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La Coctelera

inventiva

21 Mayo 2007

ES IMPOSIBLE NO COMUNICAR

*Dibujo de Mónica Russomanno.

Es imposible no comunicar...

Solo*

Desde que me quedé solo decreció mi optimismo. (Riego malvones a la
madrugada. Volveré al lecho. Hasta que aburrido me dejaré caer, y lograré
así reaccionar, sobreponerme y encarar el día, si no laborable para mí, que
eso nunca, al menos...) Los que ya no están, con cariño y con resignación,
me instaban a la diurna vigilia.
¿Han contemplado a pájaros muriendo?... Yo los he contemplado. Corbatitas,
jilgueros, chingolos..., despidiéndose a través de sonidos broncos y
aislados, o de un piar chillón y sostenido.
Ya no me afeito ni me peino, no recito églogas en el salón principal ni
ensayo formas de saludo frente al gran espejo del vestíbulo. No hay
artilugio ni práctica conspicua que pudiera adquirir o conservar. Duermo
ahora con los pies envueltos en una bufanda y bebo el té amargo, sin limón
ni cognac. Claro está, no espero ser visitado ni socorrido, aun en
circunstancias extremas. Desde que me quedé solo, soy, a simple vista, un
hombre infeliz.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

IDEAS. PAUL WATZLAWICK

Es imposible no comunicar*

Célebre teórico de la comunicación, Paul Watzlawick -quien murió semanas
atrás- reformuló de manera decisiva nuestra forma de ver "la realidad" y las
relaciones humanas. Sus investigaciones en Palo Alto estimularon el
desarrollo de las terapias breves. Un recorrido por su legado intelectual,
que echó raíces en la Argentina.

*CARLA IMBROGNO Y MARCELO R. CEBERIO.

¿Es real la realidad? se preguntaba Paul Watzlawick y escribía: "Creer que
la propia visión de la realidad es la realidad misma, es una peligrosa
ilusión, pero se hace aún más peligrosa si se la vincula a la misión
mesiánica de sentirse en la obligación de explicar y organizar el mundo de
acuerdo con ella, sin que importe que el mundo lo quiera o no. La negativa a
plegarse a una determinada visión de la realidad (a una ideología, por
ejemplo), la 'osadía' de pretender atenerse a la propia visión del mundo y
de querer ser feliz a su propia manera, es tachada de think crime, de
'crimen del pensamiento', en el sentido de Orwell".

Watzlawick se definía a sí mismo como un "constructivista radical" -el
planteo básico del constructivismo es que la realidad no existe como hecho
objetivo, sino que es una construcción más dentro de las construcciones
mentales que realiza una persona a partir de la interacción permanente con
su entorno-. Sin embargo, el lingüista, filólogo, filósofo y psicólogo
austríaco, que murió el último 31 de marzo a los 85 años en Palo Alto,
California, fue más que eso: Paul Watzlawick fue uno de los más grandes
teóricos de la comunicación y un intelectual de una productividad literaria
profundamente ecléctica: escribió 22 libros que fueron traducidos a más de
80 idiomas y un sinfín de artículos científicos y de divulgación. Supo
collagear sus conocimientos de la cibernética, el positivismo de Viena, la
teoría general de los sistemas, incluso del freudianismo, en pos de una
teoría psicoterapéutica basada en la resolución de problemas que lograra
"eliminar el sufrimiento" de las personas. Watzlawick fue autor del
bestseller El arte de amargarse la vida (1983), fue uno de los principales
creadores de la tan citada Teoría de la Comunicación Humana (1967, junto a
Janet Beavin y Don Jackson) y uno de los fundadores de la llamada terapia
breve.
La terapia breve, más conocida como el modelo de Palo Alto -en honor al
lugar que la vio nacer, el Mental Research Institute (MRI) de esa ciudad-,
es una de las terapias sistémicas más eficaces. Fue creada por un grupo de
especialistas de las más variadas disciplinas: John Weakland, Jay Haley,
Richard Fisch y el propio Watzlawick. Allí, en el MRI californiano, el
maestro de la comunicación humana estaba asentado desde 1961 y desde
allí -hablaba siete idiomas- llevó al mundo las teorías que lo harían
famoso.

Comunicación y cultura

La pregunta por la realidad es tan antigua como la historia misma del
pensamiento humano: desde la "invención" de la realidad por el pensamiento
eléata pasando por los múltiples debates sobre el estatuto de lo real en la
antigüedad y el medioevo, la concepción de que todo es una emanación de la
propia mente, la filosofía cartesiana y su distinción entre sustancia
pensante y sustancia extensa, el idealismo trascendental katiano,
Wittgenstein (lo que debe ocuparnos no son las cosas, sino aquello que les
atribuimos) o el constructivismo moderno (Piaget, Maturana, von Glasersfeld,
von Foerster, Watzlawick). ¿Quién no ha intentado determinar lo que
significa la realidad? El siglo XX remató la cuestión: "Nuestra realidad no
es otra que nuestra idea de la realidad", escribió el francés Edgar Morin.
Pero las ideas de Paul Watzlawick y sus colegas en Palo Alto provocaron una
auténtica revolución en la forma de ver el mundo propia de la llamada
posmodernidad, renunciando a los dogmas de las ciencias clásicas. En los
años 50 ya había comenzado a gestarse un paradigma epistemológico que
articulaba nociones de la cibernética -una teoría de los sistemas de
"control" y su retroalimentación, cuyas implicaciones sociales fueron
popularizadas por el matemático Norbert Wiener- y la teoría general de los
sistemas -un estudio interdisciplinario del biólogo Ludwig von Bertalanffy,
que buscaba encontrar las propiedades comunes a entidades (sistemas),
presentes en todos los niveles de la realidad, pero que tradicionalmente son
objeto de disciplinas académicas diferentes-. Para esta nueva concepción
holística, que el antropólogo Gregory Bateson trasladó a las ciencias
humanas, un efecto es el resultado de múltiples variables causales, pero a
la vez tiene sus efectos sobre las causas que lo generan (cuanto más grande
es la bola de nieve que baja por la ladera de la montaña más nieve arrastra
y, a su vez, más modifica el paisaje original). En el campo de las
humanidades, Bateson -que formó parte del grupo de Palo Alto en sus
comienzos y tuvo una influencia decisiva, aunque no siempre reconocida, en
el pensamiento norteamericano- fue el primero en hacer hincapié en que la
realidad, física y espiritual, debe ser encarada como un vasto sistema
compuesto de subsistemas coherentes, en cuya evolución es decisivo el
entorno. Watzlawick amalgamó las ideas germinales de Bateson con su
perspectiva constructivista completando así las últimas pinceladas del nuevo
modelo.

Frente a un determinado hecho (un efecto) solemos preguntarnos por qué
sucede (su causa); el problema es que el efecto es mucho más que el
resultado de una causa unívoca: tantas formas de comunicación verbal y
paraverbal, efectos dominó que se concatenan. Si a esto se suma que la
búsqueda del porqué se halla sesgada por el ojo del observador protagonista,
se puede inferir que el motivo hallado es sólo una invención, y no una causa
real, verdadera y objetiva. Los investigadores de Palo Alto desplegaron su
influencia sobre la mayoría de las ciencias sociales y sobre la cultura de
los últimos cuarenta años. En el plano del estudio del hombre, mostraron que
ya no era posible concebir al individuo separado de sus propias acciones
(más bien interacciones), de sus silencios, de sus percepciones, de su
contexto sociocultural, de su carga histórica y semántica, ¡de los tabúes de
su civilización!, en definitiva, de la comunicación, que devino un factor
crucial en la construcción de la realidad. Es imposible no comunicar: "man
kann nicht nicht kommunizieren", escribía Watzlawick en su lengua materna,
el alemán.

En el ámbito de la vida cotidiana fue quizás el avance de las nuevas
tecnologías lo que hizo más visible la necesidad imperante de reconfigurar
la noción de realidad en un mundo cada vez más mediatizado, informatizado y
simbólico (más virtual). Y también aquí Watzlawick y sus discípulos y
seguidores fueron pioneros: ya en la teoría de la comunicación humana, en la
que plasman los axiomas de la comunicación, no sólo afirman que "toda
conducta es comunicación", sino que distinguen entre comunicación digital
(verbal) y analógica (gestos, acciones, etc.), entre contenido (lo que se
dice) y relación (la relación entre los que se comunican). Comunicamos en
ambas formas, traduciendo una a la otra, no sin dificultad.
La actual era digital -en la que proliferan las relaciones sentimentales vía
Internet- parece asistir a la anulación de toda percepción "real": la webcam
aviva una imagen aún más inventada del otro; en el espacio escalofriante del
chatroom no queda, pues, lugar para analogías.
El grupo de Palo Alto desarrolló un modelo fuertemente pragmático, sobre
todo en el eje de sus investigaciones que se relacionaba con el análisis de
los procesos de información y comunicación. De hecho, la versión en inglés
de la Teoría... es Pragmatics of Human Communications. Este traslado de
modelos cibernéticos y sistémicos a la comunicación humana se plasmó en la
primera investigación que desarrolló el grupo acerca de la esquizofrenia. El
artículo "Hacia una teoría de laesquizofrenia" (1962) explicaba el concepto
de "doble vínculo" según el cual la víctima (el enfermo) era preso de los
mensajes contradictorios y simultáneos, principalmente de su madre, lo que
alteraba progresivamente su lógica racional. Watzlawick -siempre con humor
refinado y austero- explicaba el fenómeno con el chiste de las dos corbatas:
una madre regala a su hijo dos corbatas, una roja y otra azul. El chico
entusiasmado se coloca la roja y la madre le dice "¿Pero, no te gustó la
azul?". El chico corre y se coloca la azul, y ansioso se yergue ante la
madre que le responde "¿No te gustó la roja?". Si esta modalidad se reitera
como un estilo de comunicación, se producirá una ruptura de las tipologías
lógicas y el chico terminará colocándose las dos corbatas, de lo que se
infiere que ¡está loco!

En el ámbito de la psicoterapia, esta epistemología basada en la noción del
individuo como parte de un sistema incorporó una serie de nuevas preguntas:
quién hace qué, a quién, cuándo y en dónde. Para sus promotores, la
individualidad de una persona se comprende a partir de su entramado
relacional. Es imposible analizar al individuo sin tener en cuenta el
contexto situacional en el que aparece la conducta. No se trata ya de hurgar
en el pasado y buscar la causa original de un síntoma para poder cambiar.

Terapias breves

Para el grupo de Palo Alto -y éste continúa siendo hoy el eje de la terapia
sistémica breve- el quid de la cuestión radica en interrumpir "las
soluciones intentadas fracasadas": ante un problema, la persona (y / o su
entorno) intenta una y otra vez la misma solución, pues ésta en algún
momento ha surtido efecto o simplemente responde al "sentido común" o la
"lógica racional". Genera así una inercia automatizada de intentos fallidos
que refuerzan el problema. Personas, creencias, acciones e interacciones, se
han vuelto rígidas alrededor del problema, lo cual hace aún más difícil una
salida saludable. "No tratamos realmente los problemas sino que nos
centramos en cambiar los intentos de solución que no funcionan para permitir
que el problema desaparezca", explicaba el maestro.
Watzlawick enfatizaba el aspecto intercomunicativo en los procesos
relacionales, puesto que cualquier análisis humano se desarrolla en
situación de interacción. ¿Qué versiones de lo real apuntalan la
organización y acción de las naciones?, ¿qué visión del mundo crean los
medios masivos?, ¿qué premisas epistemológicas no cuestionadas están
conduciendo a la devastación personal, natural y social en nuestros días?
"... que el desvencijado andamiaje de nuestras cotidianas percepciones de la
realidad es, propiamente hablando, ilusorio, y que no hacemos sino repararlo
y apuntalarlo de continuo, incluso al alto precio de tener que distorsionar
los hechos para que no contradigan a nuestro concepto de la realidad, en vez
de hacer lo contrario, es decir, en vez de acomodar nuestra concepción del
mundo a los hechos incontrovertibles", escribía.
Lo cierto es que, hoy, la desestabilización de los sentidos propia de los
habituales trastornos de pánico opera, por ejemplo, como un factor de freno
sintomatológico del desequilibrio y el descontrol, el estado de inseguridad
crónica, el vértigo, la preeminencia de la imagen, la cultura del desastre
en nuestras sociedades posmodernas. Este mismo exorcismo de los sentidos es
el que demanda soluciones relativamente rápidas y eficaces que mejoren la
calidad de vida. A pesar de que en la Argentina, y en Buenos Aires en
particular, la estabilidad de la inestabilidad y el espíritu -al parecer-
naturalmente melancólico, hacen que todavía exista gran resistencia a buscar
opciones, son cada vez más los que recurren a una alternativa que no dé por
sentado terapias que perduren años en un diván: no importa si es terapia
sistémica, cognitivo-conductual, bioenergética, transaccional, existencial o
gestalt.
Quienes conocieron a Paul Watzlawick aseguran que, más allá de su legado
científico, fue un ser humano generoso, modesto y respetuoso de sus colegas,
mentor de cientos de terapeutas y filósofos en todo el mundo. Pero,
fundamentalmente, vivió una vida digna y trascendente, enriquecida por
numerosas experiencias. Fue un ser ávido, con la inteligencia y sensibilidad
de los creadores. Sus ideas y pensamientos son ya patrimonio de todos.

*Fuente: Clarín. - Revista Ñ
http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2007/05/19/u-04611.htm

Tengo el corazón hecho pedazos*

El le dijo que sus palabras le habían roto el corazón. Ella reafirmó su
deseo de dejarlo, no le gustaban los mentirosos, tampoco los exagerados.
Claro que cuando barrió y entre las miguitas encontró, los pedacitos rojos,
se dio cuenta que era sincero. Era tarde para casi todo, salvo para llamar a
Emergencias.

*De Cristina Villanueva. pluma@velocom.com.ar

La palabra contra los depredadores*

En el último congreso del Pen Club, el escritor israelí David Grossman leyó
este texto. En él, habla del poder de la escritura para liberar a los
autores y a la sociedad del congelamiento y la arbitrariedad que impiden
entender el propio pensamiento

Shalom y buenas noches.

"Para bien o para mal, las contingencias de la realidad tienen gran
influencia sobre lo que escribimos", dice Natalia Ginzburg en su libro È
difficile parlare di sé (Es difícil hablar de uno mismo) , en el que habla
de su vida y de su escritura después de pasar por un desastre personal.

Es difícil hablar de uno mismo, y por eso antes de hablar acerca de mi
experiencia de escritura actual, en este momento de mi vida, quiero decir
algo acerca del impacto que un desastre, una situación traumática, tiene
sobre toda una sociedad, sobre todo un pueblo. Y de inmediato recuerdo las
palabras del ratón de "Una pequeña fábula", el cuento de Kafka. El ratón,
que dice, mientras la trampa lo encierra y el gato lo acecha desde atrás:
"Ay... el mundo se hace más estrecho cada día." Sin duda alguna, tras muchos
años de vivir en una realidad violenta y extrema, plagada de conflictos
políticos, militares y religiosos, puedo informarles, con tristeza, que el
ratón de Kafka tenía razón: el mundo, por cierto, se hace cada vez más
estrecho, cada vez más reducido con cada día que pasa.
Y también puedo hablarles del espacio vacío que crece lentamente, el espacio
que se extiende entre la persona, el individuo y la situación externa,
violenta y caótica en la que vive. La situación que determina su vida.Y ese
espacio nunca permanece vacío. Se llena rápidamente... de apatía, cinismo y,
más que nada, de desesperanza; la desesperanza que provoca situaciones
distorsionadas y que les permite persistir, a veces incluso durante
generaciones. Desesperanza respecto de la posibilidad de cambiar alguna vez
el estado de cosas reinante, de poder redimirse de él. Y una desesperanza
aún más profunda... la desesperación por las cosas que esta situación
distorsionada saca a la luz, finalmente, en cada uno de nosotros.
Y siento el alto costo que yo y la gente que veo y que conozco pagamos por
este persistente estado de guerra. La reducción del "área de superficie" del
alma que entra en contacto con el mundo violento y amenazante. La limitación
de la capacidad -y de la voluntad- de identificarnos, aunque sea un poco,
con el dolor ajeno; la suspensión del juicio moral. La desesperanza que casi
todos nosotros experimentamos respecto a la posibilidad de entender nuestros
verdaderos pensamientos, en una situación que resulta tan aterradora y
engañosa y compleja, tanto en el aspecto moral como en la práctica; y por lo
tanto uno se convence de que estará mejor si no piensa y si elige no saber:
tal vez estaré mejor si dejo la tarea de pensar y hacer y establecer las
normas morales en manos de aquellos que, supuestamente, "saben más".
Y, más que nada, me sentiré mejor no sintiendo demasiado, al menos hasta que
esto pase, y si no pasa, al menos habré aliviado de algún modo mi
sufrimiento, habré desarrollado una insensibilidad útil, me habré protegido
de la mejor manera con la ayuda de un poco de indiferencia, un poco de
sublimación, un poco de ceguera deliberada y una gran dosis de
autoanestesia. En otras palabras: a causa del perpetuo -y siempre demasiado
auténtico- miedo de resultar herido o muerto, o de sufrir una pérdida
insoportable o incluso una "mera" humillación, todos y cada uno de nosotros,
los ciudadanos del conflicto, sus prisioneros, recortamos nuestra propia
vivacidad, nuestro diapasón mental interno y cognitivo, envolviéndonos en
capas protectoras que terminan por asfixiarnos.
El ratón de Kafka está en lo cierto; cuando el depredador nos acecha, el
mundo se vuelve cada vez más estrecho. Y lo mismo ocurre con el lenguaje que
lo describe. Por experiencia propia puedo afirmar que el lenguaje con que
los ciudadanos que viven un conflicto sostenido describen su situación se
vuelve más plano cuanto mayor es la duración del conflicto. El lenguaje se
convierte gradualmente en una secuencia de clichés y consignas. Todo empieza
con el lenguaje creado por las instituciones que dirigen el conflicto de
manera directa -el ejército, la policía, los diferentes ministerios del
gobierno-, rápidamente se filtra a los medios masivos que informan sobre el
conflicto, dando nacimiento a un lenguaje aún más ingenioso que pretende
ofrecer a su público una historia de digestión más sencilla; y todo este
proceso desemboca en última instancia en el lenguaje privado, íntimo, de los
ciudadanos del conflicto, aun cuando ellos lo rechacen.
En realidad, es un proceso absolutamente comprensible: después de todo, la
riqueza natural del lenguaje humano y su capacidad de expresar los matices y
los hilos más delicados de la existencia pueden resultar profundamente
hirientes en esas circunstancias, porque nos recuerdan incesantemente esa
pródiga realidad de la que nos han despojado, su verdadera complejidad, sus
aspectos más sutiles. Y cuanto más irresoluble parece la situación, y cuanto
más plano es el lenguaje empleado para describirla, tanto más se reduce el
discurso público. Sólo quedan las banales y rígidas acusaciones mutuas entre
los enemigos, o entre los adversarios políticos del mismo país. Sólo quedan
los clichés que usamos para describir a nuestro enemigo y a nosotros mismos,
esos clichés que son, en última instancia, una colección de supersticiones y
de crudas generalizaciones en los que nos encerramos y encerramos a nuestros
enemigos. El mundo, sin duda, se está haciendo cada vez más estrecho.
Mis pensamientos no aluden sólo al conflicto en Medio Oriente. Hoy en muchas
partes del mundo hay millones de personas que enfrentan alguna clase de
"situación" en que la existencia personal, los valores, la libertad y la
identidad están amenazados en alguna medida. Casi todos nosotros tenemos una
"situación" propia, una maldición propia. Todos y cada uno de nosotros
sentimos -o podemos intuir- que nuestra particular "situación" puede
convertirse rápidamente en una trampa que nos despojará de nuestra libertad,
del sentido de hogar que nos proporciona nuestro país, de nuestro lenguaje
personal, de nuestro libre albedrío.
En esta realidad escribimos nosotros, los escritores y poetas. En Israel y
en Palestina, en Chechenia y en Sudán, en Nueva York y en el Congo. A veces,
durante mi jornada de trabajo, después de escribir durante varias horas,
alzo la cabeza y pienso... ahora mismo, en este mismo momento, otro escritor
a quien no conozco, en Damasco o en Teherán, en Ruanda o en Dublin, está
sentado exactamente como yo, practicando este oficio o arte peculiar,
quijotesco, dentro de una realidad que contiene tanta violencia expulsiva,
indiferencia y humillación. En eso encuentro un aliado distante, que ni
siquiera me conoce, pero juntos tejemos esta telaraña intangible, que tiene
sin embargo un poder tremendo, el poder de crear y cambiar el mundo, el
poder de hacer hablar a los mudos y el poder de Tikkun , de corregir, en el
sentido profudo que tiene en la Kabbala.
En cuanto a mí, durante los últimos años, en la ficción que escribí he dado
casi intencionalmente la espalda a la feroz realidad inmediata de mi país,
la realidad del último boletín de noticias. Escribí antes libros sobre esta
realidad y también en los últimos años seguí escribiendo sobre ella, y nunca
dejé de esforzarme por entenderla, en artículos y ensayos y entrevistas.
Participé en docenas de protestas, en iniciativas internacionales de paz. Me
reuní con mis vecinos -algunos de los cuales eran mis enemigos- en cada
oportunidad en la que consideré que tenía oportunidad de diálogo. Y sin
embargo, en los últimos años, por una decisión consciente y casi como
protesta, no hice literatura sobre estas zonas de desastre.
Escribí sobre los feroces celos de un hombre hacia su esposa, sobre los
niños sin techo de las calles de Jerusalén, sobre un hombre y una mujer que
crean un lenguaje íntimo propio, casi hermético, dentro de una engañosa
burbuja de amor. Escribí sobre la soledad de Sansón, el héroe bíblico, y
sobre las intrincadas y frágiles relaciones entre las mujeres y sus madres
y, en general, entre padres e hijos.
Hace unos cuatro años, cuando mi segundo hijo, Uri, estaba por ingresar en
el ejército, ya no pude continuar en el camino que había elegido. Me inundó
un sentimiento de urgencia y de alarma, que me llenaba de inquietud.
Entonces empecé a escribir una novela que se ocupa directamente de la
sombría realidad en la que vivo. Una novela que describe de qué manera la
violencia externa y la crueldad de la realidad política y militar atraviesan
el tierno y vulnerable tejido de una familia y acaban por desgarrarlo.
"En cuanto uno escribe -dice Ginzburg- milagrosamente empieza a ignorar las
circunstancias de la propia vida, aunque la felicidad o la desdicha nos
impulsen a escribir de cierta manera. Cuando somos felices, nuestra
imaginación es la que predomina. Cuando somos desdichados, prima el poder de
la memoria." Es difícil hablar de uno mismo, particularmente cuando se tocan
estos temas. Sólo diré lo que puedo decir a esta altura y desde mi lugar.
Escribo. Desde la muerte de mi hijo Uri el verano pasado en la guerra entre
Israel y el Líbano, la conciencia de lo que ocurrió está presente en cada
momento de mi vida. El poder de la memoria es por cierto enorme y pesado, y
a veces tiene una cualidad paralizante. No obstante, a veces el propio acto
de escribir crea para mí un espacio, un marco de pensamiento que nunca antes
experimenté, donde la muerte no es solamente la absoluta y unidimensional
negación de la vida. Los escritores presentes en este auditorio lo saben:
cuando escribimos, sentimos que el mundo está en movimiento, es flexible,
rebosante de posibilidades. No es un mundo congelado. Siempre que se filtra
lo humano... ya no hay congelamiento ni parálisis, no hay más status quo.
Incluso aunque a veces creamos equivocadamente que hay status quo , incluso
si algunos se esfuerzan por hacernos creer que lo hay. Cuando escribo,
incluso ahora, el mundo no se cierra sobre mí ni se vuelve tan estrecho: da
muestras de abrirse, de tener un futuro.
Escribo. Imagino. El acto de imaginar me revitaliza. No estoy congelado ni
paralizado ante el depredador. Invento personajes. A veces siento que estoy
desenterrando gente del hielo con que la realidad los ha amortajado, pero
quizás es a mí mismo a quien estoy desenterrando. Escribo. Percibo la
riqueza de posibilidades inherentes a cualquier situación humana. Percibo mi
capacidad de elegir entre ellas. La dulzura de la libertad, que creía haber
perdido. Me permito recurrir a la riqueza del verdadero lenguaje, íntimo y
personal.
Escribo y siento que el uso correcto y preciso de las palabras es a veces
como la cura de una enfermedad. Una manera de purificar el aire que respiro
de las opacas manipulaciones de los villanos lingüísticos. Escribo y siento
que la ternura y la intimidad que me unen al lenguaje en todas sus capas, su
erotismo y su sentido del humor y su alma, me devuelven la persona que yo
solía ser antes de que mi yo fuera nacionalizado y confiscado por el
conflicto, por gobiernos y ejércitos, por la desesperanza y la tragedia.
Escribo. Me libero de una de las turbias cualidades distintivas del estado
de guerra en el que vivo... la cualidad de ser un enemigo y sólo un enemigo.
Hago lo posible por no escudarme, no cegarme ante la justicia que asiste al
enemigo y su sufrimiento. Tampoco ante la tragedia y la tortuosidad de su
propia vida. Sus errores y crímenes, la conciencia de lo que yo mismo le
estoy haciendo. Tampoco ante las sorprendentes semejanzas que veo entre él y
yo.
De repente ya no estoy condenado a esta dicotomía absoluta, falaz y
asfixiante, a esta elección inhumana entre ser "víctima o agresor" sin tener
una tercera alternativa más humana. Cuando escribo puedo ser un ser humano
que fluye natural y vitalmente entre sus diferentes aspectos humanos, un ser
humano con aspectos en los que se siente próximo al sufrimiento y a la
justicia que asiste a sus enemigos, sin renunciar ni a una pizca de su
propia identidad.
A veces, cuando escribo, puedo recordar lo que todos sentimos en Israel
durante un momento en particular, cuando el avión del presidente egipcio
Anwar Sadat aterrizó en Tel Aviv después de décadas de guerra entre las dos
naciones: entonces, de pronto, descubrimos qué pesada era la carga que
llevamos durante toda nuestras vidas... la carga de enemistad, miedo y
sospecha. La carga de un estado de alerta permanente, la pesada carga de ser
el enemigo en todo momento. Y qué placer fue sacarse por un momento la
poderosa coraza de la sospecha, el odio y el estereotipo, un placer casi
aterrador, erguirse desnudo, casi prístino y ver surgir un rostro humano de
esa visión unidimensional con la que nos habíamos observado mutuamente
durante años.
Escribo. Le doy a un mundo externo y extraño mis nombres más íntimos y
privados. En cierto sentido, lo hago mío. En cierto sentido, dejo de
sentirme exiliado y extraño para sentirme en casa. Con eso ya estoy haciendo
un pequeño cambio en lo que antes me parecía inalterable. Además, cuando
describo la hermética arbitrariedad que signa mi vida -la arbitrariedad
humana, la arbitrariedad del destino-, de pronto descubro nuevos matices,
sutilezas. Descubro que el solo hecho de escribir acerca de la arbitrariedad
me permite cierta libertad de movimiento con respecto a ella. Que el solo
hecho de enfrentarme con la arbitrariedad me concede libertad... tal vez la
única libertad que un hombre pueda tener para defenderse de cualquier
arbitrariedad: la libertad de expresar su tragedia con sus propias palabras.
Y también escribo sobre lo que no puede recuperarse. Y sobre lo
inconsolable. Entonces, también, de una manera que aún me resulta
inexplicable, las circunstancias de mi vida no se cierran sobre mí para
paralizarme. Muchas veces, cada día, sentado ante mi mesa, toco el tema del
dolor y de la pérdida como quien toca la electricidad con las manos
desnudas, y sin embargo no muero. No entiendo cómo se produce este milagro.
Tal vez cuando termine de escribir esta novela intente entenderlo. Todavía
no. Es demasiado pronto.
Y escribo la vida de mi tierra, Israel. La tierra torturada, frenética,
intoxicada por una sobredosis de historia, emociones excesivas que el ser
humano no puede contener, excesivos extremos de logros y tragedias, ansiedad
excesiva y sobriedad paralizante, memoria excesiva, esperanzas truncas,
circunstancias de un destino único entre todas las naciones; una tierra cuya
existencia parece a veces ser un relato de proporciones míticas, un relato
"más grande que la vida" hasta el punto de desfasarse de la vida misma, una
tierra cansada de la esperanza de tener alguna vez la vida normal de un país
entre otros países, de ser una nación más entre otras naciones.
Nosotros, los escritores, pasamos a veces por momentos de desesperación y de
automenosprecio. Nuestra tarea es esencialmente el trabajo de deconstruir la
personalidad, de desarticular algunos de los más tortuosos mecanismos de
defensa humanos. Voluntariamente, nos ocupamos de los más duros, feos y
crudos materiales del alma. Nuestro trabajo nos obliga, una y otra vez, a
reconocer nuestras limitaciones, como seres humanos y como artistas.
Y sin embargo, éste es el gran misterio, la gran alquimia de nuestras
acciones: en cierto sentido, en cuanto aferramos la lapicera o tecleamos en
la computadora, dejamos de ser víctimas indefensas de aquello que nos ha
sometido y humillado antes de que empezáramos a escribir, ya sea nuestra
situación o nuestras angustias privadas, la "historia oficial" de nuestro
país o el destino mismo.

Escribimos. El mundo no se cierra sobre nosotros. Qué suerte tenemos. El
mundo no se hace cada vez más estrecho.

*Por David Grossman
Traducción: Mirta Rosenberg

*Fuente: LA NACIÓN.
Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/909893

LA CONSERVACION DE LOS RECUERDOS*

Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la
siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo
envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la
pared de la sala, con un cartelito que dice: "Excursión a Quilmes", o:
"Frank Sinatra".
Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los
recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el
medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: "No
vayas a lastimarte", y también: "Cuidado con los escalones." Es por eso que
las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras en las de los
cronopios hay una gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan
siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y
van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.

*de Julio Cortázar. MINICUENTOS DE CRONOPIOS.
http://www.ts.ucr.ac.cr/~historia/biblioteca/esociales/CortazarJulio-Cronopios.htm

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 20 de mayo del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg
(107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro
programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de la compositora
argentina Alicia Terzian. Las poesías que leeremos pertenecen a Virginia de
Moyano (Bolivia) y la música de fondo será de Wayna Picchu (Andes). ¡Les
deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar
online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede
bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia
horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se
repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en
la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg
AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear
noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono
noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten
el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la
injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple.
Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable)
y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar

InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio:
la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada
escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se
editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación
en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor
emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada
obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su
difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras
recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una
dirección personal de mail nos envia un trabajo.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y
noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de
cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor,
cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de
estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de
trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus
propuestas de escritura

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