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La Coctelera

inventiva

3 Noviembre 2007

EL CIELO PROTECTOR...

El cielo protector...

Sábado, 03 de Noviembre de 2007

El sinsentido*

*Por Sandra Russo.

No es algo sobre lo que uno se ponga frecuentemente a pensar. Uno no piensa en el sinsentido. Mientras se busca el sentido de las cosas, al sinsentido se lo padece o se lo goza. A uno no puede serle indiferente el sinsentido.
Desde el primer instante del despertar, como personas sueltas y como especie mamífera con conciencia de su finitud, no hacemos otra cosa que intentar darle un sentido especialmente a lo imprevisto, a lo accidental, a lo doloroso. Necesitamos algo que justifique o explique lo que nos da tanto miedo.
Es que hay algo muy amenazador en el sinsentido. Hay una desorganización que no soportamos, una multiplicidad de posibilidades que nos sobresalta, una cantidad de desvíos que nos angustia. "No tiene sentido" es una frase hecha que hemos murmurado, seguramente, muchas veces, todos. "No tiene sentido"
nos hemos dicho cuando algo parecía desobedecer a una lógica de la que presuntamente participamos todos.
"No tiene sentido" es una frase tan cerrada sobre sí misma, un cofre que encierra una verdad tan espeluznante, que esa frase depende de un tono para volverse, por fin, entendible.
"Esto no tiene sentido" puede ser dicho por alguien que ha perdido las ganas de seguir.
"¡Esto no tiene sentido!", ya puntuado con un tono más arriba, puede ser dicho por alguien que se ríe mientras se deja besar.
Pero es cierto que hay otro sinsentido, más cercano al de Lewis Carroll y su non-sense, que nos salva, si nos sobreviene, de ser rehenes de eso tan viscoso que es la sensatez. Lo sensato, después de todo, es un valor burgués que si no es administrado en su justa medida, implica bajarle la persiana a lo maravilloso. El exceso de sensatez lleva muchas veces a la pusilanimidad.
Somos instruidos en medidas pequeñas de placer, en gotas homeopáticas de estallido. Creemos, porque así funciona la máquina, que la docilidad de la sensatez nos protegerá de la intemperie.
Cuesta mucho aceptar que no hay más que intemperie. Esa era la frase clave en El cielo protector, de Paul Bowles, cuya versión cinematográfica, que dirigió Bernardo Bertolucci (y que aquí fue titulada, con tan asqueroso criterio, "Refugio para el amor"). Pasa como al descuido. Port Moresby está agonizando y Kit desespera. Recuerda que un año antes, mirando una tormenta que se acercaba, Port le había dicho: "La muerte está siempre en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llega parece suprimir la finitud de la vida. Lo que tanto odiamos es esa precisión terrible. Pero como no sabemos cuándo, llegamos a pensar que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todas esas cosas ocurren sólo un cierto número de veces, en realidad muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás cierta tarde de tu infancia, una parte que es parte tan entrañable de ti que no puedes concebir tu vida sin ella? Quizá cuatro o cinco veces más. Quizá ni eso. ¿Cuántas veces más mirarás salir la luna llena?".
Recuerdo muy vívidamente que cuando vi la película, y ya había leído dos o tres veces la novela, me impactó mucho que al final apareciera Bowles diciendo a cámara ese fragmento del capítulo XXIV, porque era el que yo había subrayado y comentado en los márgenes de las hojas del libro. La idea
de El cielo protector es precisamente ésa: la de esa inercia que nos lleva a vivir nuestras vidas como criaturas que no se esfuerzan por obtener alegría, que no están predispuestas a la alegría, como si el tiempo no fuera, en definitiva, el bien más escaso de todos.
Bowles decía en esa novela en la que Port y Kit Moresby se internan en el desierto, y van desestructurándose a medida que se alejan de la civilización y se sumergen en la otredad de las tribus beduinas, que uno está demasiado expuesto cuando percibe que detrás de ese cielo protector bajo el que nos amparamos -nuestras costumbres, nuestros sobreentendidos, nuestras ceremonias, nuestras rutinas- no hay nada. Ese es el sinsentido insoportable.
Después de la Primera Guerra Mundial florecieron las corrientes artísticas que elevaron el sinsentido a un valor cargado de un sentido nuevo. Fue una respuesta a la presunta racionalidad que condujo a la guerra. Fue un sinsentido profundamente político el de esos surrealistas y dadaístas que preferían que la Biblia y el calefón estuvieran expuestos, que se hicieran visibles en sus instalaciones y sus películas y sus fotografías, puesto que el sentido que había pretendido tener la política había desembocado en una
carnicería. La política es, de alguna manera, otro cielo protector para la gente; debería ser eso lo que represente un representante para un representado.
Una nueva etapa política implica estar una vez más, colectivamente, deseando que todo tenga un sentido.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-94014-2007-11-03.html

Aparición con vida de Julio López*

"A qué hora?".
"A las cuatro y media de la tarde en la puerta de prensa".
"Aguante, loco".
Llego al playón al trote porque, como siempre, se me hacía tarde. Hace calor.
Tengo traspirada la frente, siento el chivo debajo de los sobacos, la remera pegada a la espalda, me pica el cuerpo. Me abrigué de más, pienso, soy un boludo. Me saco la campera y el buzo. Me quito los auriculares de las orejas y cuando intento guardar los cables en la campera me hago un nudo. Estiro el
cogote, miro para los cuatro costados, el gallina no está. ¿Habré llegado tarde?, pasaron sólo cinco minutos, no van a ser tan hijos de puta de dejarme de garpe, especulo. La gente se amontona en las puertas de acceso con los brazos en alto, la entrada en la mano, preguntan, gritan, no saben por donde tienen que entrar. El sol pega de lleno. Busco los cigarrillos en los bolsillos del buzo, primero, y en los de la campera, después. Los encuentro y me prendo uno.
Saco el celular del bolsillo del pantalón y le mando un mensaje al gallina. Al lado mío hay dos tipos que discuten con un control: nos mandan de acá para allá, se quejan, ¿por donde entramos?, quieren saber, el nene que está agarrado a la mano de uno de los hombres está a punto de largarse a llorar, el control se da vuelta, le levanta la pera a un compañero: no sé, loco, le dice el otro, mandálos para la Lugones. Por fin lo veo a Nahuel. Le pego el grito y me le acerco. En el camino me choco con las cientos de personas que van y vienen al trote: el Tano, Marquitos, me presenta Nahuel. Nos damos la mano, uno de los dos
me pide fuego, busco los fósforos en los bolsillos, y como no los encuentro le paso el cigarro: ahí está el gallina, dice Marquitos, apuntando con el dedo.
Lo veo, está traspirado, acelerado, y tiene una sonrisa algo tensa en la boca: ¿qué hacés, Marian? Pónganse esto, pide. Nos pasa unas credenciales: ahí vamos, jefe, le dice el gallina a uno de traje que nos está esperando. Nos colgamos del pecho las credenciales -la cinta tiene los colores de la Argentina y el cartón es de color verde, sin plastificar-, encaramos en fila india, apurados, nos chocamos
con algunas personas que están agarrados a la baranda, pasamos unas rejas que están dispuestas en zigzag y nos frenamos frente a un grupo de controles: vienen conmigo, les dice el tipo que nos está haciendo entrar. Pasamos otro control, ya la puerta del club, las mismas directivas, los mismos gestos y músculos rígidos de los controles, y en menos de un minuto estamos en el anillo del monumental.
Un tipo habla a los gritos por celular, se agacha, se levanta, una nena con la remera de la selección espera angustiada. Pasan dos policías con chalecos anaranjados, muy tranquilos; uno relojéa al tipo del teléfono que ahora camina nervioso de acá para allá. El hombre de saco que nos hizo entrar, de
bigotes, serio, engominado, el handy en la mano, nos marca con el dedo la última puerta.
Encaramos, embalados, pero nos cierran el paso. Se ve la cancha, el puentecito que nos va a dejar en el campo de juego, el pasto, las tribunas: son los de Lopez, informa nuestro contacto. Los tres o cuatro tipos de seguridad nos echan una mirada: cuelguen las cosas ahí que nosotros se las miramos, proponen,
casi sin lugar a la negativa. Después de un instante de duda colgamos las camperas y buzos de un gancho que sale del vértice de la puerta. En una mesita hay tres laptops en las que se puede ver la foto digital de algunos de los periodistas acreditados que ya están dentro de la cancha: gracias, muchachos.
La cancha está casi llena. La pista de atletismo, la espalda de los carteles de publicidad, la cámara de un canal de televisión sobre un carril por el que se va a trasladar a la par de una jugada por este costado de la cancha, el campo de juego que parece el paño de las mesas de billar de club Colegiales, el cielo
bien azul, las tribunas, las colores de la selección por todos lados, el ruido ambiente. El gallina saca la bandera de la bolsa, le pasa una de las puntas a el Tano y le dice que se aleje. El trapo empieza a ganar forma, se estira, se puede ver la consigna. Me pongo entre el gallina y Marquitos: agarrá el trapo de
arriba y de abajo para que no se infle. Empezamos a caminar por la pista de atletismo, en paralelo a la platea Belgrano. Nahuel nos sigue y saca fotos.
Bajan los primeros aplausos. Asomo la cabeza por arriba del trapo, veo que la gente se para, mira, hace foco en la bandera y empieza a aplaudir. A los que están la parte baja de la platea los veo con nitidez: las caras, los anteojos para el sol, el pucho en la boca, el celular en la oreja, la ropa, la cartera sobre las piernas de ellas, los nenes y las nenas. La parte alta de la platea está muy arriba, pareciera que se te viene encima. Busco a un amigo que me dijo que iba a estar ahí. Seguimos caminando, a paso lento. Nahuel se pone adelante nuestro y saca más fotos. Cada tanto no miramos entre nosotros, nos mordemos los
labios, pegamos algunos gritos, agitamos a la gente con los que cruzamos la mirada. La aprobación de parte de la gente sube y baja en intensidad, pero se mantiene firme.
Llegamos a la curva que nos deja frente a la tribuna visitante, la Centenario.
Caminamos por detrás del arco. En la parte media hay unos cinco mil hinchas chilenos. Desde arriba no nos ven porque no les da el ángulo. Más aplausos, alguna canción improvisada de parte de algunos pibes que están motivados: ¿dónde está Lopez la puta que lo parió?. Pasamos por al lado de unos bomberos de la policía federal: nada. Los hinchas de la marea roja también aplauden.
Cuando encaramos la otra tribuna que ocupa el largo del campo de juego, la San Martín, nos vemos obligados a caminar por el pasto porque los bancos de suplentes y las mangas por donde entra el equipo visitante y los árbitros, nos impiden el paso. El campo de juego me pone loco, es una locura, una obra de
arte, pisar el césped es maravilloso, el sol hace resplandecer la humedad del verde y me encandila la vista. Desde la San Martín no nos dan mucha pelota, hay indiferencia -no nos ven, pienso-. Nahuel nos hace frenar, se agacha y nos saca otra foto.
Cuando llegamos al otro arco, frente a la tribuna local, la Almirante Brown, donde están los Borrachos del Tablón, enseguida, ni bien nos ven llegar, nos regalan un aplauso emotivo, fuerte, caliente. Veo a los pibes agitando los brazos, la mirada clavada en la bandera. Agito mi mano derecha, grito, estoy
eufórico. Atravesamos el área chica, pasamos por delante del arco, miro para arriba, el cartel de la tribuna local, los pibes que cantan, miro para atrás, la otra tribuna, la inmensidad del campo de juego, la sensación personal de que podría jugar tranquilamente, sin marearme, en esa cancha, a la que tantas
veces vine a ver a River.
Terminamos de dar la vuelta. Los que están ahí nomás nuestro, en la parte baja, nos aplauden de nuevo. Cruzo la mirada con algunos. Me siento bien, satisfecho.
El hombre de saco, que nunca nos había perdido de vista, nos recibe. Una foto, gordo, le pide el gallina a Nahuel. Alta foto, con la cancha a nuestras espaldas, el trapo estirado, la consigna sobre la bandera con los colores de la Argentina, nuestras cabezas asomadas.
¿Podemos ver el partido en alguna parte?, el hombre afirma con la cabeza, nos pide las credenciales, y nos acompaña hasta la salida.
Gracias, muchachos.

*de MAD. MAbrevayaDios@plussistemas.com.ar
( Argentina - Chile, primera fecha por las eliminatorias de Sudáfrica 2010 )

Sábado, 03 de Noviembre de 2007

Un hecho natural*

*Por Alfredo Zaiat. azaiat@pagina12.com.ar

Las privatizadas están seguras de que recibirán el ajuste tan esperado. La mayoría de los analistas asegura que el aumento no se demorará mucho más, convencidos de que el "trabajo sucio" lo terminará haciendo Néstor Kirchner para despejar el camino del nuevo gobierno. Los técnicos de la actual
administración y también los que trabajan en el sector privado afirman que resulta imprescindible un nuevo cuadro de precios de los servicios públicos.
Y la presidenta electa confirmó que habrá alzas, aclarando que serán graduales. Después de cinco años de un cuasi congelamiento, puesto que ha habido subas en ciertos segmentos, la necesidad de un incremento de las tarifas se ha naturalizado en el discurso dominante. Más allá de que en las provincias la situación tarifaria es heterogénea, porque ya se registraron ajustes relevantes, la Capital y el Gran Buenos Aires, por su importancia y volumen de negocios, resulta el caso testigo en la relación de fuerza entre el Gobierno y las privatizadas, y también en el vínculo con los países sede de las compañías extranjeras dueñas. ¿Por qué es tan importante subir las tarifas, como si se tratara de un hecho natural? Tres son los principales argumentos que se exponen:
1 Para incentivar las inversiones en áreas imprescindibles y sensibles, como la energética.
2 Para generar conciencia en la población de la necesidad de ahorro de un recurso estratégico y escaso.
3 Para equilibrar un esquema de precios relativos que habría quedado desbalanceado, lo que implica decir que la luz, el gas y el agua "son baratos" en relación con otros bienes de la economía y también respecto del costo de esos servicios en otros países.
Así presentado el panorama, la "naturalización de los hechos" se traduce en el indiscutible y lógico aumento de tarifas. Poner en duda ese destino permite identificar discursos y prácticas que colaboran en la construcción de representaciones que constituyen el imaginario social. Existe una percepción generalizada e incorrecta acerca del carácter dado, determinado y, por lo tanto, conservador de la Naturaleza. Por ese motivo, hay que estar prevenido cuando se pretende imponer "la naturalización" de ciertas concepciones y fenómenos sociales: el más usual se refiere a la pobreza y, en este caso particular, a la inevitabilidad del aumento de tarifas.
El ajuste al alza del precio de los servicios públicos es el reclamo de la ortodoxia y de los no tan ortodoxos como señal de certidumbre para las privatizadas para motivarlas a invertir. Por su parte, ciertos sectores de la heterodoxia consideran que así se desestimularía el gasto en ese rubro por parte de los sectores medio y alto de la sociedad, bajo el supuesto teórico pero no verificado de que una suba de precios de servicios esenciales disminuiría el consumo. Otros prefieren asombrarse por la diferencia de precios entre países vecinos. Y otros apuntan al criterio de mejorar la matriz de distribución, apelando a una suba de las tarifas para el grupo de mayor capacidad adquisitiva, aislando de ese ajuste a los de menores ingresos. Esto último reviste cierta lógica, teniendo en cuenta por ejemplo que las garrafas de gas tienen un costo varias veces superior al servicio por red. Pero plantear esa cuestión dentro del marco de la actual puja por las tarifas sólo colabora a la confusión sobre un aspecto esencial: la contradictoria, discontinua y heterogénea estrategia encarada por la gestión Kirchner con las privatizadas.
La relación con esas compañías tiene el marco de la Ley de Emergencia, sancionada a principios de 2002. En el artículo 4 se prohibió la indexación de las tarifas, en el 9 se dispuso la renegociación de los contratos y en el anterior se establecieron criterios básicos, como "el impacto de las tarifas en la competitividad de la economía y en la distribución de los ingresos".
En estos años, en los acuerdos-marco de esas negociaciones, previos a la revisión general de los contratos, se definieron subas: algunas ya se aplican en usuarios industriales y de comercios, y otras empezarán a regir a partir del año próximo. Las privatizadas apuntan a una renegociación global, en primer término para consolidar los incrementos ya obtenidos y luego para definir otros más, además de establecer mecanismos de ajustes automáticos en función de una difusa estructura de costos.
La promesa de inversiones a cambio de más tarifas pierde sustento, en cambio, si se estudia el comportamiento histórico de esos actores sociales.
En la década anterior, las elevadas tarifas dolarizadas ofrecieron utilidades extraordinarias en comparación con las contabilizadas por empresas similares con base en países centrales. Las tarifas no eran una señal para invertir pues en la práctica poco y nada reinvirtieron de esas ganancias, fondos que fueron remitidos al exterior como dividendos a sus respectivas casas matrices. Se puede sostener que tarifas altas permiten acceder al endeudamiento externo destinado a inversiones, pero la experiencia de ese proceso en los noventa dejó como saldo que se trata de un camino de destrucción. Ahora no sería muy diferente la historia porque no se ha modificado la lógica del modelo de administración de los servicios
públicos en manos de grupos privados.
En el documento Nuevos y viejos actores en los servicios públicos, elaborado por los investigadores de Flacso Daniel Azpiazu y Nicolás Bonofiglio, se destaca que "a pesar del cuasi congelamiento tarifaria, la mayor parte de las empresas privatizadas continuaron obteniendo excedentes operativos, de donde se infiere la exorbitancia de las tasas de rentabilidad obtenidas en los años previos". En esa instancia emerge con claridad la clave del actual reclamo de más tarifas: la tensión para la recuperación, si no toda, de gran parte de las elevadas tasas de ganancias que ofrecía ese negocio en el pasado. Esa puja se desarrolla en un escenario parcialmente diferente debido al cambio del interlocutor en el sector privado. En los servicios de agua potable y cloacas y en la distribución de energía eléctrica, Azpiazu y
Bonofiglio constataron que en todo el país sobre 32 firmas responsables de las respectivas prestaciones, en 22 casos se registraron "cambios de manos" en las tenencias accionarias y en 20 de ellas las desplazadas fueron de capital extranjero. El caso emblemático que pasó a la órbita estatal fue
Aguas Argentinas, mientras que el referido al sector privado la estrella fue la irrupción del grupo local Pampa Holding, que nació del fondo de inversión doméstico Dolphin. Ese conglomerado se quedó con la distribuidora Edenor, con la compañía de transmisión Transener y tiene participaciones en los paquetes de las empresas de generación eléctrica Central Puerto, Hidroeléctrica Piedra del Aguila, entre otras.
Ese dúo de investigadores de Flacso destaca que Pampa Holding ha estado concentrando su actividad en el sector eléctrico a punto de constituirse en uno de los principales agentes económicos de ese mercado "y en un interlocutor de privilegio del gobierno nacional". Azpiazu y Bonofiglio no descartan que ese desembarco agresivo en el sector de una compañía nueva originada de una lógica de fondo de inversión se trate "de una estrategia de valorización financiera del capital estructurada a partir de la adquisición
de empresas que enfrentan dificultades de dicha índole". Luego de una compleja y riesgosa ingeniería financiera para su relativo saneamiento, esas compañías han recuperado valor después del default y la pesificación de tarifas. Para completar el esquema de revalorización de las compañías resulta fundamental el ajuste de tarifas. Ese par de expertos no descarta que completado ese proceso y dentro de una lógica de comportamiento financiera, "la posterior transferencia (del grupo) a nuevos o viejos
actores con intereses concretos de mediano y largo plazo en el sector eléctrico". Aunque también consideran que esas adquisiciones de ocasión pueden haber sido "una oportunidad de consolidarse en uno de los sectores con más potencial de crecimiento".
La "naturalización" del incremento de las tarifas, que es presentado como la llave maestra para atraer inversiones que permitirían superar las restricciones energéticas, encierra entonces otra lógica que la motorizada por los exagerados temores a una crisis que deje a oscuras las ciudades o paralice los motores de la producción.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-94003-2007-11-03.html

“DE LA TRACCION A SANGRE COMO UN COMPONENTE PARA REINVENTAR LA MATRIZ ENERGETICA ARGENTINA”*

*Por Alfredo Armando AGUIRRE. choloar@rocketmail.com
http://choloar.tripod.com/trabajos.htm

Los interrelacionados fenómenos planetarios del “calentamiento global” y el previsible petrocolapso”, están pasando a formar parte de nuestras respectivas cotidianidades. Paso el tiempo en que dichas temáticas, que hacen a la viabilidad de la vida en el Planeta Tierra, se circunscribían a las agendas gubernamentales o a los cenáculos académicos y científicos.
Sin bien la emergencia es global, debe procesarse desde los respectivos habitats de cada tripulante de la nave Tierra.
Con la conclusión de la llamada “Guerra Fría”, se ha intensificado crecientemente la influencia del sistema de organismos que giran en la orbita de las Naciones Unidas. Se destacan las actividades de la relativamente recientemente creada Organización Mundial del Comercio (OMC), que es altamente sensible a las orientaciones que surgen del poderoso grupo G-8.
En lo que hace al tema que nos preocupa, los foros precedentemente enunciados vienen generando documentos en forma de Convenciones (Por ejemplo El Convenio Marco de las Naciones unidas sobre cambio Climático), para dar un tratamiento global a las cuestiones. Los países vienen incorporando a sus respectivas legislaciones dichos instrumentos y gestionan siguiendo esas orientaciones, las agencias gubernamentales específicas.
Los efectos de esas medidas en las cotidianidades de las personas, pueden dar lugar a aceptaciones acríticas, a aceptaciones críticas, o a rechazos de diferente intensidad. También pueden dar lugar a respuestas propias, sin esperar que las políticas públicas lleguen a sus potenciales destinatarios.
Es en este punto donde arrancan nuestras consideraciones, sin desconocer la influencia de lo que arriba se menciona en forma sucinta.
En la Argentina de nuestros días circulan alrededor de 8 millones de vehículos impulsados por motores de combustión interna que consumen hidrocarburos. En el planeta la cantidad de vehículos en circulación oscila en los seiscientos millones. La combustión de combustibles fósiles genera dióxido de carbono, uno de los factores determinantes del calentamiento global, que pone en peligro la viabilidad de la vida en el planeta. De allí a que se postule la minimización de la emisiones del dióxido de carbono, lo que conlleva a propuestas como la que nosotros sintetizamos en el sentido de postular un país “CASI sin automóviles, sin caminos pavimentados y sin plásticos”. Esta propuesta fácil de enunciar, resulta sumamente difícil de implementar, por cuanto comporta una suerte de traumático cambio cultural.
Pero tomando la propuesta como paradigma, y sin desanimarse por la magnitud del cambio implícito, es posible realizar una serie de hipotéticas iniciativas que contribuyan a la disminución sensible y creciente del empleo de combustibles fósiles, que en el caso argentino comenzaran a escasear en el mediano plazo, acompañados por un exponencial aumento del precio del combustible disponible (Vale acotar que el día 29 de octubre de 2007, el barril se petróleo se cotizo internacionalmente a casi 94 dólares estadounidenses).
El aporte especifico para la reconfiguración de la matriz energética argentina, en este trabajo, pasa por reemplazar parcialmente el uso de hidrocarburos por el empleo de la tracción a sangre humana y animal.
Hay cuestiones de índole ética, que tornan casi obvio el comenzar por hacer consideraciones respecto al empleo de la tracción a sangre efectuada por seres humanos. Como la experiencia personal es insoslayable y a la vez enriquece este tipo de comunicaciones, cabe en este punto de la misma consignar, que ya hacia comienzos de la década del setenta, comenzamos a abrevar en la documentación que generaban los organismos internacionales. Agreguemos que eran tiempos pre - Internet y que la información no circulaba con la fluidez con que lo hace en los tiempos que corren. Así fue, que nos llamó poderosamente la atención, normas internacionales, para regular la actividad de los porteadores de carga en países con geografías montañosas. Para ese entonces teníamos las vivencias de los triciclos de reparto que se utilizaban para acarrear alimentos desde las bocas de expendio (entonces las llamábamos almacenes) hasta las casas de familia:Así el triciclo del almacenecro; así el triciclo del panadero. La bicicleta era muy empleada tanto para concurrir a los empleos, para el reparto de diarios, medicamentos y correspondencia.
Recuerdo la hilaridad que a principios de la década del 80,le causo a un circunstancia interlocutor, cuando dijimos que la utilización de los “richshaw” que se emplean en Extremo Oriente, podrían servir para descongestionar el transito en el microcentro de la ciudad de Buenos Aires…
Aunque en otras latitudes, particularmente Europa, el empleo de bicicletas y triciclos siguió efectuándose, en Argentina la “motorizacion” fue desplazando su empleo sobre todo en las grandes ciudades. Ya es sabido que las prácticas de las grandes ciudades se replican en centros urbanos donde no son funcionales. Se recuerda la “fiebre” consumista de los “scooter” (motociclos de baja cilindrada), en las ciudades argentinas, utilizada como demostración de poder adquisitivo y su consiguiente status.
Pero claro, con un petróleo, que se pronostica con cotizaciones que rondarían los 100 dólares, y el factor “calentamiento global”, el “Bycing”, o sea la utilización del ciclismo, cobra rápida vigencia. Al respecto cabe consignar que a poco de producida la primera liberación de la cotización del petróleo en 1973, Iván Ilich, demostró que las velocidades de la bicicleta se asemejaban a las velocidades promedios de los automotores, cuando se conjugaban factores como los semáforos, los congestionamientos, los estacionamientos etc. Eso sin contar otros beneficios que hacen a la salud de quienes “queman” energías pedaleando.
Acontece con estas tecnologías, que el petróleo artificialmente barato, torno temporariamente prescindibles, que simultáneamente a esa situación de prescindibilidad, se desenvolvía un desarrollo científico - tecnológico y la aparición de conceptos como el de tecnología apropiada, modalidades que daban nuevas posibilidades a esas tecnologías supuestamente pasadas de moda.
Los nuevos materiales disponibles (aleaciones de aluminio, plásticos, fibras de carbono, kevlar, y la lista no se agota,) generan nuevas relaciones peso - potencia. Esto no es solo aplicable a la tracción a sangre humana (ciclismo), sino a la animal.
Así los triciclos de reparto con estos diseños u otros nuevos, amplían su capacidad de carga. Son concebibles, otros desarrollos tecnológicos combinando las modalidades de támdem con estos triciclos y los beneficios son de imaginar. Ya hace un tiempo estén en el mercado argentino y con aceptación en muchos centros urbanos, modelos de triciclos traseros (no como los de reparto que eran delanteros), que utilizan mujeres y ancianos para hacer sus desplazamientos.
Por estos días esta por sancionarse en la ciudad de Buenos Aires, un sistema para promover el empleo de la bicicleta tal como se hace en Barcelona y Paris.
A mas de lo beneficios en materia de no emisión de dióxido de carbono y salud de sus practicantes, la generalización de “bicing” o modalidades similares (ricshaw), suponen la reactivación de una rama industrial y la creación de puestos de trabajo sustentables. Como datos anexos de las posibilidades, cabe consignar que con motivo de un reciente viaje del presidente argentino a la ciudad de Nueva York, para la Asamblea de las Naciones Unidas, apareció una foto de los funcionarios y detrás de la imagen de los mismos aparecía un triciclo, en pleno centro de esa ciudad, utilizado tipo Ricshaw para transportar un pasajero. El otro dato es la utilización que han hecho las personas denominadas “cartoneras”, para hacer recolección urbana de residuos de algun valor, utilizando improvisados carros impulsados por ellos mismos, practica que se ha hecho muy común en la ciudad de Buenos Aires en los últimos años, pero que era comprobable en ciudades del interior tres décadas atrás.
En la redacción de este tipo de comunicaciones, uno suele hacer cortes temporales, por distintas razones, en este caso para pasar del ítem de la tracción a sangre humana a la tracción a sangre animal. Al terminar la redacción consignamos: 31/10/2007 10:53:30
Pero hete aquí, que en la noche de ese día en uno de los portales de noticias de la Red, leemos el siguiente cable, revelador de lo candente del tema que abordamos. El cable rezaba lo siguiente: “31 de octubre, 8:28 AM
ROMA (AFP) - Las autoridades de la pequeña localidad siciliana de Castelbuono, en el sur de Italia, sustituyeron los camiones de la basura por burros con el fin de cumplir un servicio a la vez ecológico y económico, anunciaron por Internet.
Desde febrero seis burros realizan el trabajo de cuatro camiones encargados de recolectar la basura que producen sus 10.000 habitantes.
"Al reemplazar los medios de transporte que consumen carburante y contaminan el ambiente, vamos a ahorrar y a contribuir a que el mundo sea más limpio", aseguró el alcalde, Mario Cicero, en una nota divulgada por Internet.
Un asno cuesta cerca de 1.200 euros más unos 2.000 euros al año de manutención, contra los 30.000 euros de cada camión de basura, cuyo mantenimiento anual necesita de 7.000 a 8.000 euros.
Los burros de Castelbuono han recolectado hasta ahora 140.240 kilos más de desperdicios con respecto al año pasado, señala el alcalde.
Los asnos cargan dos cajas de leño en donde los llamados 'operadores ecológicos' depositan la inmundicia y logran atravesar todas las callejuelas y caminos más inaccesibles de la localidad.
Castelbuono es el primer municipio de Italia que reintroduce ese método, utilizado con frecuencia en el siglo pasado.
La idea va a ser adoptada en otras pequeñas ciudades italianas de Calabria y Toscana. “(Fin del cable).
En junio del año 2006 hemos formulado una comunicación titulada: “La tracción a sangre animal en clave de petrocolapso”, la que esta accesible en el sitio: http://members.tripod.com/choloar/percheron090606.htm
Los párrafos que siguen, en parte condensan, en parte actualizan y pormenorizan la mencionada comunicación.
Debemos reconocer que nos ha resultado muy fecundo el trabajo titulado “Horse power: practical suggestion that would transform the way we live”, cuya autoría pertenece a Dick Courteau, y que ha sido publicado en el magazine "Orion" septiembre/octubre de 2007 el sitio: http://www.orionmagazine.org/index.php/articles/article/343/
el que ha sido nuevamente consultado el 01 de noviembre de 2007.Courteau, con quien hemos comenzado a intercambiar correspondencia se dedica a criar y utilizar caballos belgas- de porte superior a los percherones- en su granja de las montañas Ozark, en el estado de Arkansas. Las propuestas que venimos realizando desde la década del ochenta en materia de resaltar las posibilidades de la tracción a sangre animal, se ven reforzadas por la documentación aportada por Courteau, las que se han ido asimilando en nuestras consideraciones.
Son conocidas en Argentina las capacidades de la tracción a sangre, particularmente la de los caballos, las mulas, los bueyes y las llamas. Quedan en el plano potencial, la de los camellos particularmente, los bactrianos, aunque no hayan faltado propuestas de aplicación, tal vez la mas difundida, sea la del entonces Coronel José Maria Sarobe, en su libro “La Patagonia y sus problemas”, de 1934.
No obstante el despliegue irracional del complejo automotor-camino pavimentado, incentivado por un barril de petróleo mantenido artificialmente a bajo costo, en muchas zonas marginales el empleo de la tracción a sangre continuó.
Cabe recordar que hasta la década del 50 se conocían: el carro del lechero, del panadero, del verdulero, del almacenero, del carnicero, del voluminoso que vendía canastas de mimbre y plumeros, del botellero, del sodero, el carro fúnebre. En la ciudad de Buenos Aires, con similar cantidad de habitantes que la actual, la recolección de residuos se hacia a caballo. El ejército y las policías utilizaban caballos; y mulas el ejército: Había otras utilizaciones incluso en las faenas agrícolas, aunque la mecanización había minimizado su empleo. A principios del siglo XIX se construyó en la provincia de Buenos Aires, un canal artificial de navegación, que unía la laguna de Mar Chiquita y el puerto de Baradero. El proyecto - del que subsisten vestigios- se denominó “Canal del Norte”.Estaba previsto, que las barcas serian propulsadas por la modalidad conocida como “a la sirga", es decir tiradas por caballos desde los costados del canal. Este proyecto había sido diseñado por el Departamento de Ingenieros de la Provincia y todo indica que fue neutralizado por los poderosos intereses de las compañías ferroviarias. A titulo de comentario, ya que se aleja en parte del objetivo del presente desarrollo, vale agregar que dichos ingenieros, ante la objeción que el canal se quedaría sin agua en épocas de sequía, contrargumentaron que se utilizarían molinos de viento, para llenar los tramos de canal donde el agua escaseaba. La técnología de la sirga y de los molinos de viento, demuestra que la que luego se conocería como “tecnología adecuada o apropiada”, existe desde antaño en las mentalidades creativas del país. Tiempo atrás señalábamos a una entidad de camioneros que atendían el puerto de Quequén, que se podía utilizar un tramo de más de 100 kilómetros del río del mismo nombre, para llevar el cereal a ese puerto, mediante barcazas impulsadas “a la sirga” con tracción animal.
Mas arriba señalábamos que la tracción a sangre animal era una posibilidad real en áreas marginales del país. En su artículo, Courteau cuenta como los cubanos suplieron la escasez de petróleo generado por la “implosión” de su abastecedor el bloque soviético, con el empleo de bueyes. Esto nos hizo recordar algo que vivenciamos en ocasión de desempeñarnos como servidores públicos en el organismo que atiende las cuestiones aborígenes en el país hacia comienzos de la década del 90. Llegó a la oficina un cacique toba del Chaco, solicitando ayuda en forma de bueyes y semillas. Cuando le preguntamos acerca del requerimiento de bueyes, nos contó que en una oportunidad el gobierno les había suministrado tractores, los que al descomponerse, ellos no podían arreglar y así preferían una tecnología que dominaban. En nuestro trabajo que consignamos mas arriba, relatábamos que en la época de los ingleses, en algunas playas de maniobras del ex Ferrocarril Pacífico, se desplazaban los vagones con bueyes.
Pero la tracción a sangre no es cosa del pasado en la Argentina. Al referirnos a la tracción a sangre animal, mencionábamos el uso que hacían de ello, las personas denominadas “cartoneros”. Esa franja de trabajadores informales, también hace uso creativo de la tracción a sangre animal, soslayando que en la ciudad de Buenos Aires, está impedida legalmente en ciertas áreas. Denotando el origen de migrantes rurales, conocen el manejo de equinos y carruajes, resulta de anticipación, el proyecto de ordenanza presentado por una organización de carreros de Lomas de Zamora, para regularizar esa actividad y recibir alguna suerte de ayuda gubernamental.
Existen diseminados por el territorio entidades de bien público y algunas agencias gubernamentales que se dedican a las actividades particularmente las vinculadas a caballos. En la Puna se utilizan de varias maneras las llamas, incluidas como bestias de carga, que se desplazan en tropas , y en fecha reciente se realizó la tercera Feria de la llama en Abra Pampa en la Puna Jujeña. En la provincia de Córdoba se realizan ferias de ganado mular. Se enseña hipología en las distintas facultades de Veterinaria, así como en otros universidades, Institutos terciarios y en las escuelas aerotécnicas secudarias. Existen el Instituto Nacional de actividad Hípica, el Comando de Remonta y Veterinaria del ejercito. El Instituto nacional de Tecnología agropecuaria. El Instituto Nacional de Tecnología Industrial. Las fuerzas de Seguridad (Policía Federal y Gendarmería) utilizan equinos, y lo mismo el cuerpo Nacional de Guardaparques.
Asumiendo el concepto de “Gestión del Conocimiento”, derivado del fenómeno TICs, es dable constatar y/o suponer, la existencia de una gran masa de “conocimiento explicito”, sobre el tema que estamos desarrollando, tanto en los archivos o repositorios de información de las instituciones que estamos mencionado como en los de otras. Ese “conocimiento explicito”, en cuanto esta impreso, es de escaso conocimiento ,cuando no desconocido por las nuevas generaciones, y “visibilizarlo”, seria una significativa contribución a la implementación rápida y eficiente de esta modalidad
Aunque no esta tipificada como actividad deportiva o recreativa, es ostensible, y de gran arraigo popular la cantidad y dispersión territorial de las denominadas “Domas y jineteadas”, muchas de ellas con estrechos vasos comunicantes con los “Centros tradicionalistas. En el trabajo de nuestra autoría, citado mas arriba, ya consignábamos la existencia de una Asociación Argentina de Criadores de Percherones.
En los deportes mas formalizados, de tipo federado existen: la Federación Ecuestre; la Avocación Argentina de Polo, la Federación Argentina de Pato (que esta declarado “deporte nacional”) y la Federación de Marcha a Caballo. Y para que hablar de la actividad turfística y sus “burreros” seguidores. Los caballos de carrera son un rubro exportable.
En estas descripciones, señalamos que seguramente quedan otras entidades, como suele suceder cuando uno inventaría cualquier actividad en la Argentina, habida cuenta de su extensión territorial...
Aunque ya lo consignamos en el apartado correspondiente a la tracción a sangre humana, reiteramos que los desarrollos tecnológicos, sea en materia de nuevos materiales como en mejoramientos genéticos, optimizan la relación peso- potencia. Además surgen otras ventajas emergentes por ejemplo del fraccionamiento del tamaño de los establecimietos rurales. Como bien apunta Courteau, con los crecientes costos de combustibles, se torna aún mas evidente, la versatilidad de la tracción a sangre para las tareas de labranza y recolección de cereales. Es sabido que en tiempos de hidrocarburos baratos, la maquinaria agrícola no era rentable para la mayoría de los establecimientos agrícolas, dando lugar a la aparición de los “contratistas rurales”,una operatoria que deberá remodelarse atento la emergencia…
Y como el beneficio es el estimulo de las actividades productivas, esta se acrecienta al ponderar todos los insumos que se van generando, por ejemplo el estiércol de los animales de tiro, sea para fertilizantes natural, sea para la elaboración de combustible mediante biodigestores, experiencia que ya conoce la gente del interior argentino, y de las que nos anoticiara, un pionero de estas cuestiones, el entrañable Mario “Cosólogo” Monti, fallecido en el año 2000. En el mismo sentido, como factor economizador de hidrocarburos, resulta el retome generalizado del desplazamiento del ganado en pie, implicando ello, el retorno de la legendaria profesión de “reseros”. Es sabido que el ganado así autotransportado llega mejor “terminado" a los mataderos o frigoríficos o a las mangas de las estaciones ferroviarios o a los barcos, como sucediera otrora, hasta que el camión (alentado por hidrocarburos baratos y caminos pavimentados insustentables ecológicamente) monopolizó el transporte de ganado en pie.
Estamos convencidos que hay mucha gente que ya se ha percadatado que tiene que migrar al menos parcialmente desde los vehículos impulsados por hidrocarburos a los traccionados a sangre. En estos temas siempre queda la polémica inacabable y tal vez insoluble, sobre si esta migración debe hacerse siguiendo los mecanismos del mercado o si debe existir lo que últimamente se denominan “políticas activas”, eufemismo para aludir a la intervención estatal. Se nos ocurre que la velocidad de circulación que comportan la apropiación masiva de las tecnologías de la Comunicación y la información(TICs) e todas sus modalidades puede hacer mas fluida la circulación de la información y cada uno en sus ámbitos públicos, comunitarios o empresariales, sabrá a que atenerse.
En algunos sectores tal vez haya que hacer esfuerzos para cambiar un concepto muy arraigado originado en la aceptación acrítica a nuestras cotidianidades del llamado “american way of life”, en el sentido que propuestas como las que esbozamos eran “contrarias al Progreso”. Los precios crecientes de los carburantes, y aún la extinción de los mismos, así como los efectos del cambio climático que se hacen sentir en nuestras cotidianidades, serán a nuestro juicio poderosos inductores hacia esas casi inexorables migraciones.
No quisiéramos terminar este desarrollo, sin enfatizar que se trata este de uno de los abordajes posibles, monográficamente limitado, de UNO de los ingredientes de la nueva matriz energética que necesita la argentina. De los demás (energía eolica, solar, biocombustibles, biomasa, mareomotriz, geotérmica, atómica, hidroeléctrica-estas dos ultimas tecnologías en la variante de “minicentrales”- así como las hipotéticas posibilidades del hidrógeno, el plasma caliente y la biomasa) nos hemos ocupado y nos seguiremos ocupando.
No se nos escapa que desarrollos como los precedentes son congruentes e indesglosables con un modelo distinto de país y de sociedad al existente.
No tiene en modo alguno esta comunicación pretensión alguna de política publica, sino de compartir reflexiones frutos de nuestros estudios, en la intención que los cambios a sobrevenir sean lo menos traumáticos posibles, en la medida que sean afrontados con previsión y amplitud de criterios.

Comunicación finalizada en Buenos Aires, el jueves, 02 de noviembre de 2007.

*

"Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege".

Antonio Porchia
Escritor ítalo-argentino (1886-1968)

*Fuente: EL REGALADOR Nº 227
Idea y selección de textos: Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar

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