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La Coctelera

inventiva

27 Febrero 2008

ISLAS DEL TESORO...

*

En esta madrugada
Quiero ahuyentar
Las pesadillas y la angustia
Reírme de mi y
No ser crítica
Dejar de lado la
Responsabilidad y la culpa
Ser como el arco iris
Atravesar las olas
Con desparpajo y sintiendo el viento
Del río sobre mi piel
Escuchar en el silencio
A los grillos de la buena suerte
E iluminarme solamente
Con los bichitos de luz.

*de Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

ISLAS DEL TESORO...

La tierra incomparable*

(fragmento)

*de Antonio Dal Masetto

VEINTISIETE.

Agata bajó a media mañana. En el hall del albergue se encontró con Rosina, y charlaron un rato. Rosina se quejó de que ese día andaba con el ánimo muy bajo. Cuando es­taba así nadie la respetaba, todos la trataban mal.
-Hasta los animales me faltan el respeto.
Si estaba cruzando la plaza y veía venir volando una pa­loma a la altura de su cabeza, se tenía que agachar. Si no lo hacía, seguro que la paloma se la llevaba por delante. Mientras hablaba no dejaba de sonreír, pero se la adivina­ba afligida.
Apareció Silvana, saludó, se disculpó por interrumpir, tomó a Agata de la mano y la llevó hacia la salida.
-Venga -dijo-, tengo una novedad.
Agata pensó que había venido a buscarla para cruzar a Coseno. Al llegar a la puerta se dio vuelta y vio que Rosina seguía en el mismo sitio, en la misma posición, mirando hacia adelante, como si le costara reaccionar y aceptar la desaparición de su interlocutora. Regresó, le tocó el brazo y le dijo:
-Nos vemos más tarde.
Salieron. Silvana no habló de Coseno.
-Una amiga mía es profesora del hijo de la señora que vive en su casa -dijo-, Anoche me lo presentó y le conté la historia del tesoro.
Agata la miró sin entender.
-Le pedí permiso para que fuéramos a desenterrarlo
-siguió Silvana.
-¿Qué dijo?
-Nos está esperando.
Silvana estaba excitada, como si acabase de descubrir el escondite de un tesoro de verdad. Era la primera vez que Agata la veía moverse con tanto entusiasmo. Llegaron al coche.
-¿Qué le parece? -dijo Silvana mientras arrancaba.
-No sé qué decir -Contestó Agata.
Subieron por la calle de atrás, pasaron por el bar don­de habían estado el primer día y bordearon la cancha de fútbol.
-Allá está, ése es Aldo -dijo Silvana.
Estaba parado en el borde del camino, apoyado en una pala. Miraba al frente, meditativo, en una postura poco na­tural, como si posara. Cuando frenaron se sobresaltó y ca­minó rápido hacia ellas. Agata tuvo la impresión de que las había visto llegar desde lejos, que aquel gesto de sorpresa había sido preparado de antemano y que el muchacho es­taba actuando.
Las recibió con una sonrisa. Le tendió la mano a Agata: -Aldo, a sus órdenes.
Era muy joven, tenía pelusa sobre los labios, Se notaba que todavía no se afeitaba.
Allá al fondo, en el patio de la casa, apareció la mujer de la ventana, la madre del muchacho. Avanzó por el sendero de lajas caminando despacio y se detuvo a unos diez metros, los brazos cruzados sobre el pecho y el entrecejo fruncido. Agata y Silvana la saludaron. Ella no contestó. O, si lo hizo, no se oyó.
-A trabajar -dijo Aldo esgrimiendo la pala-, ¿Dónde es?
-En el rincón -dijo Agata.
-¿Acá?
-Justo ahí.
El sitio que Agata marcaba estaba en el ángulo formado por el alambre tejido y el muro que separaban al terreno de la calle y de la propiedad aledaña. Se preguntó por qué su hijo habría elegido ese rincón, el más alejado de la casa, para enterrar su tesoro.
Ella y Silvana estaban paradas en la entrada, en la línea del portón, casi afuera del terreno. No necesitaban avanzar más para estar cerca de Aldo. De todos modos, aquella mu­jer, detenida en el sendero, mirándolas, era como una va­lla. Había viento.
El muchacho despejó el lugar de yuyos secos y empe­zó a trabajar. Era tierra dura. Colocaba la pala vertical, elevándola por encima de la cabeza, y la clavaba soltán­dola con fuerza. A cada golpe, antes de tirar la tierra re­movida a un costado, miraba hacia las dos mujeres co­mo si esperara aprobación. Después a Agata le pareció que, en realidad, la destinataria de las miradas era sola­mente Silvana.
El filo de la pala chocó contra algo duro y Agata sintió en los dientes el sonido del metal. Aldo rodeó el obstáculo con golpes breves y expertos, lo removió, se agachó y sacó una piedra ovalada, lisa y del tamaño de un zapato.
-Una piedra -dijo mostrándola. La tiró a un costado.
-Tal vez sea una marca, ¿se acuerda si su hijo colocó una marca? -dijo Silvana.
-No me acuerdo.
Aldo se sacó la camisa y la colgó de la alambrada. Tenía lindo cuerpo, musculoso, y Agata tuvo la impresión de que se había desnudado para lucirse ante Silvana. Respiró hon­do, inhalando despacio, los pectorales se le hincharon y se le marcaron los tendones del cuello. Soltó el aire de golpe, con un gran soplido, y volvió a tomar la pala. La madre permanecía en el mismo sitio, rígida y callada, con cara de desaprobación.
Aldo se arrodilló, escarbó, tironeó y se enderezó. -Otra piedra.
La arrojó a un costado.
Después apareció una raíz. Era gruesa y rojiza y al ata­carla la pala dejaba heridas muy blancas. Aldo cortó en un extremo, cortó en el otro, levantó el pedazo de raíz y lo mostró como un trofeo, igual que con las piedras. La ma­dre miró alrededor, con actitud crítica, tal vez tratando de detectar el árbol al que estaban dañando con esa amputa­ción.
-¿Cuántos años? -preguntó Aldo.
-Cuarenta.
Aldo se pasó una mano por la frente y como con rabia murmuró:
-Cuarenta, cuarenta.
Y se puso a trabajar con más vigor que antes. De tanto en tanto, sin interrumpirse, miraba a Silvana con ojos de fuego. Silvana, seria, se quitaba el pelo que el viento le echaba sobre la cara y mantenía la mirada fija en el pozo. La madre de Aldo se desplazó un par de metros y se apoyó contra el muro, siempre con los brazos cruzados. Durante un rato largo nadie habló. Pasaron dos o tres coches. Un grupo de colegialas llenó la calle y se perdió en dirección al pueblo. Las tres mujeres permanecían inmóviles, pendientes del trabajo. Bajo aquellas miradas, Aldo seguía con su demostración de fuerza.
Agata pensó en su hijo con la caja de lata, el día previo a la partida hacia América. Lo recordó con los pantalones cortos, bajo el nogal, esforzándose por cavar un hoyo profundo. Ahora veía a Aldo trabajar para rescatar lo que aquel chico había enterrado. Y sintió que frente a ella no había solamente un muchacho voluntarioso luciendo sus músculos y manejando la pala como un héroe la espada. Las dos figuras, una lejana, otra presente, se tocaban y se fundían. Y de esa unión se desprendía un mensaje que agata todavía no lograba descifrar. Por su cabeza desfilaban ideas informes, que no se concretaban y que, así como aparecían, se eclipsaban. Le parecía que una voz había comenzado a hablarle desde esa confusión. Y esa voz le decía que ambos esfuerzos, el de antes y el de ahora, formaban parte de la misma tarea. Agata no lograba entender más, no podía ir más allá. Pero se abandonó a esa sugerencia, la acepto y al hacerlo se sintió en calma y, de algún modo, por un momento, recompensada. Si ese muchacho, su trabajo, eran una prolongación del trabajo de su hijo, si de alguna misteriosa manera se complementaban, entonces era como si la casa, o algo de la casa, no se hubiese perdido del todo.
Se le cruzó la idea de que las cosas se guardaban en la tierra para que perduraran. Pensó en Carla y en su jarrón roto enterrado en el jardín. Pensó en términos de semillas. El proceso de la semilla colocada en la tierra y que después de un tiempo busca la luz e instala un elemento nuevo en el mundo. Era como si su hijo hubiese plantado una semilla. Y ahora, después del letargo, después del largo túnel de silencio y oscuridad, viniera a manifestarse en esta reunión azarosa, en las expectativas dispares de estos cuatro testi­gos, empujados, convocados durante algunos minutos, al­teradas las direcciones de sus vidas durante algunos minu­tos, por aquel gesto perdido en el fondo de los años y llegado hasta ellos en esta mañana de viento.
Aldo se detuvo. Volvió a pasarse la mano por la frente y a respirar hondo. Había dejado la pala en el pozo y eso marcaba la profundidad.
-¿Puede estar más abajo? -preguntó.
-No sé, no creo -dijo Agata.
-¿Nos habremos equivocado de lugar?
-Era justo ahí, en el rincón.
Aldo meditó. Miró a Silvana.
-Vaya ampliar el agujero -dijo con determinación. La madre habló por primera vez:
-¿Más grande? ¿Más pozo?
Se desprendió del muro, dio unos pasos hacia adelante y se detuvo. Aldo se sopló las palmas de las manos y reanu­dó la tarea. Ahora, en la tierra removida aparecieron algu­nas láminas de metal oxidado que se deshacían al tocarlas. Pero nada más.
-¿Qué había en la caja? -preguntó Aldo.
-Soldaditos, autitos, juguetes -dijo Agata.
Aldo atacó de nuevo, resoplando y murmurando: -Soldaditos, autitos, juguetes.
A cada palabra correspondía una furibunda palada de tierra. Fue aumentando el ritmo. Se detuvo de golpe, ja­deante, rojo, mojado de sudor, y soltó la pala que cayó al piso.
-Nada -dijo.
Se lo veía tan contrariado y afligido que Agata y Silvana tardaron en hablarle.
-Pasó demasiado tiempo -dijo Agata.
-Por lo menos pudimos intentarlo -dijo Silvana.
Estuvieron así, indecisas, como si, antes de marcharse, necesitaran encontrar con qué compensar la desolación de Aldo. Se fueron retirando hacia el coche y Aldo las acom­pañó. Al despedirse, Silvana le acarició el brazo con la punta de los dedos y luego se lo apretó.
-Qué músculos -dijo. Subieron al coche.
-Cualquier cosa que necesiten, acá estoy -dijo Aldo. Arrancaron. Agata se dio vuelta, vio que Aldo se había quedado parado en la mitad del camino, sacó la mano por la ventanilla y la agitó hasta que doblaron y se desviaron hacia la calle ancha.
-¿Desilusionada? -preguntó Silvana.
Agata contestó con un movimiento de cabeza que no afirmaba ni negaba. Pero no estaba desilusionada. Lo que se llevaba de aquel intento la hacía sentir bien. Veía a cua­tro figuras en el viento, en la luz, con las montañas alrede­dor, como personajes de un cuadro fijados en el momento culminante de una ceremonia. Seguía pensando en su hijo. Tenía la sensación de haber asistido a un pequeño milagro.

*de La tierra incomparable, © Editorial Planeta (1994), © Antonio Dal Masetto.

Miércoles, 27 de Febrero de 2008
Fidelidad*

*Por Sandra Russo

A lo mejor porque él representa, en lo más íntimo, el máximo exponente de la fidelidad a una idea, es que me cuesta tanto escribir sobre Fidel. Tengo una foto que busqué para anclarlo en mi zona de escritura posible, ya que él pertenece también a un territorio personal de escritura imposible.
En esa foto, tomada en Santiago de Cuba un mediodía de sol rabioso, estoy de 26 años y tengo un pañuelo blanco en el cuello, como las decenas de miles de personas que había allí. Estoy dándome vuelta y mirándolo a él, que hablaba y hablaba como hablaba siempre, tan jugoso. Esa es mi foto con Fidel. Hay
bastantes hileras de sillas con invitados especiales entre él y yo, pero es lo más cerca que lo tuve. Esa foto puede ser enmarcada por alguien que nunca enmarca fotos.
Hace años que Fidel había bajado rengueando desde el Olimpo, porque uno, ya se ha dicho, ya se ha escrito, si pudiera elegir, no elegiría Cuba como lugar de residencia permanente. Pero hay amores que tampoco son para residencia permanente. Hay pasiones que incluso de lo que se alimentan es de
entreabrirse y volver a cerrarse.
Hoy no pensamos en Fidel como pensábamos cuando creíamos en el camino de la revolución. Hoy él ha dejado de ser el que forjó sobre la mata espesísima de la Sierra Maestra un modelo político inimitable, irrepetible, maravilloso, justo. Pero eso fue lo que fuimos comprendiendo con los años, mientras él
envejecía y los que lo odiaban iban demostrando que no creían en ninguno de los valores que invocaban.
Cuba es la poesía en un mundo que ha perdido el habla. La isla ha sido declarada por la Unesco "país libre de analfabetismo". Y uno se pregunta: ¿y si fuera ése el objetivo de un pueblo? ¿Y si todo el poder político fuera utilizado en una sociedad para que sus niños y sus niñas tengan padre y madre con trabajo, casa, salud, escuela? ¿Suena descabellado, exagerado, zurdo, y en todo caso, por qué suena descabellado, exagerado o zurdo celebrar con emoción y palabras mayores a una revolución que les dio voz y conciencia a todos sus habitantes?
Y ésa fue su obsesión, su criatura. Fidel fue fiel como nadie fue fiel en el último siglo a una intuición ideológica, sostenida racionalmente pero sustentada desde lo más libidinal de un pueblo. Fidel soportó. Luchó. Durante décadas tuvo que seguir haciéndolo en todos los terrenos, porque estuvo solo en América latina. Fidelidad, infidelidad. Van a lo íntimo. Pero lo íntimo no es sólo esa membrana de nosotros sobre la que van a parar los amores y los amoríos con otros hombres y mujeres. Lo íntimo incluye, en uno de sus pilares más escondidos, qué te mueve a la acción, qué te indigna, qué te es insoportable, y también qué gusta, qué te tienta, qué entusiasma. Lo más íntimo de todo debe ser lo que te deja en paz con tu conciencia.
Fidel fue fiel a sí mismo, y a Fidel le fuimos fieles los que en lo más íntimo de nuestros pellejos entendemos que en Cuba hay algo de lo mejor de todos.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-99704-2008-02-27.html

Miércoles, 27 de Febrero de 2008
la inauguracion de "ausencias" en el c. c. recoleta

Postales de la tarde en que la ausencia se hizo presencia*

Estela de Carlotto, Horacio Verbitsky, Antoni Traveria -director de Casa Amèrica Catalunya-, la presidenta Fernández de Kirchner, Gustavo Germano, David Blaustein: voces coincidentes sobre el valor de una muestra imperdible.

Orlando Méndez, Laura Méndez Oliva y Leticia Oliva.

*Por Oscar Ranzani

"Hace seis días Eduardo cumplió cincuenta años. Hace treinta y dos que no pudo vivir su vida. Esto lo quería decir porque creo que es importante. El tiempo como se ve en estas fotografías es lo que marca la permanente presencia de la ausencia, que es lo que creo que todos los familiares y argentinos conocemos. Yo quiero agradecerles a todos los que hicieron posible este trabajo y a los que se conmuevan con él." Así, tan breve pero intenso, se expresó ayer el fotógrafo argentino Gustavo Germano, nacido en Entre Ríos y radicado en España, que vino a la Argentina a presentar su muestra Ausencias que, al igual que con la misma contundencia de su escueto discurso, muestra a través de la fotografía catorce casos de historias de desaparecidos donde quedan expuestos el dolor de la ausencia y el sentimiento de la permanente presencia de quienes ya no están. Uno de ellos es Eduardo Raúl Germano, hermano de Gustavo, quien fue secuestrado el 17 de diciembre de 1976 a los dieciocho años por miembros del Ejército y de la policía de la provincia de Santa Fe, en Rosario. La muestra se inauguró ayer en el Centro Cultural Recoleta y contó con la presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, miembros de organismos de derechos humanos, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el periodista, escritor y titular del CELS, Horacio Verbitsky, Antoni Traveria, director general de Casa Amèrica
Catalunya -institución que produjo la muestra- y directivos de Página/12, auspiciante junto a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
Antes de que comenzaran los discursos, Cristina Fernández de Kirchner recorrió las 28 fotografías que componen Ausencias. Cada historia se compone de dos fotos. Una extraída de álbumes familiares donde aparece en un determinado lugar una víctima del terrorismo de Estado junto a familiares y/o amigos; es decir, una foto producto de la espontaneidad y de la cotidianidad de un momento agradable. En la otra, tomada por Germano treinta años más tarde, aparecen en los mismos lugares que en las fotos de origen
los familiares y/o amigos, dando cuenta del ser ausente pero, a la vez, presente. El autor de la muestra le fue explicando a la Presidenta las características de cada foto, de cada situación, de cómo había sido la desaparición y el corazón de la muestra; es decir, cómo se habían hecho las fotos con los familiares sobrevivientes. Posteriormente, Fernández de Kirchner se reunió con algunos de los familiares que aparecen en las fotos y que viajaron especialmente a Buenos Aires, y mantuvo una conversación con
ellos. Cada uno le contó las historias de sus vidas, de sus cosas hasta que la Presidenta escribió una frase en el libro del C. C. Recoleta, donde pueden expresar las emociones y reflexiones de los visitantes: "No es casualidad que estas ausencias cuenten con nuestra presencia", dejó estampado de puño y letra. Vale destacar que es la primera vez que una máxima autoridad del país visita el C. C. Recoleta, ya que si bien se inauguró durante la dictadura, ningún presidente de la democracia había estado en esta institución cultural. Al finalizar el recorrido y ante la pregunta de un cronista acerca de qué comentario le merecía la muestra, la Presidenta dijo conmovida: "No necesita comentarios". Un rato más tarde, luego de abrazar a Estela de Carlotto, señaló: "Cuando uno mira estas fotos, los comentarios huelgan. Creo que la fuerza de las imágenes junto a la fuerza de la historia es definitiva".
El significado de la barbarie
Para aquel momento, el Patio de los Naranjos del Recoleta estaba superpoblado. Arrancó Verbitsky explicando que la muestra fue organizada inicialmente en Barcelona por la Casa Amèrica Catalunya y que estará recorriendo distintos lugares del país, de la región y del mundo porque "ha tenido un enorme impacto. Transmite con muchísima intensidad lo que significa la ausencia de una persona insertada en la cotidianidad de una familia". El autor de El vuelo destacó: "Para quienes tenemos relación con el tema es muy conmovdeor, pero además creo que ayuda a que quienes no tienen relación con esta cuestión se representen mejor qué significa esa barbarie de arrancar una persona de su propia vida, de su cotidianidad, de su familia, como ocurrió en nuestro país. Yo quiero agradecerle a Gustavo Germano la enorme sensibilidad poética, artística, con la que él ha hecho esto. Los que hemos trabajado desde el periodismo, desde los libros, sobre los derechos humanos en este tema creo que somos los que sabemos que nadie mejor que un artista para transmitir en profundidad lo que esto significa. Y el trabajo que ha hecho Germano, desde mi punto de vista personal, es la cosa más conmovedora que yo he visto nunca sobre este tema".
Una obligación moral y ética
Luego de Germano habló Traveria: "Ausencias es una muestra que rescata la memoria de quienes están para los que no están, pero que nunca se fueron, los recuerdos más íntimos, aquella salida al campo de los amigos, las sonrisas, las vivencias, aquella fotografía de más de treinta años en cualquier lugar de encuentro personal", expresó el director de Casa Amèrica Catalunya quien, además, comentó que Germano presentó su proyecto a esa institución nada menos que un 24 de marzo de 2006, y que traer la muestra a la Argentina fue una "obligación moral y ética". "Es una satisfacción, un lujo trabajar con Gustavo y compartir con él sus emociones, sus sentimientos a través de sus fotografías y de lo que cada una de ellas muestra y representa", reflexionó Traveria.
Ausencias fue inaugurada el 17 de octubre del año pasado en Barcelona y, desde aquel mismo momento, el impacto que causó hizo crecer su repercusión, motivo por el que seguirá circulando por Europa pero también por América latina y por las provincias de la Argentina. En Buenos Aires estará hasta el 30 de marzo, luego irá a Paraná en mayo y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación la hará itinerante por las provincias. Estará en Santiago de Chile, se podrá ver también en Uruguay y Paraguay, mientras se está conversando con Colombia y México para llevarla a esos países.
El director de Botín de guerra y Cazadores de utopías, David Blaustein, presente en la inauguración, señaló a este diario: "La verdad es que estoy un poco perplejo. Hacía mucho tiempo que un recurso artístico no me dejaba tan conmovido y tan enmudecido. Me impresiona la capacidad del artista para
conmover, y para que el arte siga siendo en nuestro país tan original para producir memoria".

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-9345-2008-02-27.html

ESTELA DE CARLOTTO
"Vi a mi hija"

En diálogo con este diario, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, señaló que "la muestra es impactante". "Vi la imagen de mi hija, de mis hijos: el look, el peinado, la pose, la mirada de esa juventud que sabía lo que quería, se arriesgó, sabía que iba a dar la vida, pero lo hizo a conciencia porque, como me dijo Laura: 'Nuestra muerte, mamá, no va a ser en vano'. Están presentes, de alguna manera, aunque en fotos en blanco y negro, pero se los ve sonrientes, militando. Es aberrante ver que hay niñitos que también cayeron bajo las bombas de los genocidas. Y todo eso produce una sensación de mucho dolor pero de mucha memoria, y casi diría de triunfo sobre el olvido, porque muchos pretendieron el olvido", expresó Carlotto. "Muchos nos dijeron: 'No hay que mirar para atrás, hay que mirar para adelante, ¿por qué no pensamos el futuro y no miramos el pasado?'. De ninguna manera se puede vivir sin memoria. Sería como querer matarnos a medias. De manera que para mí ver esta muestra fue cumplir con lo que deseaba: acompañar a la familia y recordar a los compañeros de mi hija", sintetizó Carlotto.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/9345-2943-2008-02-27.html

GUSTAVO GERMANO
"Volver a casa"

Luego de la inauguración, Germano habló con Página/12 y recordó que todo empezó "con la idea de que uno daría todo por haberlos visto envejecer, por haberlos visto vivir su vida. Esta fue la idea de la que partimos para formar este concepto de lo ausente y lo presente y el paso del tiempo. Si logramos poner en dos fotos la permanente presencia de una ausencia, yo me doy por satisfecho", subrayó el fotógrafo, que trabajó para su investigación con el Registro Unico de la Verdad de la Provincia de Entre Ríos, con la agrupación HIJOS Regional Paraná y la colaboración imprescindible de la Asociación de Familiares y Amigos de Detenidos-Desaparecidos de Entre Ríos (Afader). Por eso, presentarla en Argentina lo vive como "volver a casa. El lugar en el que tiene que terminar para volver a empezar es Paraná", explicó
Germano.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/9345-2944-2008-02-27.html

El misterio del tiempo*

Por Horacio Verbitsky *

La desaparición forzada de personas, que debían esfumarse en la nada, fue el método elegido por la dictadura argentina de 1976-1983. Según varios de sus jefes, así buscaron evitar la condena de la Santa Sede, con la aprobación sigilosa de la jerarquía argentina. Pero a cambio consiguieron que aquel
pasado atroz llegara a ser un insomne presente perpetuo, como la maldición que Neruda pensó para Franco. Más que los juicios penales, las investigaciones periodísticas o los ensayos filosóficos, el arte da cuenta del vacío lacerante que la ausencia inexplicable provoca. Como las esculturas de Juan Carlos Distéfano o los poemas de Juan Gelman, los cuadros de Carlos Alonso o los del español Ramos Gucemas, las fotografías de Gustavo Germano y los puntos que en cada leyenda reemplazan al nombre ausente evocan ese trauma fundador de la identidad argentina contemporánea y nos introducen al misterio del tiempo con la muda violencia de un gesto congelado.

* Texto incluido en el libro Ausencias.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-9346-2008-02-27.html

Martes, 26 de Febrero de 2008
El cáncer de la fortuna*

*Por Nora Veiras

Sonó el teléfono y una voz desconocida pero inconfundible empezó a hablar:
-Disculpe, ¿tendrá unos minutos para escuchar la promoción del Banco Francés? -la chica con tono impersonal pidió permiso y arremetió: "El Banco quiere ofrecerle un paquete de seguros: uno para su propiedad y el otro es un Plan de Salud Femenino".
En pocas palabras agotó la primera oferta, similar a todas aquellas que tratan de seducir y exacerban esa compulsión por estar precavido ante eventuales tragedias.
Sin solución de continuidad, la chica entrenada en esas lides completó el kit:
-Además, tenemos el Plan de Salud Femenino. Si a usted le diagnostican cáncer de útero, ovario o mama, el banco le da 35 mil pesos para que los gaste en lo que quiera, no tiene que decirle al banco en qué decide invertir. Si quiere puede aumentar la cuota de la prepaga porque los tratamientos son muy costosos...
Del otro lado de la línea, quedé demudada, la chica seguía ofreciendo opciones "creativas" y aclaraba, si mal no recuerdo, que la cuota mensual para acceder al beneficio era de unos 23 pesos.
-¿Y si tengo cáncer de hígado? --atiné a preguntarle con una mezcla de morbo y cinismo.
-Ah... El Plan de Salud Femenino es para casos de cáncer de ovario, útero y mama -reiteró programada la operadora.
-Vos no tenés nada que ver pero el que ideó la promoción es siniestro.
Muchas gracias -dije, y colgué.
Era la tercera vez en menos de un año que recibía el llamado. Perdón, debo decir que ampliaron el kit: incluyeron las mamas. En la primera oferta las lolas habían quedado afuera.
En estos meses, los encargados de marketing deben haberse topado con la estadística de la Organización Mundial de la Salud que pronostica que en el mundo se les diagnosticará cáncer de mama a más de 1.200.000 personas este año y, además, que la tasa de mortalidad está cayendo en la Argentina, las
muertes por cáncer de mama se ubican en 20,4 por 100.000 según el atlas elaborado por Elena Matos y Doria Loria, del Departamento de Carcinogénesis del Instituto Roffo. Siguen en orden descendente el cáncer de útero (10,7), colon-recto (9,0), cáncer de pulmón (6,9), páncreas (5,5) y ovario (4,0).
"Estas tasas de mortalidad se mantienen casi en los mismos niveles desde hace 30 años, aunque en los últimos diez las curvas parecerían estar bajando en las mujeres de 40 a 49 años. Esto, a nivel de hipótesis, se podría relacionar con la detección temprana", señala la doctora Matos, epidemióloga
y coautora del estudio.
¡Podrán seguir pagando la cuota! -deben haber razonado.
El mercado no da derecho a avasallar la intimidad, a irrumpir en el cuerpo, en la sensibilidad del otro/a. ¿Alguien pensó qué puede sentir una mujer a quien le acaban de diagnosticar cáncer y escucha la dulce voz de la promotora? Quizá se entusiasmaron con darle un momento de felicidad porque justo el cáncer la atacó en los órganos o tejidos adecuados para hacerse acreedora de un préstamo.
¡Qué suerte que haya financistas con sensibilidad de género! ¿Habrá una oferta para cáncer de próstata? ¿O la tupacamarización es sólo femenina?

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-99613-2008-02-26.html

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