ESE TEMOR A LA RAPIÑA
Mis Temores*
Temo a la oscuridad,
a los relámpagos; a las crecidas
de los ríos y de los mares. A los volcanes,
a los terremotos
y a los ciclones.
A que se oculte el Sol
o no salga la Luna, temo.
Tengo además, otros temores:
A la democracia burguesa.
A las guerras de rapiña.
Al terrorismo de Estado.
A los políticos tradicionales.
A los traidores.
Es tanto a lo que temo,
que a morir temo de repente un día, sin ayudar
a enterrar a mis temores.
*de Miguel Crispín Sotomayor mariav.duque@infomed.sld.cu
Ese temor a la rapiña
El mito de los biocombustibles*
*ALAI AMLATINA, 13/03/2007, Sao Paulo.-
Recientes estudios sobre los impactos causados por los combustibles fósiles
contribuyeron a poner el tema de los biocombustibles en el orden del día. La
aceleración del calentamiento global es un hecho que pone en peligro la vida
del planeta. Sin embargo, hay que desmitificar la principal solución que
actualmente es difundida a través de la propaganda sobre los supuestos
beneficios de los biocombustibles.
En contrapunto a esta idea, la profesora Madre-Wan - Ho, de la Universidad
de Hong Kong, explica que: "Los biocombustibles están siendo considerados
erróneamente como 'neutros en carbono'. Se ignoran así los costes de las
emisiones de CO2 y de energía de fertilizantes y pesticidas utilizados en
las cosechas".
Un estudio del Gabinete Belga de Asuntos Científicos muestra resultados
semejantes. "El biodiesel provoca más problemas de salud y ambientales
porque crea una contaminación más pulverizada, libera más contaminantes que
promueven la destrucción de la capa de ozono".
La soja es presentada por el gobierno brasileño como el principal cultivo
para obtener el biodiesel. "El cultivo de la soja despunta como la joya de
la corona del agronegocio brasileño", afirman investigadores
de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA, en
portugués).
En este contexto, el papel de Brasil sería suministrar energía barata a los
países ricos, lo que representa una nueva fase de la colonización.
Las actuales políticas para el sector son sustentadas en los mismos
elementos que habían marcado la colonización brasileña: apropiación de
territorio, de bienes naturales y de trabajo, lo que representa mayor
concentración de tierra, agua, renta y poder.
Se estima que más de 90 millones de hectáreas de tierras podrían ser
utilizadas para producir biocombustibles. Además, la "eficiencia" de nuestra
producción se debe a la disponibilidad de mano de obra barata y hasta
incluso esclava. Esas características son difundidas por órganos
gubernamentales y por algunos intelectuales, que fabrican la idea de que la
producción de agroenergía traería grandes beneficios.
"Nuestro país posee la mayor extensión de tierra del mundo que todavía puede
ser incorporada al proceso productivo", afirman investigadores de EMBRAPA.
Ellos estiman que la producción de biomasa "podría ser el más importante
componente del agronegocio brasileño". En relación a la expansión de la
producción de etanol, concluyen que hay la "posibilidad de expansión de la
caña de azúcar a casi todo el territorio nacional".
Brasil produce actualmente 17 mil millones de litros de alcohol por año.
Según el - Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, en
portugués), serían necesarios más de ocho mil millones de litros solamente
para atender el mercado interno. Por lo tanto, el Banco prevé que Brasil
deberá expandir su producción a otros países. Con la pretensión de controlar
el 50% del mercado mundial de etanol, el BNDES estima que Brasil debería
llegar a producir 110 mil millones de litros por año.
"Sólo en la región del ´cerrado´, pueden estar disponibles, en los próximos
años, para plantaciones de granos, más de 20 millones de hectáreas", revela
un informe de la - EMBRAPA. En el Noreste, según los
investigadores, "solamente para la papaya hay un área de tres millones de
hectáreas apta para el cultivo". Ellos afirman también que "La Amazonia
brasileña posee el mayor potencial para plantaciones de aceite de palma en
el mundo, con un área estimada de 70 millones de hectáreas".
Sin embargo, este producto es conocido como el "diesel de la deforestación".
La producción masiva del aceite de palma (como es conocido en otros países)
ya causó la devastación de grandes extensiones
de bosques en Colombia, Ecuador e Indonesia. En Malasia, el mayor productor
mundial de aceite de palma, el 87% de los bosques han sido devastados.
Brasil puede también cumplir la misión de legitimar la política externa del
gobierno estadounidense. En una visita a Brasil, en febrero de 2007, el
subsecretario de Estado, Nicholas Burns, afirmó que "La investigación y el
desarrollo de biocombustibles pueden ser el eje simbólico de una asociación
nueva y más fuerte entre Brasil y Estados Unidos". Los dos países controlan
el 70% de la producción mundial de etanol.
Recientemente, en respuesta al impacto de este tema en la sociedad, el
gobierno Bush anunció que pretende reducir el consumo de petróleo en 20%.
Según Burns, "La energía tiende a distorsionar el poder de algunos Estados
que nosotros creemos tienen un peso negativo en el mundo, como Venezuela e
Irán". (Folha de S.Paulo, 7 de febrero de 2007).
La expansión de la producción de bioenergía es de gran interés para empresas
de organismos genéticamente modificados, que esperan obtener una mayor
aceptación del público difundiendo los productos transgénicos como fuentes
de energía "limpia".
"Todas las empresas que producen cultivos transgénicos - Syngenta, Monsanto,
Dupont, Dow, Bayer, BASF - tienen inversiones en cultivos concebidos para la
producción de biocombustibles, como el etanol y el biodiesel. Tienen,
además, acuerdos de colaboración con transnacionales como Cargill, Archer,
Daniel Midland, Bunge, que dominan el comercio mundial de cereales", explica
Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC de México.
Según Eric Holt-Gimenez, coordinador de la organización Food First, "Tres
grandes empresas (ADM, Cargill y Monsanto) están forjando su imperio:
ingeniería genética, procesamiento y transporte, una alianza que va a
encadenar la producción y la venta de etanol. Y añade que otras empresas del
agronegocio como Bunge, Sygenta, Bayer y Dupont, aliadas a la
transnacionales de petróleo como Shell, TOTAL y British Petroleum, y también
a las automotrices como Volkswagen, Peugeot, Citroen, Renault y
SAAB, forman una sociedad inédita que espera grandes ganancias con los
biocombustibles.
Experiencias de los pequeños agricultores en el Noreste dedicados a la
siembra de la papaya demostraron el riesgo de dependencia hacia las grandes
empresas agrícolas, que controlan los precios, el procesamiento y la
distribución de la producción. Los campesinos son utilizados para
legitimitar al agronegocio, a través de la distribución de certificados de
"combustible social". La expansión de la producción de biocombustibles pone
en peligro la soberanía alimentaría y puede agravar profundamente el
problema del hambre en el mundo. En México, por ejemplo, el aumento de las
exportaciones de maíz para abastecer el mercado de etanol en Estados Unidos
causó un aumento de 400% en el precio del producto, que es la principal
fuente de la alimentación de la población.
Silvia Ribeiro alerta que "ahora son los automóviles, no las personas, los
que demandan la producción anual de cereales. La cantidad de granos que se
exige para llenar el depósito de un camión con etanol es
suficiente para alimentar una persona durante un año".
Discutir sobre las nuevas fuentes de energía debe llevar, en primer lugar, a
descubrir al servicio de quien estará esta nueva matriz. La construcción de
una nueva matriz energética debe tener en cuenta quien será el beneficiario
y a qué propósito servirá.
La mayor responsabilidad por el calentamiento global la tienen justamente
las grandes empresas que destruyen los bosques y contaminan el
medioambiente, las mismas petroleras, automotrices, agrícolas, entre otras,
que pretenden lucrar con la bioenergía. (Traducción ALAI)
- Edivan Pinto y Marluce Melo son miembros de la Comisión Pastoral de la
Tierra Regional Nordeste de Brasil. Maria Luisa Mendonça integra la Red
Social de Justicia y Derechos Humanos.
*Fuente:
http://www.apiavirtual.com/modules.php?name=News&file=article&sid=17416
Su majestad la Ganancia*
13/03/07
*Por Oscar Taffetani
(APE).- La Legislatura entrerriana aprobó este mes una ley que prohíbe la
exportación de madera en chips o rollizos al Uruguay, apoyando la lucha de
los vecinos de Gualeguaychú contra la instalación de la pastera Botnia en
Fray Bentos.
Una vez aprobada la ley, los legisladores entrerrianos invitaron a sus pares
de las otras provincias litoraleñas a hacer lo mismo.
Esa ley hubiera sido perfecta -pensamos- si la prohibición de vender madera
rigiera también para las pasteras argentinas que usan cloro y que han
contaminado hasta un punto indecible el Paraná.
Porque, así como están las cosas, esas fábricas argentinas contaminantes se
beneficiarán con la ley, ya que comprarán a mejor precio la madera antes
destinada a los compradores uruguayos.
Otro efecto no deseado de la lucha contra Botnia (ya que la española Ence,
al parecer, ha sido santificada), es el que están provocando los cortes
simultáneos de los tres pasos terrestres al Uruguay.
Allí, una beneficiaria indirecta de la medida de protesta es la naviera
Buquebus, que mantiene a full su cuota de pasajeros entre Buenos Aires,
Colonia, Montevideo y Punta del Este, con un promedio de 36 servicios
diarios. A Buquebus -perdón por este mal pensamiento- le conviene que siga
el conflicto.
Así son las cosas en el mundo donde reina su majestad la Ganancia.
Hacendados y contrabandistas
A mediados del siglo XIX -cuenta Luis Franco en La pampa habla- mientras
algunos terratenientes bonaerenses denunciaban los crecientes malones e
incursiones depredadoras "del indio" en la frontera, otros compraban de
noche la misma hacienda sin marcar que los pampas robaban de día...
Y lo peor: esos hacendados -traidores a su propia corporación- sabían que el
mantenimiento del negocio implicaba exponer a sus propias familias al riesgo
de la muerte o un cautiverio entre "los infieles".
¿Bíocombustibles o petróleo?
Un conflicto de escala mucho mayor, que agita las aguas de la política
internacional por estos días, es el del cártel petrolero de la OPEP contra
el cártel -todavía en formación- de los países productores de
bíocombustibles.
Recientemente se difundió la advertencia del Movimiento de los Sin Tierra
(MST), ante la perspectiva -hoy confirmada- de que Brasil se lance a la
producción en gran escala de bíoetanol, que la industria norteamericana
estudia como alternativa frente a la posibilidad de una debacle general en
Medio Oriente y una suba vertiginosa en los precios del petróleo (incluído,
por supuesto, el petróleo bolivariano).
"La producción de biocombustibles -dice el comunicado- está basada en
grandes monocultivos latifundistas, principalmente de caña de azúcar, lo que
desfavorece la producción de alimentos y compromete la soberanía alimentaria
nacional".
Para terminar, el MST lanza una advertencia clara y contundente al gobierno
de Lula, paradójicamente impulsor del programa Hambre Cero: "No podemos
mantener los tanques llenos y las barrigas vacías..."
El sueño de los insomnes
Hasta aquí, varios casos que demuestran que es la plusvalía (es decir, el
lucro, la ganancia, el fruto de la apropiación indebida de la tierra y de la
explotación del trabajo ajeno), ese cáncer que termina devorando y
desvirtuando las mejores creaciones humanas.
Mientras haya plusvalía -tal como dice el catecismo marxista, sin que la
realidad lo desmienta- habrá injusticia y habrá desigualdad.
En ese contexto, cualquier esfuerzo por achicar la brecha (usemos el
eufemismo de moda) será loable. Y cualquier avance en la lucha contra la
injusticia, será plausible.
Pero el sueño de alcanzar un mundo sin explotadores ni
explotados -repitámoslo, por si hace falta- no está en venta. Ese sueño no
tiene precio, ni color, ni vencimiento.
Para los súbditos de la reina Ganancia, no vale nada. Para el resto del
mundo, lo vale todo.
-Fuente: AGENCIA PELOTA DE TRAPO. agenciapelota@ pelotadetrapo. org.ar
http://www.pelotadetrapo.org.ar/
La historia de los números*
12/03/07
*Por Carlos del Frade
(APE).- La pobreza y la riqueza no son consecuencias de sumas y restas o de
elucubraciones algebraicas.
Son el resultado de una historia política, social, cultural y económica que
suelen reducirse en ciertas cifras.
Hay un problema en el presente: los números oficiales del Estado argentino
están en dudas.
Desconfían los funcionarios y también mujeres y hombres trabajadores que no
salen de su asombro cuando le cuentan que bajó la desocupación a una cifra
de un solo dígito.
Pero el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos debe seguir con su
actividad.
Acaba de publicar que una familia es considerada pobre en la Argentina
cuando gana menos de 922 pesos mensuales, 298 dólares. Y que la frontera de
la indigencia son 492 pesos, unos 138 dólares.
Números que marcan la desesperación de los que son más.
Los que no pueden ganar, sino que aspiran a empatarles a las necesidades
cotidianas.
Sin embargo, hay otras cifras que marcan las otras realidades que cohabitan
en el país del sur.
Los medios de comunicación informaron que la fábrica Acindar ganó alrededor
de 533 mil dólares por día durante el año 2006.
Y que el Banco Galicia, en tanto, tuvo utilidades a razón de 203 mil dólares
cada veinticuatro horas.
El abismo es inmenso e inmoral.
Porque además hay una historia para semejante riqueza en pocas manos.
El gerente de Acindar, hacia 1975, era José Alfredo Martínez Hoz, el mismo
que un año después sería el ministro de economía de la dictadura más
sangrienta que soportó el pueblo argentino.
Y no fue una casualidad. El 20 de marzo del ´75, Martínez de Hoz pagó a
razón de doscientos dólares por cabeza a cada integrante de la policía
federal y otras fuerzas de seguridad nacionales y provinciales para
convertir el albergue de solteros de la fábrica ubicada en Villa
Constitución, en uno de los primeros centros clandestinos de detención del
país. Inversión para la desaparición.
En esos días finales de la administración de María Estela Martínez de Perón,
Martínez de Hoz solicitó un aval al gobierno nacional para un crédito
internacional de seiscientos millones de dólares. La administración se lo
negó. Pero cuando fue ministro de la noche carnívora, él mismo, firmó aquel
compromiso.
La historia siguió el 5 de julio de 1982, cuando un tal Domingo Felipe
Cavallo, a cargo del Banco Central de la República Argentina, estatizó la
deuda de Acindar y de otras doscientas grandes empresas.
El resultado fue la deuda externa del pueblo argentino. Los seiscientos
millones de dólares comenzaron a formar parte de lo que debe cada uno de los
argentinos.
Por eso cuando los números del INDEC revelan lo que cuesta sobrevivir en el
país, también hay que tener en cuenta la historia política de impunidad que
generan los números de la riqueza acumulada en pocas manos, como el caso de
Acindar y otras.
No se trata de confiar o no en los números, sino de saber cómo se construyó
el privilegio en forma paralela al saqueo de los que intentan empatarle a
las cifras de las canastas básicas.
Los números también tienen historia.
Fuente de datos: Agencia de Noticias Red Eco Alternativo 08-03-07
-Fuente: AGENCIA PELOTA DE TRAPO.
http://www.pelotadetrapo.org.ar/
*
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