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Terra
La Coctelera

inventiva

20 Marzo 2007

LA GOTA QUE NADIE ESPERO

La gota que nadie espero...

Evacuados por el temporal no podrán volver a sus casas*
[1]. y …

Es cierto que en el fenómeno de las lluvias intervienen factores vinculados al calentamiento global. Dice Federico Hausvirth en una Nota del La Nación del 07 de Febrero de éste año que la situación en el norte del país se presenta como alarmante. En lo que va del año la región se vio azotada por tormentas que han dejado decenas de muertos, miles de evacuados y millones de pesos en pérdidas materiales. En la misma nota Ricardo Barbetti, profesor en cuidado de medio ambiente en el Museo de Ciencias Naturales, coincidió en que la principal causa es que se cortan y se queman miles de hectáreas de bosques y selvas. La consecuencia de la deforestación es que la tierra absorbe mucho menos el agua de lluvia y entonces corre por la superficie. Al no filtrar rápido, el agua de los ríos se desplaza a los lugares más bajos y produce la inundación. "El suelo de un bosque es como una esponja", explicó y aclaró que si "la esponja" no absorbe, no se forman las napas subterráneas y el agua queda arriba.
Finaliza Federico Hausvirth preguntándose:
¿Cómo van a enfrentar los gobernadores las inundaciones agravadas por el cambio climático? Y ¿Se adelantarán a los problemas o seguirán pidiendo ayuda para los evacuados? [2]

No hay que descartar ningún elemento que nos permita hallar un alivio a ésta terrible situación que determina que grandes sectores de la población sean evacuados de sus viviendas. Y tengan que concurrir a Centros Comunitarios, Iglesias, Escuelas, lo que se encuentre, para encontrar un techo, de vez en cuando un mate cocido. Algo que permita suponer que no se está tan huérfano, aunque la dignidad de persona se vea afectada.
Pero antes de proseguir voy al término evacuar, recurro a encarta y leo:
evacuar. (Del lat. evacuāre). tr. Desocupar algo. || 2. Desalojar a los habitantes de un lugar para evitarles algún daño. || 3. Dicho de un ser orgánico: Expeler excrementos u otras secreciones. || 4. Desempeñar un encargo, informe o cosa semejante. || 5. Der. Cumplir un trámite. Evacuar un traslado, una diligencia…
Cuántas acepciones contiene la palabra! Y mientras trato de diferenciarlas, se me vuelven a juntar, se mezclan, se mimetizan:
1. 2. Desalojar a los habitantes de un lugar para evitarles algún daño. || Claro, habría que realizar un ejercicio mental previamente. Viene bien la pregunta: Cuál es el daño que se les evita ? Se conoce el día después del inundado, cuando llega a ese lugar construido con latas, plásticos, pedazos de latas, y no se encuentra nada o casi nada?
2. 3. Dicho de un ser orgánico: Expeler excrementos u otras secreciones). Se que muchos sectores consideran a los pobres como la mierda de una sociedad. Entonces, frente a las inundaciones las medidas [3]que se toman, no será un mecanismo inconciente ( y colectivo?) para evacuar pobres?

Mientras reflexiono escucho a la Bersuit Garbarabat en su canción “Inundación” [4] y nos recuerda a ese territorio al cual – afortunadamente - no nos pueden contaminar: la niñez. Y mientras la música nos hace recordar esa grata sensación que sentíamos cuando llovía, también, nos distancia de esa etapa, al remitirnos a una situación la que - con o sin agua - nos señala cuan inundados estamos: de desidia, de falta de planificación urbana, de pensar que los pobres no valen.
Ayer en medio del diluvio, (que parecía que nunca dejaría de llover), pensé en Carlitos, ese drogón de La Olla, tan vilipendiado por muchos, quien vive en lo que elegantemente, nosotros los científicos sociales llamamos vivienda precaria. Un pibe que junto a otros, ocasionan el dicho social: así como entran, salen de las comisarías. Y sí, pero también hay que decir que salen como entran: sin procesos de rehabilitación para la droga, sin tratamientos integrales, sin propuestas habitacionales, sin becas para ir a la escuela, sin prevención para enfermedades (y ahora, el dengue), etc.
Cuando bajará el agua de ésta inundación?

*de María Bar. barmaria@ciudad.com.ar

[1] http://www.corrientesnoticias.com.ar/interior.php?nid=67337
[2] http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=881547

[3] http://www.momarandu.com/amanoticias.php?a=7&b=0&c=64048

[4] “Inundación” Bersuit Bergarabat
Queríamos tomar agua de lluvia
Como cuando pendejos
Sin miedo al malestar
Querías pisar baldosas flojas
Para empapar de frente
Al primer gil calentón
Y también patear por la orilla del mar
Hundiendo los pies en la espuma fría
O cruzar el río sin saber nadar
Por puro placer, sin ninguna red
Queríamos pegarnos un buen baño
para lavar las culpas de tanta rigidez
Porque vivimos, porque nacimos
Porque salimos del agua
Porque soñamos y la tomamos
Pero vivimos secos
Porque vivimos, porque nacimos
Porque salimos del agua
Porque soñamos, nos calentamos
Y al fin nos hacemos humo
Y al fin nos hacemos humo
Yo no soy la gota que revalsó tu vaso
Te aviso que para mi es el vicio
De este payaso sin risas
Que de lágrimas se ahoga
Tiré la soga
El barba no dio bola
Dijo: "Hijo no te inundes,
sos el último en la cola"
Dejamos pasar el tiempo que nos condena
Que pena
Y la mierda que nos rodea aun queda
Zapatos rotos, cordones flojos
Y un sueño:
DE NUESTRO MUNDO SOMOS DUEÑOS
Queríamos saltar sobre los charcos
con zapatillas blancas
Para que se enoje mamá
Queríamos que se inundara todo
y las bocas de tormenta no alcancen a desagotar
Y también patear por la orilla del mar
Hundiendo los pies en la espuma fría
O cruzar el río sin saber nadar
Por puro placer, sin ninguna red
Porque vivimos, porque nacimos
Porque salimos del agua
Porque soñamos y la tomamos
Pero vivimos secos
Porque vivimos, porque nacimos
Porque salimos del agua
Porque soñamos, nos calentamos
Y al fin nos hacemos humo
Y al fin nos hacemos humo
Rebalsó
La gota que nadie esperó
Sin verla ni beberla nos ahogamos en un vaso
En esta inundación
La gota que nadie esperó
Sin verla ni beberla nos ahogamos en un vaso
Sin agua.

Fugas*
(Celda X)

Si toda celda es ilusoria y toda libertad, sólo aparente, la reclusión se convierte en un simple concepto. Así, aunque ningún encierro es voluntario, tampoco es indudable la solidez de las rejas.

Hay ocasiones en las que abandono la celda y vago por las calles sin motivo. El carcelero -obviamente- está al tanto de estas fugaces escapadas, mas finge no darse cuenta, puesto que sabe con certeza que siempre se trata de salidas momentáneas, y que el regreso del prófugo se produce, con absoluta precisión, a las pocas horas, nunca más tarde del siguiente cambio de guardia. Por otra parte, si admitiese la existencia de tales fugas, quedaría, desde ese preciso momento, obligado a impedirlas, y eso escapa por mucho a sus limitadas posibilidades. Si, por el contrario, reconociese que, en efecto, las fugas existen y él no hace nada por evitarlas, estaría dejando de cumplir con su misión, y en ese caso, dada la gran disciplina existente en las prisiones, se vería obligado a dimitir de su cargo y, no estando capacitado para desarrollar otro oficio, quedaría a merced de las circunstancias durante el resto de su vida. Por lo tanto, su única alternativa es la indiferencia absoluta ante la menor tentativa de huida. Así, en su negligencia, actúa, sin saberlo, sabiamente. Porque ¿qué tienen de envidiables las calles de la ciudad?

Gentes apresuradas, sin tiempo para escuchar siquiera el roce del viento en sus oídos; personas que caminan aceleradas, mirándose al pasar en los espejos, en los cristales de los grandes almacenes, tratando de comprobar si su belleza cosmética se halla a salvo de las agresiones de la intemperie; rostros fugaces y falsos, ropas vistosas, diseñadas especialmente para resaltar virtudes y ocultar defectos; sonrisas estudiadas; poses repetidas; miradas frías; palabras vanas e inexpresivas, y una incurable sordera de raudas muchedumbres. Todo el mundo tiene prisa y las mil luces que parpadean parecen incitar a ese veloz frenesí. Los automóviles colapsan las iluminadas avenidas, hay ruido de bocinas que maúllan estridentes; gritos de conductores irritados; cientos de motores rugiendo con rabia y llenando de humo e infelicidad el cielo antaño azul, el aire que algún día fue puro.

Los ojos captan el horror y el corazón acumula desdicha, y cada minuto que transcurre en este infierno es una dolorosa carga de decepción para el recluso que ansiaba libertad. Vuelves los ojos hacia los otros, hacia tantos otros rostros -tan próximos y sin embargo tan infinita y tristemente lejanos- que caminan junto a ti, pero nadie puede detenerse; el tiempo es demasiado precioso. Miras alrededor y de pronto percibes que no hay nadie. Entre la multitud no hay nadie y la ciudad es tan sólo una película descolorida, vago esperpento de sí misma. No hay nadie y tu grito resuena hacia el interior, porque la ciudad no es más que el sueño inacabable de un neurótico y las imágenes se suceden, van pasando junto a ti una y otra vez hasta que no puedes más... Y entonces comprendes con resignación que no hay lugar al que volver que no sea la húmeda y maldita celda de tu pesadumbre.
Quizá, después de todo, es ése precisamente el motivo por el cual el guardián no se molesta en impedir las escapadas (¿No fue acaso un mero prisionero en otro tiempo? ¿No lo es todavía, en cierto modo?). Sabe que siempre regresamos, derrotados, hundidos, sin fe en nosotros mismos ni en la humanidad, con los ojos enrojecidos y odiándole por su asquerosa sonrisa de satisfacción.
Aunque, a decir verdad, tampoco sé muy bien que es lo que me empuja a volver a este antro de tenebrosa soledad. Quiero creer que lo hago porque aquí, al menos, me acompañan los recuerdos. Pero lo cierto es que me atormenta la idea de que no sea por eso. Me aterroriza pensar que en realidad se trata tan sólo de la rutina, que es apenas la fuerza de la costumbre lo que me trae de regreso una y otra vez, que acaso no sea posible luchar contra este vacío. Y por la noche, después del toque de queda, me acurruco en un rincón y lloro sin testigos en el anonimato de la oscuridad que se extiende por todos los rincones de la celda.

Capítulos anteriores en http://www.aragonesasi.com/sergio/celda.htm

*De Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es
http://al-andar.blogspot.com

Lunes, 19 de Marzo de 2007
Pez en la noche*

*Por Sonia Catela. soniacatela@yahoo.com.ar

Fin de jornada. No alcanzo a pulsar el interruptor de la lámpara de mi cuarto: me pica una presencia entre las sombras.
"Soy su tío Abel", se presenta el extraño. Y la masa corpulenta añade: "me escapé del Borda".
Reparo el pasmo inicial, hago "click", luz, y me acerco con la mano extendida. Lo convido a que se siente. No demoro demasiado en refrendarle su fuga. Ha hecho bien en huir: es más, siempre pensé que si me meten en un manicomio, escapo. Paralelamente mido cada gesto suyo, lista a pegar el salto hacia el pasillo.
Tras los vidrios negros de las gafas del desconocido no hay ojos. Y él todo es un espantapájaros de trapo, inerte. "¿Puede dejar abierta la puerta?" pide por fin.
Mala idea en una pensión que no perdona encuentros mixtos entre sus inquilinos solteros.
"¿Dice que no van a creerle que soy pariente carnal? Fíjese usted".
Tras una pausa, avala la cautela de la propietaria de la pensión; al fin y al cabo el pecado de credulidad suele tender trampas imprevisibles.
Pongo a hervir dos huevos y saco la botella de cubana. En la astilla mayor del espejo fosforecen sus lamidas mechas rubias, sus ademanes de exploración: examina una azucarera, sopesa un par de cucharitas, ensaya el crujido del elástico de mi cama.
Me intereso en qué tal la ciudad y en cómo lo ha recibido mi madre. "Hace años que nos hemos distanciado", se lamenta. Entre ellos hubo una rencilla, "sórdida", a causa de cierta herencia, un roñoso tema de dinero.
Se soba el cuello; lo sigue moviendo.
"¿Te sofoca el calentador? ¿le bajo un poco la llama?"
Vuelve con que se ahoga en este cuarto sin ventanas.
Así que ha logrado fugarse. Puede extenderse con confianza en un relato minucioso de su escapada. Encontrará en mí una interlocutora comprensiva y discreta.
"Vea", dice, "los miércoles dejan una puerta abierta para que algunos se rajen. Un método si se quiere censurable para aligerar el trabajo".
Como proceso de liberación me resulta pobre. ¿Y la épica?
"Lo lamento; fue así, nomás. Dejan una puerta lateral entornada. El rumor se propaga".
Tironeo la mesita hasta el borde de la cama y nos sentamos a cenar.
Le da vueltas al vaso. "Será que estoy acostumbrado a aquello. Y allá tengo mujer" agrega sin que se le pidan explicaciones. Aparta las cáscaras del huevo y tantea un sorbo de cubana; enseguida se traga el resto de la bebida de un solo golpe, como un sapo.
"Y usted, al final ¿se recibió de doctora?"
Asiento. Y mi tío acota: "pobre".
Ya es bastante tarde y él se clava como raíz: "Acépteme como huésped", requiere. Yo no ronco
¿En este cuarto? ¿Donde apenas caben mis huesos? Tampoco puedo echarlo así como así a la intemperie. Pero se imponen mínimas precauciones. "Apenas tu hermana nos dé semáforo verde, te acomodás".
"¿Y por qué?". Se extraña ante las cosas más obvias. Qué dudas caben; él ya se presentó.
"Se aparece un desconocido que se confiesa tío y loco. Una situación a tomar con pinzas, según veo".
Se levanta y hurga en los pantalones. Con manos firmes me alcanza su documento de identidad: Vea, no miento; soy su tío.
Descalifico la prueba: "Como si con eso alcanzara".
Embolsa la libretita en su talego. Conserva un ambiguo aire de estupor; al parecer, del cuarto y la conversación se descuelgan descubrimientos que lo pasman.
"¿Puedo?" señala el último resto de cubana.
Extiendo la mano en círculo, que sí, que disponga, y cierro la hoja de la puerta antes de que me siga.
...
Pero mamá no responde mis llamadas. Recién al tercer intento se deja capturar. Y se lo cobra con una acotación afilada: "Acabo de desocuparme de la marcha de jubilados. O no sabés qué día es hoy"
Como quien vuelve de bruñir el espejo en el que Dios mira su rostro.
"¿De dónde salió que nuestra fauna familiar cuenta con un tío en el Borda, mamá?"
"Y para eso me llamás".
"Dispongo de una sola ficha, madre. Al Borda no se va de vacaciones".
"Echalo. Se hizo encerrar en el loquero para salvarse de que lo metieran en la cárcel. Ese impostor".
Se declara ignorante sobre el crimen concreto que lo llevó a asilarse.
Incompetente en cuanto a más datos, salvo los que conciernen a detalles físicos de Abel. Alto, corpulento; una mancha que se le posa como mariposa morada en la barbilla. Aunque la comunicación se corta alcanzaron a sonar las trompetas que abren sepulcros. Mamá.
Pero el hombre en mi cuarto es quien dice ser.
Lo encuentro totalmente dormido. Abel ha traído y tendido una hamaca paraguaya; ronca en ella con los lentes negros calados. Por esta noche no habrá expulsión.
...
El amanecer me despierta con temblores; he humedecido las sábanas. Huelen mal. Huelen a diez años atrás cuando me pasó lo que me pasó. Las sábanas húmedas no ocurrían desde entonces; las enjuago bajo un chorro de agua limpia y repito: lo es, agua limpia. Agua solamente, potable, corriente. Lo otro pasó. No sucede nada.
...
Me quito el vestido, lo lavo y lo tiendo empapado dentro de la pieza. La humedad corroe las paredes y las sábanas. Si la ropa no se seca, a la mañana tendré que ponérmela mojada. Pero no me queda alternativa. De la galería de la pensión se levantan todo.
...
Cuando la luz me despabila, mi tío duerme igual que la noche anterior.
Vestido; con sus anteojos calzados.
Frente al trozo de espejo, me descubro entre los pechos una mancha oscura.
Son dos violetas prendidas al corpiño. Y yo no me las puse.
...
Monologamos a susurros; acolchando la voz quizá la crueldad de lo real se disuelva en una sémola de nada "En el Borda me entregaba a una sola representación; frente a mi familia devanaba y devanaba el mismo discurso: soy Abel Requelme".
"¿Y tomabas el teléfono y llamabas a tus hermanas...?"
"Lo de las telefoneadas empezó más tarde, creo. Comunicaciones anónimas; cortaba si atendía alguien de la familia; aprovechaba al personal doméstico para averiguar todo lo posible. De ese modo supe de tu nacimiento".
"Te avergonzaba identificarte".
"No. Mis pasiones se habían reducido a una sola cuerda: "Soy Abel Requelme".
No había ausentes ni culpa, tampoco dolor".
Toda una novelita romántica. Qué del delito por el que se enterró en vida en ese hospicio. Debe tratarse de algo garrafal. A los Requelme no se los asusta agitando sábanas vacías.
"¿Y por qué elegiste el manicomio para tu hospedaje?"
"Hubo un diagnóstico médico".
"En la familia se te achaca un delito; tu encierro constituyó el escape".
"Durante mucho tiempo no supe siquiera que atrás había dejado parientes, una casa". Y una persona que no maneja los recuerdos , simplemente no puede andar por las calles: algún agujero puede chuparlo para siempre".
"Buen argumento. Pero ya podés salir del leprosario".
Mi tío niega. Afirma que en ese lugar sabe quién es. "Un loco más".
...
"Al fin ¿Y qué busca usted con tanta averiguación?"
En voz blanda me acusa de que lo tomo como bicho experimental.
La charla se interrumpe. Sirvo cubana en los vasos. De repente, incómodos: yo, con ganas de que se vaya.
"La dueña de la pensión me descubrió", Abel gira de dimensión. Y como disculpa: me agarró distraído.
Todas mis recomendaciones han sido vanas.
"Yo le dije a la señora", prosigue, "que era su tío loco. Que si no temía que pudiera degollarla".
Desconfío de esa versión. No se atrevería a tanto.
"Es lo que se espera de un tipo del Borda" ratifica.
Pero doña Elina acabó reaccionando bien, riendo y acercándosele.
Y queda en eso. "Acercándoseme"; y un carraspeo.
No le creo una sola palabra de las que no dice. Cómo pensar que doña Elina pasara una tarde íntima con un desconocido que se confiesa fuera de sus cabales.
...
Entreveo una morbosa tenida de fornicaciones en este cuarto.
En la oscuridad, siento la inesperada mordida de una fascinación primaria por mi tío.

*Fragmentos de la novela inédita "Pez en la noche", primer premio narrativa
Secretaría de Cultura de la Nación, 1999.

-Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-7782-2007-03-19.html

Fe de errores:

Para la revelación y los días*

que yo buscara
en el relumbre de ese rostro
lo que hace mucho dejé,
que buscara el cristal
capaz de atarme
en su sed

¿todavía es posible
reconstruir la flora y el yugo, reinventar
el exilio?

la alameda se apaga a mis espaldas,
el amor se disipó, endurecido
por los días.

Ahora
hasta la memoria se ausenta
entre el estante y el libro

un momento hubo para la revelación
pero se perdió:
endurecido por los días.

*Poema de Iacyr Anderson Freitas. iacyr@artnet.com.br
-Traducción: Miriam Lidia Volpe.
-Fuente: Recitador Argentino nº 17.

En la edición titulada "Entre la revelación y las sombras" se consigno por error como autor del poema a ROLANDO REVAGLIATTI.

Correo:

BUENA NOTICIA DE HOY*

Los Medios masivos de Comunicación hacen epidemia de malas noticias, pero entre inundaciones, accidentes de tránsito, mentiras electorales, robos seguidos de muerte y el negocio de la guerra,
al menos hoy ha recuperado su identidad otra hija de desaparecidos que había sido secuestrada y dada en secreto a otra familia intentando destruir su historia.
Esa es una buena noticia para sus abuelos, que habían perdido hijos y por treinta años la buscaron.
Se festeja más otras noticias, un nuevo novio para Susana Giménez, un partido de fútbol o la visita de Ricky Martin pero cada nieto secuestrado que recupera su identidad es una buena noticia para todos los hombres y mujeres del mundo que quieren paz y justicia con verdad.

*Ruben Vedovaldi vedonet@netcoop.com.ar

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

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