DE LA SIMETRIA INTERPLANETARIA
DE LA SIMETRIA INTERPLANETARIA*
This is very disgusting.
Donald Duck
Apenas desembarcado en el planeta Faros, me llevaron los farenses a conocer el ambiente físico, fitogeográfico, zoogeográfico, político-económico y nocturno de su ciudad capital que ellos llaman 956.
Los farenses son lo que aquí denominaríamos insectos; tienen altísimas patas de araña (suponiendo una araba verde, con pelos rígidos y excrecencias brillantes de donde nace un sonido continuado, semejante al de una flauta y que, musicalmente conducido, constituye su lenguaje); de sus ojos, manera de vestirse, sistemas políticos y procederes eróticos hablaré alguna otra vez. Creo que me querían mucho; les expliqué, mediante gestos universales, mi deseo de aprender su historia y costumbres; fui acogido con innegable simpatía.
Estuve tres semanas en 956; me bastó para descubrir que los farenses eran cultos, amaban las puestas de sol y los problemas de ingenio. Me faltaba conocer su religión, para lo cual solicité datos con los pocos vocablos que poseía -pronunciándolos a través de un silbato de hueso que fabriqué diestramente-. Me explicaron que profesaban el monoteísmo, que el sacerdocio no estaba aún del todo desprestigiado y que la ley moral les mandaba ser pasablemente buenos. El problema actual parecía consistir en Illi. Descubrí que Illi era un farense con pretensiones de acendrar la fe en los sistemas vasculares ("corazones" no sería morfológicamente exacto) y que estaba en camino de conseguirlo.
Me llevaron a un banquete que los distinguidos de 956 le ofrecieron a Illi. Encontré al heresiarca en lo alto de la pirámide (mesa, en Faros) comiendo y predicando. Lo escuchaban con atención, parecían adorarlo, mientras Illi hablaba y hablaba.
Yo no conseguía entender sino pocas palabras. A través de ellas me formé una alta idea de Illi. Repentinamente creí estar viviendo un anacronismo, haber retrocedido a las épocas terrestres en que se gestaban las religiones definitivas. Me acordé del Rabbi Jesús. También el Rabbi Jesús hablaba, comía y hablaba, mientras los demás lo escuchaban con atención y parecían adorarlo.
Pensé: Y si éste fuera también Jesús? No es novedad la hipótesis de que bien podría el Hijo de Dios pasearse por los planetas convirtiendo a los universales. Por qué iba a dedicarse con exclusividad a la tierra? Ya no estamos en la era geocéntrica; concedámosle el derecho a cumplir su dura misión en todas partes.
Illi seguía adoctrinando a los comensales. Más y más me pareció que aquel farense podía ser Jesús. "Qué tremenda tarea", pensé. "Y monótona, además. Lo que falta saber es si los seres reaccionan igualmente en todos lados. Lo crucificarían en Marte, en Júpiter, en Plutón..?"
Hombre de la Tierra, sentí nacerme una vergüenza retrospectiva. El Calvario era un estigma coterráneo, pero también una definición. Probablemente habíamos sido los únicos capaces de una villanía semejante ¡Clavar en un madero al hijo de Dios..!
Los farenses, para mi completa confusión, aumentaban las muestras de su cariño; prosternados (no intentaré describir el aspecto que tenían) adoraban al maestro. De pronto, me pareció que Illi levantaba todas las patas a la vez (y las patas de un farense son diecisiete). Se crispó en el aire y cayó de golpe sobre la punta de la pirámide (la mesa). Instantáneamente quedó negro y callado; pregunté, y me dijeron que estaba muerto.
Parece que le habían puesto veneno en la comida.
*de Julio Cortázar. MINICUENTOS DE CRONOPIOS.
http://www.ts.ucr.ac.cr/~historia/biblioteca/esociales/CortazarJulio-Cronopios.htm
Nimbo*
Era enorme y bueno. Trabajaba y residía en un taller mecánico. Entre sus pertenencias figuraban un colchoncito con cotín engrasado como él y unas frazadas asquerosas. Dos gatos dormían a su lado. Cocinaba huevos y sopa y se calentaba mate cocido con una garrafa. A los chicos del barrio les producía curiosidad. Un día, ese hombre que se trasladaba bamboleándose, que sonreía y silbaba, que apretaba con los dientes un toscano, ese hombre de paz, muerto, apareció nimbado, semi-empotrado en un pilar, inapacible, limpio, con alígero nimbo de barniz selenita.
*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
Día del trabajador*
Camilo tenía todo preparado desde temprano: sobre dos mesas, un discman, una mezcladora y un proyector. A un metro del piso, sobre unos trípodes, las cajas de sonido. Delante de las mesas, apuntando hacia el salón principal del local, el pie con el micrófono.
La idea era que después del plenario hubiese un homenaje por el día del trabajador. Y así fue.
Carlitos levantó el pie del micrófono y se lo llevó con él hasta un costado, casi contra la pared. Desde ahí, de pie, con las manos dentro de los bolsillos del buzo Adidas, presentó a los cuatro invitados: tres hombres y una mujer, todos sentados detrás de las mesas, de frente a los más de cien compañeros y
compañeras del denominado Espacio para la Juventud.
Carlitos empezó a contar la historia del más veterano de los cuatro, Juan Carlos García, un hombre de unos sesenta años -o un poquito más-, que se apareció empilchado con una camisa de color rosa -planchada como para un casamiento-, un cinto con hebilla de bronce, pantalón de vestir y un par de mocasines oscuros -lustrados también como para ir a un casamiento-. Carlitos contó que Juan
Carlos fue parte de la JP durante la resistencia peronista y que resistió desde siempre los embates del anti peronismo, especialmente después del golpe del '55.
También contó que a fines de los '60 Juan Carlos formó parte de la CGTA (Central de los Trabajadores Argentinos) http://www.cgtargentinos.org/ y que en los '70 integro las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/los_70/fap.php . "En el '84 Juan Carlos participó de manera activa para la vuelta de Raimundo Ongaro como Secretario General de la Federación Grafica Bonaerense http://www.ccas.org.ar/noticias/detalle.asp?Id=600 , lugar donde trabaja y milita hasta la actualidad". Fueron las últimas palabras Carlitos para introducir al gremialista.
El local, enorme, y en obra -pintado a nuevo y con el piso cubierto por una gruesa capa de polvo blanco-, se llenó de aplausos.
La cara de Juan Carlos, redonda y chiquita -todo él era chiquito, en realidad-, enrojeció. Se pasó la mano por pelo engominado, una, dos veces. Cuando se hizo silencio, se puso de pie, dio la vuelta y se puso delante de las mesas. Bajó la cabeza, esperó unos segundos, miró hacia el público y cuando estuvo seguro de que todos y todas le prestaban atención, agradeció. No sólo la invitación al homenaje sino también que la audiencia fuese tan joven y tan emprendedora.
"Me alegra saber que la juventud, en lugar de estar tomando cerveza, o drogándose por ahí, esté acá, sentada, escuchando respetuosamente a un militante peronista de ley que con toda la humildad del mundo viene a contar su experiencia de vida".
Más aplausos.
Su exposición duró varios minutos. Habló sin apuro, como quien sabe muy bien lo que está haciendo. Su discurso estuvo lleno de retórica justicialista: fechas, citas, nombres, lugares. Cuando le hizo falta poner una pausa para despertar expectativa, lo hizo con mucha cancha. Y cuando estaba por llegar al final de una idea, de un concepto, lo hacía con vehemencia, moviendo las manos, arengando a los pibes y pibas que lo escuchaban entre atentos y asombrados. Habló del bombardeo a la Plaza de Mayo, allá por el '55. Contó que él se acercó hasta la plaza para defender al General y a la clase trabajadora toda, y que tuvieron que pasar varios meses hasta que finalmente pudo volver a comer carne por la cantidad de cuerpos destrozados que se cruzó en la calle, en la plaza, en todos lados.
Llegó el turno de Camilo, un compañero, un par, músico, dj e hijo de Quique Juárez, un delegado del Sindicato de Luz y Fuerza http://www.luzyfuerza.org.ar/ desaparecido por la última dictadura
militar.
Carlitos contó que el padre de Camilo conjugó la militancia sindical con la resistencia barrial de tizas y carbón pintando en paredones la legendaria "Perón Vuelve". Fue así -enfatizó Carlitos, todavía con las manos dentro del buzo- que se forjó dentro de él una profunda convicción: había que organizarse
cualitativamente. Con el tiempo, Quique llego a convertirse en conducción nacional de la Juventud Trabajadora Peronista. Carlitos, para terminar, contó que el 10 de diciembre del '76 Quique llegó sin vida a la ESMA http://www.derhuman.jus.gov.ar/espacioparalamemoria/ después de combatir
hasta el final contra sus captores.
Camilo no se movió de su silla. Se frotaba los brazos, se tocaba la cara, se acomodaba el pelo. Cuando le pasaron el micrófono dijo que hablar de su papá siempre le había sido complicado, que se emocionaba mucho y que Carlitos ya lo había dicho casi todo, que él, por su parte, leería un texto escrito por el
padre. Y lo leyó.
Cuando terminó, tuvieron que pasar unos dos o tres segundos -desde la puerta de entrada llegaba el ruido de transito que iba y venía por Caseros-, para que desde una de las filas de atrás, llegaron los primeros aplausos. Al instante estaban todos aplaudiendo. El aplauso fue cerrado, hondo, emotivo, y duró un par de minutos largos. Camilo, sentado, con la espalda derecha y las manos apoyadas a los costados de la silla, lagrimeó, casi para él solo. Uno de los compañeros de mesa le dio un abrazo y en seguida el resto lo imitó. Carlitos también se acercó y le dio un beso.
Los compañeros y compañeras seguían aplaudiendo.
Carlitos caminó hasta su lugar, puso el mic en el pié, le dio un par de golpecitos, y continuó. No había dicho dos palabras cuando la atención general -la de él también-, se posó en dos compañeros que habían salido a comprar cigarros y que ahora cruzaban algo incómodos el salón para ir a sentarse a un
costado.
Fue el turno de Gustavo, un hombre de unos cuarenta años, flaco, despeinado, al que se le hacía casi imposible controlar la sonrisa que se le dibujaba en la cara. Movía la boca como si la tuviese dormida, para despertarla, y las piernas, debajo de la mesa, estaban inquietas. Carlitos contó que Gustavo comenzó a trabajar de muy joven como operario y que ingresó a la militancia en la década del '80 como delegado fabril en los Talleres Gráficos Conforti
http://www.surcapitalino.com.ar/notas/VerNota.php?idnota=206&idedi=13 .
"Fue en la década de los noventa cuando la patronal vació la empresa, despidió trabajadores y entró en convocatoria de acreedores", leyó, textual, Carlitos, y se acomodó el cuello del buzo. Bajó el brazo, dio vuelta una página y puso los labios contra el mic: "sin trabajo ni salario, pasándola mal, durmiendo en
el piso, sobreviviendo gracias a las ganas de recuperar su dignidad, fue uno de los treinta trabajadores que resistieron dentro de la gráfica buscando un futuro para ellos y sus familias". "Hoy en día -Carlitos señaló con el brazo hacia donde estaba sentado Gustavo, y levantó la voz-, ellos -Carlitos giró la
cabeza hacia donde estaba Gustavo y volvió a señalarlo- son los propietarios legítimos del predio después de que el Estado, allá por el 2003, expropiara los medios de producción de la fábrica".
El aplauso empezó antes de que el presentador pudiese terminar la frase. Y fue un aplauso agitado, alegre, ruidoso.
Gustavo, emocionado, y agradecido, ni bien amainó la excitación general, apoyó la espalda contra respaldo de la silla, se rascó la cabeza, y dijo: "la pelea, el objetivo, es que la gente participe. Para que haya cambios, no importa si son grandes o chicos, tiene que haber participación". Gustavo apoyó el brazo sobre el respaldo de la silla que tenía a su derecha, después lo bajó y lo dejó colgando del otro lado del respaldo. "Cuando fue lo nuestro en los talleres, la mayoría optó por el retiro voluntario -pasó el brazo por encima de la cabeza de Camilo y lo puso sobre la mesa-, y fuimos sólo veintiocho trabajadores entre trescientos los que nos quedamos a resistir", detalló, elevando la voz,
"!Veintiocho!", lamentó. Gustavo sacó de un bolsillo un pañuelo blanco y se secó la transpiración de la frente: "Fue a partir de esa experiencia de lucha, donde tuvimos que dormir durante diez meses en el suelo, donde fuimos a ver a todos los legisladores de la ciudad, donde tuvimos que resistir los avances de la patronal que intentó por todos los medios dejarnos en la calle, que entendí, de una vez, y para siempre, que si no se participa no hay posibilidad de cambio".
Los compañeros/as se rompieron las manos. Muchos se pararon. Hubo gritos y arengas para Gustavo. Fue un momento de mucho quilombo, reconocimiento y emoción. Gustavo no sabía donde meterse, saludaba y agradecía con el pañuelo en la mano.
Los otros tres panelistas se acercaron y lo felicitaron con beso, abrazos y palmeadas.
Faltaba que hablara la única mujer de panel, Marcela Bordenave, la última compañera de Germán Abdala. Carlitos la presentó, ella agradeció con la cabeza y saludó con una de sus manos: "Germán Abdala", arrancó Carlitos, "creció en Santa Teresita. Abandonó los estudios de mecánica en un colegio industrial para ganarse la vida como pintor de autos en la Secretaría de Minería. No pasó mucho
tiempo para que lo eligieran delegado. Ferviente militante contra la dictadura, acompaño desde el vamos la lucha de los organismos de Derechos Humanos. En noviembre de 1984" -Carlitos leía de las hojas que tenía a unos centímetros de distancia, por debajo del micrófono. Se había abierto el cierre del buzo y
en la cara le habían aparecido un par de gotas de transpiración- "participó de la recuperación histórica de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado http://www.ateargentina.org.ar/> ) junto con Víctor De Gennaro. Y al finalizar la intervención dispuesta por la dictadura militar, fue elegido Secretario
General de la seccional Capital Federal". Carlitos hizo una pausa. Justo en ese momento alguien encendió un fósforo para prenderse un cigarrillo. Había varios fumando y una nube de humo flotaba en lo alto. "En 1989 Germán Abdala fue electo Diputado Nacional por el Partido Justicialista de Capital y en el 90, con motivo de los indultos, renunció a los cargos partidarios. En 1992 creó la CTA (Central
de Trabajadores de la Argentina http://www.cta.org.ar/base/principal.php3 )".
Después de tomarse una pausa, dar vuelta la hoja, Carlitos, para terminar, leyó: "El 13 de julio de 1993, a los 38 años, y luego de más de veinte operaciones, Germán murió en el Hospital Italiano de la Capital Federal".
Marcela podía ser la madre de cualquiera de nosotros. No sólo por la edad sino también por su pinta de militante, compañera. En su cara se podía ver el efecto de muchos años de lucha, resistencia, muchas derrotas y algunas victorias.
Con un lenguaje muy simple, austero, concreto, de entre casa, contó detalles de la vida de Germán que sólo ella, por haber vivido puertas adentro con él, conocía.
Habló de sus valores, sus deseos, sus sueños y su gran poder de seducción a la hora de sumar y acompañar compañeros. Hizo especial hincapié en su sensibilidad y en su coherencia, valores destacados de la mayoría de los que militaron en los setenta. Marcela hablaba en voz baja, sin prisa, miraba a la cara a cada uno de los que estaban sentados delante de ella. Sonreía. No vino con nada escrito.
Por el contrario, se dedicó a recordar, ahí mismo, como si estuviese en el comedor de su casa mirando fotos, a aquel hombre que había dado tanto por los trabajadores.
Un nuevo aplauso, sentido, pesado, respetuoso, llegó desde todo el local.
Ella, con los codos sobre las piernas, la cara entre las manos, los ojos humedecidos, agradeció una y otra vez. Se la notaba movilizada y tranquila. No era su primera exposición ni sería la última.
Carlitos se le acercó y le dio un beso. Ella lo abrazó. El resto de los panelistas también se acercaron y de a uno la fueron felicitando.
Carlitos, impulsado por el buen clima que reinaba en el local, conciente de que las cosas habían salido bien, caminó, micrófono en mano, hasta la otra punta de la mesa. Pidió silencio, levantó los brazos. Cuando logró la atención que buscaba, apoyó una mano sobre el hombro de Juan Carlos, que estaba parado a su lado, y le dijo: "Quiero decirte que nosotros somos jóvenes, militantes, emprendedores, queremos un mundo mejor para todos, incluso la mayoría somos peronistas, pero lamentablemente para vos, tomamos cerveza... vino y cerveza".
La ocurrencia del presentador y responsable del homenaje fue festejada por todos.
Pero Juan Carlos tenía algo más que decir. Sacó de una valija unas revistas, unos discos y los levantó en el aire. Le pidió el micrófono a Carlitos. Cuando se lo pasaron, dijo: "Compañeros y compañeras, quiero darles a todos ustedes, a través del compañero Carlos", y le pasó el brazo por encima del hombro, "para que lo lean, lo estudien, lo compartan, o hagan lo que quieran, todos y cada uno de los boletines de los últimos veinte años de la CGT".
Otra vez los compañeros y compañeras se rompieron las manos para aplaudir.
El griterío llegó hasta el parque, enfrente, del otro lado de la avenida Caseros.
Juan Carlos, como si le estuviesen por sacar la foto que lo inmortalizaría inaugurando una obra pública, le pasó a Carlitos el material impreso y los discos en formato DVD.
Justo en el momento que la excitación general llegaba a su punto más alto, como si fuese una coreografía preparada de antemano, entraron al local tres o cuatro compañeros cargando diez cajas de pizza, un par de cajones de cerveza y algunos vinos.
El aplauso recrudeció, hubo chiflidos de aprobación, gritos. En seguida algunos se acercaron hasta las mesas y se pusieron a cortar los piolines anudados a las cajas. Los panelistas, a un costado, se palmeaban, hablaban entre ellos. Algunos compañeros/as los encaraban, les preguntaban, tomaban nota de alguna dirección, un correo electrónico, los saludaban.
A pesar del griterío, el arrastre de las sillas, todos yendo y viniendo de acá para allá, el hambre, la sed, las ganas de ir al baño, el quilombo ambiente general que copaba el local de punta a punta, llegué a escuchar el plop de una cerveza destapada. Miré hacia ese lugar y llegué a ver como la tapita
rebotaba contra el piso lleno de polvo. Detrás de las mesas y la torre de cajas de pizzas, un compañero, con un encendedor colorado, se entretenía destapando varias botellas de cerveza. Una compañera, paradita a su lado, le festejaba cada uno de los tiros.
*de Mariano Abrevaya Dios MAbrevayaDios@plussistemas.com.ar
http://www.hermanosdios.wordpress.com
Entrevista a Frei Betto, pedagogo brasileño, compañero de Paulo Freire
LA PEDAGOGIA DE LA LIBERACION ES MAS NECESARIA Y URGENTE QUE NUNCA*
Altercom*
12 de mayo de 2007
Por ROSA MARÍA TORRES*
ALTERCOM
El pasado 2 de mayo se cumplieron diez años de la desaparición física de Freire, el autor de «La Educación como Práctica de la Libertad», «Pedagogía del Oprimido» y «Pedagogía de la Esperanza», entre otras obras. Textos de sustancial importancia para entender gran parte de los debates en torno a la educación en Latinoamérica en los últimos 40 años.
La autonomía, la democracia, el respeto del otro, y sobre todo la transformación social son rasgos de la obra de Freire que merecen hoy repensarse en el marco de los cambios en los sistemas educativos del sur continental.
Ejes que invitan también a pensar las demandas de la enseñanza desde los postulados de la «pedagogía de la liberación», que para el teólogo y educador brasileño Frei Betto "es más necesaria y urgente que nunca, porque tenemos gobiernos democráticos, pero no siempre están apoyados en la movilización popular".
Militante histórico de las comunidades eclesiales de base, y responsable durante los primeros años del gobierno de Lula del programa «Hambre Cero», Frei Betto es coautor junto con Freire de «Esa Escuela llamada Vida», texto coordinado por el periodista Ricardo Kotscho.
"El pernambucano Paulo Freire, y el minero Frei Betto —expresa Kotscho— iniciaron sus trabajos en épocas, circunstancias y lugares diferentes, pero en un determinado punto de sus trayectorias se encontraron y siguieron juntos, incluso sin conocerse personalmente, con los ojos puestos en un mismo horizonte: la liberación del pueblo brasileño y la educación".
Pero para Betto, y en consonancia con el pensamiento de su amigo Freire, los cambios educativos de la región colocan "demasiado énfasis en las nuevas tecnologías", mientras que por otro lado restringen el espacio "de los paradigmas, los valores, la ética".
—Una generación importante de maestros de Latinoamérica se formó con los textos de Paulo Freire. ¿Qué ideas de él son necesarias rescatar hoy, a 10 años de su fallecimiento?
—No temo en afirmar que no habría la actual primavera democrática en América latina sin Paulo Freire. Lula, (Hugo) Chávez y (Evo) Morales se explican también gracias a su metodología.
Fue quien inculcó la autoestima en los oprimidos, enseñando que no hay nadie más culto que otro, sino que hay culturas distintas y socialmente complementarias.
Hoy precisamos rescatar la pedagogía del oprimido e intensificar el trabajo de base. Es decir, la educación política de trabajadores, estudiantes, amas de casa, etcétera. Favorecer el empoderamiento popular. Y para eso nada mejor que el método de Paulo Freire.
—¿Cómo era la personalidad de Freire?
—Fui muy amigo de Paulo, éramos vecinos y trabajábamos con los mismos grupos populares. Publicamos juntos, gracias al periodista Ricardo Kotscho, el libro que reúne nuestras experiencias en educación popular: «Esa escuela llamada vida», editado en Brasil por la editorial Atica.
Paulo era un hombre que sabía escuchar, pues partía del principio de que el oprimido sabe, más no siempre sabe que sabe, o no tiene conciencia del valor y la importancia de su saber.
Paulo frecuentaba reuniones de comunidades eclesiales de base, de sindicatos, de movimientos populares, y siempre se cuidaba más de oír que de hablar.
Era, no en sentido riguroso de la palabra, un pedagogo que provocaba la inteligencia ajena con sus preguntas e inquietudes.
—¿Qué espacio existe hoy en Latinoamérica para hablar de pedagogía de la liberación?
—Ella es más necesaria y urgente que nunca, porque tenemos gobiernos democráticos, pero no siempre están apoyados en la movilización popular.
La gobernabilidad no puede depender apenas de una pierna de apoyo parlamentaria. Debe contar también con la otra pierna: los movimientos sociales. Sólo así pasaremos de la democracia representativa a la democracia participativa, de la virtual a la real.
Por lo tanto, si los gobiernos populares no adoptan la pedagogía de la liberación corren el riesgo de quedar sin bases populares.
Es el empoderamiento de la sociedad civil el que dará legitimidad y estabilidad a esos gobiernos.
—¿Cree que las reformas educativas que se realizan en varios países, como en la Argentina , Bolivia y Chile, cambian el modelo educativo neoliberal de los ’90?
—Temo que se coloca demasiado énfasis en las nuevas tecnologías, en la educación tecnocientífica, restringiendo el espacio de los paradigmas, los valores, la ética.
Sin humanismo tendremos una generación dotada de capacidad profesional pero sin corazón.
La competencia habrá de prevalecer sobre la solidaridad y el capital sobre los derechos humanos.
Y así iremos a la barbarie.
—¿Qué desafío tiene por delante la educación popular?
—Conseguir organizar a la sociedad civil, sobre todo los sectores populares, y movilizarla en función de «otro mundo posible».
-Fuente: Altercom. redaccion@altercom.org
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.
*ROSA MARÍA TORRES: Pedagoga ecuatoriana. Ex Ministra de Educación del Ecuador. Dirige el Instituto Fronesis y el grupo Debateducacion
www.altercom.org/article148061.html
El buey*
*Por Jorge Isaías
A Marcelo Fiordani
A Fernando Sequeira
Tal vez por ser pesado y silencioso, le decían El Buey. Había nacido en una estancia, se había criado allí, y era, por lo que se pudo notar: feliz a su manera.
Conocía todos los secretos de la vida rural. Gozaba no sólo de esos trabajos rudos, sino el placer que le producía su trato diario con la hacienda que tenía que dominar a fuerza de baquía y firmeza. Como los temporales y las heladas que ablandaban al más duro de los peones.
Los problemas empezaron antes. Cuando sintió urgencias sexuales y tuvo que resignar una noche por mes -según el trabajo- para llegarse hasta el límite del pueblo donde una casa mal disimulada de bar ofrecía algunas mujeres venidas de otro pueblo y que no salían de allí por expresa ley del comisario quien no les permitía alternar con nadie ni las dejaba pasear para que las familias bien constituidas no se sintieran agredidas en su honor. Pero un día cerraron y al Buey, hombre ya, casi maduro, no le sirvió de nada
enjaezar el moro bien corsario con el mejor apero y ponerse su bombacha bataraza nueva ni sus mejores botas o sus más floridas alpargatas. Era inútil para él tomarse el trabajo para ir hasta El Amanecer para ver cómo los otros jugaban a las bochas o al truco porque se aburría sin participar y participar no le atraía.
A veces se ponía un traje negro, con sombrero del mismo color y pañuelo "gardel" al cuello.
Era alto, rubio, fumaba una quemada pipa de raíz los días de trabajo, pero cuando salía fumaba los mejores cigarrillos negros que le conseguía el despensero en el pueblo. La pipa era una herencia de su abuelo austríaco. No bebía. O apenas probaba una caña paraguaya, cuando alguien le insistía un poco.
Un domingo se levantó de mal humor. Tenía franco el día entero y no sabía cómo gastar todas las horas que le quedaban hasta el anochecer en que tenía que recoger los terneros y controlar los bebederos, si todos los molinos estaban bien cerrados. Como he dicho ya: no le gustaba tomar, ni jugar a las cartas, tampoco a la taba, ni le interesaban las carreras cuadreras, aunque se había criado entre caballos y ese día había una. Con los caballos tenía un trato amable, cariñoso, que no gastaba con los humanos, ya que su hosquedad lo llevaba a comer solo en la estancia, sólo para no tener que andar saludando a nadie. Trabajar, también prefería hacerlo solo.
Sólo de vez en cuando le gustaba -aunque si le preguntaban seguramente lo negaría- entrar en una mujer con un poco de violencia, desembarazarse del peso del deseo que lo molestaba para trabajar más tranquilo y poder admirar esos crepúsculos sin interferencias. Esos lentos y espiralados crepúsculos
que aunque para otros eran siempre iguales, a él lo conmovían y siempre encontraba un matiz inesperado que lo hacía feliz.
Ese día del que narramos su acontecer más saliente podemos decir entonces que enjaezó el moro como nunca, se acicaló lo mejor que pudo, casi con esmero, casi con obsesividad desconocida en él, sacó de una lata vieja de tabaco todos sus ahorros y los puso con cuidado en el tirador. Fue hasta el pueblo, -era después de almorzar- a los que lo vieron les llamó la atención que se hubiera salido tan porque sí de sus hábitos.
Llegó hasta el rancherío de las afueras, lo rodeó con un poco de desconfianza, pero ubicó uno de los tantos patios pelados con su acacia en la puerta, y sin bajarse del caballo golpeó las manos con insistencia y firmeza.
Al rato salió un hombre de mediana edad, calvo, moreno y desliñado, fumando un cigarrillo negro y armado hacía un instante.
Habló algunas palabras con El Buey. Con seguridad era el dueño de la casa, luego entró y salió casi enseguida con una muchacha asustada de no más de quince años que temblaba y lloriqueaba pero sin mucho convencimiento. El hombre sería el padre quizás. Luego le dio una orden seca y ella volvió a
entrar para salir con un atadito insignificante de ropa bajo el brazo y en una mano una rota muñeca de yeso. Subió al anca del caballo. El Buey apenas la miró de reojo y en el trayecto a la estancia ni le dirigió la palabra .
El Buey nunca más regresó al pueblo, ni para bautizar alguno de los seis hijos que tuvo con la morenita adolescente quien vio crecer sus pechos y sus caderas mientras nacían sus hijos. Seis muchachos robustos que pese a sus adustos entrecejos morenos ostentaban unos profundos ojos azules y un andar
silencioso que sumaban misterio a las pocas palabras que alguno pronunciaba de vez en cuando en el pueblo, cuando caían a comprar los vicios. Eran, decía la gente, la mismísima cara del padre.
Muy eficaces para el trabajo que les había confiado el patrón de la estancia en un puesto alejado, cerca del monte viejo de eucaliptos, justo en un cruce de caminos como quien va para el camino del boliche de Las Latas.
Alguna vez algún comedido indiscreto le preguntó al Buey del extraño trato que había hecho con ese hombre cargado de hijas solteras.
-Dos mil pesos valen dejarse de buscar mujer y perder tiempo para el trabajo- había respondido serio, hosco, tajante.
Como para que nadie más le preguntara nada al respecto.
Nunca más asomó la cabeza por el pueblo.
Un día un coche negro tirado por cuatro caballos del mismo color lo llevó por ese camino que nunca más había hecho.
El coche pasó un momento por la iglesia para seguir ese camino que él había hecho hasta la mitad, el día que buscó mujer.
Ese día tampoco pararía en la casa precaria, casi un rancho, que fuera de sus suegros.
1998, primavera
*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-8555-2007-05-16.html
Correo:
4ta. Feria del Libro Independiente
UN ACONTECIMIENTO CULTURAL*
La convocatoria tuvo lugar el domingo 13 de mayo en dos de los amplios pisos de la Mutual Sentimiento, al lado de la estación terminal del ex Ferrocarril Urquiza, y los primeros sorprendidos, ante tan contundente respuesta de público, fueron los propios organizadores.
Esta Feria, organizada por numerosas pequeñas editoriales y cooperativas culturales, en su mayoría de la ciudad y del Gran Buenos Aires, estaba de hecho también cubriendo el vacío de la ya tradicional Feria del Libro, centralizada estos años, ya sin tanto disimulo, para el negocio de las editoriales multinacionales, y ya abolida aquella vieja expresión "del autor al lector", que hoy podría parecer una burla.
El nexo autor-lector fue prioridad en esta 4ta. Feria, pero también lo fue, puesto a puesto, la presencia de una literatura surgida bajo los vientos de estos tiempos de crisis y de interrogantes, en una letra, también bullente, que desde anuncios y portadas llamaba o tentaba a los jóvenes que circulaban o se congregaban entre pasillos, descansos y mostradores.
Por otra parte, distintas ediciones, desde Heidegger a Bakunin, o desde Hegel o Lenin al riojano Squeo Acuña o al legendario Pipo Lernoud, compartían mesa con jóvenes poetas y narradores, mientras desde el micrófono a considerable volumen algún autor decía sus poemas, o se anunciaba alguna obra, o bien se planteaba, sin escamoteos, algún tema de candente actualidad.
Una feria en su exposición breve pero de abierta vitalidad, tanto en los organizadores, en los participantes como en el público, en su mayoría joven, que habla además de una cultura en estado de movilización, no empaquetada ni abroquelada, desde el seno de una sociedad tan sacudida como despierta, que indaga, palpa, y busca decirse.
Centenares de jóvenes entrando y recorriendo los stands de la 4ta. Feria del Libro Independiente fueron protagonistas de un verdadero acontecimiento cultural, de un acontecimiento creativo en torno de las ideas, el diálogo, el arte y el libro, acaso sin precedentes en la ciudad de estos años.
*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
* El autor de esta nota, también de numerosos artículos y libros de poesía, fue participante invitado de la 4ta. Feria.
(De Ediciones Carmín, 4ta. Feria del Libro Independiente; Buenos Aires, mayo, 2007)
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Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura