EDICIÓN NOVIEMBRE 2011
TRES TEOREMAS FUERTES*
Teorema 1: del proceso de liberación
El proceso de liberación no es placentero.
El proceso de liberación es doloroso:
Abre tus venas y te muestra que la sangre que corre no sólo es tuya,
Y muchos más antes que tú se han desangrado.
El proceso de liberación te muestra
Que a pesar de tu estúpida felicidad,
No eres libre.
El proceso de liberación te muestra
Que no sabemos qué es la libertad...
Y sólo los cobardes prefieren su inútil felicidad,
Pues sus corazones se amedrentan en sólo pensar
Que pueden vivir un proceso de liberación.
El proceso de liberación nos pone de frente
Ante el proceso histórico donde las relaciones de explotación
Ponen su pie sobre nuestras espaldas.
Y sin embrago,
El proceso de liberación debe darse,
Debe nacer en nosotros:
Sucio, áspero y para nada placentero...
El proceso de liberación se hace maravilloso y creativo
Si la ilusión por construir una identidad propia
(esa etérea fuerza que desconocemos dónde radica),
Alimenta y resana los cuerpos que han transitado el difícil comienzo
De un proceso de liberación.
Teorema 2: del cómo mirar tu sonrisa con calma
La ciudad me devora.
Me cubre con sus asfaltos,
Convierte mis piernas en apéndices suyos:
Me devora.
Su lluvia me ahoga.
Disuelve mi piel
Con el más dulce dolor
Que hay en sus sueños,
Me hace prisionero
De mi propio cuerpo:
Me devora.
Esta ciudad,
Acostumbrada al deambular
De los cuerpos sucios,
De los niños sin ropas:
En verdad me devora.
Toma mis venas y corazones
Y los mezcla con sus edificios,
Nos convierte en una masa
Informe y pestilente:
Me devora.
Teorema 3: el teorema de la redundancia
No te prometo el cielo,
Tampoco te prometo el infierno.
A lo único que llego,
Es a poder ofrecer mis manos.
No te ofrezco el día
Ni la noche,
Y mis manos
Sé que no son gran oferta.
Disculparás lo poco que prometo,
Pero aseguro
Que puedes hacer
Con ellas lo que quieras:
Puedes limpiar tus lágrimas,
Adornar tus risas,
Caminar con ellas entre tus manos...
Y lo más importante de todo:
Puedes contar hasta el número veinte,
En el momento que así lo decidas.
*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com
Sueño # 324. cub *
*Por Emilio Mozo.
Soñé que me había marchado. El cielo está nublado. Papá ha desaparecido en
el aeropuerto. "Seguro que se ha perdido", dijo mamá sin convicción. El
único recuerdo que me queda de ella es su adiós ondeando el antiguo pañuelo
de encaje heredado de la tía Carmelina.
Anuncian el descenso.
Soy Humberto. Dieciocho años. Destino: Canadá. Sólo hablo español y
desconozco la historia del país. Algo había leído sobre un tal Padre
Llorente, quien había tratado de evangelizar a los esquimales en otro siglo.
Desde entonces quise ser como él, emularlo y propagar la palabra de Cristo.
Me veo pasando por aduana e inmigración; camino por pasillos interminables.
Llevo unos carteles de cine bajo la axila y con el otro brazo arrastro la
incómoda maleta que tiene una rueda de plástico rota. Desde la pasarela
rodante observo en dirección contraria a esa gente tan diferente a la que
estoy acostumbrado a ver: dos esquimales sin rostro, enfundados en sus
parcas. Los jugadores exageradamente altos de un equipo de básquet se me
adelantan apresurados. Un tipo vestido al estilo hip-hop se vuelve y me mira
sin demostrar ninguna emoción.
Busco la puerta de salida tratando de descifrar las letras rojas y verdes.
Me detengo, intento comunicarme, mediante mi inglés elemental, con un
individuo de seguridad:
- Juear go?
El agente, con un rostro que denota estrés, trata de comprender los sonidos
que han salido de mi boca, pero, frustrado, se encoge de hombros y
finalmente me pregunta:
-Where do you want to go?
Yo tampoco lo entiendo a él. El agente de seguridad sonríe y con un gesto de
superioridad me toma por los hombros y me gira el cuerpo para colocarme en
la dirección que debo seguir y me impulsa empujándome levemente con sus
manos.
La maleta, los carteles y yo nos movemos con dificultad hasta llegar al área
de recepción de viajeros. Paso por las grandes puertas automáticas (susurro
"ábrete Sésamo", y sonrío); me encuentro con un gentío que saluda a los
recién llegados agitando los brazos. Me ilusiono pensando que están allí
para recibirme; disfruto el momento y tímidamente les devuelvo el saludo,
aunque sé que esperan a los que ahora se me adelantan. Momentáneamente me
siento abandonado hasta que tropiezo con un hombre disfrazado de sacerdote:
es él; en las manos sujeta una cartulina con mi nombre: Humberto Mozo.
Al subir al coche intento sentarme a su lado. Me indica con un gesto brusco
que me cambie al asiento trasero. Silencio. Me distraigo mirando por la
ventanilla la gris autopista, los túneles que aparecen y desaparecen, muchos
semáforos que se encienden y apagan -rojos, verdes, amarillos--. Repetición
incesante. Silencio
Llegamos a la rue Cul de Sac. Entramos en una casa antigua, que parece
vacía, donde falta algo; la siento fría, estéril. El cura carraspea como si
fuera a pronunciar un sermón:
-Su habitación está tras la segunda puerta a la izquierda. Las comidas
corren por su cuenta. Las luces se apagan a las diez, salvo que tenga que
estudiar. No se permiten visitas, ni de hombres ni de mujeres. Espero que
asista a misa todas las mañanas. Este sillón que ve aquí es mío y el único
que se sienta en él soy yo. El tocadiscos es también mío y nadie debe
tocarlo. ¿Me explico? Mañana se presentará ante el cónsul y también se
matriculará en el Alexander Technical School. Le he conseguido un trabajo en
la lavandería para que ayude con el costo de la manutención. Para conseguir
que se asimile a la cultura del país sería preferible que no hablara en
español. ¿Alguna pregunta?
-Sí, ¿quién más vive en esta casa?
Incómodo, responde:
-En este momento sólo usted. Si esa es la única pregunta que se le ocurre,
le recomiendo que se acueste inmediatamente porque le espera un día bastante
atareado mañana. Good night.
Cierro la puerta y me tiro en la cama que está todavía sin hacer. Noto el
pequeño crucifijo que me espía desde la pared. Es evidente mi soledad. Me
pongo de pie de un salto. Comienzo a pasearme por la que ahora me parece una
celda. Comienzo a medir con mis pasos el tamaño del calabozo: uno... dos...
tres...
Aburrido, saco del tubo, uno a uno y cuidadosamente, los carteles de cine
que he traído conmigo y los aliso con la mano para quitarles las arrugas del
viaje. Me interrumpe el fuerte sonido de unos pasos que suben y que
finalmente se detienen delante de mi puerta. Me apresuro a recoger los
carteles y los escondo debajo de la cama. Los pasos vuelven escaleras abajo.
Sigilosamente abro la puerta y logro reconocer a papá, ahora disfrazado de
policía, sentado en su sillón escuchando un antiguo y nostálgico bolero.
Sobre la mesita hay una copa de licor; en la pared están colocadas unas
pantallas de televisión que reproducen mi imagen tal y como estoy
observándolo todo desde el pasillo.
-Emilio Mozo (Camagüey, Cuba), narrador y poeta. Recibió una maestría en
lengua y literatura española de McGill University (Montreal) y completó los
requisitos académicos para el doctorado en Middlebury College (Vermont). Fue
honrado con el doctorado Honoris Causa en Literatura por la World Academy of
Arts and Culture (1987). Como narrador ha publicado: Cuentos para niños
traviesos (1994) Discretos aportes (1997) Shakespeare tropical (1998) Los
cuentos de Emilio (2009) 13 cuentos de Emilio (2009) y El gato encantado
(2010) ; y como poeta: Desde el ojo de la hormiga (1987), En el ala del
mosquito (1988), Marginalmente literario (1991), Una como autobiografía
espiritual (1993) y Entre el agua y el pan (1996).
*Fuente: Aurora Boreal®
http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&view=article&id=1034%3Asueno-324-cub&catid=81%3Apuro-cuento&Itemid=198
EL BAUL DE "CHIQUIN" CANTONI*
*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
La relación de mi padre con Domingo Clérici viene de los años
cuarenta, que él solía relacionar con aquella gran inundación, porque la
casa estaba cerca de los Dallosta y entró agua por lo menos hasta llegar al
metro. En ese tiempo mi padre era mensual, tenía apenas unos meses más de
veinte años y se acordaba que entre ellos estaba Francisco Cantoni, a quien
todos llamaban "Chiquín", y a quien conocí en la otra casa que tuvo la
chacra, mucha más cerca de la estancia de los Vollenweider, inmenso y lejano
cuasi palacio de dos plantas que yo veía de lejos, cuando de vez en cuando
mi padre me ponía sobre sus hombros para que mirara. Con el tiempo me iba
hasta la tranquera del camino a Beravebú y subido a ella atisbaba o
pretendía espiar los movimientos de esa casa que para mi constituía un
misterio porque me parecía imposible que allí hubiese vivido el hombre que
fundó y colonizó el pueblo trayendo el ferrocarril.
En tiempos de mi relato a veces acompañaba a mi padre en sus
visitas, a la chacra de Domingo -como el gustaba decir- llevaba la escopeta
y me pedía que lo acompañara. El destino había querido que esa nueva
construcción estuviera a tres o cuatro kilómetros del pueblo y se podía ir
por el camino mencionado más arriba o cruzando campo como decía la gente del
lugar. Allí sí yo me sentía a mis anchas porque cruzando el campo Dallosta
podía aparecer una liebre y era casi una fija que mi viejo la matara, pero
había algo, un interés superior para que yo me sumara a este remedo de
cacería, porque el motivo del viaje era otro. Apenas entrados doscientos
metros por ese campo aparecía la tapera que todavía estaba rodeada por
algunos escasos árboles -sauces, creo recordar- y un metro y medio de pared
aún en pie. Todo lo demás estaba sembrado. Seguíamos por un campo de
alfalfa, y a veces bordeábamos un alambrado cuando había algunos trigales o
un maizal orondo, y seguíamos hacia el oeste donde estaba la que llamaba mi
padre "casa nueva", cuya primera aproximación visual eran esos grandes
árboles, el monte de paraísos, antes las parvas y los chiqueros, el molino
tan alto que golpearía con su largo vástago extrayendo el agua que bebería
en momentos la caballada antes de ser enviada a pastar a unos de los
potreros más lejanos, que todavía guardaban algo de esa alfalfa primorosa y
verde con sus jugos refrescantes.
Cuando teníamos la casa encima ya saltarían esas dos hileras de
altos sauces que conectaba el patio de la casa con el camino interno que
llegaba hasta el camino del cementerio no sin antes tocar el mismísimo
galpón de los Milani, que estaban en la otra punta, enfrente de la chacra de
los Bivi.
En la casa de Los Clérici vivían don Domingo, su mujer doña
María, el sobrino de ésta, el inefable "Pichón" Bucelli y también "Chiquín",
que era tratado como si fuera de la familia.
A la altura de lo que llegan mis recuerdos era un hombre muy
mayor. Lombardo, como don Juan Dallosta, el vecino. Según relato de mi
padre se vino por el año diez del siglo anterior y se volvió a pelear de
voluntario en la primera guerra, y me consta porque "Pichón" me acercó hace
poco documentación que así lo certifica.
Como era socialista probó el aceite de ricino del Duce y tuvo
que volverse con la idea de traer a su esposa y a sus hijas. Nunca pudo
hacerlo. Por razón de su edad se dedicaba a las tareas menores de las
chacras, huerta, gallinero, comida y bebida para todos los animales y en
época de juntada todavía se cinchaba en la cintura una maleta y arremetía en
el maizal por unos pesos más. Le daban casa y comida y un sueldo, y dormía
en un pequeño cuarto de la casa donde también guardaban los arneses.
Una pequeña cama de hierro, un colchón de chalas, al sur una
ventana con rejas que daba al gallinero y su baúl de inmigrante que dada su
altura usaba de mesa de luz, encima de él su pipa, su tabaco marca "suiza"
que guardaba en una vieja y despintada lata de té "Tigre" era toda su
pertenencia.
En ese baúl que había cruzado dos veces el mar estaba todo lo
que tenía en el mundo. Yo nunca vi su contenido, supongo que guardaría ropa,
recuerdos personales y algún documento que acreditaba su identidad y el
pasaporte en italiano que tuve entre mis manos sesenta años después.
Trabajaba de lunes a sábado y el domingo se lavaba él mismo su
ropa de trabajo, y luego del almuerzo enfilaba a pie hasta el bar de don
Marcos Markicich que estaba a la entrada del pueblo y volvía al anochecer,
absolutamente borracho.
Muchas veces he pensado en la historia de este país nuestro.
Emilio Vollenweider vino de la Suiza milenaria como decía Pedroni y don
"Chiquín" Cantoni de la campiña lombarda y fueron vecinos, tal vez nunca se
hablaron, tal vez ni siquiera se conocieron. Uno era muy rico y el otro era
muy pobre. Pero transformaron este paisaje que era de cardos, de avestruces
y venados corriendo, por otro de mares amarillos o verdes debajo de aquel
cielo que cruzaron los últimos pájaros libres y perfectos que nunca
regresaron.
variedades verdades*
*
Escucho tus quejas por el vil metal
Como una niña con ojos sin parpadeo
Muñeca inflable destartalada
Por la creencia de ser amada.-
*
De ahora en más
No voy ha pensar en vos
Ni me voy a preocupar por tus sentencias
Esas que me hacen cobarde
Intentaré no ser sumisa en tu presencia
Ni ser la sombra de tus deseos.-
*
No me contamino
De tu impaciencia
Y no me halagan tus bostezos
No me achico ante tu necedad
Ni me muero si te vas.-
*
Las criticas del criticón
Se pegan en la piel de la mujer
Como lanzas del medioevo
Quieren violar la singularidad.-
*
El proyecto de él
No es la aspiración de ella
La seguridad de aquel
Es peligrosa para ella.-
*De Azul. azulaki@hotmail.com
LOS OJOS DE TU MIEDO*
Asi es- dijo Sancho pero tiene el miedo muchos ojos, y ve las cosas debajo
de la tierra, cuanto mas encima del cielo"
MIGUEL DE CERVANTES
Es necesario, dices. Y has tirado la llave.
Es necesario que la puerta permanezca cerrada.
Y las ventanas y el corazón y la memoria.
La llave es un bumerang.
Y gime el alba entre los almendros.
Hasta el reflejo en los charcos de atormenta.
Tiemblas detrás de los armarios.
Te escondes en las catacumbas del lecho
Alucinadamente tapas los vidrios con saliva y diarios.
Sientes que se estruja el vientre en tus mazmorras.
Tu corazón de lagartija muere entre las cuevas.
T e queda la lengua vacía y las manos secas.
Una cobardía de vida se escinde bajo tierra.
Es necesario abrir los ojos.
Y cuando apenas se entreabren las cancelas.
Entiendes...
Los oscuros monstruos. Esos que tanto temes
Son menos peligrosos que tus miedos
*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
LA VOZ*
*Por Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar
Nadie comprendía el por qué y comenzaron a incorporarlo como el juego de un
niño muy imaginativo. Por eso cuando Ezequiel, a los cinco años rompió el
jarrón de porcelana, reliquia de la abuela, y dijo que la voz se lo había
ordenado, la reprimenda fue leve.
El tiempo comenzó a gotear tal vez demasiado rápido o convertido en un
elemento que mezclaba el accionar familiar con lo problemático del afuera y
no permitía reflexionar demasiado sobre las conductas del grupo.
Ezequiel construyó su refugio protegido por una muralla que nadie podía
atravesar y menos aún escuchar sus diálogos secretos, situación que fue
favorecida por la complicidad inconsciente de sus padres cada uno inmerso
en su conflictiva personal.
Su gran inteligencia le permitió sortear los desafíos estudiantiles aunque
su ensimismamiento llamó muchas veces la atención de sus profesores. En
cuanto a su grupo de pertenencia nunca lo tuvo y nadie se preocupó por saber
las causas, simplemente lo catalogaron como el "raro".
El crecimiento de su cuerpo y su mente también incrementó el volumen de la
voz hasta llegar a despertarlo en plena noche, obligarlo a levantarse y
salir a la calle.
La primera vez fue solo ese mandato: abandonar la cama, atravesar la
puerta de salida y caminar en la oscuridad hasta recibir la orden de
volver. Tuvo miedo y el silencio del afuera lo envolvió como un manto de
peligro pero supo que no podía negarse. Cada sombra se le ocurría un
monstruo que podía devorarlo, pero de todos modos cumplió con el mandato.
Ya en su cuarto la voz aprobó su obediencia y autorizó un sueño tranquilo.
Así transcurrió su adolescencia, no eran situaciones continuas pero de todos
modos siempre estaba en alerta y eso lo sumió en un estado de introversión
que lo alejó de sus pares y de los divertimientos propios de esa etapa de la
vida.
Por supuesto interfirió en el trato con las muchachas de su edad, les huía
como a los fantasmas de la noche, una tarea muy ardua debido a que su
aspecto físico las atraía y su aura de misterio las llevaba a competir en su
conquista, lo que determinaba un acoso permanente.
La situación adquirió niveles dramáticos cuando Alcira, la rubia de ojos
azules, decidió conquistarlo. Su interferencia ante cada intento de evasión
de él, chocaba con su astucia para evadir el cerco y el goce que ella
mostraba ante su éxito lo aniquilaba.
El accionar de la voz se llamó a silencio como una prueba para saber hasta
donde la inventiva de Ezequiel lo llevaba a eludir el acoso y esa situación
lo desconcertaba haciéndolo sentir desamparado.
El tiempo del silencio le pareció demasiado largo aunque sólo duró unos días
y lo llevó a llegar hasta el borde del río y preguntar a viva voz:
- ¿Dónde estás ahora que te necesito?
Hubo un silencio que le pareció eterno y al final llegó la respuesta.
-- No necesitas gritar, estoy en ti.
- ¿Qué hago ahora? Siempre me dices lo que debo hacer.
- Tal vez cometí un gran error al no alentar tu iniciativa, pero creo que
no es demasiado tarde. Piensa. ¿Qué crees poder hacer al respecto?
El pánico contrajo el rostro de Ezequiel, un frío insoportable
recorrió su espalda mientras su musculatura se tensaba impidiendo todo
movimiento.
- - No me abandones ahora, por favor, - imploró moviendo sus manos como
queriendo asir la otra presencia.
- ¿Por qué no aceptas que soy parte de ti? Siempre te resultó más fácil
colocarme fuera que aceptar la responsabilidad de unirme a tu propio yo.
Mi error fue no haberte enfrentado a esa realidad antes y evitar seguir tu
juego.
Como si un rayo le hubiera perforado su cerebro su interior se iluminó,
también su entorno modificó su aspecto y una fuerza desconocida lo empujó a
internarse en el río.
- Recuerda, no sabes nadar. - le susurró la voz al oído pero no la escuchó,
esta vez siguió adelante hasta que el abrazo del río unió esas dos partes
que siempre habían permanecido separadas.
DON PERICO*
A Pedro J. Jaunarena Oharriz,
nacido en 1885, en Iturren, Navarra
a Pedro Tomás Labayan Jaunarena,
amigo y notable pepiniano, fallecido
Contaba Piri Márquez, en programas de radio y en tiempos en que fue llamado
el 'Pajarito Investigador', que su afición a la locución fue por causa de
Don Perico, inmigrante español a Pepino, tío y padrino de Pedro Tomás,
último dueño y administrador de Laurnaga y Co. En su tiempo, antes de su
muerte, el tío navarrés y esposo de Quintina Ramírez, pepiniana, fue el
contable. Curiosamente, no separan al uno-ave del Don Perico humano.
El mote de pajarito investigador fue homenaje a la cotorra de Don Pedro.
Homenaje de Piri, reportero madrugador en la radio. El pueblo dio otro
homenaje a Jaunarena Oharriz. Le dio el Don de Perico, como si una cotorra
fuese siempre para ser copia del dueño, o un perico siempre una cotorra que
acompaña e identifica a quien le enseña groserías. Para investigar las
diferencias entre dos entes, Piri les pesquisa a ambos por separado.
Descubrió que la cotorra o perico, «lo que haya sido», sólo repite sonidos
cuando escucha la radio. Sin embargo, Don Pedro / el Perico / cuando lo
azuza la nostalgia de España, el dolor de Pedro Jaunarena, el Manco, esposo
de Doña Cleofe, durante aquellos tiempos amargos de 1898 y la violencia
campesina en el Pueblo, es cuando más habla, en voz alta y a solas. Don
Perico, periquín a escucharle...
En realidad, Jaunarena Oharriz fue como todos los vascos y navarrenses en el
pueblo entonces: una comunidad cerrada, recelosa, unida entre ellos por los
vículos de familias, sus propias cofradías, sus silenciosos y ocultos
hábitos, siempre elitilistas y amigos de incongruencias para que resultara
difícil el juicio que los objeta, porque, obviamente, no son como otros
criollos los desean. Evitaban los nexos con criollos y con el populacho.
Don Piri no duda que Jaunarena adora su cotorra. Es más, pasea con ella. Mas
cuando tiene la nostalgia de la idiosincracia apaga la radio. Demanda
silencio de la cotorra. Y Don Perico se calla porque se calla. En esas
horas, dedica algunos pensamientos a los viejos Laurnagas que se regresaron
a España; recuerda a los Echeandía Vélez (y los Medina) de Cidral, a los
Micheo Irigoyen, Zarratea y Martiarena, la parentela del ex-Alcalde Manuel
María Liciaga, que fue gente muy diferente a los emparentados con los Méndez
y González.
Don Perico, con la simpatía públoca que pueda darle su cotorra, utiliza el
recurso como el apoyo que se dio de viejo en el bastón de araguaney, color
aceituna, pero siemre va metido en su propio fondo emocional en la historia
y tiene un aire cogmatista de Zenón, el Estoico. El no fue conversador.
Tenía uan timidez cautelosa y no quería el pleno acercamiento; pero, ahí
está Don Perico. O más bien, una avecilla verdigrís Myiopsitta monachus, con
su pico amarillo. Será de origen suramericano, del Uruguay tal vez, de donde
le vino el bastón de color aceituna.
A veces al navarrés, el Pueblo de Pepino se le antoja lleno de distónicos.
El afán de poder y justificación religiosa de los controles nos hace
camaleónicos, carnavaleros, mentirosos. Seres con una afectación neurológica
difusa que asemeja la demencia cuando le hablan a su pájaro. Nadie le
pregunta algo profundo, emocional o histórico. Es una cotorra muda del
pasado.
El no puede ser así. No quiere estos juegos; prefiero ser Zenón el estoico y
no hablar poco con el populacho que ha de aportarle poco. No se esforzará en
quererse democrático si no lo es. «El que quiera hable con Don Perico. Sí,
con el Loro, pero no conmigo», parece que dice.
*De Carlos Lopez Dzur. baudelaire1998@yahoo.com
http://carloslpezdzurpuertorico.blogspot.com/2011/11/don-perico-cuento-rayos-por-el-celo-de.html
Del Por qué Decimos Adiós,
Mientras Comemos Bollos de Pan con Miel*
Tu corazón echa raíces sobre mi ventana,
Y muestra unos tiernos brotes blanquizcos
Como gusanillos cubiertos de tierra...
Con sus primeras hojas verdosas,
Endulza el día
Entre cristales con tu recuerdo.
Tu corazón echa raíces de perejil,
E inunda las noches
Con el aroma de tu mirada,
Para que los antiguos dioses
De la Gran Aztlán
Cobijen con fuego
La ternura de la piel de la Luna.
Tu corazón echa raíces de perejil
En una maceta que es su mundo:
Yo intento explicarle
Que hay más tierra
Que la de aquella maceta,
Que el Sol no se pierde
Cuando se aleja de la ventana,
Que si en un libro sobre la mesa
Mira la palabra "comunismo",
No se espante
Si la tierra bajo sus raicitas
Se levanta de puro gusto...
Tu corazón echa raíces sobre mi ventana,
Y es difícil quitarlo
Porque cuando me acerco y lo intento,
El mío pretende imitarlo.
*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com
EN EL CENTRO DEL MIEDO*
Sabes amor, creo que ha llegado el olvido
Trae su carro cargado de estiletes.
No me muevo ni muestro el centro de mi miedo
Arden los leños, el ojo piensa y la espalda descansa.
Ninguna golondrina ha de regresar a su nido.
Se aleja la rivera y el camaleón se acerca
Y alguien me musita que es el alba y aun aúllan mastines
Las hojas lloran, renacidas ante el desvelo de palomas.
Tengo sed. Solo eso y de ello vivo.
Hay un llanto gastado y tiene sus luces apagadas.
Y la lluvia agoniza en las líneas de tus ausentes manos.
La abeja aun no dice en que orilla está el néctar y donde la cicuta.
Nadie me ha enseñado cual es el horizonte de tu olvido
Tengo la forma que me han dado sus manos.
Y el cántaro esquiva la fuente y el dintel.
Y crece la pena y renueva el latido.
Temblorosa, se enciende la latitud del viento.
Y soy lapida y floresta. Y fabula de arena.
Y otra vez la insistencia de sal en la garganta.
Países tan azules y pliegues en la almohada.
Y tus olores y tus silencios y tus vahos.
Sabes amor, creo que ha partido el olvido.
Abro los brazos y en el centro del miedo, te cobijo.
*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
Sín título*
Una vez por año, y en bandadas de a dieciocho, las golondrinas migran,
cambian de lugar.
Se mudan, sin más que sus compañeras y sus alas, en busca de cielos más
cálidos.
Los colibríes nunca dejan de batir las alas, éstas son tan pequeñas que
necesitan estar en constante movimiento para poder sostener a su portador.
Al quemar tanta energía, los colibríes no pueden pasar más de diez segundos
sin ingerir néctar. Necesitan alimentarse constantemente para poder
sostenerse.
Un día, se derritió un glaciar. El agua que lo constituía se evaporó para
después precipitar, obstinada en su helada naturaleza, en forma de nieve.
Ese día, las golondrinas habían decidido desviar para probar ese nuevo cielo
que habían descubierto.
Una noche, se taló una flor, que no pudo llorar su néctar.
Esa noche, un colibrí había decidido desviar para probar esa nueva flor que
había descubierto.
Cuando las golondrinas descubrieron que ese cielo no tenía calor, volaron lo
más rápido que pudieron hacia otro que sí lo tuviera. Tardaron un año.
Cuando el colibrí descubrió que esa flor no tenía néctar, voló lo más rápido
que pudo hacia otra que sí lo tuviera. Tardó doce segundos.
Para cuando llegaron, las alas ya no se movían.
Contando las de la flor y la del glaciar, veintiún vidas y un millón.
*Virginia Agretti. virginia.agretti@gmail.com
Santa Fe
¿Qué es el libro electrónico?
*Por Carlos Enrique Cartolano. cecartolano@hotmail.com
Se habla mucho de esta modalidad editorial, aunque poco es lo que se sabe. A
continuación, tratamos de explicar el fenómeno filosófico-literario, así
como intentamos revelar la identidad de nuevos editores o comerciantes.
¿La revolución está aquí..?
En 2010 la venta mundial de aparatos de lectura digital llegó a los once
millones de unidades. Pero como los programas para lectura digital son de
libre disposición y funcionan en soportes universales, a aquellos once
millones ha de agregarse el parque de computadoras personales de escritorio
o portátiles cada vez más pequeñas (sólo en nuestro país unos 8,5 millones
de las primeras y unos 3,3 de las segundas). Me dicen, además, que este
informe no considera las más recientes y pequeñísimas netbooks.
Y -agregamos- debe pensarse en las ventas del año en curso que -suponen los
especialistas- triplicarían las del año anterior. ¿Cómo leeremos en el
futuro? ¿Cómo estamos leyendo ya? Las oportunidades hacen al cambio.
Primer síntoma de cambio:
Decididamente hemos ingresado en la edad de la textualidad electrónica.
Serán más cada vez los libros electrónicos que lleguen a las ferias
editoriales reclamando consumidores. Digitalidad cultural creciente hasta lo
difícilmente imaginable. Esto es lo que pronostica Roger Chartier en su
estudio sobre Lenguas y lecturas en el mundo digital, recordando un cuento
de Borges (El Congreso) que califica como anticipatorio, y en el cual el
personaje ha de optar por un idioma que sea digno del congreso del mundo.
Para Alejandro Ferri, punto de vista en primera persona, personaje que
conlleva la frustración en soledad y la sabiduría de Borges, pero al mismo
tiempo la tan característica musculación intelectual del autor de El Libro
de Arena, existen varias opciones. Una alternativa es una lengua universal
como el esperanto; otra, el latín, idioma que llegó a ser común en la
antigüedad, y cuyo imperio podría reponerse. Otra opción es un lenguaje
formal -como el de John Wilkins- que promete perfecta correspondencia entre
las palabras y las categorías, especies y elementos. Porque la definición de
cada palabra está en las letras que la forman, y por eso ese idioma
analítico portaría el diccionario en su hablar corriente. Y sostiene
Chartier que esa lengua común, que hoy remeda al latín, es el inglés, que
remite al mercado de bases de datos numéricos, a los sitios web o de
producción y difusión de la información. Pero, a su vez, en lo que se
refiere a la jerga de los sistemas de computación, verdadero afluente del
inglés, estaríamos ya en presencia de un lenguaje universal como el
esperanto. Podría pensarse -dice Chartier- que ese predominio del inglés es
antesala de la destrucción lingüística mutiladora de las diversidades. Y
puede ser, si nos atenemos a una visión pesimista. Aunque será preferible la
prudencia; aguardar a que el futuro continúe sorprendiéndonos. Porque
además, el texto electrónico reintroduce en la escritura algo de las lenguas
formales que buscaban ese lenguaje simbólico capaz de representar
adecuadamente los procedimientos del pensamiento. Aquí está la invención de
símbolos, tales como los emoticones o emoticons, que utilizan
pictográficamente caracteres linguísticos del teclado.
Segundo síntoma:
En un artículo publicado por Michel Levin en el New York Times, en enero de
2009, se anunciaba sin previa anestesia la muerte de las editoras
tradicionales. Levin, autor de más de 60 libros, algunos de ellos best
sellers, anticipaba casi tres años atrás lo que pareciera que aún hoy no se
admite. Decía textualmente: Hace algunas semanas murió la industria
editorial. La debacle económica fue el meteorito que golpeó al dinosaurio en
la mismísima frente. La única sorpresa fue que las editoriales tradicionales
duraran tanto (.) El ramo que comenzó con editores que amaban los libros y
publicaban lo que ellos querían está desapareciendo, víctima de su
incapacidad para encontrar una razón de ser en el mundo de Internet y de la
impresión según demanda. Y agrega: víctima de su propia arrogancia y de
prácticas comerciales insensatas. Se han dicho aquí dos cosas: Internet,
concepto por el cual inmediatamente pensamos en los blogs de escritores, en
las nuevas revistas literarias virtuales, en escritores que participan de
grupos de afinidad en Facebook y en la febril actividad de foros
específicos, entre otras cuestiones bien concretas. Y se ha dicho también
Impresión según demanda, que alude a ediciones que cuentan con tantos
ejemplares en papel como pedidos remotos se hayan formulado a través de la
red, y donde las editoras operan como distribuidoras virtuales que disponen
de un botón electrónico que permite producir libros uno por uno. Y agrega
Levin que las grandes empresas de la edición subsistirán como entes modestos
y menoscabados, pero nunca gozarán de la importancia que tuvieron. Téngase
presente que cuando Levin publicó este artículo aún no comenzaba el auge del
e-book o libro electrónico, y la única alternativa parecía ser para el autor
la autoedición, de la que bastante sabemos los argentinos. Y no siempre
sabemos con buen humor. Aquí arribamos al tercer síntoma:
Tercero: ¡en Estados Unidos se venden YA más libros electrónicos que
impresos!
Este es un artículo de Alexandria Library de Miami, distribuido en enero de
2011, casi, casi, un año atrás. En él se sostiene que mientras empresas como
Amazon, Apple y Barnes & Noble prosperan debido a su mercado de e-Books,
editoras y librerías tradicionales de libros impresos se declaran en
bancarrota o buscan desesperadamente compradores que les ayuden a mantenerse
por encima del nivel del agua, mientras cada vez más lectores cambian su
favor hacia los libros electrónicos. E imaginaba que en los años venideros
los aparatos para leer e-Books (e-readers), tales como Kindle, Nook e iPad
resultarán omnipresentes, tal como sucedió antes con los teléfonos
celulares. Librerías como Alexandria, no ya editoriales -quede claro-
ofrecen a los autores convertir sus libros a los principales formatos
digitales: PDF, ePub y MOBI, colocándolos después en Amazon, Apple
Bookstore, Barnes & Noble, Google, Kobo y Diesel, entre muchísimas más. Este
sistema de publicación tiene tres aspectos notables. En primer lugar, la
edición es prácticamente automática porque depende de una serie de
operaciones lógicas que parten del original en medio magnético provisto por
el autor. El segundo, más notable aún, es la distribución, que resulta
aséptica, y que en pocas horas pone el libro en la vidriera de cientos de
librerías virtuales de todo el mundo a las que se accede a través de la red.
Y finalmente, el aspecto de los recursos económicos: el autor no paga
absolutamente nada, y recibe una participación del 50% sobre el precio de
tapa deducidos los costos de edición (mínimos según queda dicho). Como si
todo esto fuera poco, el lector cuenta con una ventaja adicional: el libro
electrónico le cuesta la mitad del precio de volúmenes convencionales.
Tal el camino por el cual se editaron los libros que presento este año en la
Feria del Libro de Mar del Plata, que pueden adquirirse a través de
Internet. En algunos casos con varios clicks; en otros con sólo un click.
¿Y cómo han reaccionado las ferias editoriales europeas ante la imposición
del libro electrónico? Hablamos de las que mayor influencia tienen sobre
nuestro país. Liber 2011, la feria del libro de Madrid, incorporó en 2011 la
nueva sección Liber Digital, un espacio expositivo destinado a las empresas
especializadas en el entorno digital. En él se incluyó el Corner Digital,
donde diferentes empresas ofrecieron presentaciones de productos y
servicios. Pero es la Feria del libro de Francfort, considerada primera en
el mundo, la que amenaza con el liderazgo digital. Ha presentado este año la
novedad de Google, el sistema online de eBooks, que permite al usuario
comprar contenidos y visualizarlos en cualquier terminal incluyendo iPhones
o iPads de su competidor Apple. A través de esta novedad, la biblioteca
personal no está atada a un aparato y por lo tanto no puede perderse u
olvidarse. Por ésta y otras novedades, la Feria de Francfort aumentó casi un
50% la superficie destinada a presentaciones digitales, hasta los 1449
metros cuadrados. El núcleo de esta tendencia digital es la serie de
conferencias de expertos en el sector conocidas como Sparks (chispas) y que
este año lleva por título nada menos que: ¿Cómo se contarán historias en el
futuro?
Última grajea del día: Mondadori, Planeta y Alfaguara han sellado una
alianza estratégica, e instalan una plataforma digital conjunta para
contrarrestar los avances de Google en la edición electrónica... ¿Increíble,
no?
Oferta de mis libros electrónicos:
Tierra Regada
Cuerdas - El piquete y otros poemas
Avisos y señales - Poemas del amor que vence a la muerte
Para obtener cualquiera de los libros en Amazon, ingresando al blog del
autor: http://latrampadearena.blogspot.com y seleccionando la tapa del libro
sobre margen derecho.
O a través de la editorial eMOOBY:
http://www.emooby.com
O también, consultando en Google.com por el nombre completo del autor, y
accediendo a más de cien librerías virtuales.
ESTACIÓN DE LAS MADRESELVAS ESCONDIDAS*
Un banco de la Estación , sostiene la pausa y la mujer.
La sustenta como el amor sostiene al tiempo.
Una maleta llena de incertidumbres.
Y un hueco de ausencia redondo como el mundo
El tren se acerca ¿o se aleja? Es una boa de plata.
La mujer se pregunta si la cola de la boa está roja por el llanto.
Arranca sus raíces y le duelen hasta las huellas de sus pasos.
Levita en una butaca con olor a distancia.
El tren desarraiga su sollozo en aceros solitarios.
La mujer se deja mecer suavemente.
En sus sueños, aparece su madre.
Cuando despierta siente en su boca un sabor lejano.
Leche dulce de madreselvas blancas.
El tren llega a destino. No sabe si va o viene.
La mujer comprende que partir es llegar.
Y el tren arraiga entre maternos pechos.
Madreselvas de escondidos aceros.
La sustentan como el amor sostiene el tiempo.
*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
*
Inventren Próxima estación: DUDIGNAC.
-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
http://inventren.blogspot.com/
InventivaSocial
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
http://twitter.com/INVENTIVASOCIAL
http://www.facebook.com/pages/INVENTIVA-SOCIAL/237903459602075
Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/
Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por
Yahoo, enviar un correo en blanco a:
inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar
INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a:
inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la
libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada
escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se
editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación
en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor
emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada
obra queda a cargo de cada autor.
Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias
que cada colaborador desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras
recibidas.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y
noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de
cada escrito es un intercambio de libertades entre escritor y editor. cada
escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo
ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de
trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus
propuestas de escritura.