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La Coctelera

inventiva

6 Septiembre 2007

POR LOS GOLPES DE SUS PROPIAS ALAS

Por los golpes de sus propias alas...

Los ángeles y los puentes*

Hay ángeles que, a su manera, son ingenieros. Rozan a la gente con sus alas y, con ese suave toque celestial, la incitan a levantar puentes. Entonces, esperanza sobre esperanza, la gente se pone manos a la obra y, con más entusiasmo que habilidad, se lanza de lleno a construirlos. Y aunque los puentes resultan casi siempre frágiles y efímeros, las personas caminan sobre ellos, se encuentran, pueden amarse, son felices y se ríen desde lo alto mientras miran, con cierto alienado desdén, a los seres aparentemente
tan seguros y tranquilos que permanecen abajo, atados al suelo.
Pero existen también ángeles perezosos que odian la ingeniería e inoculan a la gente su propio recelo hacia este tipo de construcciones. Entonces, la gente se queda quieta, segura y tranquila, se acurruca en sus miedos y mezquindades, permanece en tierra sin ganas de levantar puentes, y al mirar cada tanto para arriba se pregunta, con envidiosa indignación, qué es lo que hacen esos seres aparentemente tan felices suspendidos en el aire.

*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar

Jueves, 06 de Septiembre de 2007
Manuscrito hallado en el corazón de un hombre*

*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

En Escocia todos son escoceses. Pero en aquel país todos éramos de vivos colores y estampados.
Paridos de mujer, en aquel país habían nacido algunas bestias. Algunos ángeles. Y mucha gente. La injusticia gozaba de un aspecto saludable. El infortunio no era un bien que se transmitiera por testamento sino que formaba parte del paisaje.
En aquel país, durante el verano, desde los balcones del cielo descendía la noche. El perfume de las azucenas se filtraba como un éxtasis igualador que no igualaba. Y cuando el orador decía "somos felices", todos éramos felices.
Y cuando decía "¡ganamos la guerra!", nadie veía la muerte de un soldado.
Aquel país, olvidadizo de sí mismo, tuvo tejedoras que hilaron las finas redes de su memoria hasta impedir que desapareciera lo desaparecido.
En ese país nacían y morían mariposas, corazones y murciélagos. Había tanta confusión rodando por sus bellos declives, eran tantos los mordidos por el hambre, los habitantes del desamparo, que su historia, como trágico poema, se interrogaba a sí misma de manera constante.
En ese país sobrevivía a veces lo mejor a lo peor. A veces lo peor a lo mejor. Allí, nada era para siempre. Todo era simultáneo e incomparable. A las dos de la madrugada un mendigo masticaba un escarabajo, un taxista atropellaba a su fantasma y las gobernantas hacían crecer su pelo de hoy
para mañana. La diversidad era nuestra virtud y nuestro vicio.
En ese país algunos amasaban pan y otros lo comían. Las miguitas que se caían, alimentaban a los niños y a los pájaros. Digno de ver era el disfrute de gorriones y gorriones.
En aquel país los métodos fallados, fallaron. La riqueza no chorreó. No salpicó. La riqueza se afirmó a los huesos de los ricos, y eso fue todo. En ese país la riqueza se empecinó en no ser fluida, derramada. No cedió una sola gota. La riqueza fue una garrapata. Un bicho agazapado, una resumida plaga de la que los selectos no podían librarse.
Conmovidos, los salvos de semejante ponzoña, quisieron compartir tremenda desgracia y alzaron su queja. Entonces aquel país se partió en dos: en una banquina los unos y en la otra, los peatones con sus hogueras, sus ollas, sus lágrimas. A los autos la vida se les llenó de humo y dificultades porque
los autos de ese país querían las rutas liberadas.
Entre una cosa y otra, en ese país había períodos en los que todos enloquecíamos. Una fiebre de triunfo nos movía a agitar las banderitas con la mano.
Teníamos, también, la etapa de los pregones, y los predicadores daban rienda suelta a sus destrezas para seducir y enmascarar. Las ideas mansas, con sus pezuñas de cordero, se unían al rebaño. Las más agraciadas caminaban en puntas de pie y movían su atrás con donaires favorecedores. Entonces, los
libres gritaban ¡somos libres!, los trabajadores decían ¡trabajamos!, y cuando se abrían las cajitas de los votos, los vencedores provocaban aplausos y comparsas. Los mejores cantantes cantaban, los dotados de manos aplaudían, los reidores reían, los aviones se iban a las islas Caimán y había perros que no necesitaban collar porque no se alejaban de su amo. El propio país no se alejaba de su amo. A los collares de oro los usaban las primeras princesas, las primeras esposas, las primeras malcriadas
Y cuando los triunfadores triunfaban, venían cambios. De asientos. De mobiliario. De peluqueros. De maquillaje. Entonces, los esperanzados se animaban a decir ¡cuánta esperanza! y los pobres amasaban el pan con esperanza, y los peatones incomodaban a los autos con esperanza, y la esperanza iba de aquí para allá con las piernas cansadas.
Los ademanes de ese país a veces parecían derechos y a veces izquierdos. Las palabras adquirían una hermosura perversa y los mejores goles se hacían con la mano.
En aquel país, uno podía morir por los golpes de sus propias alas y reconocerse en la sombra infiel de alguno de sus fantasmas.
Sin que siquiera nos echaran, ese país se nos convertía en un pensamiento exterior a nosotros mismos, un territorio narrado por otros, el fruto de una imaginación exaltada.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-10133-2007-09-06.html

Jueves, 06 de Septiembre de 2007
Anticipaciones*

*Por Juan Gelman

Los "halcones-gallina" no se duermen. Ari Fleischer, ex vocero de la Casa Blanca, está invirtiendo 15 millones de dólares en la compra de espacios televisivos para proyectar spots de 30 segundos protagonizados por militares y civiles norteamericanos que padecen la guerra de Irak en carne propia,
pero insisten en que debe continuar. Se pueden ver en el sitio //freedomswatch.org/video.aspx. y escuchar al veterano John Kriesel, al que una bomba artesanal de la resistencia le voló las dos piernas en una carretera cuando estaba por finalizar su segunda permanencia en el país árabe: "No es el momento de retirarse -dice-. No es el momento de hacer política". En este caso "hacer política" significaría desconocer la opinión de la mayoría de los estadounidenses. El 60 por ciento estima que el número de bajas norteamericanas es inaceptable y el 42 por ciento -contra el 23- que las tropas deberían retirarse ya o escalonadamente (//home.bussineswire.com, 21-8-07).
La introducción a estos "comerciales" -así se los define- señala que "ha llegado la hora de que los norteamericanos luchen contra los grupos anti-victoria que están socavando la guerra contra el terror". En efecto, todos los entrevistados repiten, como Bush, que la única solución del conflicto es la victoria. Pero, ¿quiénes serían los que no quieren "ganar"? Tal vez Adrienne King, lingüista que se desempeñó cuatro años en el servicio de inteligencia del ejército, pasó a la reserva y fue luego enviada al país
árabe: "El Congreso debe ponerse de pie y sacarnos de Irak -declaró-, quitarles ese peso a nuestros soldados". O tal vez las madres y los familiares de efectivos caídos a los que se condecoró post-mortem con la Gold Star: demandan "traer a casa de Irak a nuestros hijos e hijas e impedir que otras familias experimenten el dolor que sentimos por nuestras pérdidas".
Es que no en todos han calado las mentiras de la Casa Blanca para justificar la guerra: las armas de destrucción masiva que nunca se encontraron, o el presunto vínculo Saddam Hussein/Al Qaida. Diez días después de los atentados, un informe de la CIA -depositado en los escritorios de W. Bush, Dick Cheney, Colin Powell, Condoleezza Rice y otros altos funcionarios del gobierno- indicaba que no había colaboración alguna entre Irak y Al Qaida (MSNBC, 22-11-05). Bush se negó a entregar el informe al Comité de inteligencia del Senado hasta mediados del 2004, cuando la ocupación de Irak y el derrocamiento de Hussein eran hechos cumplidos, pero no cesó de insistir en la existencia de un vínculo inexistente. Ya lo decía Goebbels: "Miente, miente, siempre algo quedará".
Los neoconservadores han lanzado esta nueva campaña mediática un par de semanas antes de que el general David Petraus, comandante en jefe de las tropas ocupantes, y Ryan Crocker, embajador norteamericano en Bagdad, presentaran al Congreso un informe sobre los resultados del reciente envío
de 28.000 efectivos más que ha elevado su número a un nivel nunca alcanzado anteriormente. Se descuenta que, con matices, dicho informe celebrará los logros de ese aumento -estrategia elegida por Bush para alcanzar la victoria que anunció hace más de cuatro años-, aunque en una reciente evaluación
unánime de los 16 servicios de inteligencia estadounidenses se señala que los progresos son pocos y que no ha disminuido el nivel de violencia imperante en Irak. La Casa Blanca no quiere soluciones políticas. Y luego, los yacimientos de petróleo son merecedores de control militar.
Los altos jefes militares están divididos acerca del curso de la guerra, no pocos desaprueban la estrategia de Bush y no falta el neoconservador que los considera un casi "grupo anti-victoria". El Pentágono no dará una opinión única sobre la estrategia de Bush, hecho inusual -especialmente con el país
en guerra- en un ministerio que no acostumbra a airear públicamente sus diferencias internas (McClatchy Newspapers, 30-8-07). Varios comandantes elevarán evaluaciones individuales directamente a Bush al mismo tiempo que el general Petraus y el embajador Crocker presentarán las suyas ante el
Congreso: es evidente que estos militares -algunos, como el general de Marines Pater Pace, jefe saliente del Estado Mayor Conjunto, han propuesto reducir el número de efectivos, en vez de aumentarlo- desean dejar en claro que cualquier futura decisión de Bush no es la que ellos tomarían. El mandatario norteamericano enrostra a sus críticos que están socavando la moral de las tropas; sus críticos quieren retirarlas para que no pierdan la vida. La lógica de W. es bien curiosa.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-90902-2007-09-06.html

DEL LENGUAJE COMO MEDIO DE INCOMUNICACIÓN*

Cuando decimos algo, en la cabeza de quien nos escucha no se dibujan las mismas imágenes que en la nuestra. La mayoría de las personas suele no tener en cuenta esta obviedad; sin embargo, esa discordancia de visiones mentales es la causa de la incomunicación esencial que aqueja a los seres humanos.

Claro está, cuando tal divergencia versa sobre cosas concretas, no se generan, en principio, mayores problemas para el mutuo entendimiento. Si al nombrar la palabra "perro", yo evoco al cachorro lanudo con el que jugaba en mi infancia pero mi interlocutor piensa en el esbelto doberman que vigila su
jardín, la esencia de lo que quise expresar resulta igualmente transferible, independientemente del matiz individual que el otro y yo le asignemos a lo dicho. Del mismo modo, si yo cuento que me subí a un "auto", poco importa que quien me escucha piense en un vehículo de marca, modelo y color diferentes al de la anécdota real. Lo relevante es que pude comunicarme: el otro me entendió.
Los inconvenientes comienzan, en verdad, cuando nos deslizamos hacia el sinuoso terreno de las subjetividades. Por ejemplo, cuando nos ponemos a calificar. Una misma casa puede ser "acogedora" para mí y "poco funcional" para el otro. Un libro que considero "maravilloso" puede resultarle al otro
mortalmente "aburrido". Una comida puede estar "muy salada" para mi gusto, y saberle "sosa" al otro. La "mejor película que vi en mi vida" puede parecerle al otro "cursi" o "mediocre". Y así, ad infinitum.

Frente a esta incompatibilidad de apreciaciones pueden suceder dos cosas.
Si aquello de lo que estamos hablando está a mano (o al menos ambos lo conocemos), surgirá entonces el desacuerdo, la discusión y, eventualmente, el enojo. Si, en cambio, no hay testimonios materiales disponibles que acrediten mi relato, lo más probable es que, en función de mis adjetivaciones, mi interlocutor se lleve una idea totalmente diferente acerca de aquello que pretendí transmitir. En ese caso, no sería extraño que ni él ni yo nos enteráramos jamás de este equívoco y que marchásemos por la
vida convencidos de haber estado de acuerdo sobre algo de lo que, en realidad, nunca hablamos. Sinceramente, no sé cuál de las dos hipótesis es más temible.
Ahora bien, cuando la conversación refiere a temas más abstractos -ideas, sentimientos, valores-, cuando de lo que se trata es de intercambiar las miradas de cada uno sobre el mundo que nos rodea, el lenguaje suele constituir una trampa insalvable.
"Lo importante en la vida es ser feliz", se proclama. "Te amo", se declara. "Exigimos justicia", se reclama. "La única verdad es la realidad", se recita. Suena fácil de entender. Vista la cuestión con ingenua liviandad, los conceptos vertidos parecen transparentes, y hasta podríamos caer en la tentación de pensar, con entera buena fe, que estamos en un todo de acuerdo con lo dicho.

Pero las cosas no son tan sencillas. El reino de lo humano es fatalmente subjetivo. Somos piezas de un ajedrez monumental y -con suerte- apenas si podemos ver (y no necesariamente entender) la minúscula porción de tablero en que nos toca movernos. Pero miramos ese retazo de universo que habitamos
y nos da por pensar que conocemos el mundo. Soberbiamente, generalizamos lo particular, transformamos en ley universal nuestra experiencia personal. Y entonces decimos "ser feliz", "te amo", "justicia", "verdad", "realidad", con tanta convicción como imprudencia, atribuyéndole a nuestra prédica una
transparencia que, definitivamente, no posee. Nombramos las mismas cosas, sí, pero cada uno está pensando en algo diferente. Por lo tanto, a poco de raspar esa cáscara de aparente comprensión, los malentendidos quedan puestos en evidencia, uno tras otro, en inagotable catarata. ¿Cómo saber, a ciencia
cierta, de qué habla el otro cuando dice lo que dice? ¿Qué es "ser feliz"? ¿Acumular bienes o despojarse por completo de ellos? ¿Someter al prójimo, o tender a ayudarlo? ¿Hacer lo que se quiere o querer lo que se hace? ¿Y qué es "el amor"? ¿La pasión arrasadora o la ternura que brota en lo cotidiano?
¿El impulso irreflexivo que se agota en poco tiempo, o la lenta construcción que apunta al largo plazo? ¿Los celos posesivos, o el respeto por la libertad del otro? ¿Y qué es "la justicia"? ¿La que se atiene a las pautas del sistema vigente, o la que va más allá y propone un cambio en las reglas del juego? ¿Imponer una sanción ejemplificadora, o brindar la posibilidad de redención? Y si nos atrevemos a internarnos en planteos metafísicos, ¿qué es "la verdad"? ¿Y qué es "la realidad"?
Por supuesto, para todas estas cuestiones -mal que nos pese- no hay respuestas definitivas. Cada cual tiene las suyas, y es natural que así sea (ya lo advirtió Anais Nin: "no vemos las cosas como son; vemos las cosas como somos"). Hay tantas perspectivas sobre algo como sujetos que lo miran.
El problema es que elevamos la nuestra a la categoría de verdad objetiva. Y no porque creamos que es la mejor, sino porque, por lo general, directamente somos incapaces de pensar que existen otras.
Como podrá advertirse, cuestionar la eficacia del lenguaje como herramienta de auténtica comunicación entre las personas nos lleva a intuir que estamos sumidos en una gigantesca tragicomedia de enredos, un
interminable juego del "teléfono descompuesto" que no resulta nada gracioso, un constante diálogo de sordos en el que incluso hasta hay lugar para una descomunal paradoja: la de que quienes sostienen posturas irreconciliables lleguen a formular discursos tan similares entre sí, que hasta podrían ser
intercambiables (piénsese, sino, a título ilustrativo, hasta qué asombroso punto se asemejan las peroratas de EE.UU. y Bin Laden).
Quizás en algunos siglos o milenios nos asista el don de la clarividencia, o tal vez logremos desarrollar una capacidad perceptiva más amplia que la actual. Por el momento, no vendría mal empezar por desconfiar
un poco de nuestra propia retórica. Puede que así, lentamente, vayamos descubriendo aquello que los otros realmente están tratando de decirnos.

*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar
Texto de Marzo del 2005.

Jueves, 06 de Septiembre de 2007
TEXTO DE EVA GIBERTI EN RELACION CON EL FALLECIMIENTO DE SILVIA BLEICHMAR

"Es necesario intentar algo distinto"*

"En algún sentido, Silvia imaginó que en estos tiempos se vive un combate semejante al que debió librar Freud cuando decidió poner en crisis a la ciencia positivista de su época", dijo Eva Giberti en la presentación de un libro de Silvia Bleichmar, quien murió el 15 de agosto pasado.

Por Eva Giberti *

En el primer capítulo de La subjetividad en riesgo, en el cual Silvia Bleichmar anuncia un modo de pensar nuestro tiempo, se ocupa de recordar de qué tradiciones intelectuales provenimos, quiénes fueron nuestros padres.
Padres que han muerto pero igualmente somos hijos de nuestras representaciones interiores de aquellos que nos engendraron.
Si bien es cierto que los padres han muerto, si bien es cierto que tanto la escuela de Frankfurt como la filosofía sartreana hoy parecen restos arqueológicos, también es cierto que hay mejores y peores formas de morir.
Los padres -padres intelectuales y de los otros- mueren mejor o peor. Los padres de estos sobrevivientes que nosotros somos tienen el raro mérito de haber muerto bien, y eso ayuda porque nunca ayudan muertes o finales de los cuales avergonzarse.
No sólo fueron buenos padres, encima supieron morir. La hidalguía de la muerte noble, ya sea la de un torturado que resiste, ya sea la de una tradición ideológica, que "produce" (o hace posible) hijos que se pueden preguntar acerca de su condición de sobrevivientes, que se pueden problematizar el problema del ser y que pueden admitir, como proponía Sartre, que hay una diferencia entre forma de estar y forma de ser.
Desde ese punto de vista, el problema del sobreviviente se reduce a la pregunta "¿y ahora qué hago con esto?". En donde "esto" es la vida. Nada más. Como el que descubre un tesoro que nunca buscó, como el que recibe una herencia inesperada, el sobreviviente se pregunta qué hacer con semejante sorpresa donde se refugian aquellas representaciones de quienes nos engendraron. Para el sobreviviente, la vida es una sorpresa. No un milagro sino una sorpresa.
El milagro paraliza ante el poder de Dios o del azar. La sorpresa, en cambio, nos pone ante el poder humano. Y por lo tanto, ante las posibilidades del ser humano. Se sobrevive por empecinamiento, por conjuntos de razones inescrutables, por tantos motivos complejos. A veces nunca llegan a saberse. A veces son intolerables.
Pero, sea como fuere, el sobreviviente (generación o individuo) sabe que debe ser "respetable para que su voz se oiga y para que su memoria se conserve, para que no todo desaparezca". Hay alguna responsabilidad comprometida en ello.
La respetabilidad, según Silvia, no se reduce a pagar los impuestos y ser buenos padres de familia. Ser respetable, además, es vivir para provocar -provocar para que nuestras ideas mejoren, para que no nos
conformemos, para que, en fin, seamos capaces de vivir como los padres murieron (lo cual nos recuerda aquella poesía sobre el Che, cito de memoria, que decía algo así como "quiero morir como tú has muerto/ para vivir como tú vives").

Qué hacer para estar -hoy- a la altura de Freud
Y por ahí pasa uno de los grandes problemas del mundo psi según Silvia. Cómo y qué hacer, en las condiciones críticas de hoy, para ser freudianos a la altura de Freud. Qué puede y qué debe hacer un psicoanalista, en este mundo ruinoso que nos toca, para seguir siendo freudianos, esto es, para seguir
siendo dignos de la pertenencia a una tradición humanista, crítica, autónoma y solidaria.
La pregunta no es privativa del mundo psi. Ni siquiera es una pregunta argentina. Se trata, más bien, de la clase de preguntas que se hacen los intelectuales en tiempos de crisis.
Hace 35 años hubo un grupo de psicoanalistas que también protagonizaron una crisis y que también se formularon algunas de las grandes preguntas. Los padres buenos, los mejores padres, quizá sean los padres de las grandes preguntas, y no los de las grandes respuestas.
Hace 35 años también se vivió una crisis, pero de otro tipo. (Siempre las crisis son de otro tipo, no vale la pena abundar en eso.) Y para hacerle frente se hicieron cuestionamientos, se cuestionaron y cuestionaron a los demás, y se plantaron nuevas bases, plataformas y trampolines para asaltar
el cielo, el futuro y la salud mental, todo a la vez.
Silvia sube la apuesta. Quiere ir más allá, lo cual, en ese sentido, es fiel a aquella tradición. Quiere ir más allá de los padres cuestionadores y proponer una nueva plataforma. Aquella vez se cuestionó la relación psicoanálisis/política, la relación del psicoanálisis con sus instituciones y el papel del psicoanalista en la sociedad.
S. B. no abandona esa línea de trabajo pero agrega el cuestionamiento a la teoría misma. A ningún cuestionador de los '60/'70 se le hubiera ocurrido poner en tela de juicio algunos de los grandes paradigmas oficiales de la teoría. S. B. lo hace. Este es un paso más allá. (...)
En algún sentido Silvia imagina que en estos tiempos se vive un combate semejante al que debió librar Freud cuando decidió poner en crisis a la ciencia positivista de su época enarbolando la idea de un extraño objeto de estudio, el inconsciente, que nadie pudo medir en un laboratorio y que nadie pudo despedazar en un quirófano. Hoy el combate tiene un perfil semejante, por momentos hasta un tono épico frente a un adversario que se presenta ante el mundo con el aval del prestigio, real o imaginario, de la ciencia del siglo XXI, por un lado, y con el respaldo del poder económico de la industria (biotecnología, farmacología, etc.) por el otro.

Adolescencia
En Tiempos difíciles... la autora se pregunta "qué resta de la adolescencia como período en el cual ya han culminado las tareas de la infancia... categoría que alude al tiempo en el cual se despliegan los modos de definición que llevan a la asunción más o menos estable de la identidad sexual y a la recomposición de las formas de la identificación...".
Desde este punto de vista la adolescencia se le presenta como "un tiempo abierto a la resignificación y a la producción de dos tipos de procesos de recomposición psíquica: aquellos que determinan los modos de concreción de las tareas vinculadas con la sexualidad, por una parte, y los que remiten a la deconstrucción de las propuestas originarias y a la reformulación de ideales..."
Respecto de la sexualidad le parece obvio que la dirección no es del todo clara todavía pero que "algunas transformaciones son evidentes", como las pautas de iniciación sexual. Observa que se eclipsó la reificación de la virginidad en un mundo en el cual "las niñas se encaminan alegremente a sus
primeras relaciones".
Sin embargo, la relativización del valor virginidad no es una novedad de los adolescentes contemporáneos. Esa tarea fue desarrollada por sus padres y tíos mayores. El hippismo y los aire de cambio de los '60 y '70 cascotearon duro el rancho de la virginidad, que pasó a ocupar un lugar relativo desde entonces. (...)
En "Las formas de la realidad" aborda el problema de "la relación del aparato psíquico con la realidad, o el impacto de la realidad en la subjetividad".
Acá se mete de lleno a cuestionar algunos fundamentos de la teoría freudiana a partir de la complejidad del encuentro o del vínculo entre el aparato psíquico y lo real, problema que, en última instancia, viene siendo discutido por la historia de la filosofía desde los orígenes hasta hoy -salvo la diferencia de la hipótesis del inconsciente propuesta por el freudismo-. Esta larga historia de debates e intercambios la llevaría a S. B. a componer otro volumen y está claro que aquí esta recopilando material, lo cual conduce a dejar de lado opciones que cuando se escribe un libro de entrada se maneja de otro modo.

Una debilidad del enunciado freudiano
A su modo de ver, en la relación yo/realidad está "uno de los puntos más débiles de los enunciados freudianos" debido a su perspectiva dualista (sujeto-objeto según la teoría clásica del conocimiento). De acá en más abarca una serie de desarrollos entre epistemológicos y filosóficos que luego posterga para entrar en el problema de la relación entre el aparato psíquico y el exterior ahora "la realidad argentina -vale decir el conjunto de variables sociales, económicas y políticas que fundan y sostienen un
campo representacional..."
Propone una diferenciación entre autoconservación y autopreservación y entonces comenta: "Se es hombre o mujer, católico o protestante, argentino o mexicano, hijo o hermano. Se es quiere decir que el yo queda articulado, en sus enunciados de base, a una red que determina su existencia como tal, y que cuando se rompe hace entrar en naufragio al conjunto del aparato y obliga a defensas extremas o conlleva desestructuraciones y restituciones que ya no retornan más a su forma originaria".
La frase es muy buena. Toda una síntesis. Abre un buen campo de análisis.
A partir de ahí, ahora vamos al asunto, se mete con la incidencia de la realidad económica sobre el psiquismo. Estamos frente a una realidad, o relacionados con una situación económica, que "genera desesperación o desesperanza, dolor o furia homicida".
El saqueo sufrido por el país rico a manos de sus corporaciones (la financiera y la política), la depredación, la "carencia de un pensamiento de respuesta", dejan a sus habitantes "en estado inerme, melancolizados por su propia impotencia o desesperanzados por la ausencia de respuesta de la clase
política a sus reclamos".
En este segmento la autora propone una revalorización de la cultura. Es decir, propone una relación o una articulación dinámica, de influencias y condicionamientos mutuos entre economía, psicología y cultura, asunto al que muchos aluden pero al que pocos analizan en su profundidad y posibilidades.
Esta valorización de la cultura es central en todo el libro. Siempre que habla de valores, de principios que proteger o que recuperar, está hablando de cultura. Y cultura es política. La política es parte (es parte central) de la cultura de cualquier sociedad. No lo dice así pero está por momentos implícito, por momentos muy a la vista aunque dicho con otras palabras.
El énfasis en la cultura desemboca en el problema del sujeto, tema al cual la autora dedica párrafos reiterados. Se trata de pensar la subjetividad sobrepasando el tema del sujeto ya que histórica, psicológica y filosóficamente contábamos con entrenamiento para pensar en ese sujeto. La crítica en general no sólo ha dejado espacios vacíos acerca de la relación sujeto/subjetividad, sino ha quedado demorada en el enfoque. S. B. avanza en este sentido poniendo a la vista el régimen del enunciado por una parte y por otra el enfrentamiento con las prácticas teóricas y las que convocan el trabajo, la vida social y familiar. Es en este punto cuando el tema de la alteridad ocupa tramos importantes del libro, Levinas mediante. Los procedimientos de subjetivación, que Silvia menciona, incluyen las condiciones de exclusión de la alteridad y reiteradamente la autora apela a la responsabilidad y aplicación de una ética capaz de revisar y reformular prácticas teóricas y comportamientos cotidianos.

Psi/situación socioeconómica
El libro está atravesado por la problemática psi/situación socioeconómica/cultura. Por acá pasa la parte más fecunda de sus reflexiones. Pendiente para un próximo texto, la práctica de los seres
humanos en esta relación que si bien no aparece escrita en este texto está sin embargo sostenida por la praxis de la cotidianidad en la que la autora evidenció en más de una oportunidad el lugar que le otorga a la práctica del sujeto, siendo ella misma la sujeto. Silvia no cree que los sujetos sean puras víctimas de un sistema social perverso, más allá de la situación de catástrofe generalizada.
Si bien el hambre sin proyecto, sin participación, se vuelve desesperación.
El hambre a secas duele en la panza. El hambre argentino duerme también en el corazón. (Y en el aparato psíquico, por ende.)
Pero el proyecto, el futuro, la construcción de lo posible, la construcción que limitará los alcances del hambre sólo al estómago, es un proceso que incluye al hambriento y eso la autora lo sabe, de allí que con frecuencia se refiera al compromiso político y moral en general de la gente y en este caso de los psicoanalistas. Les dice a los psi que tienen deberes que cumplir y tradiciones en las cuales nutrirse (...)
Su énfasis en las tradiciones éticas supervivientes y salvavidas es tan fuerte que podría quedar como un sobreentendido, como un implícito cómplice entre el lector avisado y la autora, que se referiría a las tradiciones militantes de los '70. Si así fuera -y creo que así ella lo desearía- entonces estaría implicando que se debería apoyar la recuperación del campo psi en la tradición de la ética del compromiso, la solidaridad y la dedicación desinteresada por el otro, a la vez que en la preocupación por el problema de la organización y la acumulación de poder para poder cambiar algo, para que los esfuerzos no queden en las puras buenas intenciones sino que produzcan resultados en términos de eficacia política, que es donde habrían estado las principales limitaciones de aquellas tradiciones de las
cuales nutrirse.
En Acerca del malestar sobrante vuelve sobre algunas ideas de Marcuse, que por lo menos estaba, o pasado de moda, o descuidado en el olvido. Volver sobre los próceres críticos no es malo. Al contrario.
El centro de su retorno a Marcuse consiste, en lo fundamental, en que es necesario realizar un proceso de actualización teórica. A veces las actualizaciones teóricas deben realizarse a partir de los muertos vivos.
Este proceso de actualización se refiere a que después del apogeo reaccionario del neoliberalismo, después de esa especie de revolución retrógrada simbolizada en Margaret Thatcher ayer, en Bush hoy, es necesario actualizar categorías capaces de dar cuenta del funcionamiento del capitalismo y sus consecuencias sobre la sociedad (la mayor parte de la cual es su víctima).
Ella no lo dice así, pero en síntesis se trata de lo siguiente: sabíamos que al capitalismo moderno se le correspondía una cuota básica de represión y violencia (de diversos tipos). Pero a esta especie de capitalismo salvaje que se adueñó del mundo en los últimos 20 años, le corresponde algo más, algo diferente. Ya no se trata de aquella cuota básica y conocida de represión y violencia (y sus consecuencias), sino de un nivel de superior, más sofisticado, más cruel y destructivo, no sólo por su capacidad de transformar la sociedad en su base material y en su superestructura, sino además, por su capacidad para producir alteraciones y consecuencias inéditas en el aparato psíquico de los integrantes de las sociedades afectadas. Y en este punto es muy probable que tenga razón, es muy probable que esté
queriendo decir que no estábamos preparados para esto, que esto nos agarró mal parados y que tenemos que ponerlos a la altura del problema que nos planteó la ofensiva del gran capital financiero internacional.
Para expresarlo se apoya en un texto de Bobbio acerca de la vejez. Y redondea: "Somos parte de un continente que ha sido arrastrado a la vejez prematura, cuando aún no había realizado las tareas de la juventud, y es en razón de ello que nos vemos invadidos por la desesperanza, la cual toma la forma, en muchos casos, no de la depresión sino de la apatía, del desinterés".
Esa idea la subleva a ella misma. Esta vejez prematura la altera y la indigna. Quiere que no sea así. Por eso agrega después "los maestros no pueden darse el lujo de ser viejos: la enseñanza, la transmisión del
psicoanálisis, sólo puede ejercerse en el marco de un recorrido que permita repensar los propios callejones sin salida".
La salida, entonces (y no se limita al mundo psi) pasa por la actitud a la vez severa y crítica, a la vez rigurosa (sobre todo desde lo epistemológico) y cuestionadora (hasta donde sea necesario).
La apatía, diría, el desinterés, diría, si fueran taras, si fueran patalogías, entonces se curan con pasión crítica y con pasión de estudio.

En "Norma, autoridad y ley" dice:
"Lo que fue experiencia en una generación bien puede devenir fantasma en la siguiente" debido a que no hay experiencia en estado puro. "Lo vivido sólo puede ser capturado por el sistema representacional que sostiene al sujeto."
No se puede constituir una moral sino "con referencia al otro". Tales las bases para concluir: "La homologación entre Ley y Padre no sólo es ideológicamente infeliz sino teóricamente insostenible". De ahí "graves consecuencias en la práctica que consiste en confundir al padre real con la función paterna". "...autoridad y ley deben ser claramente diferenciadas..."
El olvido de estas diferencias tiene graves consecuencias en la práctica teórica y clínica del mundo psi.
Obviamente, si la autora reivindica tradiciones anteriores en las cuales apoyarnos, está hablando en el terreno de la memoria. Eso es claro.
Al analizar "Ley/Padre", "moral con referencia a otro", "experiencia de unos y fantasmas de otros", no hace intervenir explícitamente a la memoria como experiencia del presente, porque se descuenta que la memoria incluye los olvidos tanto como los recuerdos. Sabemos que el poder trabaja sobre o hacia
la memoria o con relación a la memoria. Que valora el poder de la memoria y que teme a ese poder. Entonces, al hablar de la transmisión, del pasaje de valores de una generación a otra, de experiencias de unos que se vuelven fantasmas para otros, cabe recordar el poder de la memoria como parte de las
preocupaciones actuales del mundo teórico psi, y particularmente en nuestro país.
En Sostener los paradigmas desprendiéndose del lastre menciona el método analítico como al pasar.
Y propone leer a Freud desde una triple perspectiva: "problemática, histórica y crítica". Cuando Silvia propone leer de modo analítico en aquella triple perspectiva, está proponiendo que pongamos ciertas cosas en su lugar, lo cual le haría muy bien a Sigmund. Dado que existen quienes parecerían creer que siempre hemos pensado con el freudismo a cuestas, como si fuera parte natural de la cultura moderna, como si no fuera una ruptura, una puesta en crisis de la epistemología y como si no fuera, a la vez, un
producto de época.
Por ejemplo, buena parte de las observaciones de Silvia acerca del errado lugar y de la equivocada función que se le asignaría a la teoría del complejo de Edipo, están apoyadas en la creencia de que Freud había hecho un gran descubrimiento acerca de la obra de Sófocles.
Pero en realidad, él nunca analizó el texto de Sófocles ni le hizo aporte alguno a la dramaturgia. En cambio, hizo un descubrimiento extraordinario acerca del espectador. No escribió sobre el personaje de la obra. Escribió sobre su público. Explicó nuestra cabeza, no la cabeza (inexistente) de un
personaje.
No son simples malas lecturas, sino lecturas perezosas de un autor que reclama lo mejor del lector.
Sólo en ese marco se puede entender la frase de Silvia: "No se trata de descartar algo como erróneo en sí mismo (al leer bien a Freud aclaro) sino de recuperar el movimiento que lo hace desembocar en una vía errada para, desde allí, rehacerlo".
Varios de los comentarios generales (así como puntuales por capítulos) que vengo haciendo salieron de algunas de las ideas en "Límites y excesos del concepto de subjetividad en psicoanálisis", posiblemente el más interesante de todos. La autora propone su énfasis -difícil de digerir para la tradición
psicoanalítica- en polemizar alrededor de la idea del inconsciente imaginado como un otro yo, como un auténtico "sujeto" que está adentro de uno pero a la vez más allá de uno mismo, como una divinidad capaz de estar adentro/afuera al mismo tiempo, lo cual es propio del don de la bilocación del Dios monoteísta así como de la diversificación de las tradiciones politeístas.
Para los griegos -aquéllos- los dioses existían, pero era necesario ponerlos en su lugar. Ese lugar y esa función, esa dinámica, es la dinámica y el lugar de una materialidad misteriosa pero reconocible y estudiable. Un ambiente lógico en el cual no hay un sujeto intencional sino un pensamiento anterior del cual el sujeto puede apropiarse en su ejercicio de la libertad y la conciencia. Con lo cual no estoy proponiendo que las divinidades antiguas son un equivalente del inconsciente, sino que la posibilidad de un pensamiento sin sujeto no es ajena a nuestra cultura, que es la única en la cual Freud pudo pensar sus grandes descubrimientos.
Este capítulo me provocó una imagen fuerte. Me recordó la analogía de la caverna del Libro 7 de La República de Platón y sus conexos.
Más allá de la analogía base de la cueva que encierra al hombre genérico que sufre esa especie de tortícolis antropológica, deberíamos recordar que: si este pobre tipo con el cuello duro cuenta a) con suficiente amor por el conocimiento, b) pasión y c) un maestro que lo guíe, entonces podrá poco a
poco girar el pescuezo, conocerá los conceptos de la técnica primero, los principios de la ciencia después y por fin podrá ver la verdad y acceder al saber filosófico, la verdad y lo real.
Tal como ve las cosas Silvia, es claro que si el hombre es el paciente y el maestro el psicoanalista, entonces los dos no están preparados para verse cara a cara con la verdad. Uno girará el cuello y quedará deslumbrado. El otro posiblemente atónito y aturdido. Tal como están las cosas en la teoría
y en la práctica clínica, tanto el paciente como el terapeuta están en un problema. El paciente quiere ver, pero fue afectado por un mundo que incidió sobre él de maneras inéditas e impensadas por el freudismo. El terapeuta quiere acompañarlo en ese proceso, sabe hacia dónde orientarlo para que vea
la luz, pero carece de herramientas teóricas actualizadas capaces de descomponer y comprender la luz de la catástrofe que incide sobre el paciente. Ambos tienen lo necesario, pero ninguno lo suficiente.
Dejar a ambos protagonistas sin saber qué hacer, y dándose cuenta de que algo distinto es necesario intentar, tanto en el campo psi cuanto en otros campos propios de las éticas, aquellas impulsadas por la resistencia ciudadana ante lo intolerable, alcanza para promover la compra del libro.

* La presentación se realizó en la hospitalidad de la revista Topía, en La Cave, 2005.

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-90860-2007-09-06.html

Dios imperfecto*

Desde el refugio situado en lo alto de la montaña, el Dios observa incrédulo las columnas de caminantes que, sin cesar, siguen acercándose por los cuatro puntos cardinales. Surgidos desde las entrañas del horizonte, millones de peregrinos marchan jubilosos hacia el lugar, dispuestos a ofrecer su profundo agradecimiento a aquél que los ha salvado.
Vencido por la culpa, el Dios menea la cabeza con melancólica resignación.
"No entienden", se dice, "no entienden que todo lo hice por mí". Y vuelve a esconderse, infinitamente avergonzado.

*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar

CORREO:

Queridos amigos*

En primer lugar, quiero agradecerles los muchos mensajes de apoyo, solidaridad y afecto que me han enviado con motivo del secuestro de mi blog.
Después de algunos días de tensa espera, los señores de blogger se han dignado responder. Sostienen que la página se cerró por denuncias de presunto spam (denuncias que, en el más puro estilo Pepe Gotera y Otilio, ni se molestaron en comprobar) y que tras mi reclamación, y viendo que, en efecto, no hay tal spam, me piden disculpas y ponen de nuevo en la web todo el material secuestrado.
Sin embargo, y como en el transcurso de todo este lío, alguien había usurpado el subdominio, los señores de blogger, con la misma profesionalidad de la que hicieron gala al cerrar Al_Andar, me dan otro subdominio (el que a ellos les ha dado la gana) y aquí paz y después gloria.
Bien, en conclusión: Una buena noticia (admiten la chapuza cometida) una regular (todos los artículos vuelven a estar en la red, aunque con los enlaces cambiados) y una mala (la cantidad de horas que voy a tener que perder en cambiar de forma manual cientos de enlaces que en este momento no apuntan a sitio alguno)
Puesto que las cosas son como son y es mejor una mala solución que una solución inexistente, les hago saber el nuevo enlace de la versión 2.0 de Al_Andar ( http://al-andar9.blogspot.com/ ), aunque principalmente seguiré posteando en blogia ( http://sbllop.blogia.com/ )
Quienes tengan enlazados artículos sueltos de Al_Andar, sólo tienen que añadir un 9 al link entre al-andar y el punto, es decir, donde antes ponía http://al-andar.blogspot.com/AÑO/MES/nombre del artículo ahora debe poner http://al-andar9.blogspot.com/AÑO/MES/nombre del artículo
Si alguien tiene alguna duda, estaré complacido en responder a sus preguntas. Reitero mi agradecimiento y les mando un saludo.

*Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es
http://sbllop.blogia.com
http://www.aragonesasi.com/sergio

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 9 de septiembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor Cubano Orlando Jacinto García. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Sonidos del Amazonas
(Ecuador). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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