UN AVE CIEGA EN LA TORMENTA
SOLO*
Solo como al aclarar está el lucero
como el ojo pálido del cielo
va girando en órbita lunar.
solo como el primer hombre de la tierra
como el último lobo de Inglaterra
como el viejo más viejo del lugar.
solo como uno va hilando sus ensueños
como el mostruo que sobrevivió un milenio
y se esconde en una gruta bajo el mar.
solo como el que tiene la virtud del mago
como el que conduce el pueblo hacia el estrago
mientras imagina la felicidad.
solo como el esclavo bajo el yugo
como la conciencia del verdugo
o el único beso del traidor
solo como un grandioso golpe de la suerte
como cada uno frente a su propia muerte
solo como un ángel exterminador.
solo como un dios que niegan sus criaturas
como el que dio color a su locura
y pintó los cuervos y el trigal
solo como está en su mundo cada muerto
como la voz que calla en el desierto
como el que dijo siempre la verdad
solo como el que ve todo más claro
solo como la atenta luz de un faro
o el último minuto del alcohol
solo como este mismo instante que se pierde
como el único que ha visto el rayo verde
cuando se cayó el último sol
solo como el que desentraña algún presagio
como el único vivo del naufragio
como todo el que pierde la razón
solo como el que se extravió sin darse cuenta
como un ave ciega en la tormenta
así estoy en el mundo sin tu amor.
solo como si fuese un animal eterno
clavado en la puerta del infierno
así estoy en el mundo sin tu amor.
*de Jorge Fandermole.
Un ave ciega en la tormenta...
Jueves, 31 de Mayo de 2007
ANTE EL RIESGO DE LAS "RELACIONES TOXICAS"
Poroto enseña la ciencia de la huida*
Aprendiendo de su propio personaje "Poroto", el autor advierte sobre las relaciones "tóxicas" que "reducen la potencia de actuar", a diferencia de "los buenos encuentros, que producen afectos alegres". De aquellas relaciones es mejor huir, porque, citando a Poroto, "la huida no es una enfermedad, sino una ciencia".
*Por Eduardo Pavlovsky
En mi obra de teatro Poroto, el protagonista es estratega de una micropolítica que le permite expresarse para vivir. Se da cuenta de que tiene que seleccionar en su vida las relaciones: las dosis de las relaciones, el tiempo que invierte para que le resulte operativo vivir como él desea, que le permite vivir con potencia. Las "huidas" le permiten diseñar un sentido para su vida. Son fundamentos existenciales.
Tenía una filosofía de vida y desarrollaba una serie de ideas ininteligibles para quienes lo rodeaban, que lo percibían como un extraño, como un ser huidizo e inapresable. Algunos lo tildaban de esquizofrénico; otros, de fóbico grave. Solamente un médico clínico cercano a él comenzó a percibir que sus conductas bizarras tenían un nivel de inteligibilidad, y decidió seguirlo para investigar su rara filosofía de vida, que así convertía a Poroto en objeto de investigación científica.
A él Poroto le confió ciertas frases que eran parte de su pensamiento -decálogo, decía él- y que el doctor Guillermo Ballesteros, así se llamaba el médico, guardaba como una reliquia.
Decálogo de Poroto
El decálogo de Poroto está integrado por las siguientes 14 fórmulas:
- No tengo desesperanza; sólo invención cotidiana.
- Cada mañana hay que inventar el día.
- No me mato porque sé que tengo la asombrosa libertad de hacerlo en cualquier momento (frase que adjudicaba al filósofo rumano Ciorán y que él tomaba como suya).
- La vida es una enorme partida y hay que estar entrenado todos los días.
- Hay que aprender a no aguantar a nadie, ni aun a los propios padres.
- Hay que asombrarse de uno mismo.
- No hay que aprender a comunicarse, sino aprender a huir a tiempo.
- La vida es maravillosa sólo si uno aprende a seleccionar momentos.
- La vida en sí no es interesante; sólo la podemos hacer atractiva si la diseñamos todos los días.
- Mucha gente nos enferma y nos intoxica. Es una ciencia descubrir la toxicidad en la gente.
- Hay que tener cuidado de no dejarse atrapar por ninguna cara ni por ninguna teoría; la métrica es una ciencia fundamental.
- Hay que seleccionar bien las cosas que hay que hacer para sobrevivir.
- La huida no es una enfermedad: es una verdadera ciencia que deberían enseñarnos desde niños para huir rápidamente de la idiotez.
- Aprender a crear burbujas de incomunicación. Diseñar estas burbujas para llevarlas siempre consigo a mano (concepto deleuziano, que él se atribuía).
Poroto había diseñado el tiempo que podía soportar sin intoxicarse en las conversaciones habituales con las personas que se cruzaba diariamente:
- El portero: dos segundos.
- Su madre: un minuto 10 segundos.
- Su padre: un minuto 14 segundos.
- Pedro (amigo ocasional con quien se encontraba en la estación Floresta): 10 segundos y tres cuartos.
- Su tío Mito: un segundo.
- Miss Golden (profesora de inglés): 20 minutos.
- Alsacia (prostituta a quien frecuentaba): una hora.
- Su novia Serafina: cuatro períodos de dos minutos con pausas de un minuto.
La huida a tiempo nos preserva de las idioteces que soportamos de los demás.
Poroto había realizado un viaje a Groenlandia (donde fue muy feliz). Desde allí escribió:
"La gente está aquí permanentemente de pie, casi ni se sienta. Casi no hay sillas en las reuniones. Un movimiento mínimo y discreto les permite apartarse de los demás. Debido a ello, la gente se siente más libre que teniendo que levantarse dificultosamente de algún lugar. El incorporarse seria una comunicación de la intención de alejarse. Se mueven libremente y pueden -puesto que están de pie permanentemente- apartarse sin mucha ceremonia e irse a otro lado cuando les plazca. Nada es llamativo y nadie se sentiría ofendido. La ventaja de estar siempre de pie es como nadie se ofende -poder irse del lugar cuando a uno le place y sin dar explicaciones.
Hay menos enfermos de resentimiento y enfermedades digestivas. Un mundo libre.
"¡Cuánto tiempo he perdido en las sillas, querido amigo!
"El que está de pie expresa grandeza e independencia y el que está sentado expresa peso y duración.
"Sobre el acuclillado: es el que se ha desprendido de los hombres, no grava sobre nadie; descansa en si mismo.
"Un abrazo fuerte a todos. Me quedo aquí por tiempo indeterminado.
"PD: Muchas cosas no verlas no oírlas; no dejar que se nos acerquen.
Separarse, alejarse de aquello a lo cual habría necesidad de decir no una y otra vez.
"Te quiero, Serafina. Desde aquí te quiero. ¡Seríamos aquí los dos tan felices!"
(Hacía un año que Poroto no escribía.)
El doctor Guillermo Ballesteros, su investigador oficial, comenzó junto a sus colaboradores a percibir que el problema de la toxicidad de las relaciones humanas era por lo menos atendible. Coincidían en la posibilidad de crear burbujas de incomunicación frente a la idiotez. Y comenzaron a percibir cuánto tiempo dedicaban de su día a conversaciones idiotas y tóxicas.
Incluso Ballesteros llego a pensar como Deligny (psiquiatra rumano que vivía en París) sobre la relación existente entre toxicidad y enfermedad mental.
El mismo Poroto tenía referencias de la American Psychiatry en cuanto a que los yuppies norteamericanos adolecían de un nuevo síndrome psicológico: la esquizoafectividad, por la cual dejaban de sentir abruptamente el mundo afectivo que los rodeaba, y Poroto afirmaba que esa huida afectiva o
retirada del mundo era la única posibilidad de escapar a tiempo de la robotización para la que el medio los había entrenado. Era una retirada humanizante. Huida de preservación para volver al mundo emocional de otra manera. Inventando. Ingeniando.
No se tenía la impresión de estar con alguien fuera de juicio, sino con una persona que se desplazaba en otra dimensión, en otros espacios posibles.
Poroto es un héroe de la micropolítica de la resistencia. Un héroe que se gestó problematizando y cuestionando la posmodernidad. Poroto es el héroe lucido que sabe cómo desea, sobre todo, no perder la capacidad de movimiento que parece ser su mayor expresión de libertad: aquello que no piensa
entregar bajo ningún aspecto (La huida como resistencia en la modernidad líquida, Ezequiel Gusneroti).
El concepto "burbuja de incomunicación" parece ser, según Poroto, que surgió a raíz de una sugerencia en un encuentro que tuvo con Gilles Deleuze en París, en septiembre de 1980; en esa conversación, Deleuze había tomado de Poroto ese concepto.
Luego Deleuze modificó la palabra "vacuola" por "burbuja", según Poroto para disimular el plagio. El doctor Ballesteros ignoraba al gran filósofo francés y nunca pudo comprobarlo. Lo único que pudo comprobar es que en esa fecha Poroto había viajado a París.
Serafina, la novia de Poroto, sabía de un viaje de éste a París; al volver le dijo que un filósofo francés le robaba sus ideas y que por eso había apresurado su viaje de vuelta.
Un día, Poroto le dijo al doctor Guillermo Ballesteros: nosotros nos enfermamos cuando no hacemos buenas combinatorias y nos estancamos con gente que produce tristeza o melancolía, y esta situación reduce nuestra potencia de actuar. La mayoría de la gente aguanta estas relaciones porque carece de
la conciencia de poner límites y huir de dicha fábrica de patología.
Descomponen su cuerpo con el otro y se enferman por permanecer demasiado en estas situaciones tóxicas que conllevan a patologías psicosomáticas. Por el contrario, hay buenos encuentros con producción de afectos alegres, que aumentan la potencia de actuar. Buenas combinaciones, doctor Ballesteros.
Hay que saber combinar bien, como usted y yo.
El horror es permanecer fabricando afectos tristes y perder la capacidad o potencia de actuar.
Mi huida -mi micropolítica resistencial- es la de huir a tiempo de la toxicidad que afecta el cuerpo cuando se descompone en las relaciones tristes.
Todo es un problema de dosis -relaciones de conexión-, no de vínculos ni de relaciones. Huir a tiempo es preservarse de la idiotez y de la falta de pasión.
Pero esto no es mío: es Spinoza puro. No le sugiero que lo lea porque es muy difícil.
El doctor Ballesteros no se ofendió; se compró la Etica de Spinoza y no entendió nada. La formación médica es demasiado concreta para entender este tipo de conceptos teóricos.
Poroto es un personaje de ficción. Pero he encontrado en la clínica, a través de los años, que sus ideas excéntricas tienen en el fondo su razón de ser. Su sentido.
Creo que mucha gente enferma porque combina mal con otra persona y es proclive a enfermar por permanecer junto a esa persona durante años. Muchas enfermedades psicosomáticas las creo atribuibles a estas relaciones.
La gente no percibe la toxicidad que emana entre ambos y no puede -según la filosofía de Poroto- huir a tiempo.
Creo que los análisis muy largos a veces perjudican a ciertos pacientes por esta razón, creando fenómenos iatrogénicos (de los que poco se habla).
Hace poco una chica de 32 años quería entrar a un grupo terapéutico y yo le pregunte cuánto tiempo se había tratado en alguna psicoterapia previa. "Yo comencé a los 16 años con un analista, por inhibiciones sociales y sexuales y todavía continuo con él." Le señalé que se había analizado la mitad de su
vida. "Dos veces por semana", me respondió. Me dijo que los primeros años había sido ayudada por el terapeuta, pero que después la relación se había empantanado y que no podía dejarlo. El no la ayudaba y permaneció siete años de más, creando un vínculo tóxico: habían desarrollado una amistad muy grande, pero la creatividad no existía en ella ni en él. "Ir a terapia me producía tristeza. No me animaba a dejarlo. Por eso estoy aquí, deseo estar con gente y poder escuchar otros problemas. Compartir y resonar con otras personas."
Poroto le habría aconsejado "huir a tiempo" y dejar su extenso análisis porque la relación psicoterapéutica se convirtió en una relación tóxica y triste donde ella perdió su potencia de actuar. En sus primeros años había conseguido buenos resultados. En lugar de analizarse para vivir, ella vivía
para analizarse.
Entiendo que los profesionales -analistas, psicólogos- puedan realizar análisis largos porque nuestra profesión exige un training especial. Yo me analicé 15 años o más. Pero la gente que concurre a mis grupos tiene un promedio de 15 años de análisis u otra terapia previa. Algunos son contadores, otros maestros, empleados, empresarios: muy alejados de la profesión psi.
Es bueno tomar conciencia de que debemos aprender a "huir" a tiempo de la toxicidad de algunas relaciones que nos producen tristeza y nos hacen perder potencia de actuar.
En este caso, la huida es un acto terapéutico, como dice Poroto.
En nuestra vida corriente percibimos que hay relaciones que nos producen alegría: nos volvemos más creativos y con pasiones nuevas. Y hay otras relaciones donde no combinamos y "pensamos mal". Esto produce tristeza. La pérdida de conciencia de este último vínculo como producción de síntomas es de gran importancia.
La capacidad de la gente de permanecer en situaciones "idiotas" es inconmensurable. La capacidad de la gente que no huye a tiempo de este tipo de relaciones es a veces inconcebible.
A lo largo de mi vida, he conocido gente inteligente que progresivamente perdió creatividad, potencia y pasiones por estar ligada a relaciones tóxicas.
Poroto decía que la gente buena muchas veces es peligrosa por su toxicidad.
En mi caso personal, he tenido relaciones tóxicas y he tenido la posibilidad de "huir" a tiempo -siguiendo su filosofía- en muchas oportunidades.
A Poroto le horrorizaba todo tipo de hermenéutica posible. El decía: las cosas son así y uno elige: quedarse o huir a tiempo. Es una decisión existencial consciente.
Algo parecido a lo que decía Foucault cuando se refería a que, antes de llegar al inconsciente, hay que percibir los "secretitos sucios" de las personas. Es una manera de pensar que invita a la reflexión.
El doctor Guillermo Ballesteros realizo un trabajo en la Asociación Psiquiátrica Argentina que se titulaba "La huida como acto terapéutico".
Pero la huida fue en general interpretada como actitud defensiva fóbica y no como acto de preservación. Poroto también criticó el trabajo del doctor Ballesteros porque consideraba inapropiado discutirlo con psiquiatras.
Poco tiempo después, fue invitado a Francia a desarrollar su experiencia con actores y matemáticos (a quienes interesaba mucho su teoría). Aun hoy permanece en Groenlandia junto a Serafina su novia. Allí escribió su libro de dos tomos La huida como acto terapéutico existencial (que ya va por su tercera edición).
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-85756-2007-05-31.html
Bautismo de fuego*
a “Fritz”
Previo a salir tapábamos las identificaciones en los vehículos con hojas de papel y cinta de enmascarar. Para que no pudieran calcular movimientos, sacar estimaciones, reconocernos. Un rato antes se reunían los tres jefes y entonces armaban el recorrido a seguir. Hasta Merlo o Morón por un lado, a veces hasta La Matanza o hasta Caballito por el otro. Por Avenida Gaona, por Crovara, por Provincias Unidas o Ricchieri.
Por Rivadavia hasta Plaza Once a controlar en los trenes.
Pero hoy le tocaba a San Justo nuestra hoja de ruta. Villa Luzuriaga, Villa Constructora, Isidro Casanova.
Al comienzo no nos dimos cuenta de que estábamos siendo tiroteados. Con el fusil entre las piernas y la culata sobre un borceguí, de todos modos conversando, bromeando.
Como inmediata señal de lo que pasaba, la columna se detuvo. Aunque para que las tomáramos por causantes de las frenadas, las detonaciones sonaban aisladas, confusas.
En realidad, nos sonaban increíbles.
Armas de puño.
Entonces vimos o entendimos que las balas picaban en el pavimento, alrededor. Siempre me sentaba último en el banco de la izquierda. Enganchábamos la portezuela a 45 grados para que fuera más fácil bajar o subir y ahí apoyaba un pie para atenuar el ruido a lata.
A nuestra espalda, unos metros más adelante, a mitad de cuadra, se alzaba el principal edificio a la vista sobre aquella avenida comercial. Cuando entendimos que eran balas las que picaban el pavimento, saltamos al instante de las cajas descubiertas de los REO y nos metimos debajo. Fui el único que perdió su FAL en el salto.
Comenzaron a sonar las ráfagas de las MAG instaladas en los jeeps delanteros. Mientras esto nos envolvía, mi pierna trataba de recuperar el fusil acercandomeló con empujones del pie. A menudo me tocaba usar un fusil que tenía rayado en la culata “Este FAL estuvo en Monte Chingolo”. Y la fecha, reciente.
Todavía tenía puesto el casco. Me lo acomodaba rellenando con un calzoncillo o una camiseta el espacio sobre el casquete que no tenía cómo regular. Al menos seguía cubriéndome la cabeza y no me enceguecía demasiado.
Serían las dos de la tarde. Una siesta fría pero sobre algunos celajes despeinados brillaba el solcito de Junio. Habíamos salido como a la una y media para tomar por Don Bosco. Cada salida nos alegraba bastante; nos distraía. Antes de cada operativo nos daban mejor comida, nos trataban menos peor de lo habitual. Sabíamos que cuando aparecía este cambio algo se avecinaba.
Pero nos resultaba así de divertido porque hasta hoy no había habido tiros. Las descargas contra el furgón Dodge utilizado para atajarnos habrán durado tres o cuatro minutos. En ese tiempo tal vez sonaron o me pareció que sonaron mil tiros. Recuperé mi FAL pero no alcancé a usarlo. Tampoco tenía interés o a qué tirarle. Menos ocasión hubo de usar los FAP. Después aprendimos a tirarle a los tanques de agua, a las bolsas de basura, a los postes del alumbrado, porque empezarían a revisarnos los cargadores.
Nadie en ese momento nos daba una orden, nos organizaba. Por supuesto que nuestro cañón del 90” y su pesadísima munición quedaron en la caja del REO. Supongo que las MAG instaladas en los jeeps fueron las primeras en encargarse de contestar el ataque.
Una vez se aplacó la calle volvieron los oficiales a las corridas y nos dijeron que habíamos sufrido una emboscada. Difícil de entender.
Aparecieron las órdenes. Oficiales y tropa ingresamos a aquel edificio de departamentos a mitad de cuadra sobre la vereda sur. Con cautela, porque a pesar de que los oficiales armaban el recorrido poco antes de salir, nos habían estado esperando.
No usamos los ascensores. Subimos por las escaleras, turnandonós en cubrir los ángulos, apostando centinelas en cada pasillo. De ese modo llegamos al tercer piso. Ahí me estacioné; como vigilando ese punto. No me interesó subir más. Los oficiales y el resto siguieron hacia arriba.
Copados en la azotea, se entregaron los que nos habían tiroteado. No los mataron ahí. Ni siquiera les ataron las manos o los encapucharon. A culatazos, empujones y a patadas los trajeron escaleras abajo los once pisos. Por el hueco de las escaleras oí resonar los insultos a voz en cuello: ¡Basura! ¡Hijos de puta! Oí acercarse el tropel, los insultos, los taconeos apurados. Los oí cada vez más cercanos y espeluznantes. Los vi pasar por el rellano del tercer piso, todavía vivos, creo, convertidos en bolsas de huesos quebrados, los ojos ya fuera de sus órbitas, los dedos sangrantes doblados al revés de las articulaciones, dejando manchitas en los peldaños.
Eran una pareja joven.
Eran los que nos habían emboscado, los que nos habían tirado cuando el furgón carrozado interceptó la punta de la columna. Tal vez otros compañeros se acobardaron o no llegaron a tiempo y los dejaron tan solos.
Al rato nos concentramos de nuevo en el vestíbulo de aquel edificio de departamentos alrededor de esos guiñapos quebrantados, nuestros prisioneros.
Más tarde alguien los cubrió con dos cortinas quitadas del mismo ambiente. La calle se llenaba de curiosos. Llegaron las sirenas de los patrulleros y la policía empezó a hacerse cargo de los pormenores, handy sonando por acá y por allá. Así era siempre. Oficiales de ambas fuerzas, con la típica carga de desprecio e insultos de unos hacia los otros, terminaron las averiguaciones sobre los inquilinos y los administradores del edificio. Por si hubiera más de aquellos hijos de puta, como les decían.
Salimos de vuelta a la calle. Ahí estaba nuestra columna intacta, rodeada de curiosos, ocupando la avenida bajo el mismo solcito que un rato antes tomábamos junto a los deshojados paraísos del patio de armas.
No se puede hablar y apenas se piensa luego de semejante primera vez.
No se pueden controlar los estremecimientos físicos. El cuerpo se pone a temblar por su cuenta. Las piernas nos temblequeaban a todos y nos perseguía la sensación de caminar sobre baldosones de lana. Algunos vomitaron junto a las ruedas de los camiones. Lo vi a un flaco acudir al llamado de su oficial lanzando el almuerzo a un costado. Yo no vomité. Cruzados de brazos, los vecinos se estacionaban a curiosear todo. Los pocos que habían huido de la calle y los que estuvieron encerrados en sus casas.
Alcancé a ver lo que quedaba del furgón con que aquellos muchachos habían tenido la osadía de interceptarnos. En ninguna parte vi treinta centímetros cuadrados que no luciera un boquete. No se había incendiado pero era un enorme colador de metal desinflado y supongo que adentro estaban sus dos o tres ocupantes en igual condición.
Así de absurdo.
Volvimos a ocupar nuestros puestos en cada camión, hicimos marcha atrás por la esquina e iniciamos el regreso a Ciudadela. Con lo que había sucedido era suficiente. Por unos días no necesitaríamos pasearnos por aquellos barrios, acorralar gente, pedirles documentos, armar cerrojos para el control de vehículos. Cumpliendo operativos contra sujetos o actitudes subversivas. Sembrando el miedo; confirmando el orden.
Al regreso no más chanzas con las mujeres o entre nosotros. Ahora comprendíamos las recomendaciones que nos impartían antes de salir.
En el cuartel nos hicieron formar a los cuarenta protagonistas de la acción, del lado nuestro de la plaza de armas, entre el GADA 101 y nuestro GA 1, y el jefe vino a felicitarnos, a mandarse un discurso sobre el bautismo de fuego de la batería “Tuyutí”. Para un regimiento castigado y despreciado como éste era una buena oportunidad.
A la mañana siguiente, aún oscuro, mientras tomábamos el mate cocido en el patio, fueron surgiendo de la niebla bultos arrebujados, compañeros de las otras baterías a preguntarnos por lo que habíamos hecho.
Con mi grupito de amigos decidimos que era estúpido hacerse el héroe. No era necesario. Siempre encontraríamos modos de ubicarnos en los lugares seguros sin que desconfiaran de nosotros.
Aprendimos a gastar munición y a superar las requisitorias de los oficiales sobre nuestro comportamiento. Aprendimos a no decir nada a la familia.
Siempre he creído que mi mejor compañero allá adentro era más montonero que otra cosa.
*de SIMON ESAIN. simonesain@hotmail.com
Jueves, 31 de Mayo de 2007
Macri y los franceses*
*Por Sandra Russo
De golpe me pareció que la Capital es Francia votando a Sarkozy, ese ex ministro del Interior que ganó las elecciones de un país que pese a sus buenos modales, su extensa cultura y su refinamiento, o acaso precisamente por todo eso, porque la cultura a veces es liberadora y otras veces encarceladora, no quiere negros.
Casi todas las encuestas dan a Macri primero. El devenir de los acontecimientos y la sedimentación de datos en eso que se llama opinión pública es tan vertiginoso que no permite la comprensión de algunos
fenómenos. O por lo menos, no permite la mirada límpida sobre esos fenómenos que, como en este caso, encubren otro tipo de miseria; no la de los miserables que cargan con sus harapos, sino la de muchísimos Señores López que llevan vidas centradas en sus expensas, en sus tardes de shopping, en sus autos nuevos, en sus veredas manchadas de pobres.
¿Macri Mauricio jefe de Gobierno de esta ciudad? Oops, ¿qué está pasando? ¿Ese tipo que no pisa el barro y se sube a un cajón de manzanas será el elegido por un electorado que quiere una ciudad sin baches? ¿De qué preocupaciones sociales y éticas se hace cargo un electorado que se inclina por un hijo de rico que es rico y que a duras penas ha controlado en los últimos tiempos la verbalización de sus verdaderos pensamientos? La gente en campaña no dice lo que piensa. Eso lo sabe cualquier mayor de doce años.
En campaña, el propio Sarkozy moderó su ánimo xenófobo. Francia votó a ese Sarkozy moderado, pero todo fue una fantochada: Francia no votó moderación, sino mano dura con los negros. Sarkozy es el mismo Sarkozy que anhelaba, meses antes, una Francia pura, preparada para repeler negros extranjeros
provenientes de países de mierda. Eso votó Francia. La moderación de campaña siempre es mentira. La gente vota recordando. La gente vota un carácter. Los franceses votaron a un tipo que los protegerá, de la manera que sea necesaria, aun con la fuerza, de la invasión de negros.
La Capital Federal tiene un diez por ciento de pobres y un dos por ciento de indigentes. Los negros vienen de otra parte. En lugar de venir de Pakistán o de Angola vienen de González Catán o La Matanza. Vienen del conurbano, donde se apiñan, donde se multiplican, donde sobreviven. Vienen a cartonear o a
atenderse en los hospitales públicos. Vienen a cirujear, a vender porquerías en los semáforos o en el mejor de los casos a hacer changas irregulares en construcción o servicio doméstico.
¿Cuál es la manera más honesta de pensar la Capital? ¿La Capital para los porteños o la Capital para los porteños y los desharrapados que llegan en los trenes todos los días a ver si juntan sus monedas? Incluso en el lanzamiento de su campaña, bochornosamente planeada entre pobres, Macri no pudo sortear su propio carácter repelente, y puso en escena a una niña a la que después, reflexionando, dijo que le hubiese tenido que decir "retirate".
Humildemente, no creo que se pueda pensar esta Capital sólo para los porteños. Eso es una ilusión, una mentira y una mezquindad ética. Esta Capital no les pertenece sólo a los porteños, como Francia no les pertenece sólo a los franceses. La inercia de esta época hace necesario pensar los lugares, todos los lugares, como espacios de tránsito a los que llegan todos, absolutamente todos los que necesitan llegar, si en sus propios lugares la vida resulta insoportable. La globalización, y la microglobalización entre la Capital y el conurbano nos obliga, nos guste o no, a hacernos cargo de nuestras decisiones ciudadanas teniendo en cuenta que no hay otra alternativa que buscar soluciones que incluyan ese tránsito.
Macri ha querido, por épocas, reprimir a los piqueteros y detener a los cartoneros. Esas cosas no se dicen en campaña, pero si el voto popular lo elige, estará eligiendo esa derecha que no quiere mugre a la vista. Todo lo demás se desprende de eso: ése es el carácter reaccionario que seduce a los porteños que van a votarlo. Un carácter sarkoziano que incluye fantasías de expulsión, deportación, mano dura, reafirmación de una identidad construida con blazers de alpaca peruana y tapaditos Marilú. Un carácter Barrio Norte o Palermo Chico o Barrio Parque que actúe como un filtro para tanta negrada
que afea el paisaje. Los slogans de campaña son galletitas para monos.
La Capital está a punto de dar un examen de ética con el débil. Si las encuestas no mienten, seremos afrancesados, pero en la forma más vil del ser francés.
*Fuente. Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-85764-2007-05-31.html
*
Vendrán lluvias suaves y olores de la tierra,
Y golondrinas que girarán con resplandeciente sonido;
Y ranas que en los estanques cantarán durante la noche,
Y ciruelos de tembloroso blanco;
Y petirrojos que vestirán plumas de fuego,
Y silbarán sus canciones en los alambres de las cercas;
Y nadie sabrá que hay guerra, nadie
Se preocupará del fin de la guerra;
A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,
Si la humanidad se destruye totalmente;
Y la misma primavera, al despertarse al amanecer
Apenas sabrá que hemos desaparecido.
*de Sara Teasdale.
-Figura en “Crónicas Marcianas”, de Ray Bradbury.
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El domingo 3 de junio del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor cubano Tulio Péramo. Las poesías que leeremos pertenecen a María Denis Valle
(Cuba) y la música de fondo será de Pachakuti (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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