La Coctelera

inventiva

6 Marzo 2007

INTERVENCIONES

Amarezza*

Mi perseguita implacabile
la sua bocca che rideva
Alfredo Le Pera.

É un rivelatore di cose
piú o meno vere
cosí che
possa rivelare anche cose
piú o mneo false

mi perseguita implacabile
come la bocca della mia amata

che rideva.

Amargura*

Me persigue implacable
su boca que reía.
Alfredo Le Pera

Es un detector de cosas
más o menos verdaderas
así que además de detectar cosas
más o menos falsas

me presigue implacable
como aquella boca de mi amada

que reía.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
-Al italiano por Amerigo Iannacone.

Intervenciones...

ESTADOS UNIDOS PREMIA A SUSANA TRIMARCO, LA MADRE DE MARITA VERON

El coraje de combatir la trata*

El Departamento de Estado distinguió a la mujer que busca a su hija vendida a un burdel y desaparecida desde entonces. En su lucha, ya logró rescatar a 98 chicas. Rice entregará el premio.

Susana Trimarco, distinguida como "Mujer de Coraje" en EE.UU.

*Por Marta Dillon

Nunca lo hubiera soñado. Y de haberlo soñado, hubiera sido una pesadilla.
¿Quién puede alegrarse de que le den un premio por buscar a una hija desaparecida de la que llegan datos intermitentes y aterradores? Susana Trimarco de Verón no se alegra, se emociona, sí, pero de inmediato la ausencia de Marita, la joven que hace cinco años fue vendida a un burdel de La Rioja en 2500 pesos, se impone como una sombra que opaca el logro de ser nombrada Mujer de Coraje por la Secretaría de Estado de los Estados Unidos, una entre las once elegidas en todo el mundo, la única premiada en todo el continente americano. "Esto tendría sentido si hubiera encontrado a mi hija",
dijo antes de subir al avión que la llevará a Washington, aunque el sentido del homenaje bien puede rastrearse en las 98 jóvenes que ha rescatado de diferentes redes de explotación sexual mientras trazaba el mapa de su búsqueda; y en esa constancia demostrada en estos años, capaz de hacer
visible y urgente la trata de personas, el negocio clandestino más pingüe después de las armas y las drogas ilegales.
Será Condoleezza Rice quien le dé la medalla y el beso. Según el comunicado que difundió ayer la Embajada de Estados Unidos, la secretaria de Estado se maravilló "por sus esfuerzos" y porque "la señora Trimarco de Verón se ha visto envuelta en situaciones de peligro, y hasta se ha disfrazado de
prostituta para andar por bares y callejones en busca de alguien que pudiera conocer el paradero de su hija". ¡Y claro que lo hizo! Así, con signos de admiración lo cuenta ella, sorprendida de que alguien pueda dudar de su temeridad. Apenas supo que Marita -23 años y una hija que no había cumplido
los tres- había sido vendida a un proxeneta se calzó unos tacos, delineó su boca a fuego y detrás de unos anteojos negros discordantes a la noche salió a preguntar en los arrabales de Tucumán, Salta y Jujuy. "Al principio yo tampoco podía creer que una mujer pudiera ser vendida como mercadería, me
convencí hablando con esas chicas que hace años están en el circuito a la fuerza, porque después de haber crecido entre golpes, torturas y abusos no conocen otra manera de vivir."
Y fueron esas chicas con las que esta mujer de clase media que educó a su hija y a su nieta en estricto colegio de monjas, que jamás lleva el flequillo más allá de lo que dicta la elegancia y es capaz de esconder las uñas para que no se vea el esmalte saltado que empezó a desandar las rutas de la trata; una palabra que antes del "caso Verón" decía poco y nada en Argentina. "La primera chica que rescatamos -rememora Susana- hacía ocho años que estaba secuestrada, creía que ya no tenía familia que la reclamara.
Fue en el curso de un allanamiento en un cabaret de La Rioja en donde Marita había sido vista. Mi marido se paró en el medio del local y dijo que si había alguien ahí contra su voluntad, ése era el momento de decirlo. Hubo un silencio espantoso al principio y enseguida esta chica, Andrea D., cruzó el
salón y se refugió con nosotros."
Después de Andrea D., quien se reencontró con su familia en Misiones, siguieron muchas, casi una centena. En la casa del matrimonio Verón siempre hay lugar para el momento más difícil, el de la transición, cuando se deja el cautiverio y la voluntad vuelve a ser autónoma. Pero no es gratis
quitarles "recursos" a los tratantes de mujeres. Ellos defienden su patrimonio amenazando la vida de Susana Trimarco, que aun así sigue recorriendo el país para apoyar a esas mujeres cuyas historias de encierro y explotación todavía cuesta escuchar. "Pero a mí me tuvo que atender desde el Presidente hasta el último de los ministros. Porque igual que en Tucumán yo me siento ahí y hasta que no me escuchan no me muevo", dice para describir un método que derrumbó puertas como la gota que orada la piedra. De hecho, el proyecto de ley sobre trata que ya tiene media sanción del Senado de la Nación tomó su historia como un caso testigo. Ahora que el mundo va a mirar su cuerpo menudo y sus modales correctos cuando le entreguen el premio a las Mujeres de Coraje, 24 horas antes del Día Internacional de la Mujer, la voz de Susana sonará amplificada pidiendo por la libertad de su hija y por la de todas esas chicas que ahora mismo, en burdeles ruteros, en cabarets de cuarta o en hoteles de lujo negocian su vida por silencio; el cuerpo expropiado, el goce hecho añicos y el deseo mudo de alguna vez poder volver
a decir no o sí, según su voluntad.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-81287-2007-03-06.html

En Buenos Aires ya hay más de 750 mujeres viviendo en la calle*

Según datos del gobierno de la Ciudad, sólo el 20 por ciento de ellas accede a un subsidio, que llega a 450 pesos. Clarín.com visitó un parador exclusivo de mujeres y niños. Historias de vida al paso, en hogares por una noche y con futuro incierto. (Entrega 1 de 2)

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"Me cuesta mucho hablar de todo esto", dijo Susana, que quedó en la calle cuando quebró su fábrica de camisas. (Clarín.com)

*Por Franco Torchia. Edición: Matías Rossi
interactiva@claringlobal.com.ar

Rosa tiene 60 años y hubiera querido ser psicóloga, estudiar "la conducta de los hombres, el psiquismo". Susana tiene 61 y, en cambio, hubiese preferido que su esposo no "tuviera un problema de salud", terminara vendiendo las tres propiedades que ambos tenían y huyera a San Pablo, Brasil. "Llegó la
importación y la exportación y mi marido no podía contra los chinos" asegura, recordando los tiempos en que su fábrica de camisas le aseguraba una vida mejor.
Hoy, Rosa y Susana esperan la llegada del subsidio habitacional que las devuelva a un hogar, aunque sea, dirá Susana "a un monoambiente, yo con eso me conformo, yo no pido mucho". De todas formas, a las diez y media de la noche, no hay mucho más por decir. El día las tuvo de acá para allá, en Palermo y en Recoleta, vendiendo bijouterie, refugiándose en una iglesia, descansando en una plaza y sobre todo, contando las horas para que se hagan las seis de la tarde y el acceso al Parador "Azucena Villaflor" les ofrezca contención, cama, baño, ropa y comida.
"Azucena Villaflor" es el último parador nocturno inaugurado por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires en junio de 2006. Está en el barrio de Barracas y es exclusivo para mujeres y niños. Desde su apertura, ya han circulado 900 personas a un promedio de 112 por mes. "En los paradores nocturnos no hay vacantes permanentes" cuenta el Lic. Alejandro Sorgio, Coordinador General de Paradores Nocturnos y Centros de Evacuados. "Esto significa que las vacantes se renuevan día a día permitiendo la no institucionalización de las personas en situación de calle" agrega.
El Parador Retiro y el Parador Bepo Ghezzi también forman parte de este sistema. A diferencia del "Azucena Villaflor", estos últimos son para hombres mayores de 18 años. Desde el año 2003 hasta hoy, ya han pasado más de 8500 personas por los tres paradores, de las cuales 5200 se alojaron en el de Retiro.
Por su parte, Caritas Buenos Aires cuenta con siete hogares que en este momento albergan más de 300 personas. Estos hogares son sólo para pasar la noche y cubrir necesidades básicas. Tres de ellos son para personas enfermas. Caritas emprende un seguimiento de cada persona en situación de calle y "en función de sus logros se van produciendo los egresos" cuenta Sara Corvalán, del servicio social y de admisión de la institución.
En invierno, los paradores de Caritas se ven colapsados entre otros motivos porque reciben personas de todo el país. Graciela Lauro, trabajadora social de Caritas, asegura no manejar datos precisos acerca de la cantidad de personas que viven en las calles de la ciudad. "Eso sí, nuestros paradores están llenos de gente mayor de 70 años" agrega, señalando un déficit concreto del sistema oficial: la escasez de vacantes en los hogares de tercera edad. "Las personas con enfermedades psiquiátricas severas o
enfermedades crónicas no son recibidas" aclara Sara. Estos mismos casos, en el sistema oficial, articulan con los servicios de salud correspondiente.
Para que las mujeres con o sin hijos no continúen viviendo en la calle, psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales del parador "Azucena Villaflor" atienden cada caso. La vida después de una o varias noches allí puede depararles el traslado a un hogar de tránsito o la obtención de un subsidio habitacional que ronda los $450 mensuales. 250 mujeres ya han sido beneficiadas por ese decreto mientras que 100 ya han sido derivadas a hogares de tercera edad y a hogares de tránsito.
Al igual que el parador, las habitaciones también llevan el nombre de mujeres "ilustres". Como las calles de Puerto Madero, pero distintas, muy distintas.

*Fuente: http://www.clarin.com/diario/2007/03/05/um/m-01374722.htm

"No abandonan a sus hijos y eso nos permite reforzar el vínculo"*

Mirta Marcel, psicóloga y coordinadora del parador porteño "Azucena Villaflor" explica cómo es trabajar con madres en situación de calle. La maternidad a prueba del desamparo, los desalojos y el desempleo. (Segunda entrega)

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"Nos desalojaron en junio pero mis cuatro hijos siguieron yendo a la escuela" contó Mónica, alojada en el parador.
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"Me cuesta mucho hablar de todo esto", dijo Susana, en la calle desde que quebró su fábrica de camisas. (Clarín.com)

*Por Franco Torchia. Edición: Matías Rossi
interactiva@claringlobal.com.ar

"Mi marido se fue con un amigo. Mis tres hijos mayores se las arreglan como pueden. Yo me quedé con el más chico" cuenta Mónica, de 39 años, desocupada.
Entonces, apagó la luz de la habitación "Tita Merello" porque hacía mucho calor. Y siguió: "Hice de todo en mi vida", recuerda. Mónica tiene un problema en una de sus rodillas que le impide trabajar. En junio, su familia fue desalojada de la vivienda que ocupaban en Barracas. Hoy, espera un subsidio habitacional.
"Las mujeres que vienen con sus hijos al parador han decidido no abandonarlos, eso a nosotros nos permite reforzar el vínculo" dice Mirta Marcel mientras sirve la comida. Tal vez por eso hoy todas las mujeres del parador están conmovidas con el caso de una madre que por estos días ha llegado hasta allí en compañía de sus siete hijos. Esa madre prefiere no hablar. "Trabajar en equipo nos permite ser más objetivos" agrega Mirta. Pero enseguida aclara que "esto no es pura estrategia. Las emociones están
en juego todo el tiempo". Se nota.
A la que se le notan las ganas se hablar es a Norma, empleada de seguridad del lugar. Se queja de que "los alquileres para madres con hijos sean difíciles" y se emociona cuando piensa que uno de los siete hijos de "esa mujer" que hoy para allí se acerca, la mira, parece estar pidiéndole algo y cuando ella amaga a dárselo, el chico se resiste. "Es como si les diera vergüenza" concluye. A Norma le suena el celular: es la señora que cuida de sus tres hijos. "Estuvo acá mucho tiempo, no sabía a dónde ir a parar y le pregunté si se animaba a cuidar tres chicos chiquitos". La señora se animó.
Historias de mujeres en el parador "Azucena Villaflor", un lugar de paso, cuya salida debería conducir a un futuro mejor.

* Fuente: http://www.clarin.com/diario/2007/03/06/um/m-01375262.htm

El pan de la locura*

*Por Miguel Roig miguelroig2005@gmail.com

La pieza de pan voló de una mesa a la otra cruzando todo el salón. Cayó delante de Jorge Vidoletti pero no llegó a darle en la cabeza, objetivo ansiado por Eugenio Filipelli, autor de la acción.
Era el 10 de diciembre de 1983.
El presidente Alfonsín había asumido la presidencia esa mañana. Estábamos en Cosquín y el pan volaba en el salón de actos de un colegio en el que, durante el festival de teatro independiente, la municipalidad nos invitaba a comer a todos los elencos teatrales que veníamos de distintos lugares del país.
Nosotros habíamos llevado un montaje de Marathon, de Ricardo Monti, primer y único emprendimiento de Teatro Libre, nuestro grupo, que duró lo que duraron las representaciones de Marathon. No fueron pocas, pero las suficientes para acabar con él.
¿Por qué voló el pan? No recuerdo el motivo; era secundario, ínfimo con relación al ataque. La obtención de una mejor sala, una inscripción fuera de término o, simplemente, celos generacionales ocultos debajo de las excusas: Filipelli era de la generación de Nuevo Teatro: Alejandra Boero, Agustín Alesso; nosotros, unos críos.
Bertold Brecht versus Peter Weiss. (Sí, alguien soltó tamaña insensatez y encima era de uno los nuestros.)
El hecho fue recordado durante un tiempo como "el pan de la locura", en alusión a la conocida obra homónima de Carlos Gorostiza, compañero de ruta de Filipelli en los sesenta, tiempos en los que buena parte de la comunidad teatral orbitaba alrededor del Partido Comunista.
A Jorge Vidoletti lo conocí en Teatro Abierto, cuando dirigía una obra de su autoría basada en la vida de Enrique Pichón-Riviere, fundador de la escuela de psicología social.
Había una escena en la que el joven médico Pichón-Riviere, realizando su residencia en el hospital Centenario de Rosario, se encuentra en uno de sus túneles subterráneos. Allí ve pasar un enfermero con una camilla en la que lleva un cadáver. ¿Adonde va? le pregunta. A la morgue, contesta el enfermero; era un paciente del psiquiátrico.
El túnel comunicaba la morgue del Centenario con el psiquiátrico que está en el bloque contiguo al hospital.
La muerte y la locura. Pichón-Riviere queda perplejo al ver que el eje de su pensamiento -tema de la obra teatral y, en definitiva, tema constante en Vidoletti-, tenga una correspondencia literal y siente la opresión de dos alternativas sin salida: el fin o la enajenación.
Alejar la muerte; esquivar la locura.
Cuando murió la abuela de Vidoletti me acerqué a la funeraria donde velaban sus restos. La anciana descendía de una familia de abolengo y había pasado sus últimos años en compañía de un amante, en la soledad de una finca en estado de abandono que ocupaba una manzana entera en el barrio La Florida. Esperaba ver una nutrida comitiva de personajes. Pero no: de la sala mortuoria sólo se escapaba un sonido ajeno a la ceremonia: el continuo martilleo de una máquina de escribir. Al entrar encontré a Jorge sentando en una silla a un par de metros del ataúd. En otra silla, delante de él, estaba su Olympia portátil, en la que tecleaba sin parar. Al verme me pidió que lo esperara un momento y me señaló la botella de Bols para que me sirviera un trago.
Compartimos la noche los tres: Jorge, yo y la abuela. Nosotros dos charlando y bebiendo, esperando el nuevo día llegar frente al ventanal que dominaba el centro de la ciudad.
Creo que Jorge jamás le ha tenido miedo a la muerte. El miedo surge frente al flirteo con la locura, ejercicio que ha practicado siempre con verdadero vértigo en su escritura, en sus puestas. Es un sonámbulo que mira el abismo constantemente: si hay miedo, siguiendo a Sartre, es a tirarse, no a caer.
Es su manera de no alimentar la locura.
Ultimamente, mientras gestiona un teatro en Buenos Aires, insiste en que compartamos un blog para perpetrar un texto juntos. Hasta ahora no le había hecho caso, pero se me ocurrió un argumento y se lo voy a contar.
Supongamos un hombre. Un sesentón. Pensemos en Terence Stamp con el carácter de Meursault, el protagonista de El extranjero de Camus. De momento no tiene nombre. Está en Barcelona y espera sentado en un coche, frente al volante; ojea distraído un ejemplar de Marca. Ya ha visto el dato que le interesa: el resultado del partido jugado en la víspera por Platense y su lugar en la tabla; el resto, no lo ve. El hombre es argentino y el hecho de vivir en Barcelona le ofrece la posibilidad de cobijar su lengua al amparo del catalán: se mueve con gestos. Lleva en la ciudad más de veinte años. Se exilió cuando comenzaron los juicios a los militares. Un sindicalista con negocios en España le consiguió un trabajo y desde entonces lo ejerce: es secretario, chofer, asistente, guardaespaldas y todas las posibles declinaciones del viejo oficio de estar a las órdenes de un empresario difuso para la ley. El hombre pudo volver cuando se promulgaron las leyes de punto final y obediencia debida, pero su mundo se había perdido antes: no le interesaba. Se había disuelto después de la guerra de Malvinas. Creía en un orden, tenía una cosmovisión y fueron sus superiores quienes acabaron con ella y no la historia que se pone en marcha el 10 de diciembre de 1983, cuando Alfonsín obtiene el bastón del mando presidencial. Con el bochorno de la guerra, la cobardía del mando y la derrota inevitable de aquel sistema, empieza a resquebrajarse su Weltanschauung.
¿Cómo se mueve ese personaje que mira distraídamente el Marca? Se moverá no cuando llegue el jefe y le indique una dirección hacia la que partirán; se moverá cuando se cruce accidentalmente con una víctima suya. Alguien más joven que él a quien torturó. Este nuevo personaje ha sustituido el mundo que giraba en torno a la revolución por otro que gira alrededor suyo: es propietario de una editorial y tiene reconocimiento público. Hay un problema: en su día, en la clandestinidad, bajo el credo de una organización revolucionaria, hizo uso de las armas: ejecutó a un industrial, quien podría ser ahora un espejo del nuevo hombre que se construyó a si mismo en estos años. Así las cosas.
El torturador chantajea a la víctima con su pasado (de momento, la ley sólo ampara al militar). Le encarga una tarea: hay que asesinar a alguien. Obviamente, el editor se resiste pero el peso de la amenaza atraviesa su resistencia. Y lo hace. Pero después de ejecutar el mandato, descubrirá que en realidad a quien ha matado es a su torturador, el militar, quien trama todo el complot porque no llegó nunca a acumular coraje suficiente para quitarse la vida.
Quizás Vidoletti quiera escribir esto. Hay que decidir una voz, pensar la trama, hacer una reflexión moral sobre el planteo. En fin, trabajar. Es apenas un apunte, producto del insomnio. Sólo algunos monstruos que producen el sueño de la razón, al decir de Goya.

Una forma de escapar de la locura a su manera (la de Jorge): negándole el pan.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-7597-2007-03-06.html

CULTURA : EXPERIENCIA DEL COLECTIVO "FIN ZONA URBANA" A VEINTE KILOMETROS DE 9 DE JULIO

Un grupo de artistas tiende un puente hacia el mundo rural*

Esquilan ovejas con diseño en una estancia, junto con los trabajadores del lugar. La intención es generar una nueva mirada del campo hacia la cultura.

OVEJA INTERVENIDA. Uno de los animales cuya esquila inicia un artista y termina un trabajador de la estancia.

*Matías Repar ESPECIAL PARA CLARIN

En la novela de ciencia ficción ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? —escrita en 1968 por Philip K. Dick—, la acción transcurre en un mundo cubierto de polvo radiactivo después de una guerra nuclear que mata a casi todos los animales. Entonces, los humanos comienzan a utilizar animales eléctricos. Así, el autor abordaba temas como el impreciso límite entre lo artificial y lo natural, la decadencia de la vida urbana, la sociedad, los androides y un mundo destruido, abandonado, donde la tecnología es omnipresente.
Casi tres décadas después, en la localidad bonaerense de La Niña, a 20 km de 9 de Julio, el colectivo Fin Zona Urbana (FZU), liderado por May Borovinsky —profesora de la Cátedra Madanes del Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA)— continuó imaginando que sería posible unir la labor de los trabajadores del campo a la de los artistas como en 2006, cuando destinaron un megaespacio de creación —casi ochenta hectáreas de tierra cultivable en la estancia La Catita— para el diseño de nueve dibujos realizados con girasol, soja y maíz que se veían desde aviones, helicópteros, para finalmente aterrizar en una muestra en el Centro Cultural Recoleta.
Hace días, el colectivo puso en marcha en la misma estancia Proyecto Rebaño: diseños de esquilados de ovejas, iniciados por los artistas, continuados por Jorge Cabrera —el esquilador del establecimiento— y experimentados por pobladores de la zona. "La gente comprendió la obra y quiso ser parte —comenta Borovinsky—; se sienten capacitados porque el terreno les resulta conocido, es un recurso cotidiano de la vida rural, la intención es generar puntos de encuentro entre culturas, y a través del arte proponer otra dimensión del trabajo, ampliando su concepto y resignificando el rol social de cada especialidad." ¿Cómo se relaciona esta experiencia con la anterior? "Básicamente, por el ciclo natural. Cuando caminábamos por la siembra teníamos la certeza de que, si nos dábamos vuelta, ya no volveríamos a ver lo mismo. Era una obra que crecía y cambiaba a cada instante. En Proyecto Rebaño esa certeza se convierte en algo palpable por el ciclo lanar ovino y el movimiento de los animales." Ricardo Gallo Llorente —dueño de la estancia y coordinador del frente rural— cree que la experiencia es importante porque muchos productores y trabajadores rurales están "perdiendo la capacidad de ver el arte de lo que hacen y además, que por medir todo en términos económicos, en el campo fuimos perdiendo calidad de vida". ¿Este tipo de encuentros genera una nueva mirada del campo hacia la cultura? "Absolutamente. Hace un par de años había un programa que llevaba a los chicos del campo a La Plata, pero era algo muy pobre, porque los chicos de La Plata no venían a conocer cómo era el campo."
Entre los proyectos futuros del colectivo FZU figuran una acción en el Canal Beagle junto al Grupo Circular de Ushuaia —entre el 7 y el 14 de marzo en Küar— y Brote Urbano, siembras de maíz en tres sitios específicos de la ciudad de Buenos Aires. "Proponemos una grieta, la filtración de una imagen de iconografía rural que trasladará al espectador instantáneamente en tiempo y espacio a la vivencia del campo. La ciudad limita, encierra y condiciona, mientras el horizonte del campo libera, abre, extiende", dice Borovinsky. Durante los seis meses de duración del ciclo vital de la planta de maíz, la obra irá cambiando a cada instante. "Es una intervención literalmente viva, quien la visite comprenderá que no podrá volver a ver la misma obra al día siguiente porque el ciclo no se detiene."

Mientras tanto, las ovejas intervenidas seguirán soñando con androides capaces de rediseñarlas y convertirlas en objetos de deseo como piezas de arte.

*Fuente: Clarín:
http://www.clarin.com/diario/2007/03/06/sociedad/s-04001.htm

Senos de tahitianas*

Se diría que los recuerdo
y que hasta estuve allí

Me exhibía entonces al natural
con ellos todo es más simple

Al ciudadano le di
el olivo que es el olvido

Mis construcciones insistían
en situarme al fresco

Descalzo, mis valores de siempre
tendían a disiparse

Al náufrago le cabía
pintar y amar.

Seins de tahitiennes*

On dirait que je m’en souviens
comme si j’étais allé là-bas

Je m’exhibais alors en toute nature
avec eux tout est plus simple

Je donnai au citadin
l’olivier de l’oubli

Mes créations tendaient
à me pousser dans l’apaisement

Dénué de tout, mes valeurs éternelles
se préparaient à disparaître

Dans le naufrage il appartenait
de peindre et d’aimer.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

-Traducido al francés por el poeta Jacques Canut.

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