EN LA PIEL DE MIS SILENCIOS...
LA TEJEDORA*
A Yohanna Rey, tejedora de 15 años
La tejedora de nubes
Teje su tela,
Con ella cubre los montes
Para que duerman.
La tejedora desteje
Amaneceres,
Sábanas tendrá el niño
Que en lunas sueña.
La tejedora de humo
Teje sus lazos,
Se enredan en sus dedos
Rizos de velas.
La tejedora de hechizos
Borda su magia,
La lanza a manos llenas
Por la ventana.
La tejedora de plata,
Con tenedores,
Se ha tejido una barca
De filigranas.
La tejedora de enigmas
Trae en sus brazos
Una guirnalda enorme
De ocasos malvas.
La tejedora arañita
Me ha hecho una manta
Llena de pétalos rojos:
Oculto ensalmo.
Con palillos de incienso
Teje y desteje
Futuros desencuentros
Y sortilegios.
En cojines bordados
Cual las princesas,
Descansa sus dos manos
Y se adormece.
Mas cuando parte el día,
Con prisas marcha,
Va a tejerse unas alas
Va a ser libélula.
*de Marié Rojas Tamayo.
-Ilustración: Ray Respall Rojas.
EN LA PIEL DE MIS SILENCIOS...
PATRIA DE MIS SILENCIOS*
Llegó puntual.
Descalzo entro en la piel de mis silencios.
Y heme aquí, arrodillada ante un río de ámbar y rocío.
Pampa salvaje y desnudez de niño.
Me ha preñado de soles
Cascabeles de mar.
Rumor de caracolas en mi imposible oído.
Venía de viejos laberintos.
En mi espalda de hembra, todos los hombres.
Los amados, los odiados. Los de humo y tinta.
Todo un eco de cedrón en la niebla.
Todo él un corcel, un pájaro, una lumbre.
Dos ciegos escondidos en el tiempo.
Pude revolcarme en su mirada.
Rescatar nuevas y antiguas ceremonias.
Mirarse lento. Quieto
Persuasión de los días. Beber del mismo vaso.
Olvidar la pobreza, el hambre flaco y el llanto contenido.
Los mocos, los excrementos, los abortos.
Empaparme en olores y sudores. Exactos. Incorruptos.
Toda yo una furia. Un lamento de colinas y lápidas.
Toda yo, una lágrima fundida.
Entregada al puñal que me besa la punta de los dedos.
Al puñal que emancipa.
Ya no importan los adioses de amatista.
...Ya no importan.
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
EL GRINGO*
a la memoria de don Lorenzo Tossini
a Fanny y Edgardo
El hombre dejó la lapicera de pluma cucharita sobre el tintero de mármol que reproducía un motivo mitológico, pasó el papel secante sobre las últimas cifras escritas y cerró ese inmenso libro de tapas duras donde con letra perfecta y números parejitos asentaba a diario, desde hacía cincuenta años, los movimientos comerciales de la casa cerealista .
Tomó de la percha su sombrero oscuro y se lo calzó, verificó que todo estuviera en orden, apagó las luces, atravesó el gran salón donde funcionaba un almacén de "ramos generales", totalmente en sombras ahora, apenas iluminado magramente por los haces intermitentes de la lamparita que bailoteaba en el centro de la esquina y salió al exterior.
Era siempre el último en irse, cuando ya el resto del personal hacía por lo menos dos o tres horas que lo había hecho.
Al salir a la calle, un viento helado le cortó la cara y lamentó no haber traído un sobretodo, aunque más no fuera esa manta de vicuña que le había regalado para un cumpleaños doña Celia, su esposa a quien había conocido púber y le había dado dos hijos: una mujer y un varón.
Enfrente de la cerealera estaban las vías y si cruzaba sesgado y a la izquierda, se toparía con la estación de trenes, bajo la sombra cerrada.
Va a pisar entonces ese inmenso durmiente que oficia de escalón para ascender a la plataforma cubierta de granza rojiza, y luego sí, el ruido agradable que harán sus zapatos sobre el piso que luego de la granza se transforma en silencio de grandes baldosas grisáceas.
Sorteará el molinillo, desembocará en la pequeña plazoleta de palmeras escuálidas que rodean un aguaribay coposo, cruzará la calle desierta del invierno y sin mirar los grandes letreros de la tienda Blanco y Negro, haciendo ochava con la ferretería de Titín Pozzi, caminará cincuenta metros y allí estará su destino: el Club.
Como no tiene sino que cruzar la calle para estar en su casa, a la hora de cenar, su esposa mandará a alguien a buscarlo o ella misma se llegará hasta allí y lo distraerá de su partida de truco, para decirle que la cena se enfría.
Luego de cenar volverá a hacerse otra partida -esta vez de póker- y por dinero fuerte.
Es proverbial su frialdad para el juego: nunca lleva más que un billete de los grandes, si gana se queda y si lo pierde se va a dormir. Es una conducta. Nunca insistió frente a la suerte esquiva. Puede por lo tanto, quedarse cinco minutos, cinco horas o cinco días jugando.
Cultiva un nada deliberado perfil bajo: no fuma, no bebe, no tiene automóvil, ni sabe siquiera conducir, pero todos saben que es un caudillo respetado en el pueblo.
En su vida sostuvo tres pasiones: el peronismo, el club del que fue fundador y el juego de azar. En el 46 fue electo presidente comunal por el Partido Laborista, y del club fue varias veces presidente y su principal aportante de dinero. Pagaba de su propio bolsillo algunos jugadores en cada campeonato, cuando era menester reforzar el equipo.
Nosotros, de chicos, deliberadamente merodeábamos al heladero en la cancha -el inefable "Chelita", cuyo apellido se me perdió en la memoria-. Era un muchachón rubio, de cara redonda, siempre vestía de blanco como compete a un auténtico "heladero". Llegaba con su triciclo también blanco voceando sus "cremas heladas Laponia".
Cuando el hombre entraba y nos veía arracimados ahí, sin una triste moneda, nos preguntaba con aire inocente:
- ¿Y pibes, de quién son hinchas ustedes?
-¡De Huracán, don Lorenzo! Gritábamos casi al unísono, sin vacilar.
Y él, sonreía, feliz.
- A ver pibe, - ordenaba a Chelita - una vuelta para todos!
La tarde estaba salvada y aunque suene a herejía, era casi una anécdota el resultado del partido ese día. Nosotros estábamos hechos.
Su gusto más grande era ver la sede del club siempre llena de gente, aunque eso afectara su propio bolsillo. Y las anécdotas llueven a la hora de graficar su generosidad.
Cinco colegios de los pueblos vecinos vienen al club al desarrollar una competencia de voley femenino. Delegaciones de chicas del último año de la antigua "escuela media" se arremolinan con sus ropas chillonas, sus cuerpitos perfectos, sus gritos y sus risas llenando la cancha de básket.
Llega don Lorenzo y pregunta al conserje que tiene la concesión del bar del club:
- ¡Qué pasa Carluncho?
- Juegan un campeonato de voley, don Lorenzo...
- Bueno. Yo invito a la merienda.
- Mire que son casi ciento cincuenta las pibas, don Lorenzo...
- ¿ Y qué? Vamos a andar con chiquitas en el club acaso?
- Está bien, don Lorenzo, como usted diga.
Y mi amigo el Nene Croatto me cuenta otra. Cuando pasaban películas o había función de teatro en la sala y él estaba vendiendo entradas en la boletería, se le aparecía siempre don Lorenzo, a última hora, a veces en pijama y le preguntaba:
- Y pibe, cómo anda el "borderó"?
- Y, medio flojón, don Lorenzo
- Bueno, sumalo a lo que hay entonces.
Y sacando la billetera ahí nomás arrimaba una suma a veces mucho mayor que la que mi amigo había recaudado.
Juan Carlos Lallana, un crack internacional que salió de nuestro club me refirió esta anécdota.
Se avecinaba un clásico y el Gringo (o el "Tigre" como lo apodaban algunos) lo llamó aparte.
- ¿ Y, Lallana? ¿ Ganamos el domingo? Mirá que yo le juego fuerte al equipo...
- Métale don Lorenzo, somos fija.
El resultado nos fue grato. Les hicimos tres goles -dos Lallana y uno el Negro Duran - a los albiazules.
Ya en el vestuario, el gringo se le acercó a Lallana con un puñado de billetes que puso en una de sus manos.
- ¿Y esto, don Lorenzo?
- Es para vos. Te los merecés.
- ¡ Pero no se lo puedo aceptar, es mucha plata!
- Mirá pibe - le dijo, paternal, el Gringo - yo gané mucho más, así que agarrá y no se hable más del asunto.
Eran cinco billetes de 500 pesos de entonces. Lo que Lallana ganaba jugando todo un campeonato.
Corrían los últimos meses del aciago año 1955, grupos contrarios a Perón y obviamente al Gringo, presentaron una lista opositora en las elecciones a presidente del club.
El Gringo les ganó las elecciones con más de 600 votos contra 72. La cosa estaba muy álgida, la política separaba las familias y hasta se metía con sus pasiones en las internas de los clubes del pueblo (nuestro caso no fue el único).
Ellos se fueron, y como era gente más pudiente del club, le compraron un local a don Bernardino Giglio, quien acababa de cerrar su almacén de ramos generales. Se había jubilado y se iría a radicar a Rosario. No era cualquier local, allí había funcionado un hermoso teatro, el primero que tuvo el pueblo, en la década del veinte.
Pero no crecieron nunca y además en el pueblo durante décadas se los llamó "El club de los setenta y dos". Hoy el teatro sigue inactivo y solo funciona el bar, donde algunos van a jugar a las cartas y a comer la mejor pizza del pueblo, que a la sazón cocina uno de los hijos de Omar Bellini y de mi amiga María Elena Paggi.
Después de treinta años hubo algún acercamiento que truncó la muerte del Gringo.
No se pudo dar el último gusto: reunir otra vez en el club de sus amores, pasión de su vida, a los fieles y a los díscolos.
Sólo esa gran alegría le faltó para morirse tranquilo, a este hombre que pudiendo gozar del dinero que ganaba como socio gerente de la Casa Arregui Hermanos y Cía, prefirió hacerlo rodar como una gracia que dan los hombres a la generosidad.
La misma que hoy hace imborrable su recuerdo en todos los que lo conocimos.
*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
Estocolmo, ciudad ecológica 2010*
Su infraestructura inteligente, que contribuye a reducir las emisiones contaminantes, le ha valido a Estocolmo el título de ciudad ecológica: otorgado por la Comisión Europea y a ser portado durante todo 2010.
Hammarby Sjöstad es uno de los barrios modelo de la capital sueca. Con motivo de la candidatura de Estocolmo a los Juegos Olímpicos de verano 2004, esta zona de la ciudad se reconstruyó por completo, siguiendo el declarado objetivo de mejorar en un 50% los estándares ecológicos reinantes. Para las olimpiadas no bastó -éstas le fueron concedidas a Atenas- pero sí para hacerse con el oro europeo en protección del medio ambiente. Hoy, Hammarby Sjöstad atrae a personas de todo el mundo que buscan inspiración ecológica.
Dióxido de carbono bajo mínimos
Mientras que en Estados Unidos o en Australia se genera al año una media de 20 toneladas de dióxido de carbono por persona, cada ciudadano de Estocolmo produce en el mismo periodo de tiempo sólo cuatro, cuenta Stellan Fryxell, uno de los arquitectos que ha hecho de Hammarby Sjöstad un ejemplo de conciencia medioambiental. Aquí, los habitantes emiten anualmente entre 2,5 y 3 toneladas de gases contaminantes.
"¿El secreto de nuestro éxito?", parafrasea Fryxell, y no puede evitar que se le escape una sonrisa mientras responde a la pregunta que más se le formula: "¿Contamos con casas capaces de producir energía por sí solas? No. En este campo, los alemanes son mucho mejores. En Suecia hace demasiado frío. Teníamos que encontrar otra solución. Nuestro secreto es la infraestructura."
Antes un polígono industrial de incierto futuro, hoy una atractiva zona residencial: Hammarby Sjöstad ofrece vistas a instalaciones acuíferas, barcos de vela y verdes parques. Un acristalado centro de información tenía como función inicial informar a los vecinos sobre el nuevo concepto que empezaba a tomar forma. Pero el "Glashuset" se ha convertido en un verdadero lugar de peregrinaje para curiosos y profesionales de todo el mundo. Quienes se acercan hasta aquí quieren saber cómo funciona la calefacción o cómo se tratan y reutilizan las aguas residuales y los deshechos.
La energía sale de la basura
El mantener constantemente informados a los habitantes del barrio es fundamental, asegura Jonas Törnblom, director de relaciones públicas de la compañía de eliminación de residuos Envac, mientras pasea por las calles de Hammarby Sjöstad. Su planta sólo puede funcionar con efectividad si los ciudadanos separan cuidadosamente la basura.
"Nuestro sistema distingue entre restos biológicos, papel y prensa y los demás deshechos", explica. En unos recipientes de un metro de alto situados frente a cada casa se amontona lo que se tira. Sin que sus inquilinos lo noten, éstos son vaciados de dos a tres veces al día a través de un sistema de tuberías subterráneas. En cuestión de segundos, las válvulas de los contenedores se abren y los residuos celosamente separados acaban en el depósito de basura. Entonces, "el papel se envía a la trituradora de papel, lo orgánico es convertido en abono y lo restante pasa a la incineradora, gracias a la cual producimos electricidad, agua caliente y calefacción urbana", dice Törnblom.
Biogas de las aguas residuales
Pero no sólo la basura encuentra en Hammarby Sjöstad usos secundarios. Las aguas residuales fluyen primero hasta la depuradora y generan el biogas con el que se abastecen los hornillos de las cocinas o los motores de los autobuses. Después, siguen su curso hasta la planta calefactora del barrio, donde su director, Bo Berndtsson, comprueba constantemente la temperatura y la calidad del líquido. "Las aguas depuradas huelen un poco fuerte y una espuma flota sobre su superficie", muestra Berndtsson, "llegan aquí a través de una tubería de dos kilómetros de largo y nosotros las canalizamos hasta nuestras bombas de calor".
Gracias a unos compresores, estas aguas, que aún están tibias, se calientan aún más. Elevada su temperatura, circulan por los canales de casas y edificios de oficinas haciendo funcionar las calefacciones. Este proceso enfría el agua. Tras pasar por el agregado de frío, puede volver a recorrer sus estrechos caminos metálicos pero realizando esta vez tareas de aire acondicionado. Antes de que el agua depurada se vierta definitivamente al Báltico pasa por una turbina y produce con ello electricidad.
Estas plantas de calefacción y refrigeración con las que cuenta Estocolmo funcionan principalmente con energías alternativas, dice Jens Bjöörn, portavoz de la compañía energética Fortum. Incluso la basura que no pudo ser catalogada como orgánica encuentra una última utilidad. "En nuestras instalaciones incineramos 500.000 toneladas de deshechos procedentes de la capital y algunos pueblos cercanos. Este proceso nos permite hacer funcionar nuestra calefacción y generar electricidad". Esto es lo que ha convertido a Estocolmo en la ciudad ecológica de 2010, asegura Bjöörn.
Ecológica planificación urbana
El proyecto de infraestructura inteligente que propone Estocolmo continúa con la planificación urbana, que ofrece lugares de residencia atractivos concentrados en reducidos espacios. Sólo si las distancias son cortas resultan eficientes y baratas, comenta el arquitecto Stellan Fryxell. "Algunos países africanos, China, Corea, Australia... toman como modelo a Estados Unidos, donde las ciudades se expanden y las distancias son muy largas. Aquí, en Europa, viven muchas más personas concentradas en una superficie menor".
Para que el estilo de vida no vaya en contra del medio ambiente, han de buscarse alternativas a las casas unifamiliares y las anchas urbes en las que se depende siempre del coche. "Las ciudades de edificación compacta y el trasporte público son la solución", cree Fryxell. "Los trenes suecos también circulan con energías verdes", añade, "por eso tenemos esos resultados tan buenos en la cantidad de emisiones contaminantes."
*Autor: Jutta Schwengsbier/ Luna Bolívar
Editora: Emilia Rojas
*Fuente: http://www.dw-world.de/dw/article/0,,4836171_page_2,00.html
Reconocimiento tardío*
Pasaron muchos años.
Años. Malos momentos. Separación. Divorcio.
El hombre sigue sin ver bien a sus hijos. Sufre y maldice.
Se acuerda de su padre que un tiempo antes de morir le dijo "Tu mujer no tiene cabeza"
Por un momento le parece oír a la voz de su madre que decía: "Esa mujer tiene más culo que cabeza"
Terminó por aceptar lo que nunca pudo decir a nadie abiertamente:
"Es cierto. Cuando la conocí, le mire el culo y no la cabeza"
*de Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar
*
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*
LA JIRIBILLA.
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