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La Coctelera

inventiva

10 Mayo 2007

MASCARONES DE PROA

Mascarones de proa*

El hombre doblo en la esquina.
Su mirada podía verse perdida, como viendo en otra parte, u en otra época.
Hablaba solo.
Gesticulaba con sus brazos levantados, daba ordenes a seres del aire.

-Sólo vemos mascarones de proa. Me pareció oír cuando pasó a mi lado.
Nada de decidir algún rumbo, un destino común, completé mentalmente a mi
modo.
Mientras, lo escucho alejarse con pasos que parecen crujir sobre una
cubierta de madera.

*de Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar

BENDITAS ELECCIONES*

*Por Martín Caparrós.

Llevo unos meses escribiendo esta columna una vez por mes: a princi­pios.
Por lo cual, la próxima vez que escriba, si Dios no lo remedia los porteños
vamos a andar por esos cuartos muy oscuros. Es muy probable que suceda: Dios
remedia cada vez menos cosas. Aunque es cierto que se ha pasado muchos
siglos remediando elecciones: impidiéndolas o manejándolas de una u otra
manera.
-¿Dios? ¡Dios mío! ¿Mi dios?
-No sé cuál será el suyo, su eminencia. Si es ese que prohíbe los forros y
consigue que se muera tanta más gente de sida, es probable que estemos
hablando del mis­mo.
-Gracias a Dios. Tuve miedo de que fuera algún otro.
Los dioses monoteístas no soportan que haya otros y, por lo tanto, nunca
pensaron que la elección fuera algo tolerable. Cada uno de ellos tenía que
imponerse como el único -"no hay más dios que mi dios y Stranapiecco es su
profeta"- y para eso de­bía barrer a los demás y, a menudo, barrer a los
demás significaba quemar, degollar, descuartizar a sus seguidores o, en los
momentos de piedad, sólo matarlos. Aho­ra algunos tratan de disimular un
poquito, pero tampoco tanto. En cualquier caso, la democracia no tiene nada
que ver con el monoteísmo. Las religiones monoteístas -y la cristiana muy
evidentemente- están organizadas como una monarquía absolu­ta: según el
modelo político que imperaba cuando se inventaron. Las religiones siempre
fueron eso: una reproducción en el más allá de lo que pasaba más acá. Así el
cristianismo pone en escena, en el cielo, un megaimperio romano donde el
empe­rador es todopoderoso indiscutible adora­ble perfecto y actúa a través
de una pléya­de de funcionarios -santos, ángeles- obe­dientes y sumisos. En
el cristianismo no se elige a nadie: dios es el que es por dere­cho sagrado
inalterable -por cojones- y a nadie se le ocurre que se podría elegir a uno
mejor; por no poder, ni siquiera se pueden discutir sus decisiones, sus
capri­chos -ni conocer sus causas. E. incluso cuando hay que elegir a su
representante en la tierra, los que lo hacen son sus cien­to veinte
cardenales: lo que los griegos lla­maban una oligarquía- gobierno de unos
pocos.
-¿Y qué quiere, que elijamos al papa por voto universal secreto y
obligatorio?
-No. sería un plomo. ¿Nunca pensaron en un buen sorteo?
El cristianismo es una antigualla: cada religión refleja la sociedad que la
inventó, y a esta se le nota que ya lleva dos mil años sin mayores cambios.
-Mis queridos creyentes, en verdad en verdad les digo que tienen ustedes
unos dioses de una vetustez y una inadecuación que jamás aceptarían para su
coche o su te­levisor o sus costumbres amorosas.
-Amén.
-Aunque por eso, claro, ahora hay tantas ofertas en cómodas cuotas.
Pero, con todo, no me refería a eso cuan­do hablaba de su dios remediando
eleccio­nes: más allá de la estructura autocrática de su religión, ese dios
se ha dedicado du­rante toda su historia a remediar eleccio­nes. Siempre
estuvo a muerte con los re­yes, emperadores y dictadores varios; cuando
empezó a molestar la democracia, sus elegidos no le parecían fiables para
lle­var adelante sus programas y los reveren­dos ayudaban a echarlos con la
cruz de la espada para ungir a señores más recomen­dables. Ahora, en cambio,
parece que les ha dado por la liza electoral y la contribu­ción al armado de
listas: si no fuera una avivada más, sería un milagro.
La iglesia católica apostólica rumana tie­ne que hacerlo: es uno de los
pocos parti­dos políticos con un programa más o me­nos consecuente en la
Argentina actual. A veces dicen que los pobres no deberían ser tan pobres;
otras, que la riqueza es una bendición divina; a veces dicen que hay que
destruir a los subversivos; otras, que qué bueno que se pueda opinar y
votar. Pe­ro siempre dicen que no toleran abortos, variosexuales, divorcios,
eutanasias.
En una época en que todos los partidos con votos están de acuerdo en
defender el capitalismo de mercado, sus diferencias aparecen en ciertos
modelos de vida coti­diana: las posiciones frente al divorcio, matrimonios
homo, contracepción, abor­tos, eutanasia, consumo de drogas prohibi­das,
código penal. Por eso, en estos días, la iglesia rumana es uno de los
partidos más activos; tiene mucho que decir, y va y lo di­ce. Digo: a
diferencia de la mayoría de los políticos argentinos, tienen ciertas
convic­ciones, las mantienen. Por eso hacen polí­tica bien hecha, en sus
unidades básicas todos los domingos y fiestas de guardar. Por eso, también,
hacen política politique­ra: se buscan candidatos, los reúnen, los apoyan,
ocultos tras fascistoles y botafumeiros. Y, al final, todos los candidatos
ter­minan siendo más o menos suyos y ellos les dan lecciones de convivencia
democrá­tica. No deja de ser un chiste malo.
Los candidatos visibles, en cambio, de­ben ser librepensadores: tienen gran
liber­tad para pensar una cosa esta noche, otra mañana a la mañana. Y, por
eso, han deci­dido dejar de decir qué piensan, o que piensan. Son,
realmente, la alegría del hogar -de ciegos sordomudos.
-No me diga que ahora me va a hacer un ciudadano escéptico.
-¿Qué quiere, que me pare y cante el himno?
El señor presidente de Boca en goce de licencia encabeza una campaña que
empe­zó en medio de la basura que dio de comer a su familia durante algunas
décadas, ro­deado de los pobres que dieron su comida
-millones de pobres que dieron su comi­da- a su familia y las de sus amigos
duran­te algunas décadas, y siguen haciéndolo. El señor presidente en goce
ha hecho del segurismo su eje: la idea de que el problema principal de
nuestra sociedad es la violen­cia criminal. Yo lo escuché decir que lo que
pasa es que hay que mandar a los chi­cos pobres a la escuela, para que se
inte­gren en la sociedad. De terminar con la pobreza y sus causas, ni
hablar -que los pobres a nosotros nos sirven para mucho. Pero quiere
convencernos de que si go­bierna va a gerenciar prolijo y se le va a
en­tender cuando hable.
El señor ministro de educación de la na­ción en goce de la nación encabeza
una campaña donde lo más notorio que nos di­jeron de él fue que si no lo
conocíamos de­beríamos conocerlo y lo más notorio que nos dijo él fue que no
tenía opinión sobre huelgas tremendas en su área de responsa­bilidad. No he
conseguido enterarme de lo que quiere hacer una vez que lo conozca­mos; por
el momento parece que se con­tenta con que lo identifiquemos con su je­fe,
un señor que prometió, hace cuatro años, un gran descenso de la desigualdad
vía una reforma impositiva que no debe sa­ber cómo hacer y, por si acaso, ni
la inten­ta. Ni eso, ni ninguna otra forma de mejo­rar la estructura
socioeconómica argentina ni de aprovechar esta bonanza económica azarosa,
inmerecida, para pensar cómo po­dríamos construir un país.
El señor jefe de gobierno en goce de su gobierno encabeza una campaña donde
hay tantos gatos que las bolsas deben ser tres o cuatro: la reunión del
partido dizque socialista con el partido de los Alsogaray con la nuncia
apocalíptica, el vice de Fer­nando y las ruinas radichetas sólo puede
justificarse si se apela al viejo verso de la antipolítica: reúno a los
hombres decentes y eficientes más allá de sus banderías. Lo cual suena muy
simpático si se obvia el he­cho de que un hombre decente socialista debería
querer hacer, decentemente, cosas muy distintas de las que debería querer
hacer, decentemente, un hombre decente ul­traliberal. Para eso uno dice que
es socia­lista y el otro ultraliberal. Digo, un supo­ner: los hospitales
públicos están espanto­sos; se sobreentiende que un socialista querría
potenciarlos y un liberal cerrarlos. A menos que terminen de convencernos de
que el socialista y el ultraliberal van a querer lo mismo, pero entonces:
¿para qué hay elecciones, para qué hay políticos, para qué hay partidos?
Quizás el señor jefe en goce de gobierno quiera convencernos de que hay que
retomar un lema inolvidable y olvidado: qu'ils s'en aillent, tous.
-Oú? Qu'ils s'en aillent oú?
-Je ne sais pas. Á la coquille de leur so-eur?
Estas elecciones son otra modesta con­tribución al desprecio ciudadano por
la po­lítica: parecen diseñadas para terminar de convencernos de que no
sirve para nada. Yo sigo creyendo -a diferencia de los obis­pos, que siempre
tienen el recurso de sus otras vidas- que la política es la única for­ma que
tenemos de cambiar las nuestras. Eso, si se entiende por política la vieja
práctica de pensar proyectos y modelos de sociedad y ofrecerlos a los
conciudadanos para ver si los apoyan o no, si están dis­puestos a llevarlos
adelante en las urnas, en la calle, donde sea, y organizarse para
concretarlos. Para eso servían los políticos cuando teníamos la sensación de
que ser­vían para algo -y serían indispensables pa­ra que esta sociedad no
sea el fracaso que es. Pero ellos insisten en convencernos de que no son
eso, que tenemos que votarlos porque uno se ríe más bonito y otro tiene más
pelo y otro tiene un slogan o sea: no paran de decirnos que no hay ninguna
ra­zón para tomarlos en serio. Es una pena.
Pero se pelean con fuga y arrebato: se acusan de maniobras, de campañas
su­cias. Lo que nunca dicen es qué proyectos tienen. Deben temer que eso no
venda; que la verdadera política no le interesa a nadie. Si yo, escritor,
creyera que la gente no lee, me deprimiría suavemente.
Así estamos, y es triste. Pero, mientras tanto, hasta que vuelvan a hacer
política, aquí va un pedido o desafío: a ver cuándo se van a animar a hacer
elecciones libres, donde vote el que quiera. Las elecciones obligatorias son
una muestra clara de
des­confianza en nuestra famosa "vocación democrática": si creyeran que nos
importa elegirlos, no nos obligarían. Así no tiene gracia. A ningún gerente
de marketing, a ningún publicitario, a ningún ceo le paga­rían por vender
cocacola si la gente estu­viera obligada por ley a beber gaseosas ne­gras.
Cualquiera de esos prohombres sabe que su primera tarea consiste en crear la
necesidad de lo que venden. Nuestros polí­ticos, en cambio, se esfuerzan
hasta lo in­decible por demostrar la innecesidad, el asquito de su
actividad -porque les convie­ne, para que parezca que es mejor no ha­cer lo
que ellos hacen. Para que a la gente inteligente y bienintencionada ni se le
ocu­rra meterse en eso, así les queda todo para ellos.
-¿Usted dice como cuando éramos chi­cos y le poníamos sal al postre que más
nos gustaba, así nadie nos lo sacaba?
-¿Usted también hacía eso, licenciado?
Con razón...
Ya van cinco años y los políticos argentinos no han conseguido reconstruir
su prestigio. La mayoría de los argentinos los sigue detestando y
desdeñando, pero como hay un poco de plata se los bancan. Cuando venga la
próxima crisis -llegan cada ocho o diez años- los van a tirar de nuevo por
la borda. Pero esta vez no van a poder decir que no sabían.

*Fuente: VEINTITRES. Edición del jueves 3 de mayo.
www.veintitres.com

Del libro "Casa Forestal" [1]

El perro coloca su orina en la arena del patio. El excremento en las piernas
del niño es difícil de limpiar. Si no es dicho de inmediato. La madre lava
pañales. El padre lava pañales. Después de un año y medio él tiene ya
suficiente de esa cochinada. Estampado sobre la vacinilla. Permanece
sentado, cierra el pico. Hay un método infalible. Recibir cachorros
educados. El padre refriega el hocico del perro indicado en el charco de
orines en la escalera de la casa. El perro se echa a llorar. Mi nariz arde.
No te metas, dice el padre a la madre. La cara agotada de ella se dirige a
otra parte. Con un año y medio los niños son limpios. Finalmente los
campesinos le han dado el foxterrier al guardabosques. No amaestrable. Pero
suficientemente mordedor para las andanzas de zorro. El terrier ha mordido
de muerte todas las gallinas. Él las ha sacado del gallinero y las ha puesto
en el patio. En el cobertizo se trabaja al intransigente con azote, correas
y vergajo. Se debería haberlo enseñado a ser obediente desde pequeño, dice
el padre. A la manera escocesa. El terrier ha desaparecido. Envenenado por
campesinos, cuenta el padre. El maldito yace bajo tierra.

En el dormitorio urge un rápido adecentamiento. El hermano en el suelo del
cuarto de los niños. Yo estoy sobre el hermano. Solamente los primeros días
fue él más grande que yo. En la pared están pintadas historias. Mujeres de
piel blanca. Que traen la muerte. Moho en la cubierta del techo. Helada de
invierno. Que viste el mundo en silencio. Todo muy lejos antes de quedarse
dormido, dice el hermano. La madre se convierte en la reina. Cuando ella va
con el padre al baile de los cazadores. Ella se viste en azul oscuro
resplandeciente y se pinta los labios de rojo. La madre crepita. Afuera el
automóvil se enciende. Por un momento el cono de luz del faro llena el
cuadrado de la ventana con luz. La noche se dilata en el baile. En el cuarto
de los niños danzan el blanquillo de nieve y el rosado. Los zapatos negros
de los padres en la pista de baile. He perdido el hermano de mi vista.
Grita. Todo muy lejos. El padre está contento el domingo en la mañana. La
mujer del guardabosque ha sido danzada. Y todas las damas de salón. No me
atrevo. A tocar el brillo azul oscuro en el armario.

Hostería y acordeón. Vahos de cerveza, calor de salchicha. Sudor y perfume.
He dejado a mis padres en la mesa de los abuelos. Afuera se estiran los
campos tapizados de espigas, afuera las calles tiran líneas oscilantes de un
borde del mundo hacia otro. Y la esfera de cristal en el techo empuja puntos
de luz en círculo sobre las paredes. He olvidado. Que el padre quiere
pedirle dinero al suegro. Las muchachas huelen bien. Sus blusas crepitan. Y
sus ojos. Al abuelo se le entrecierran los ojos. Como si quisiera
entrechocarlos. Antes habría violado a su hija. A darle dinero a su yerno.
Por qué se casó ella con uno así. Que quiere darse importancia. En el pueblo
idiotizado por el vino, a los pies de la iglesia de los peregrinos, se
encontrarían suficientes yernos. Gente correcta, que hace. Lo que el viejo
maestro le dijo. Una muchacha se deja buscar por mí para bailar. Porque soy
un chico querido. Los mayores ríen alegres sobre ello. La tierra gira en
medio de los puntos de luz. Gira en un tejido dulce suspendido en la niebla.
Todavía durante el viaje a casa el padre le hace al abuelo la marranada. La
madre inclina la cabeza sin palabras. Ella sabe.

*de Peter REUTTERER
Salzburgo
Traducción: Walkala

Peter REUTTERER. Nació el 13.5.1956 en Waidhofen a.d.Thaya, y desde 1964
vive en Salzburgo. Publicaciones: "Forsthaus", prosa corta, Bibliothek der
Provinz, 1997; "Lokalaugenschein", prosa corta, Bibliothek der Provinz,
1998; "Movies", poesía, edition aramo, 2002; "Der Filmgänger", cuento,
Bibliothek der Provinz, 2002, u. a. Otros textos de Peter REUTTERER en
alemán y español encontrará en la página de internet www.euroyage.com
E-Mail: peter.reutterer@aon.at

[1] "Forsthaus", Reutterer Peter, prosa corta, Bibliothek der Provinz, 1997.

Miércoles, 09 de Mayo de 2007
television|el final de "gran hermano", un fenomeno sobre la nada
Dieciocho pibes, millones de espectadores... y pesos*

El programa de Telefé consiguió algo que no entraba en los cálculos de
Marcelo Tinelli: derrotar nada menos que a la reaparición pública de Diego
Maradona. Y ya se está armando la casa para la versión con "famosos".

Marianela Mirra, la ganadora de la cuarta edición de Gran Hermano: varias
veces nominada, finalmente llegó al premio mayor.

*Por Emanuel Respighi

Fueron 119 días, pero parecieron muchos más. Es que la versión 2007 de Gran
Hermano no sólo copó la pantalla televisiva con su formato de tira diaria
diseñado por Telefé: también funcionó como caja de resonancias de una
televisión que por momentos pareció estar al servicio del programa más
básico en la historia de la pantalla chica. Aún hoy cabe la pregunta de cómo
pudieron 18 chicos de escaso atractivo (televisivo, cultural, sexual
incluso), tan desabridos, convertirse en el centro de todos los comentarios.
Y el reality show más antiguo de la TV mundial terminó acorde a esa insulsa
realidad que impusieron sin más el grupo de conejitos profesionalizados: por
más packaging invertido por la producción -con papelitos, humo artificial y
música lacrimógena ad hoc-, la "gran final" de Gran Hermano finalizó en
escena tan fría como la temperatura del día, con Marianela Mirra -la
ganadora- como ejemplo paradigmático. A la inversa de lo caliente que, sin
embargo, resultó el ciclo en cifras de rating y recaudación: la última gala
promedió 39.1, con un pico de 44.3... ¡a la 0.30! (ver aparte).
A lo largo de los cuatro meses de duración, la cuarta edición del reality de
Endemol condensó los peores vicios de la TV actual. Si la pantalla
televisiva es hoy una industria anómica (con corrimientos de horarios,
levantamientos imprevistos de ciclos, adoración del rating como único fin),
Gran Hermano fue un ciclo desprovisto de reglas. De hecho, por primera vez
en la historia del formato versionado en más de 30 países de todo el mundo,
la versión local "rompió" con la regla madre del reality y que carga al
ciclo de significado, esa que dice que los participantes deben estar
totalmente aislados del mundo exterior. Basándose en un flexible y
desconocido reglamento, el encuentro de los recluidos con sus familiares fue
la opción escogida para enfrentar al regreso de Marcelo Tinelli y su
ShowMatch.
Pensado más en términos estratégicos en pos del rating que en brindar un
ciclo televisivo de calidad, el reality demostró que en la TV actual no sólo
el contenido importa poco, sino que además no basta con ese valor en
extinción para atraer televidentes. Tampoco alcanza con un casting finamente
seleccionado con potenciales historias mediáticas (el abusado, el ex
tumbero, la actriz porno soft). También hay que tejer alianzas que
garanticen la difusión permanente y masiva del fenómeno. Incluso, alcanzando
pantallas de la competencia. La heterogénea conformación del panel de
debate, con un chimentero de cada canal y revista, no fue casualidad.
Desde la misma elección como conductor de Jorge Rial, Gran Hermano dejó en
claro que la cuarta edición daba un golpe de timón respecto de las ediciones
anteriores. Si Soledad Silveyra desplegaba empalagosamente un espíritu
paternalista con sus "valientes", volviéndose insufrible hasta para los
mismos seguidores del programa, Rial terminó de institucionalizar el
canibalismo televisivo del siglo XXI, desperdigando en la pantalla de la
familia su tradicional modus operandi en clave pseudoseria. Los "valientes"
de antaño se transformaron ahora en "guachos" o "hermanitos", a decir del
nuevo conductor. Y las historias ocultas de los aspirantes a mediáticos
fueron minando la pantalla en perverso tratamiento homeopático.
En este curso acelerado de imposición de un fenómeno televisivo diseñado
integralmente por Telefé, la esperada y promocionada gala final funcionó
ajustadamente. En una demostración de sinergia por parte del canal, Susana
Giménez cerró su programa con una réplica del confesionario, por el cual
cada uno de los participantes expulsados hicieron su propia votación, en la
que se impuso Juan y quedó en evidencia que Marianela no es precisamente
bien considerada por sus "colegas", ya que sólo obtuvo un voto. Con la
pantalla caliente, la "gran final" comenzó minutos antes de la diez de la
noche, con imágenes en vivo desde un helicóptero que recorría desde el aire
los estudios de Telefé en Martínez, donde está emplazada la casa "más famosa
del país".
Intentando inyectarle glamour y emoción a la velada, algo que
definitivamente no es lo suyo, Rial comenzó relatando con mayor formalidad
que de costumbre las "sorpresas" que se iban a vivir durante la noche. Muy
pocas, en realidad, ante la cultura de la nada que impusieron Juan,
Marianela y Mariela, los tres finalistas, que anteanoche pudieron seguir
toda la gala por la pantalla de plasma de la casa. En medio de ediciones que
repasaron algunos momentos del ciclo y de los finalistas, a los chicos les
acercaron revistas del espectáculo que daban cuenta de la suerte de los
eliminados publicadas durante su encierro, como para mostrarles lo cerca que
estaban del "sueño" de ser famosos, anhelo de buena parte de una generación
educada bajo las luces catódicas. Y como para que fueran poniéndose al día
de las "obligaciones" con las que carga la nueva generación de fugaces
mediáticos.
En un estudio remozado para que entrara más gente que lo habitual y se
transmitiera un ambiente festivo acorde a la circunstancias, no dejó de
llamar la atención cómo toda la campaña de instalación del programa como
"tema de interés nacional" orquestada por Telefé jugó en contra en la última
gala. Es que tanto Rial como la producción del programa tuvieron problemas
para contener al enfervorizado público que desoyó las indicaciones y no dudó
en expresar su alegría y su bronca con cada resultado, llegando por momentos
a hacer imposible la audición televisiva de lo que iba ocurriendo en el
envío final. Tal vez motivadas por la manga de aire que habitualmente se ven
los domingos en las canchas, que comunicaba la casa con el estudio, cual
bandas futboleras las tribunas intercambiaban cánticos entre aquellos que
defendían a Diego (el último expulsado de la casa tras una "nominación
espontánea" de Marianela, que se vivió entre los seguidores del ciclo como
una "traición") y los que apoyaban a "Male". Los gritos de "Traidora,
traidora!" y "¡No se lo merece!" se entrecruzaban con los de "¡Male tiene
aguante!".
Casi 30 minutos antes de la medianoche, justo en el mismo momento en que
Diego Maradona comenzaba su entrevista en ShowMatch, Rial le comunicó a
Mariela que había quedado en el tercero puesto, con 923.628 votos. "Una
cifra que cualquier político de la Argentina envidiaría", le espetó el
conductor. Minutos después, el cordobés Juan descubrió que había quedado en
segundo puesto, con 1.287.902 votos, y que la ganadora era Marianela, con
1.566.319 votos. Casi 3,8 millones de votos sellaron el destino de la cuarta
edición de Gran Hermano. Una cifra impresionante y redituable en términos
económicos (ver aparte), pero que sin embargo -y lógicamente, dada la
diferencia de mercados- está muy lejos de los 70 millones de votos que el
público emitió durante la última semana de abril en la sexta edición de la
versión estadounidense de American Idol.
Ya en la madrugada, aprovechando la impresionante audiencia que tenía el
programa, Telefé jugó su última carta mostrando cómo, en vivo, una veintena
de obreros con la remera de Gran Hermano Famosos ingresaba a la casa vacía y
comenzaba a desarmarla para montar el nuevo ciclo, que comenzará el próximo
domingo a las 21. Un nuevo capítulo en un formato cuyo aporte a la
creatividad en TV es más que discutible, pero cuyas cifras no dejan de
producir asombro. Y más de una consideración sobre el gusto promedio del
consumidor televisivo.

*Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/8-6291-2007-05-09.html

El negocio de los votos*

El fenómeno de Gran Hermano no sólo se limita al rating. Los 3.800.000 votos
que realizó la gente en los últimos cuatro días, según anunció Rial durante
la "gran final", también le reditúan económicamente a Telefé, considerando
que las tres formas de votación telefónica ocasionaban un gasto para el
público. En efecto, cada SMS (mensaje de texto vía celular) tenía un costo
de 0,50 centavos + IVA; las llamadas a través de la línea 0-600 costaban 3
pesos + IVA; y la llamada desde un teléfono móvil 1,20 peso + IVA el minuto.
Si se lleva la cuenta al peor escenario posible, que los 3,8 millones de
votos se hayan realizado por SMS (la forma más barata de participar), sólo
en llamadas el programa facturó en la final algo así como 2.280.000 pesos.
Si, por el contrario, se realiza un promedio entre las tres formas de
votación, suponiendo que los ingresos promedios se ubicaron cerca de 2,50
pesos, la cifra recaudada en llamados telefónicos asciende a 9.500.000
pesos. Un reembolso impresionante si también se pone en juego que la
presencia de Maradona en ShowMatch, lejos de aumentar los ingresos a
Tinelli, le habrá costado al animador y conductor unos cuantos miles. A este
monto recaudado habría que sumarle, además, los ingresos que el ciclo tuvo
en carácter de publicidad durante las tandas comerciales, que se agregan a
los sponsors que premiaron a los finalistas con algún "regalo". Un negocio
redondo.

*Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/6291-2090-2007-05-09.html

BASTA DE GRAN HERMANO*

Por Pablo Sirven*

Después de la triste experiencia del Reality reality que emitió Canal 9,
habrá que ver cómo resulta el Gran Hermano con famosos -Carlos Nair
incluido-que prepara Telefé. En principio, sin primeras figuras que no se
prestarían a los riesgos de la sobrexposición, los participantes entrarán
con la expectativa de conseguir una mejora en su imagen y eso suena aún más
patético que el reality con desconocidos.
Noto que existe una especie de confabulación impuesta para que en las casas
no se hable de otra cosa. Gran Hermano no me resulta interesante: los
participantes no parecen sensibles a la política, la actualidad y a los
temas profundos de la vida. Los veo fáciles de manipular. Verlos, por
momentos, es como sentarse frente a una pecera con cobayos y esperar que se
muevan un poco. Más interesante para el análisis resulta el tema de la
sobrexposición que se expande en cantidades de programas satélites, con
fuerte presencia en el cable, en los avances en los noticieros, un blog y en
un diario poderoso como Clarín que cierra su suplemento de espectáculos a la
trasnoche para obtener una cobertura hasta último momento. Más allá del giro
inesperado que dio el programa esta semana con la salida de Diego o las
sospechas de que la producción permitió su nominación para darle un sabor y
una vuelta de tuerca diferente al previsible final, el programa constituye
un fenómeno comercial y político que me hace pensar en lo que llamo "la
intolerancia y dictadura del entretenimiento leve". Gran Hermano esconde un
trasfondo autoritario, como si se estuviera pidiendo todo el tiempo:
"Hablemos de pavadas, dejemos de pensar".

*Períodista
(testimonio recogido por Agustina Rabaini)

*Fuente: VEINTITRES. Edición del jueves 3 de mayo.
www.veintitres.com

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear
noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono
noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten
el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la
injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple.
Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable)
y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).

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