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La Coctelera

inventiva

5 Enero 2008

EN EL PAGO DE LOS DESEOS...

CUENTAS FALSAS*

Los cuervos negros sufren hambre de carne rosa;
En engañosa luna mi escultura reflejo,
Ellos rompen sus picos, martillando el espejo,
Y al alejarme irónica, intocada y gloriosa,
Los cuervos negros vuelan hartos de carne rosa.

Amor de burla y frío
Mármol que el tedio barnizó de fuego,
O lirio que el rubor vistió de rosa,
Siempre lo dé, Dios mío...

O rosario fecundo,
Collar vivo que encierra
La garganta del mundo.

Cadena de la tierra,
Constelación caída.

O rosario imantado de serpientes,
Glisa hasta el fin entre mis dedos sabios,
Que en tu sonrisa de cincuenta dientes
Con un gran beso se prendió mi vida:
Una rosa de labios.

*De Delmira Agustini.
-Fuente: http://www.abanico.org.ar/2004/12/agustini.htm

EN EL PAGO DE LOS DESEOS...

Buscando el lugar de los Deseos*

*Por Maria Bar mariabarleiva@yahoo.es

El otro día me encontré con Silvana y me contaba riéndose que por durante muchos años se había trasladado a Pago de los Deseos - Departamento Saladas de la Provincia de Corrientes – por cuestiones laborales. Y a raíz de la difusión mediática[1] de las acciones privadas de 6 – seis - mujeres maestras, ella – riéndose - me decía cómo puede ser que nunca me invitaron! Los comentarios siguieron en esa línea y luego nos despedimos. Más allá de sonrisas conducentes a formas que alientan las fantasías sexuales, todo hecho merece ser contextualizado.
Entonces leo, conservando casi como un regalo de primavera, el 21 de Septiembre de éste año, el diario El Libertador [2] publica los resultados de la encuesta realizada por el INDEC en la Capital correntina, diciendo que La pobreza alcanza al 40,2% en la Provincia, aclarando que en el país éste mismo índice alcanza al 23,4 %. Reproduzco – parcialmente - la nota de dicho Informe: De cada diez correntinos que andan por la calle, cuatro de ellos son pobres. Es una de las formas de expresar el índice oficial que dio a conocer ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que señala que el 40,2 por ciento de la población de Corrientes vive en la pobreza, una cifra que casi duplica a la media nacional, ubicada en el 23,4 por ciento en el primer semestre del año.
Entonces me digo que tal vez no comprenda algunos mecanismos de la economía, pero me encuentro con otro Informe elaborado en base a datos publicados por el Ministerio de Economía de la Nación para el tercer trimestre del año 2007, que dice que: la región NEA es la que el mayor índice de endeudamiento registra en relación con los Recursos Totales que maneja. Asimismo disminuyó, porcentualmente la financiación privada, con respecto a la financiación pública.[3]
Pero además Javier Lindenboin en una entrevista que mantiene con Jorge Alperín en Pagina 12, [4] dice que la distribución del ingreso es el tema decisivo de la vida social, pero no logra ocupar ese lugar en el debate político. Continúa diciendo que eran muchos – y se incluye - los que habían realizado diagnósticos erróneos en la última década cuando sostenían que la pobreza y la desigualdad venían de la mano del desempleo. Sin embargo acota que ahora ha bajado significativamente el desempleo, pero se sigue siendo desiguales, y persiste la alta pobreza. Es momento de preguntarse si el problema no deriva de otras cosas, a las cuales ayudó el desempleo. Por ejemplo, pensar cómo se retribuyen los actores económicos que participan en la creación de la riqueza. Ese es el motivo por el cual yo pongo tanto el acento en que discutir el reparto según la participación que cada uno tiene en la economía…
Lindemboin aclara que lo que se llama “distribución del ingreso” encierra, al menos, dos momentos, dos procesos:
-distribución primaria es la que asigna a los dos factores básicos
entre el empresario o propietario de la empresa y del capital, La forma aparente es que el empresario le paga un salario producto de un acuerdo, un convenio, una resolución legal, etc. Pero, en el fondo, le paga de acuerdo a la productividad marginal que el trabajo tiene.
-el trabajador,
distribución secundaria, realizada a través de la intervención del Estado. Capta ingresos a través de impuestos, distintos tipos de impuestos, y los utiliza con criterios que en cada Estado varían…
…En el momento en que se producen los bienes, se determina qué parte le queda a cada uno bajo la forma institucional que en ese momento rija. Esa es la distribución primaria. Ahí se define cuánta gente tiene trabajo, pero gana poco, y cuánta gente se lleva el resto.
La cuestión es cómo acontece la vida económica en nuestra sociedad, tal que año tras año a los sectores que viven de su trabajo no les alcanza para vivir, mientras que los que tienen la posibilidad de vivir de alguna forma de renta de capital están cada vez mejor. Eso es comprensible para algunos que tienen preocupación por estos temas, pero para el común de la gente no. Y muchas veces los medios tampoco ayudan a dilucidarlo. Todo eso lleva a que estas cosas no tengan prensa. A mí me llamaban muy a menudo los periodistas cuando las tasas de desempleo eran muy altas. Pero, cuando el desempleo empezó a caer, también cayó el interés de los medios en el tema y cada vez llamaron menos. ¿Por qué? Porque periodísticamente se supone que no es noticia de impacto que caiga el desempleo. Y no es por criticar al periodismo. Simplemente, hay cosas del funcionamiento de la sociedad que quedan fuera de la vista cotidiana.
Disculpen si uso productos o trabajos de otros, lo que sucede es que creo que la autoridad intelectual de Lindemboin merece traerlo. Y como para volver a los hechos convocantes de éste escrito, me resuenan las siguientes cuestiones:
a) El profundo y delicado problema de la inequidad que genera la distribución del ingreso
b) La cuestión es cómo acontece la vida económica en nuestra sociedad, tal que año tras año a los sectores que viven de su trabajo no les alcanza para vivir, mientras que los que tienen la posibilidad de vivir de alguna forma de renta de capital están cada vez mejor.
Y tratando de regresar al tema generado desde un Paraje cuyo nombre promueve y alienta el disfrute, propio de todo deseo humano, me resonaba una noticia en relación al hecho: Los maridos de las maestras buscan al chofer que las llevaba a Pago de los Deseos[5], e inmediatamente me dije: ¿para qué? Y que las parejas de ésta mujeres me disculpen, pero me figuré un encuentro entre ellos, en el que cada marido enloquecedora y sucesivamente preguntaba al – ahora famoso - chofer de la combi, cuál había sido su fórmula. Lo que tal vez ni él, sepa. Pero por algo suceden los hechos y seguro tienen relación con el proceso de distribución primaria que explicaba Lindemboin, cuando se refería a la gente que trabaja, pero gana poco. Y ello permite deducir que a los sectores que viven de su trabajo no les alcanza para vivir. Esto último no les alcanza para vivir no significa acaso guardar cotidianamente la rabia que produce no acceder a bienes materiales, culturales, recreativos, etc. Y sé – tratando de superar cortas y perversas especulaciones - que cuando se engloba en una frase bienes materiales, no se nombra explícitamente al hambre que muchas veces se siente al ir a dormir, o la imposibilidad de adquirir la zapatilla al hijo o una buena lencería sugerente y atractiva. También parece que cuando uno dice bienes culturales, no menciona directamente a los libros, películas, concurrencia a congresos, a la producción artística o deportiva, etc. Da la impresión que sucede lo mismo cuando uno se refiere a los bienes recreativos, ya que generalmente no se habla cuanto de salud mental incorpora una familia entera cuando puede ir al mar, a la montaña, al menos 15 días en un año.
Nada de esto pueden hacer las familias pobres y pareciera que la insatisfacción, cotidiana y brutalmente naturalizada, van creando las condiciones que hacen desaparecer al deseo, en todos sus sentidos posibles.
Se puede creer que todo ello va configurando los vacíos sociales, culturales, existenciales, etc., y el Tete Francisco Romero diría que da lugar al Culturicidio. Y más allá de los factores que van produciendo éstos hechos, el principal desafío es reconocerlos, contextualizarlos, vincularlos, etc., aportando alguna línea que permita interpretarlos.
Y hablando de contextos, puedo visualizar el Interior de Corrientes, que llama con sus indicadores, que reflejan también los deseos que se mueven alrededor de Corrientes, Provincia claramente desigual. En ésta provincia querida – y en particular éste año - ha mostrado realidades feroces y en especial con historia de niños:
· ese niño quien tal vez marcado por el deseo nacido en una eventual influencia de la mano dura, no ha hecho otra cosa que matar a un compañero de clases. La vida de un semejante…o desigual?, aquí cerca en Ituzaingó.
· lo ocurrido con y alrededor de Ramoncito, en Mercedes (que también nos muestra la morbosidad de ciertos medios de comunicación social,[6] cuando exhiben las fotos del cuerpo, que alguna vez fue requerido desde el deseo).
· Y Romina, niña de apenas 11 años, quien seguro se paseó por las barrancas que hicieron famosa a Empedrado, localidad que hoy cobra notoriedad por su cuerpo – depositario de un perverso deseo violado, tirado…
Alguien dirá que tres o cuatro hechos no representan a la totalidad, sin embargo creo algo se mueve en Corrientes, desde adentro, incluyendo a sus niños y a quienes los educan.
Siento que algo nuevo rompe viejas convenciones intelectuales que no nos permiten entender lo que está sucediendo al lado nuestro. Habría que trabajar denodadamente para construir solidaria y cotidianamente una Provincia menos desigual, lo que – seguro – no sólo nos salvará de la muerte, sino que habremos encontrado el lugar de los deseos.

Notas:
[1] http://www.minutouno.com/1/hoy/article/%C2%A1Qu%C3%A9-maestras!:-En-medio-del-esc%C3%A1ndalo-sexual-las-profesoras-infieles-defienden-su-intimidad%5Eid_62830.htm
[2] www.diarioellibertador.com.ar – Edición Digital Corrientes, Viernes 21 de Septiembre de 2007 – Año 4 Edición N ° 1672
[3] www.morarandu.com del 5 de diciembre de 2007
[4] http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-89615-2007-08-12.html http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-89615-2007-08-12.html
[5] http://www.corrientesonline.com/ del 22 de Diciembre del 2007
[6] http://www.corrientesenelaire.com.ar/?galeria=265

CUENTAS DE MÁRMOL*

Yo, la estatua de mármol con cabeza de fuego,
Apagando mis sienes en frío y blanco ruego...

Engarzad en un gesto de palmera o de astro
Vuestro cuerpo, esa hipnótica alhaja de alabastro
Tallada a besos puros y bruñida en la edad;
Sereno, tal habiendo la luna por coraza;
Blanco, más que si fuerais la espuma de la Raza,
Y desde el tabernáculo de vuestra castidad,
Nevad a mí los lises hondos de vuestra alma
Mi sombra besará vuestro manto de calma,
Que creciendo, creciendo me envolverá con Vos;
Luego será mi carne en la vuestra perdida...
Luego será mi alma en la vuestra diluida...
Luego será la gloria... y, ¡seremos un dios!
-Amor de blanco y frío,
Amor de estatuas, lirios, astros, dioses...
¡Tú me lo des, Dios mío!

*De Delmira Agustini.
-Fuente: http://www.abanico.org.ar/2004/12/agustini.htm

Geneviève*

En medio de la clase de física, cuando llegaba la primavera y el viento se calmaba y todos dejábamos de rechinar los dientes, el Flaco Martínez, que era el profesor más querido del colegio, tiraba la tiza sobre el escritorio descalabrado y decía: "Y ahora, a visitar la materia". Los alumnos sabíamos lo que quería decir. Los primeros aplausos y vivas venían de los bancos de atrás, de los mayores que repetían por tercera vez el año y estaban en edad de conscripción.
Guardábamos carpetas y libros y el Flaco Martínez levantaba las manos pidiendo silencio para que el director y el celador no nos oyeran. El director era un tipo bien trajeado que sabía manejar la sonrisa y el rigor; estaba al tanto, pero toleraba las escapadas porque temía el desgano de los mejores jugadores de fútbol en la gran final intercolegial de noviembre.
Era sabido que cada año apostaba su aguinaldo completo a favor de "sus muchachos". Con la llegada de la primavera florecía también su carácter jovial, tolerante, y la disciplina se relajaba y los exámenes eran menos imperativos y aquellos que nos sabíamos ya integrantes del equipo nos sentíamos con derecho a olvidar las matemáticas y la química para entrenar en la cancha vecina.
Entonces salíamos caminando despacio, casi arrastrando los pies para no darles envidia a los pibes de primer año que tenían matemáticas en el aula del zaguán, la puerta entreabierta porque ya no soplaba el viento del oeste y el silencio calmaba los nervios como un puñado de aspirinas. Por entonces las calles no estaban pavimentadas y un viejo camión regador pasaba dos veces por día para aquietar el polvo. Cuando el viento callaba, como aquella tarde, el pueblo chato y gris parecía cubrirse de ruidos que no conocíamos. El Flaco Martínez caminaba adelante, el pucho entre los labios, su pálida cara de tuberculoso afrontando un sol dañino. Era, creo, tan pobre como nosotros: llevaba siempre el mismo traje azul lustroso que planchaba extendiéndolo bajo el colchón de la pensión y se ponía cualquier corbata cortita a la que nunca le deshacía el nudo. Se decía que era timbero y mujeriego y que por eso lo habían transferido de un respetable colegio de Bahía Blanca a nuestro remoto establecimiento de varones solos, adonde sólo se llegaba por castigo o por aventura.
Éramos más de veinte en el curso, pero la asistencia nunca pasaba de doce o catorce; los mejores alumnos, serios y bien vestidos, y nosotros, los que teníamos el boletín lleno de amonestaciones pero jugábamos bien al fútbol.
No era fácil seguir al Flaco Martínez que tenía las piernas largas como mástiles. Subía la cuesta y encaraba por la ruta asfaltada que separaba a los malos de los buenos ciudadanos del pueblo. Al sol, su pelo largo al estilo de un bohemio pasado de moda se ponía rojo y todos nos dábamos cuenta de que la física le importaba tanto como a nosotros. Pero nadie, nunca, se animó a tutearlo. En los momentos más dramáticos de una partida de billar se le alcanzaba la tiza acompañándola de un "señor" que jamás sonó socarrón.
Aquélla no era su tierra y estaba claro que despreciaba cada grano de arena que respiraba o se le metía en los zapatos. Pero se había resignado a ella como los hombres solos se resignan a las noches interminables.
Bajando la cuesta, al otro lado de la ruta, se veían esparcidas las primeras casas cuadradas y el café con billares y barajas del turco Saúl Asir. A esa hora, las calles del barrio estaban desiertas y sólo los camiones cargados de manzanas pasaban dejando una polvareda que se quedaba flotando hasta que una brisa nos la apartaba del camino y el sol volvía a cocinar las acequias y los espinillos. En el bar, el Flaco Martínez se tomaba una sola ginebra y nos hacía vaciar los bolsillos. Como siempre, el Rengo Mores tenía apenas lo justo para pagarse la vuelta en ómnibus hasta Centenario, que quedaba entre las bardas, a cuarenta kilómetros. Casi todos vivíamos lejos y atravesábamos el río en colectivo, o en bicicleta, o colados en algún camión. Los que faltaban a clase se habían quedado pescando cerca del puente porque todavía no era tiempo de sacarse la ropa y tirarse a nadar.
Juntábamos el primer viernes de cada mes lo que ganábamos al truco, o en trabajos de ocasión. El Flaco Martínez reunía los billetes y hasta alguna moneda, agregaba lo suyo que no era mucho, y se iba a parlamentar con la gorda Zulema que era nuestra virgen protectora. La Zulema era dulce y sabia, paciente y comprensiva, y amaba su profesión como jamás he visto que otra mujer la amara. No conocía el egoísmo ni las pequeñas miserias que otros toman por virtudes. Su orgullo era la heladera eléctrica, la única de ese costado maldecido de la ribera, que había hecho traer en un vagón de encomiendas desde Buenos Aires. No es que alardeara de ella, ni que la mezquinara, pero nadie tenía derecho a abrirla sin su presencia y consentimiento.
Una noche de sopor en la que todos estuvimos de acuerdo en que llovería, la abrió delante de mí y del Negro Orellana. Aparte de una botella de refresco y una pechuga de pollo, había un largo collar de perlas de imitación y un paquete de cartas envueltas en una cinta rosa. Eran fantasmas del pasado y la Gorda Zulema quería que se conservaran frescos e intactos como un postre de chocolate.
Hubo otra noche en que yo estaba triste, un poco borracho e impotente, y ella me pasó la mano por la cabeza y me acarició los párpados y no me dijo las estúpidas palabras que tenían preparadas las otras mujeres del barrio. Me hizo sentar al borde de la cama, que era grande como una pista de baile, apoyó su cabeza contra mi espalda para que no nos viéramos las caras y me contó alguna cosa de su vida que nos hizo llorar a los dos mientras los otros clientes esperaban en el vestíbulo.
Supe esa noche que se llamaba Geneviève, que era francesa de verdad y no como otras, que arrastraban la erre para darse corte. Buscó las cartas en la heladera. Los sobres desteñidos de tinta violeta estaban escritos con una caligrafía varonil e imperativa. Un detalle añadía a la distancia un reproche velado: no conforme con escribir Neuquén, Argentine, el hombre agregaba inútilmente Patagonie, Amérique du Sud. El sobre traía ya una sospecha de selvas o desiertos. De fin del mundo.
Geneviève se había ocultado detrás de Zulema en Buenos Aires, donde había pasado algunos años de gloria mientras Europa se desangraba. Su contribución al esfuerzo de guerra de sus compatriotas había sido firme y decidida: hasta la liberación de París ningún hombre de nacionalidad alemana se tendió sobre sus sábanas.
La decadencia y las arrugas la trajeron a nuestro pueblo y secretamente sabía que su tierra ya estaba tan lejana como su juventud. Barajó los sobres como si fuera a repartir las cartas y en ellas estuviera escrito el destino, el de ella -que soñaba en vano con volver a ver el Mediterráneo- y el mío, que alguna vez me llevaría a su Francia natal.
No habló del hombre que se quedó en el puerto de Marsella: cuando la correspondencia dejó de llegar empaquetó el pasado y lo guardó en la heladera, como otras mujeres lo conservan el rictus amargo de los labios.
Pero aquella tarde de primavera en que llegamos con el Flaco Martínez, todavía no habíamos mirado la heladera por dentro ni habíamos llorado juntos. Zulema era gorda y opulenta y Federico Fellini hubiera gustado de ella. A su lado, el Flaco Martínez parecía una escoba abandonada junto a un camión cisterna. Hablaron un rato sin manosear dinero ni levantar la voz. Al otro lado de la calle nosotros esperábamos, ansiosos como si el Flaco estuviera por tirar un penal. Un movimiento de cabeza, una risa comprensiva de la Gorda Zulema y empezamos a saltar como si el Flaco hubiera hecho el gol.
Tirábamos los turnos a la suerte, revoleando dos monedas a la vez y el sistema era complicado porque la empresa era seria. Si alguien reclamaba prioridad por su dinero, el Flaco prometía hacerle explicar la fusión de ya no sé qué materia y el egoísta se calmaba. Después, al caer la tarde, con la lengua desatada por la emoción, íbamos a jugar al billar a lo del Turco y teníamos un hambre feroz y ni una moneda para un sándwich.
Cuando recuerdo aquellos años, cuando reviven las imágenes del Flaco Martínez y de la Gorda Zulema, imagino que el corresponsal de Marsella escribiría sus cartas temiendo que el corazón de su Geneviève se endureciera en aquel desierto hostil. Pues no. Es hora de que ese hombre obstinado, si vive todavía, lo sepa. Valía la pena esperarla. Aun esperarla en vano. En aquel paisaje en el que éramos extranjeros (es decir, inocentes), todo era irrealidad: no había elefantes que rodearan el valle, ni el avión negro de Perón llegó nunca. Las manzanas y las vidas florecían pero las ilusiones, como los relojes baratos que llevábamos en la muñeca, se entorpecían y luchaban por abrirse paso entre la arenisca que volaba desde el desierto.
Hace unos años, cuando fui por última vez, mis amigos de entonces me habían enterrado: corrió la noticia que me daba como descabezado en un accidente de tránsito. Fue curioso ver las caras azoradas frente a una aparición de ultratumba.
Por fin, cuando hicimos el recuento de vidas y muertes, de hazañas y cobardías, de sueños realizados y matrimonios hechos y deshechos, pregunté por el Flaco Martínez. "El Flaco también se murió -dijo alguien-; se fue al sur, a Santa Cruz, y lo agarró la pulmonía, pobre Flaco."
La Zulema era un recuerdo que se nombraba en voz baja. Muchos se habían construido un edificio personal que los abrigaba de un pasado de pobreza y la Gorda Zulema estaba sepultada en los cimientos. ¿Qué importancia podía tener entonces aquel primer viernes de cada mes, cuando era primavera y el viento se calmaba y todos dejábamos de rechinar los dientes?

*De Osvaldo Soriano.
-"Cuentos de los años felices" Editorial Sudamericana, Bs. As. Edición de 1993.

SERPENTINA*

En mis sueños de amor, ¡yo soy serpiente!
Gliso y ondulo como una corriente;
Dos píldoras de insomnio y de hipnotismo
Son mis ojos; la punta del encanto
Es mi lengua... ¡y atraigo como el llanto!
Soy un pomo de abismo.

Mi cuerpo es una cinta de delicia,
Glisa y ondula como una caricia...

Y en mis sueños de odio, ¡soy serpiente!
Mi lengua es una venenosa fuente;
Mi testa es la luzbélica diadema,
Haz de la muerte, en un fatal soslayo
Son mis pupilas; y mi cuerpo en gema
¡Es la vaina del rayo!

Si así sueño mi carne, así es mi mente:
Un cuerpo largo, largo de serpiente
Vibrando eterna, ¡voluptuosamente!

*De Delmira Agustini.
-Fuente: http://www.abanico.org.ar/2004/12/agustini.htm

Sábado, 05 de Enero de 2008
Delincuencia, castigo y ética*

*Por Osvaldo Bayer
desde Bonn, Alemania Federal

Aquí, en Alemania, prosiguió durante las fiestas la discusión sobre si hay democracia cuando se pagan millones de euros anuales a los ejecutivos de grandes empresas y al mismo tiempo hay casi cuatro millones de desocupados.
¿Es democracia ejercer el poder del dinero para crear el "más poder" que significa la propiedad? No, democracia debe ser siempre lo equitativo. A cada uno lo suyo para vivir en la dignidad. Eso tendría que ser lo racional.
Y no favorecer la riqueza de algunos y la pobreza de otros. Cuando no se guarda la dignidad no se es democrático.
Por ejemplo: ¿se puede llamar democracia a un país que tiene desocupados? No, evidentemente, no. Es un concepto que tiene que hacerse consciente en toda mente humana. Aquí en Alemania -y nombro a este país porque es señalado como el mejor país organizado económicamente dentro del sistema capitalista-
justo ayer los medios comunicaron exultantes que en el último mes se ha reducido el número de desocupados en 28.000, y ahora el total de gente sin trabajo es de "solamente" 3.406.000. Tres millones y medio. Lo que no dicen las frías estadísticas es la situación de desigualdad entre los que no
tienen trabajo frente a los que sí lo tienen. Porque debemos, insistimos, adoptar el concepto de que en una democracia todos tienen que tener trabajo, todos deben tener las mismas posibilidades de vivir dignamente. ¿Cómo se hace? Pues repartiendo. Creando trabajo. Porque si no el resultado es la
violencia, la sociedad violenta.
Que es el tema de actualidad en Alemania. De debatir como principal tema la irracionalidad de los altísimos sueldos de los ejecutivos de las empresas privadas, los sucesos de actualidad han llevado la discusión a la cuestión de la violencia en las calles. Todo nació con un hecho muy cruel ocurrido en
el subterráneo de Munich. Dos jóvenes extranjeros -un turco y un griego, de 20 y 16 años de edad- se pusieron a fumar en un vagón de pasajeros. Un anciano -de 76 años- les advirtió de buenas maneras que en el subte estaba prohibido fumar y que, por favor, apagaran sus cigarrillos. Los dos jóvenes
extranjeros le gritaron al anciano pasajero: "Callate, alemán de mierda". Y lo escupieron. Poco después, el anciano alemán se bajó del subte y fue perseguido por los dos jóvenes extranjeros. Uno, de atrás, le pegó un feroz puñetazo en la cabeza. El hombre cayó y allí fue pateado con toda violencia en la cabeza y en la espalda. Todo esto fue filmado por las cámaras de vigilancia que hay en cada estación de subte. El pasajero golpeado resultó ser un maestro, director de escuela jubilado, quien fue internado de
inmediato en estado grave con fractura de cráneo. Tres días después del hecho fueron detenidos los jóvenes autores de la agresión. Las cintas filmadas fueron pasadas en todos los noticieros de televisión. Se originó una gran indignación de la opinión pública dirigida en especial contra los extranjeros, por supuesto. Justo fue el momento cuando cada partido político demostró lo que tiene que ser para ellos la educación y cómo hay que terminar con la violencia juvenil. Por supuesto, para la derecha, con más castigo. Es decir aumentando las penas de prisión y, a los extranjeros, luego de cumplida la prisión, expulsarlos del país.
Pero la realidad volvió a repetir sus fantasías. Dos días después del hecho, en un subte de Berlín, dos muchachos alemanes golpearon a un africano, a quien, por supuesto, calificaron de "negro de mierda". Aquí era al revés. No sólo los agresores son jóvenes extranjeros sino que también pueden serlo, y lo son, jóvenes del propio país. Quedaba demostrado que la verdadera culpable es la sociedad misma, con sus pobres y ricos, con sus niños educados en escuelas de barrio "bien" y los otros, en barrios pobres, de
gente desocupada, marginada, del alcohol y de la droga. Ni siquiera las religiones han logrado aminorar la violencia de la sociedad, debe ser por sus principios de autoritarismo. (Justamente, se ha comprobado en Alemania, por ejemplo, que el 26 por ciento de padres turcos mahometanos castigan a sus hijos. En las familias alemanas esa proporción cae al 6 por ciento, pero en los estados católicos, al sur alemán, es más asiduo que en los luteranos.) Y gran parte de la delincuencia juvenil -lo demuestran los estudios realizados- viene de los hogares donde se ejerce la paliza como medio de enseñar conductas. Por supuesto, la delincuencia en su mayoría es ejercida por jóvenes sin trabajo y que han abandonado los estudios y aprendizajes.
Y todo eso no se arregla aumentando las penas por los delitos. Lo demuestran las estadísticas. Un alto porcentaje de los delitos son cometidos por ex presos, es decir, por personas con antecedentes delictivos. Lo que quiere decir que con la prisión no se aprende nada. Pero sí cuando en la prisión, y especialmente a los jóvenes, se les enseña un oficio, es decir, a llegar a la seguridad de sentirse útiles dentro de la sociedad. Y salen de la cárcel con un trabajo asegurado.
Del total de actos delictivos en Alemania, el 43 por ciento fue llevado a cabo por jóvenes menores de 21 años de edad, y la mitad de los mismos fue cometido por jóvenes extranjeros.
Y aquí hay que preguntarse por qué y no hacer racismos baratos. La derecha, representada por el Partido Demócrata Cristiano, ha iniciado la campaña de terminar con la "pedagogía del mimo" para con los jóvenes delincuentes e instalar campamentos de castigo para ellos. Pero aclaran que con ello no tratan de imitar a Estados Unidos, que posee los bootscamps donde los jóvenes son tratados como si estuvieran haciendo el más despiadado servicio militar, sino someterlos a severas reglas y un horario de tareas a cumplir indefectiblemente. Trabajo, trabajo y trabajo. Por supuesto, trabajos que lleven al agotamiento físico para que no comiencen a tramar planes contra el orden previsto. Esa democracia cristiana ha conseguido ya que Alemania pueda expulsar a extranjeros jóvenes desde los catorce años de edad. Eso es como tirar la violencia para otro lado y darle la espalda. Así no se solucionan los problemas de un mundo cada vez más estrecho y cercano.
Ojalá que las agresiones en los dos subterráneos alemanes, el del maestro golpeado y el del africano agredido, den principio al diálogo para encontrar cuál es el método de la razón que lleve a terminar con la violencia individual.
Los argentinos tenemos una historia del horror en nuestros institutos penales. Las masacres, los incidentes entre internos, la pobreza inmensa de medios para lograr una convivencia que nos aleje de la violencia, enfermedad siniestra que si no se la trata terminará con toda forma de convivencia.
Y para eso, el primer ladrillo de una verdadera democracia debe ser el diálogo, la palabra. Termino ahora con algo que me llena de tristeza pero no de conformismo. Los argentinos no somos capaces ni siquiera de debatir nuestra historia y preguntarnos qué nos ha pasado en esa bella y más que generosa tierra argentina. Me acaban de comunicar que el presidente de la municipalidad entrerriana de Gualeguaychú, Juan José Badillo, acaba de vetar la resolución de cambiar el nombre a la calle General Roca por el de Pueblos originarios. Es decir, cambiar el recuerdo del genocida por el de sus víctimas. El pretexto de Badillo ha sido que "la implementación del cambio de nombres de calles acarrea innumerables inconvenientes a los vecinos (...), ya que se hace necesario que ellos deban realizar cambios de domicilio". Qué profundidad filosófica la del señor Badillo (con el mismo argumento, hoy todas las calles céntricas de Alemania seguirían llamándose Adolf Hitler), cuando lo valioso, lo valiente, hubiera sido llamar al debate público y que triunfe la razón sobre el interés. La misma resolución tomó la mayoría de la comisión de cultura de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el voto del macrismo y del ARI. La pregunta es: si tenemos miedo de debatir esa temática histórica que hace a la Etica de una verdadera República, ¿cómo vamos a resolver los profundos problemas de nuestra
sociedad?

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-97058-2008-01-05.html

FIERA DE AMOR*

Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones.
De palomos, de buitres, de corzos o leones,
No hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor;
Había ya estragado mis garras y mi instinto,
Cuando erguida en la casi ultratierra de un plinto,
Me deslumbró una estatua de antiguo emperador.

Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra
Ascendió mi deseo como fulmínea hiedra
Hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;
Y clamé al imposible corazón... la escultura
Su gloria custodiaba serenísima y pura,
Con la frente en Mañana y la planta en Ayer.

Perenne mi deseo, en el tronco de piedra
Ha quedado prendido como sangrienta hiedra;
Y desde entonces muerdo soñando un corazón
De estatua, presa suma para mi garra bella;
No es ni carne ni mármol: una pasta de estrella
Sin sangre, sin calor y sin palpitación...

¡Con la esencia de una sobrehumana pasión!

*De Delmira Agustini.
-Fuente: http://www.abanico.org.ar/2004/12/agustini.htm

Presagios de Beethoven para la UE*

*Por Slavoj Zizek
Fuente: FILOSOFO, DIRECTOR INSTITUTO BIRKBECK DE HUMANIDADES

Los gobernantes de la Unión Europea pusieron fin semanas atrás a diez años de disputas diplomáticas y firmaron el Tratado de Lisboa.

Durante la ceremonia, un coro interpretó la "Oda a la alegría" de Beethoven.
Si bien el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven puede parecer una elección inocua como himno oficial de la Unión Europea (se lo proclamó en 1972), en realidad es mucho más elocuente que lo que cabría esperarse en relación con la Europa actual.

La pieza musical tiene un pasaje de extraño desequilibrio. En medio del movimiento, después de escuchar la melodía principal (el tema de la "alegría") en tres variaciones vocales y orquestales, ocurre algo inesperado que incomoda a los críticos desde hace ciento ochenta años: en el Compás 331 el tono cambia por completo y, en lugar del himno solemne, el mismo tema de la "alegría" se repite en un estilo de "marcha turca".
El tono se convierte entonces en un desfile carnavalesco, un espectáculo satírico. A partir de ese momento, estiman tales críticos, todo se arruina; nunca se recupera la dignidad simple y solemne de la primera parte del movimiento.
¿No se aplica lo mismo a la Europa actual? La segunda estrofa del poema de Friedrich Schiller musicalizado en la "Oda a la alegría", cuyo coro invita a los "millones" del mundo a "abrazarse", termina con un presagio: "En cuanto a aquél que no pueda regocijarse, que se aleje llorando".
Resulta difícil obviar una reciente paradoja de la marcha turca: mientras Europa da los últimos toques a su solidaridad continental en Lisboa, los turcos, a pesar de sus esperanzas, están fuera del abrazo.
Antes de sucumbir al sentimiento cálido de que somos una gran familia, los europeos deberíamos pensar en todos aquellos que no pueden regocijarse con nosotros, en todos aquellos a los que se obliga a "alejarse llorando". Tal vez sea la única manera de poner fin a los disturbios, los incendios de autos y otras formas de la marcha turca que ahora vemos en nuestras propias ciudades.

Copyright Clarín y Le Monde, 2008. Traducción de Joaquín Ibarburu.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2008/01/05/opinion/o-03102.htm

InventivaSocial
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Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
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