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Terra
La Coctelera

inventiva

28 Mayo 2007

Y APUNTA AL CIELO DE SU AZAR...

CASA DE NADIE*

Después de la noche, la risa es inexistente.

Esta mañana me basta para saciar el hambre

que aparece allá, donde no falta nada.

Te mostraré lo que tenemos,

el intento de salir,

el rostro de la mujer que llegó y no parece.

En sus camas, los niños pudieron, quizá,

llagar su propio sueño lento, verosímil.

Sus ojos tensamente cerrados

y un hombre no ha llegado todavía.

Cuentos de la vida y la muerte,

han pasado por momentos durante días,

pensando siempre cuándo los dejarán ir.

El cielo rodea como una advertencia,

por cauces y causas

y por muchedumbres en limbos.

Dobla una sábana con desesperación

y apunta al cielo de su azar.

A partir de ahora,

está cruzando el agua de un desvanecimiento.

El hielo y sus decoraciones han pasado de improvisto.

Despierta en la mañana

y tendrás que volver a escribir, a escribirle,

a inventarle.

*de Jenny Levine Goldner. jenny_offline@yahoo.com
México D.F

Y apunta al cielo de su azar...

Descarrilado*

*Por Alfredo Zaiat.

Uno de los principales problemas con el servicio ferroviario es que la mayoría de los funcionarios que se ocupan del tema entiende poco de la cuestión y no son habituales pasajeros del tren. Lo mismo pasa con los empresarios, que tienen en concesión los ramales y se limitan a cobrar subsidios para embolsar su parte como operador técnico y para sobrefacturar los servicios de reparación y renovación del material rodante. Otro de los problemas es que, como en la mayoría de los grandes debates económicos nacionales, se ignora la historia y, por lo tanto, se repiten situaciones que deberían evitarse simplemente mirando para atrás. Tampoco se analizan las experiencias internacionales para aprender de ellas. Entonces, más allá del cuestionado empresario Sergio Taselli, que perdió antes el San Martín y ahora el Roca y el Belgrano Sur, o de sus colegas Cirigliano, Roggio y Romero que manejan el resto de los ramales, o del secretario de Transporte, Ricardo Jaime, que no tiene área bajo su responsabilidad que no haya tenido estallidos además de sospechas de desmanejos de recursos públicos, lo que está ausente es un proyecto para la red ferroviaria. Resulta necesario un discurso que revalorice los trenes, pero no es suficiente si no está acompañado de un plan para su desarrollo.
El economista e historiador Mario Rapoport escribió en un artículo publicado en el diario Hoy de La Plata que “cabe remontarse a un pasado aún más lejano, a fines del siglo XIX, en pleno auge de la economía agroexportadora, para darnos cuenta de que el desempeño de las compañías ferroviarias privadas no fue nunca brillante y dependió, como ahora, del auxilio del Estado, tanto para el mantenimiento de los servicios como para obtener las rentabilidades deseadas”. A la vez, la discusión sobre los subsidios es política más que técnica. Toda red ferroviaria en el mundo cuenta con asistencia del Estado y aquí actúan además como un salario indirecto vía tarifas para los sectores más postergados. La cuestión no es la existencia de subsidios, sino que no hay controles públicos eficientes sobre el destino de esos recursos, que despiertan sospechas sobre el vínculo que se construye entre el funcionario que abre la billetera estatal y el concesionario privado.

El modelo de gestión de concesión al sector privado ha fracasado y ha probado ser incapaz de mejorar el estado del deplorable servicio que están brindando. El regreso a la estatización de la red despierta entendibles temores ante la ineficiente gestión de los ochenta, además de que el Gobierno no tiene la intención de asumir esa responsabilidad para evitar eventuales costos políticos de futuros estallidos como el registrado en Constitución. Teniendo en cuenta que millones de personas padecen las prestaciones de los actuales trenes, se podría empezar a buscar caminos alternativos para reconstruir ese servicio público esencial. Se trata de tener vocación de diseñar un plan más que de actuar de bombero. La experiencia británica resulta un antecedente a estudiar de cómo se reacciona ante una crisis con los trenes.
La infraestructura ferroviaria británica sufría de un proceso de desinversión de décadas, que se inició con British Railways y se prolongó durante el período de Railtrack, la empresa privada que asumió la administración de la red en el gobierno de Margaret Thatcher. Railtrack llegó a cotizar en la Bolsa de Londres, pero la crisis por la deficiencia en el servicio estalló con una serie de accidentes (Paddington, en 1999, y Hatfield, 2000) que reveló su ineficiencia. Los defectos en puntualidad –valor supremo para los ingleses– y la disminución de la velocidad para compensar la falta de inversiones y así evitar accidentes pusieron en crisis ese modelo.
Los ingleses se propusieron entonces diseñar una nueva organización de la actividad ferroviaria creando Network Rail, en el 2002, y elaboraron un plan de desarrollo de la red presentado como el Libro Blanco sobre el futuro del Transporte, en 2004. En cuatro años, desde el diagnóstico de que el sistema privatista thatcherista se había agotado, modificaron el funcionamiento del “negocio” ferroviario, fortaleciendo un esquema de gestión y control social sobre operadores privados con una participación relevante del sector público. Esa experiencia resultó notable.
Network Rail gestiona un total de 32.100 kilómetros de vía, 1000 cabinas de señalización, 40 mil construcciones entre puentes, túneles y viaductos, 9000 pasos a nivel y 2500 estaciones. No administra los trenes sino que es proveedora de servicios a las operadoras del transporte ferroviario. Es una sociedad privada de responsabilidad limitada, sin fines de lucro, y todos los beneficios se invierten directamente en mejorar la seguridad, fiabilidad y rendimiento del ferrocarril británico. “Este es el propósito de la compañía, nada más”, afirma el director general de la compañía, John Armitt. En lugar de accionistas tiene “miembros”, que no perciben dividendos y tienen poderes claramente definidos: no dirigen la compañía, pero controlan la gestión del negocio y aprueban el nombramiento de los directores. Esos “miembros” son representantes de todos los actores involucrados en el sector: operadores privados, proveedores, usuarios, sindicatos y sector público. El consejo de administración de doce directores, de los cuales cuatro son ejecutivos, es responsable de dirigir la compañía. Son controlados, además de por la autoridad oficial (Passanger Transport Authorities), por actores sociales, entre los cuales se encuentran el Parlamento, gobiernos locales y los pasajeros. Estos últimos están reunidos en comités de viajeros por ferrocarril (Rail Passanger Committees), establecidos por el Parlamento, que se ocupan de cuestiones como la puntualidad y la supresión de trenes, horarios, limpieza, propuestas vinculadas a la seguridad, entre otros aspectos. En el documento Network Rail Corporate Responsability Report 2005, que editó la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, a principios del año pasado, se destaca que la tarea de esa compañía es la de “ofrecer una red ferroviaria fiable, segura y asequible para toda Inglaterra. Para ello, invierten 14 millones de libras esterlinas por día (unos 20,7 millones de euros, equivalente a 28 millones de dólares) para operar, mantener y renovar la infraestructura ferroviaria. El servicio mejoró notablemente en comparación con el período anterior de predominio de la lógica del lucro con los trenes en la era conservadora.
Otros países desarrollados tienen sus propios modelos de gestión diferente al británico y los trenes también funcionan. Aquí, el esquema de concesión más subsidios sin control probó que no sirve para brindar un servicio digno a millones de personas ni muchos menos para la expansión de la red. Los parches no sirven para un tren descarrilado.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/19-2997-2007-05-27.html

SIXTO*

Después de atravesar el quicio de la puerta, atardeces en la calle y te enfrentas con el aire quieto del verano a las cuatro de la tarde. El aire, en los veranos en los pueblos, es siempre quieto y caluroso como si recogiera el bochorno que rebota de las amplias losas que conforman las aceras. Hay unas turbulencias en forma de espiral que recuerdan en la imaginación de un niño, aquellos espejismos que lucen deshilachados y que nunca sabes muy bien qué se muestra en ellos.
El aire de la tarde te invita a dar la vuelta y recogerte en la sombra de la casa, estarte quieto, agazapado y protegido. Cuando a pesar de todo decides adentrarte en la calle que tiene un centímetro de polvo fino cubriéndola, , al andar produces huracanes pequeñitos que te persiguen mientras avanzas hacia la otra acera, y cuando la alcanzas, recoges el calor de aquella pared blanca de la casa del herrero.
Estoy seguro de que no habrá agua en la riera y tampoco es la mejor hora para acercarme a bañar a los perros, pero en un arrebato de melancolía he decidido llevarlos por la carretera a más de medio kilómetro del pueblo, donde está aquel remanso que me enseñó mi abuelo y que era lo suficientemente profundo como para hacerlo.
Dejo atrás la última casa del pueblo y camino por entre el rumor de las hojas de los plátanos alineados a cada lado de la carretera. Ésta, descarnada en sus costados por las aguas que cada primavera descienden hacia ellos, debido al "lomo de burro" que tiene el asfalto, parece que no se atreve a tocar los árboles vestidos con una enorme raya blanca alrededor. "Es para que se vean", decían en las clase de conducción . "No, no. Fue por la procesión", dijeron más adelante los curas que promocionaban el recorrido de la virgen de Fátima....
Nadie sabe por qué los plátanos, esos árboles enormes que en exclusiva bordean las carreteras, tienen una raya blanca alrededor; esa vitola enorme y pura, este refajo inútil. Este adorno que hace que existan muchas explicaciones, y no importa realmente cuál es la cierta. Sin embargo, al amparo de esta costumbre de pintar los plátanos se desarrolló una de las historias más curiosas de la picaresca popular.
Dicen que en aquella época en que las fronteras estaban cerradas, Sixto, el hijo del carpintero, que no era inteligente pero sí muy pillo, empezó a pintar los troncos a un kilómetro de la frontera, quince por día, cada día trescientos metros. Los siguió pintando en el mismo punto fronterizo yendo cada día un poco más allá. Continuó pintándolos dentro de Francia y en un momento determinado dejó el bote de pintura y desapareció.
Sixto pasó a Francia pintando troncos, sin pasaporte, escapando de la dictadura..

Siempre pienso en Sixto cuando voy a bañar a los perros. Y en los confiados carabineros de frontera que veían un señor pintando árboles... Y me sonrío. Una vez llego al puente, de piedras grises y algo de musgo, recojo unas cuantas. "Porque, si no les tiras piedras, estos perros son incapaces de meterse en el agua". Empieza el juego, tiro una piedra al agua, y Tom se lanza en pos de ella. Tiro la segunda un poco más hacia delante y empieza a nadar... Sultana lo mira desde la orilla, indecisa. Siempre ha sido más temerosa, sobre todo desde que perdió el ojo con aquel impacto del tirachinas de Miguel, pero ante la caída de una piedra en el agua cerca de ella, no puede resistirse y se lanza también mordiendo los círculos concéntricos. Es el juego del baño, el que hacía con mi abuelo cuando el sol se ocultaba. Hoy, mientras veo a los perros bañarse, aún me pregunto por qué he sacrificado mi siesta y he adelantado la hora del baño.

Regresamos después de haber estado casi una hora a la sombra sin hacer nada. Y el pueblo sigue ahí, y el aire sigue quieto y no pasa nada. No hay nadie en las calles. Por no haber, ni siquiera está Sixto.

*de Joan. joan@cimat.es

Las venas abiertas de Puerto Madero*

*por Beatriz Sarlo bsarlo@viva.clarin.com.ar

Domingo soleado de otoño. Con cierta frecuencia voy a Puerto Madero, simplemente para ver cómo funciona todo aquello. Los días de semana, Puerto Madero parece una escenografía de película cuando todavía no han llegado los extras ni el equipo de filmación. Poca gente, salvo a la hora del almuerzo o
a la noche. A medida que se avanza hacia el sur, edificios que parecen vacíos, aunque el ocasional balcón con macetas pruebe que allí vive gente.
Abundan los turistas, pero ellos salen temprano de recorrida; por lo tanto las calles son sepulcralmente silenciosas e inmaculadas. En los bares siempre se puede elegir la mejor mesa, la que mira hacia el puente de Calatrava o hacia los diques, o la mesa junto a la ventana que enmarca una grúa, cuya estética de ingeniería mecánica es adecuada en Puerto Madero, mucho más adecuada que algunos edificios neohistoricistas tendientes al adefesio.
Hacia Puerto Madero sur, dos o tres supermercaditos, una farmacia, un telecentro indican que, en algún momento, un empleado o un residente puede necesitar un litro de leche o un jabón. Pero (me digo) si la gente común que vive en los barrios de Buenos Aires viviera verdaderamente allí, estaría obligada a salir a comprar en bicicleta. La misma trivial pregunta que uno se hace en Palermo Chico: ¿estos dónde compran la comida? En Palermo Chico uno supone, con razón, el auxilio de escuadrones de adiestradas mucamas, que no son visibles en Puerto Madero donde, por ahora, los que "no pertenecen" son mayoritariamente obreros de la construcción o personal de seguridad y Prefectura.
Alrededor del Hotel Faena se acentúa la sensación de moverse en tierras de frontera. Frente al hotel, dos carpas prometen futuros desarrollos urbanísticos, con carteles que lucen los nombres de una celebridad de la arquitectura como Norman Foster. Este verano, entré al hotel (decorado por otra barroca celebridad internacional) y me sorprendió especialmente su piscina. No por las dimensiones modestas, sino porque, pese a los treinta grados, nadie estaba en el agua. Tumbados en reposeras, los parroquianos tomaban sus tragos largos, inmóviles, como si la consigna hubiera sido no quebrar la azul intensidad de la piscina, una lámina que parecía pintada, como en un irreal cuadro de Hockney. La luz muy baja del interior del hotel, las dimensiones imperiales de su pasillo, los grandes objetos (y digo
grandes en serio), tampoco parecen usables, aunque estoy segura de que los turistas internacionales no se sienten intimidados por la bizarra acumulación. Las paredes del bar son una broma (alguien podría decir que se trata de un chiste significativo), tapizadas por una prolija biblioteca de libros falsos. Quizá por esa imagen de utilería de gran lujo, nadie se animaba a remojar los pies en la pileta.

Este domingo, en cambio, fui al merendero de Castells, un lugar que, si me creen lo que voy a contarles, tiene cualidades inesperadas.
Un muchacho, trajeado de negro, estaba inclinado sobre el equipo de sonido, buscando entre los CD. Puso la sexta sinfonía de Beethoven durante cinco minutos; la música sonaba con una inadecuación tan patente que el muchacho la interrumpió y buscó otro CD: "Para Elisa" de Beethoven, completa. Después rock, cantado en inglés. Nada de las bandas de cuarteto que han pegado pequeños afiches anunciando actuaciones en las paredes del merendero.
Sobre la peatonal, dos jóvenes (universitarios, si es que el aspecto informa sobre algo) reparten volantes mientras conversan con turistas norteamericanos. Los turistas, también jóvenes, se fascinan con el relato de movilizaciones; lamentan partida al día siguiente, porque ya estaban invitados a participar en lo que hubiera sido el capítulo más aventurero del viaje.
Apoyadas en los mostradores externos del merendero, cuatro o cinco personas, con un grabador, hablan con Nina Peloso que, sin maquillaje, como si Bailando por un sueño estuviera remotamente lejos, amasa bollitos. Mientras mueve las manos acostumbradas a la tarea, consciente de que están grabando sus palabras, explica los objetivos del movimiento. Los padres que pasan le dicen a sus niños: "Esa es la señora que está con Tinelli". Los niños, más acostumbrados a unir celebrities con escenarios lujosos, miran con incredulidad, pero, finalmente, admiten la evidencia. En Puerto Madero se comerán bollitos amasados por alguien que estuvo bailando en la tele. Una especie de milagro del cualquierismo, o de
magia de Tinelli. ¿Quién confirma a quién? ¿Quién le da notoriedad renovada a quién?
Sin duda, Tinelli puede tener varias Ninas Peloso en su programa, si tal es el negocio. Sin embargo, para que haya negocio, esas hipotéticas Ninas Peloso tienen que existir previamente, en un merendero, en un comedor comunal o quién sabe dónde. La televisión digiere esos productos, pero no los tamiza hasta convertirlos en una papilla, porque allí está la verdadera Nina, sin zapatos de baile, golpeando contra el mostrador pequeñas porciones de masa cruda y hablando con sus adoradores que son ideológicos, y también son televisivos.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/05/27/sociedad/s-01426721.htm

Domingo, 27 de Mayo de 2007
Benedicto XVI contra Bartolomé de las Casas*

*Por José Pablo Feinmann

Notable es cómo se reparten las indignaciones en este mundo. Hay muertes de todo tipo y valor. Hay muertes de primera, de segunda y hay muertes que no valen nada, ni una línea en algún diario pueblerino. Bueno, todo esto ya se sabe, ya nadie puede decir nada nuevo sobre los horrores de este mundo. Lo que significa que se siguen produciendo ante la indiferencia generalizada o ante la impotencia o, peor todavía, el desinterés absoluto, ese estado de ánimo que nos protege de todo y nos mantiene fríos, aislados de la suerte de los otros y dispuestos sólo a lamentar nuestra propia muerte, si nos dan tiempo.
Cuando el líder iraní Mahmud Ahmadinejad propuso un congreso para negar la existencia del Holocausto judío en los campos nazis de exterminio todos se indignaron y con razón, el tipo se pasó de la raya, está loco, es un nazi iraní desbocado y algo habrá que hacer. El líder iraní busca una cosa que nadie se atreve a decir salvo en conversaciones privadas. Lo que Ahmadinejad busca decir no sea acaso que el Holocausto no existió sino plantear –a través de semejante infundio– una cuestión implanteable: ¿por qué el Holocausto judío es el único Holocausto? O ¿por qué es el único que se escribe con mayúsculas? Esto tiene sus respuestas. El Holocausto judío fue el más racionalmente planeado de la historia y el que fue realizado solamente por el odio, sin ningún beneficio posterior. Fue sólo el odio y el deseo de destruir al Otro, al judío, lo que llevó a los nazis a esa masacre. Los motivos ofrecidos por Hitler y Goebbels durante la lucha por el poder (que los judíos se robaban los dineros de los alemanes y los hambreaban porque dirigían la economía del país) eran meras excusas para hacer lo que hicieron: la solución final, eliminar a todos los judíos de Europa para, de este modo, limpiarla.
Este horror permanece (hoy) como un reaseguro histórico para la existencia del Estado de Israel. Lo que una vez ocurrió puede volver a ocurrir. También es un poderoso antecedente para la violencia del Leviatán israelí. Todo Estado es una organización de la violencia. Un judío victimario y no víctima era impensable antes de la existencia del Estado judío. Pero la estratificación de la fe trae con ella la dogmatización. Esta dogmática se organiza en el Estado como la fe cristiana se organizó en la Iglesia. Los cristianos de los orígenes, los perseguidos por los romanos, los que morían en el Coliseo, los que vivían en las catacumbas, los que eran perseguidos, se hicieron poderosos cuando crearon su Iglesia, y, más aún, cuando la Iglesia se transformó en Estado eclesial, en Ecclesia. Aquí, los antiguos cristianos ya no son perseguidos, persiguen. El cristianismo se expresa ahora en una casta sacerdotal que se sostiene en una única, vertical y autoritaria lectura del Evangelio. El Estado judío cumple esa función de poder. Ya no habrá judíos indefensos perseguidos porque a algún tirano de la Tierra se le ha despertado la locura de matarlos. El Estado judío, obviamente, se remite al Holocausto como lo que él, ese Estado, existe para impedir. En suma, la existencia del Estado judío es ofrecer una tierra de seguridad y protección a todos los suyos para que nunca se repita Auschwitz.
Así las cosas, el Holocausto funciona como la memoria de lo que fue y de lo que no debe ser más. En tanto figura de “lo que no debe ser más” el Holocausto es una justificación de la política del Estado de Israel y de su práctica guerrera. Si hemos entendido esto entenderemos que el iraní Ahmadinejad eligió certeramente dónde pegar. Si él negara la existencia del Holocausto el Estado de Israel perdería su justificación de custodio de “lo que no debe ser más”. Perdería la más fuerte justificación de las guerras en que se implica. Ahmadinejad se equivoca: nunca podrá demostrar que el Holocausto no existió porque sí, existió. Pero (y aquí estamos tratando de entender una atrocidad que dijo el papa Benedicto XVI) se trataría de analizar por qué otros holocaustos no sólo no se escriben con mayúsculas sino que pueden ser negados por completo o el país que los cometió puede festejar desmedidamente los quinientos años de la fecha en que llegó a las tierras americanas a cometerlo. Esto ocurrió en Barcelona en 1992. Una impudicia. Una fiesta de nuevos ricos (no hacía mucho que España había entrado en la Unión Europea). Un despliegue fastuoso para festejar una conquista que mató a millones de seres humanos. “Por lo que a la raza humana se refiere (escribe Hegel en sus olímpicas Lecciones sobre la filosofía de la historia universal), sólo quedan pocos descendientes de los primeros americanos. Han sido exterminados unos siete millones de hombres”. Hegel no sabía nada. No tenía datos. Esa falta de información implicaba desconocer millones de muertos. Acaso la cifra total llegue a cincuenta millones. Pero, ¿a quién le importa? Si no bien uno habla de esto saca patente de indigenista, populista, americanista y otros horrores. Y la opulenta España festejó esos quinientos años con el fasto de un Imperio victorioso, henchido de orgullo. Imaginen un desfile de miles de neonazis, respaldados por el Estado alemán, festejando el aniversario de la Solución Final. Así, con mayúsculas.
¿A qué viene esto? Ya lo habrán adivinado. El papa Benedicto XVI dijo que la evangelización de América latina no había sido la imposición de una cultura extraña. Benedicto no debe haber leído a fray Bartolomé de las Casas. O no, vayamos por otro lado porque esto no se lo cree nadie. Benedicto leyó a Bartolomé de las Casas porque tuvo tiempo de sobra para leer todo lo que quisiera, hasta el mismísimo El capital del ateo Marx. Lo leyó (a Bartolomé), pero es como si no lo hubiera hecho. En rigor, a De las Casas lo leyeron todos pero nadie le da importancia. Un clérigo loco, dicen, que hablaba de los indios como si tuvieran alma, como si fueran seres humanos. Y no lo eran. El alma se la traían los europeos. Se la entregaban con la evangelización. Por eso Benedicto dice que la evangelización no es una cultura extraña. ¿Cómo va a ser extraña para un pobre indio la posesión del alma, del evangelio, de la cultura europea? El imperialismo europeo tuvo una característica muy propia con respecto a otros. Europa, a partir de 1492, establece algo que podemos llamar sistema-mundo, y que es la globalización que el capitalismo impone a partir de esa fecha. El capitalismo es globalizador por definición. La burguesía lo es. La burguesía a la que Marx le cantó alabanzas en el Manifiesto. La clase revolucionaria por excelencia. Cuando el Imperio romano ocupaba territorios y mataba a todos sus habitantes lo hacía en nombre de “la grandeza de Roma”. Cuando, antes, Alejandro el Magno se devoraba el mundo conocido (que era todo el mundo: el mundo era conocido en tanto lo conociera Alejandro; si no, no existía), lo hacía en nombre de la gloria de Alejandro, del poder de Alejandro, de la furia guerrera de Alejandro, de su fuerza y de su vitalidad. No hay valores que sirvan de estandartes a estos imperios. Es el capitalismo el que conquista en nombre de valores que lo autorizan. España conquista para evangelizar, para llevar el alma de Cristo a las almas rústicas de esos indígenas sin Dios. Sin Dios cristiano. Inglaterra –en China y en India– conquista en nombre del Progreso, de la Civilización, de la Cultura.
¿Qué creen que pensaba Francia cuando en 1830 entró en Argelia? Les llevaba las Luces de la Ilustración a esos negros de mierda, con perdón: pero así lo decían. Más de un siglo después, uno de esos negros, un martiniqués, escribiría un libro al tiempo que se moría de leucemia. Fueron a verlo, en su agonía, dos escritores de la revista francesa Les Temps Modernes. El martiniqués les dijo: “Quiero que Sartre escriba el prólogo”. Y luego les habló durante horas de la Crítica de la razón dialéctica, que había leído en su lecho de moribundo. El martiniqués mejoró algo y se encontró con el autor de la Crítica, Sartre, en Roma. Ahí hablaron durante horas. El martiniqués murió al poco tiempo en Washington, donde pudieron llevarlo a ver si se salvaba. Sartre escribió el prólogo a Los condenados de la tierra, que era el título que el martiniqués le había puesto a su libro. El martiniqués, sé que aún no lo he dicho, se llamaba Franz Fanon. Sartre escribió el prólogo y en él escribió: “Nuestras víctimas nos conocen por sus heridas y por sus cadenas: eso hace irrefutable su testimonio. Basta que nos muestren lo que hemos hecho de ellas para que conozcamos lo que hemos hecho de nosotros mismos”. Y también afirmará, muy calmosamente, que el europeo se ha hecho hombre fabricando esclavos y monstruos.
Pero qué ingenuo es uno: ¡citar el prólogo de Sartre a Fanon! ¿Acaso no están todos de acuerdo en que es una apología de la violencia? Fuera, no vale. Sartre estaba tan loco como Fanon moribundo. ¿A quién escuchar entonces? A Bartolomé de las Casas, tal vez. Les decía a los españoles: “Estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes (...) ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas?” Pero no, Bartolomé. Usted no entiende. Estas gentes, es cierto, estaban mansas y pacíficas en sus tierras, pero había que evangelizarlas, de lo contrario se habrían quedado sin alma para siempre. ¡Ah, el Evangelio! La espada y la Cruz. Y ahora Benedicto dice con total tranquilidad que todo fue para bien. Y le sale a responder Hugo Chávez, que es –quién no lo sabe– un enemigo de la democracia, de la república, del ALCA, un populista y para colmo un negrito. Y Chávez cita, en su favor, a Bartolomé de las Casas ignorando que el bueno de Bartolomé tenía una solución para los males de América latina: propuso reemplazar a los indios por negros. Trayendo negros de Africa se acabarían las matanzas en América. O sea que, si por don Bartolomé fuera, Chávez, de no haber nacido en otra temporalidad de la historia, estaba en Venezuela pero reemplazando a un indio y trabajando como un negro. Igualmente, ante los dichos del Papa, el dictador populista, proteccionista y autoritario venezolano dijo: “Su Santidad el Papa no puede venir a negar el holocausto indígena”. (Transcribo esta declaración de un matutino prestigioso y serio. Notemos cómo, para ser tal cosa, hay que escribir “holocausto indígena” con minúsculas y “Santidad” con mayúsculas.)
Del modo que sea, todo va a seguir como está. Para que estas cosas cambien tiene que haber un cambio histórico y la historia, últimamente, parece tender más a volverse pedazos que a cambiar. Si el genocidio americano y, por ejemplo, el armenio no le importan a nadie es porque no tienen ninguna función estratégica. El Holocausto judío la tiene y forma parte esencial del desarrollo trágico que tienen los hechos en el Oriente del Estado israelí, de la guerrilla palestina, del Estado de Ahmadinejad, de los resistentes iraquíes y de la estrategia bélica global del Imperio norteamericano.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-85556-2007-05-27.html

Crepúsculo*

El crepúsculo se acerca
con una lluvia de pintura
y chorrea sus colores
sobre el follaje brillante.
El cielo se oscurece
y los luceros misteriosos
desparraman su encanto
a través de sus destellos.
El aroma del amor
llega con la brisa
y abraza la vida
que se inunda de dicha.
La luz de la luna
tiñe el solitario paisaje
y la belleza se despierta
embriagada de alegría.
La magia se enrosca
entre los floridos caminos
y los poetas inspirados
hacen rimar sus versos.

*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 27 de mayo del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor cubano Orlando Jacinto García. Las poesías que leeremos pertenecen a María elena Aura Palacios (México) y la música de fondo será de Rikchariy (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg
AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

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