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La Coctelera

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1 Abril 2008

DE SUEÑOS VENCIDOS QUE TEMEN...

DE SUEÑOS VENCIDOS QUE TEMEN...

LA FÁBRICA-CIUDAD*

*Miguel Hernández

(En una ciudad de la U.R.S.S. -Jarko- he asistido al nacimiento
multiplicado, numeroso, rápido del tractor.)

Son al principio un leve proyecto sobre planos,
propósitos, palabras, papel, la nada apenas,
esos graves tractores que parten de las manos
como ganaderías sólidas con cadenas.

Se congregan metales de zonas diferentes,
prueban su calidad los finos probadores,
la fundición, la forja, los metálicos dientes.
Y empieza el nacimiento veloz de los tractores.

Id conmigo a la fábrica-ciudad: venid, que quiero
contemplar con los pueblos las creaciones violentas,
la gestación del aire y el parto del acero,
el hijo de las manos y de las herramientas.

La fábrica se halla guardada por las flores,
los niños, los cristales, en dirección al día.
Dentro de ella son leves trabajos y sudores,
porque la libertad puso allí la alegría.

Fragor de acero herido, resoplidos brutales,
hierro latente, hierro candente, torturado,
trepidando, piafando, rodando en espirales,
en ruedas, en motores, caballo huracanado.

Una visión de hierro, de fortaleza innata,
un clamor de metales probados, perseguidos,
mientras de nave en nave se encabrita y desata
con dólmenes de espuma, chispazos y rugidos.

Es como una extensión de furias que contienen
su casco apasionado sobre desfiladeros,
contra muros en donde se gastan, van y vienen,
con llamas de sudor y grasa los obreros.

Chimeneas de humo largo, sordo, grasiento,
acosan con penumbras a la creadora masa,
a la generadora masa que obra el portento,
el tractor con los dientes sepultados en grasa.

Hornos de fogonazos: perspectivas de lumbre.
Irradian los carbones como el sol, las calderas,
los lavaderos donde llega la muchedumbre
del metal que retiene sus escorias primeras.

Laten motores como del agua poseídos,
hélices submarinas, martillos, campanarios,
correas, ejes, chapas. Y se oyen estallidos,
choques de terremotos, rumores planetarios.

Leones de azabache, por estas naves grises,
selvas civilizadas, calenturientas moles,
relucen los obreros de todos los países
como si trabajaran en la creación de soles.

En la sección de fraguas y sonidos más puros,
se hacen más consistentes las domadas fierezas.
Y el tornillo penetra como un sexo seguro,
tenaz, uniendo partes, desarrollando piezas.

Veloz de mano en mano, crece el tractor y pasa
a ser un movimiento de titán laborioso,
un colosal anhelo de hacer la espiga rasa,
fértiles los baldíos, dilatado el reposo.

Ya va a llegar el día feliz sobre la frente
de los trabajadores: aquel día profundo
en que sea el minuto jornada suficiente
para hacer un tractor capaz de arar el mundo.

Ya despliega el vigor su piel generadora,
su central de energías, sus titánicos rastros.
Y los hombres se entregan a la función creadora
con la seguridad suprema de los astros.

La fábrica-ciudad estalla en su armonía
mecánica de brazos y aceros impulsores.
Y a un grito de sirenas, arroja sobre el día,
en un grandioso parto, raudales de tractores.

-EL HOMBRE ACECHA (1937-1939)

-Fuente: http://espanol.agonia.net/index.php/poetry/71538/index.html

Sin titulo III

(anecdota)

Me despierto del amanecer, inconciente siento cortaduras en mi rostro,

Incrustaciones de algo que se impregnó en mi labio superior,

Con esfuerzo remuevo el objeto con un agonizante dolor

Hasta sentirme liberada de dicha presión. Estiro el brazo

Y encuentro el objeto herido a un costado,

Dejándome a mi lastimosamente culpable de tal infortunio

Con que la mañana por sorpresa decidió encontrarnos.

*de Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com

Martes, 01 de Abril de 2008
El capitalismo agrario y la captura de rentas*

Por Marcos Novaro *

Podría creerse que el gobierno de Cristina Kirchner está pagando los costos de una política redistributiva e innovadora con su conflicto con los productores agropecuarios, pero eso no es realmente cierto: en verdad, lo que paga es el costo de una política tributaria y fiscal conservadora, costo que se fue acumulando durante la gestión de su marido, y le ha estallado en las manos por haber tirado demasiado, y mal, de una cuerda ya muy gastada.
La discusión sobre las retenciones al agro suele enturbiarse con algunos malentendidos respecto de su naturaleza e impacto económico que hay que despejar: no son un impuesto a la riqueza ni a las ganancias, sino a la producción, y la diferencia no es menor. Lo pagan fundamentalmente los que producen (por eso los huelguistas del campo se llaman a sí mismos productores, y no sólo para disfrazar una condición patrimonial o de clase que los deslegitimaría, como suponen sus críticos) y los que no forman precios. De allí que ni los oligopolios que exportan ni las empresas procesadoras de alimentos, ni las que producen fertilizantes, ni los intermediarios estén impulsando, ni siquiera acompañando, la protesta: ellos saben que pueden descargar el impuesto bajándole el precio del grano a quienes lo producen, y que por estar dispersos en muchas unidades de distinto tamaño, distantes entre sí, por regla general tienen que ir al pie.
Por otro lado, y para peor, la actividad agropecuaria, contra lo que suponen quienes despotrican contra la "oligarquía terrateniente parasitaria y rentista", tiene poco que ver con las actividades extractivas, ellas sí esencialmente rentistas, como son las mineras o petroleras: los que producen en gran medida son capitalistas de riesgo, no propietarios, o sólo parcialmente propietarios. La pregunta que con todo derecho ellos se hacen es por qué un capitalista agrario tiene que correr, además de con el riesgo propio de su inversión, y los impuestos comunes a todos los demás capitalistas, con otros que deprimen puntualmente el precio de sus productos, independientemente de si pierde o gana, y cuánto gane,
produciéndolos.
La respuesta del Gobierno durante estos años ha sido que los precios internacionales excepcionales y la política oficial de mantener el tipo de cambio elevado justifican que el Estado, de un lado, retenga parte de las ganancias extraordinarias que la actividad reporta y, del otro, haga lo posible para refrenar los precios internos de los alimentos. Pero lo cierto es que esas dos razones han sido horadadas en los últimos tiempos, a medida que los costos e insumos fueron elevándose en dólares, la rentabilidad se
achicó, y sobre todo se concentró: es decir, en el campo se sigue ganando dinero, pero cada vez está peor distribuido el esfuerzo y la rentabilidad, y ésta se concentra en los propietarios y en los que forman precios.
¿Por qué entonces, puede preguntarse el productor, no se cambia de política?
¿Por qué, por ejemplo, no se mejora la administración de los impuestos al patrimonio y, sobre todo a las Ganancias, instrumento universalmente usado para redistribuir la riqueza? La respuesta no es ya económica, sino política. Porque no es que no haya habido oportunidades para una reforma tributaria o para mejorar la administración de esos impuestos. Se prefirió no hacer ni lo uno ni lo otro: se dejó incluso por el camino varios proyectos de ley que apuntaban en esa dirección, generados en el propio
oficialismo. En parte, porque se prefirió el camino más fácil en términos administrativos y de asignación de costos: las retenciones son más fáciles de cobrar, basta con parar un inspector en cada puerto, y su impacto como vimos se disipa hacia abajo en la cadena productiva, evitándose un conflicto frontal con las grandes empresas, que ven con malos ojos se meta mano en los precios, pero verían mucho peor se haga lo mismo con sus cuentas y sus beneficios, Pero, por sobre todo, se evitó una reforma de ese tipo porque habría implicado compartir más recursos con las provincias, y por tanto más poder con los gobernadores, dado que Ganancias es coparticipable. Nada más alejado de los deseos de los Kirchner.
Pero, si esto es así, el error del gobierno nacional ha sido mayúsculo, no sólo al jugar a la polarización entre productores y consumidores, enajenándose sectores que lo apoyaban (recordemos que en octubre le fue mucho mejor entre la clase media de los centros agrícolas que en la de las grandes ciudades), sino depositando en los gobernadores el monopolio de la voluntad y oportunidad para negociar: a ellos no les conviene en lo más mínimo que el entuerto se resuelva pronto y sin costos para la Nación.
El problema más serio, en lo inmediato al menos, es el de la polarización.
Ella le fue muy útil al kirchnerismo hasta hace poco para alinear a sus seguidores y dispersar a sus adversarios, pero parece que ahora está sucediendo lo contrario. Y lo peor es que, ante las evidencias al respecto, la nota de violencia que toda polarización contiene tiende a reforzarse. El gobierno nacional debería tomar nota de los riesgos que corre por este camino, no sólo en relación con sus bases de apoyo, sino en su capacidad de mantener el orden, y recordar que ya en el final del primer peronismo se
quiso refrenar las críticas que generaban las políticas económicas, no tanto por su amplitud reformista y audacia distributiva como por sus deficiencias en ambos aspectos, con un igualitarismo discursivo cada vez más virulento, y éste fue tan potente en movilizar el antagonismo de clase que ni el mismo Perón pudo lidiar luego con él.

*Sociólogo y profesor de la UBA, investigador del Conicet.

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/101647-32046-2008-04-01.html

Martes, 01 de Abril de 2008

EL PASADO NO TIENE TIEMPO*

*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

A Luis Broglia

No hay tiempo para el pasado, me dice mi amigo Luis Broglia, mientras abre los ojos muy grandes, como esperando una aprobación obvia de mi parte.
Y me lo dice él, justamente, que es de los pocos que vuelve por el pueblo, con más asiduidad que yo. Supongo que lo dice en un sentido temporal, es decir que como uno viene de la ciudad con el tiempo justo, no puede quedarse en el club hasta el amanecer, como antes, cuando todo era posible, o, al menos, esa era la ilusión que teníamos entonces. Es probable que lo diga en el sentido que el poco tiempo de encuentro en el pueblo, cuando nos encontramos, no nos permite conversar a gusto. Sin embargo, en el aire me
deja sus recuerdos una buena nostalgia para ir tirando esta vida de sombras que llevamos.
No es difícil volver, sin embargo hacia el incierto remoto que Luis llama "el pasado".
En ocasiones así, pienso en mi viejo. En los días de llovizna (de garúa, como a él le gustaba decir) cuando aprestaba sus cañas para pescar bagres o truchas despistadas. Preparaba sus anzuelos, no sin alcanzarme la cañita con la mosca para "mojarrear" que era mi especialidad. Luego tomaba una pala de
punta y con un golpe diestro la volcaba sobre el piso de ladrillo de la galería y allí la multitud de lombrices se retorcían ante mis dedos pequeños, que, hábilmente iban a pasar a una latita de durazno, preparada para la ocasión.
O podría mutar su gusto en un día de caza, una media tarde, ya que el escampe se debía producir en un horario prudente, cuando las luces nos eran propicias.
El cargaba personalmente sus cartuchos, con un aparatito que nunca supe si era comprado o lo habían fabricado sus manos industriosas. Entonces cuando decidía salir "a tirar unos tiros a los patos", sólo tenía que meter la mano en una lata vieja donde alguna vez hubo bizcochos "Canale", y de allí tomaba
los que pensaba iba a usar. Los ponía prolijamente en la cartuchera que ya le cruzaba el pecho y silbándole al perro abría la puerta de calle y salíamos a la gran aventura de la caza. Mi madre nos acompañaba hasta allí con el mate en una mano y con la recomendación de siempre:
-Tengan cuidado...-
Saltábamos dos alambrados y ya era el campo. El campo con sus telarañas mojadas, con su pinta de pollo arrinconado, de chico pescado en una travesura imposible de esconder.
Quien más excitado estaba con todo el preparativo previo era el perro. Sobre todo si olía la pólvora de la escopeta, porque debía traer a su olfativa memoria el olor a sangre de las liebres, o los patos, que rescataba de los altos pastizales.
Era su tarea, por otro lado, y la cumplía verdaderamente a gusto. De todos modos, si la jornada era de pesca, él disfrutaba lo mismo, ya que el tema era estar saltando a campo abierto, arenque más no sea metiendo la nariz en las osamentas que estaban sembradas por el campo.
Aunque hoy pueda pensar que el azar premiaba los pasos de mi padre y por ende, los míos, no era nunca tan así.
Si él había decidido ir de pesca -y los aparejos eran una prueba entonces- salía hacia algunos de los canales o de las grandes cañadas que pululaban los campos de entonces.
Si en cambio lo orientaba el deseo de una liebre en escabeche o un pato crestón guisado, los caminos la caza eran distintos. Enfilábamos para la tierra arada, los rastrojos o los alfalfares donde saltaban las liebres como el maíz frito y las bandadas de patos venían volando al ras porque salían del bajo de Ortali.
La suerte y la pericia darían cuenta de las presas que ese día traíamos hasta la olla pronta de mi madre.
En la pesca primaba la primera y en la caza la segunda, ya que mi padre era un tirador más que regular, tirando a bueno y era difícil que errara el blanco cuando se lo proponía. .
Es probable que mi padre eligiera algún día soleado para estar incursionando, pero como los días lluviosos nunca trabajaba, los aprovechaba para estos pasatiempos que insumieron buena parte de su vida, ya que, según siempre contaba, los había iniciado allá en el campo Burky, cuando apenas rondaba la edad escolar y el padre, es decir, mi abuelo, era la única actividad que le permitía fuera del trabajo. Por ser el mayor de ocho hermanos, tuvo que abandonar pronto la escuela para ayudarle en las duras
tareas rurales de entonces.
Cuando termino con mi recuerdo de pesca, caza y mera llovizna, que mi viejo nombraba siempre "garúa" y miro a mi amigo Luis, lo observo en esa cara bonachona y ese gesto respetuoso, me dice:
-Antes todo era distancia- y entonces me cuenta que hasta el fin de la primaria apenas si atravesó unas pocas veces el terreno que separaba la chacra de su abuelo, donde vivían todos, y el pueblo
-¿A cuantos kilómetros estaban...?- Pregunto
-A quinientos metros-, responde
Y ante mi asombro, redondea
-No te equivoques, en aquel tiempo, el mundo, nos contenía en no más de trescientos metros cuadrados-.
Y, entonces, me cuenta su recuerdo. De chico vivía, como dije, en la chacra de su abuelo.
En tiempo de cosecha gruesa, es decir, de maíz, se instalaban allí los juntadores que venían de varias provincias y lo hacían en los galpones y demás dependencias, mientras duraba la recolección, que al ser manual entonces, podría llevar sus buenos dos o tres meses.
Casi todos los años venían las mismas familias, solo uno, me dice, venía con uno de sus hijos. Era criollo, de Villa Dolores y el niño, de uno de diez años, le ayudaba en esas duras tareas.
Terminada "la juntada" de maíz, se volvía con los suyos. Sólo para volver a los dos o tres meses en su oficio de arropero. Venían él y su hijo, montados en una carreta que tiraba una recua de mulas, kilómetros y kilómetros, por polvorientos caminos de tierra ya que evitaba las rutas asfaltadas.
En esa carreta vendía por los pueblos, su preciosa carga de dulces, nueces y castañas. Se instalaba unos días en el campo de los Broglia y mi amigo a veces lo acompañaba al pueblo a vender su mercancía. Cuando éstos se terminaban, se volvía el arropero con su carreta vacía y sus mulas lentísimas y la compañía de su pequeño hijo y algunos perros fieles.
Mi amigo Luis Broglia, recuerda con un placer antiguo este compartir las horas con tan singular personaje y deflagra en rl recuerdo de otros arroperos, venidos estos de Santiago del Estero ya que paraban en la casa de don Pedro Silva, matarife y santiagueño, como su tío, don Benicio Ardiles,
titular de la "carnicería de pueblo" que extendía las libretas más largas de todos los tiempos. Esto, es decir los arroperos santiagueños, venían en tres o cuatro carretas y haciendo base en mi pueblo, iban vendiendo su mercadería por los pueblos vecinos.
A nosotros se nos hacía misterio que eligieran viajar como en el siglo XIX.
¿Qué hacían con esos carretones con sus mulas, sus perros, sus ollas colgando de los ejes y las infinitas nostalgias que se les colarían en el ala negra de sus inmensos chambergos como alas negras contra el cielo refulgente de mi pueblo?

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-12957-2008-04-01.html

MUERE LIBRE*

ROMPE EL SILENCIO DE UN GRITO
QUE EL MUNDO TE ESCUCHE
NO TEMAS ACTUAR

NO SEAS EL SUEÑO VENCIDO QUE TEME
Y VENCE A QUIEN TEME SOÑAR
NO SEAS LA COPIA DE UN FALSO BUFÒN
SE UNO SÈ TÙ Y NADA MÀS
SE ES LIBRE AL MOMENTO
DE ACTUAR CON RAZÓN

NO VIVAS PARA SER LA PRESA DE OTROS SUEÑOS
SE VIVE UNA VEZ PARA SER
ETERNAMENTE LIBRE

VISTE SEGÙN TUS RAZONES
QUE VA DE OPINIONES
NO USES DISFRAZ
QUE EL GRITO QUE LANCES AL VIENTO
NO MUERA AL MOMENTO EL ES TU VERDAD
LA NIEBLA ES ESPESA
Y DEBES CRUZAR
SE UNO SÈ TÙ Y NADA MÀS
NO SEAS LA PRESA QUE ESPERA MATAR

ERES DE LA TIERRA LA VIDA
SU SANGRE QUE BROTA Y MUERE AL GIRAR
DE EL TIEMPO LA ESENCIA
EL MOMENTO,EL SILENCIO
QUE EMANAN Y ASPIRA AL PASAR
VIVE SOÑANDO ENCONTRAR LIBERTAD
SE UNO SÈ TÙ Y BASTARÀ
MUERE LUCHANDO POR TU LIBERTAD

NO VIVAS PARA SER LA PRESA DE OTROS SUEÑOS
SE VIVE UNA VEZ PARA SER
ETERNAMENTE LIBRE.

*de Damian Perrone. bruce-dickinson86@hotmail.com

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